Libro “De cómo los animales viven y mueren” de Javier Ruiz (Resumen)

Los cerdos no quieren ser nuestra comida.Los animales forman parte de nuestra vida. Nosotros mismos somos un animal más. En algunos aspectos somos más evolucionados que los demás animales y en otros menos. En este libro (Diversa, 2016), Javier Ruiz (@jaruiz_) nos invita a reflexionar sobre algo que permanece oculto en nuestra sociedad. Mientras en las cajas de tabaco hay fotos de tumores o pulmones podridos, en los envases de hamburguesas o salchichas no hay fotos de los mataderos. En los anuncios de carne no se dice cómo vivieron ni cómo murieron los animales cuyos músculos venden envasados en atractivos colores. Es una reflexión necesaria porque es real y porque es ocultada sistemáticamente.

Javier Ruiz empieza haciendo un repaso histórico, concluyendo que, de forma general, en todas las culturas el consumo de carne siempre ha sido un complemento minoritario en la dieta. Es en el siglo XX cuando se extiende el consumo diario de carne o pescado en los países ricos. Hay muchos datos que indican que ese consumo de carne/pescado es insostenible (cfr. Riechmann, 2005) y, sin embargo, se ha exportado como modelo de bienestar a pesar de las enormes cantidades de agua y de energía que requiere. Gracias a los frigoríficos se puede consumir carne muy lejos de donde se sacrifica. Mientras, “el ciudadano no quiere pensar ni saber de dónde sale toda la carne” (55 kilos al año por persona en España).

Aceptando la realidad

“Eres un esclavo de la costumbre, de las multinacionales y de los mercados financieros”. Así de tajante nos habla el autor, asegurando que no hay ética en las cadenas de producción que consiguen, por ejemplo, la baratísima ropa de Zara o Primark. Y aunque no queramos verlo el autor nos lo dice muy claro: “Te estás comiendo la carne de animales que sufren” (aunque pertenezcas a la única especie que puede, hasta cierto punto, abandonar los límites de la cadena alimentaria).

Los carnistas (comedores habituales de carne, término adaptado del carnist empleado por Melanie Joy) alegan que los animales se matan unos a otros para comer, pero ellos no tienen un modelo ético. También hay animales que matan a sus crías y no por ello lo vemos ético en humanos. Es cierto que nuestros ancestros cazaron para vivir, pero eso tampoco sirve como argumento para defender lo que es o no correcto ahora. Y matar para vivir no es extrapolable a matar por otros motivos, que Ruiz los concreta en tres:

  1. Tradición (aunque la tradición no sirve para justificar nada, se usa para justificar cualquier cosa);
  2. Desinformación (los publicistas saben que mucha gente se cree lo que dice la publicidad);
  3. Falta de interés (es cómodo no averiguar lo que hay detrás de lo que usamos).

Unos datos curiosos para reflexionar

  • El 90% del pescado se usa para alimentar ganado en forma de piensos, siendo las vacas el mayor predador marino de la Tierra, lo que hace que comer ternera sea un atentado contra la biodiversidad marina.
  • Un kilo de carne de res requiere 50.000 litros de agua.
  • El ganado es responsable del 18% de todas las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
  • Si los ciudadanos de EE.UU., Reino Unido, España y Brasil dejaran de comer carne en una comida a la semana, se ahorraría tanta contaminación como la que emiten 3,7 millones de coches.
  • Los animales hacinados sufren, se dañan entre ellos y enferman. Por eso se les medica en exceso, a las gallinas se les corta el pico y a los cerdos la cola (sin anestesia, por supuesto). Los medicamentos llegan al ser humano a través de la carne contaminada.
  • Los mataderos son sitios tan desagradables que nadie quiere verlos: Paul McCartney decía que si se difundiera lo que ocurre allí, todos seríamos vegetarianos.
  • Las culturas que no ingieren muchas proteínas de origen animal desarrollan menos enfermedades a medio plazo como el cáncer, la hipertensión y las afecciones cardiovasculares.
  • La pesca de arrastre es tan dañina que “sería como cazar a un jabalí talando cien árboles, matando a sus crías y, de paso, ejecutando a veinte o treinta aves que pasaban por allí”.
  • Está demostrado que los peces heridos no solo sienten dolor, sino que experimentan también terror y emiten sonidos al ser capturados.
  • Nunca antes en la historia de la humanidad se han consumido por persona y año, más de 60 kilos de carne (cadáveres, como los llama el autor) y en EE.UU. se duplica esa cifra.
  • “Hoy se crían, se despellejan y se despluman animales por moda; hace 10.000 años, por necesidad”.
  • Los gansos son “desplumados hasta 4 y 5 veces en sus cortas vidas”, para rellenar almohadas, nórdicos y abrigos.

Cómo viven y mueren “nuestros” animales

“Hace muchas décadas que lo que hacemos dejó de ser natural” y “quizá por eso lo escondemos entre paredes (…) donde solo unos pocos de nosotros matan”. Por tanto, “no podemos comer carne o pescado diariamente, y no debemos hacerlo si queremos vivir en armonía con la naturaleza”.

“Si somos lo que comemos somos sufrimiento, y miedo a la muerte, y a la tortura”, dice el autor, porque eso es lo que hacemos a los animales que ingerimos. Y resume su objetivo en palabras simples: “Esto trata sobre ser bueno con la naturaleza, y entonces la naturaleza puede –y solo puede–, que sea buena con nosotros; pero los sacrificios a gran escala (…) nos roban la dignidad como seres”. El autor sostiene que el sufrimiento es extremo y afirma: “No existen pruebas fiables sobre si el consumo de carne animal es necesario para nuestra supervivencia, pero sé que no quiero comer carne de granja industrial”.

El autor resalta las “condiciones deplorables” que tienen los animales en zoológicos, circos, acuarios, laboratorios o granjas, incluyendo las granjas peleteras. Está demostrado que las malas condiciones de vida llevan a los animales a la locura y provocan un sufrimiento atroz. Aunque los zoos tienen cierta utilidad científica, educativa y de conservación, no está justificado el maltrato físico y psicológico. Mucho peor es el caso de los circos, pues tienen como objetivo principal ganar dinero. Por fortuna, cientos de municipios españoles están prohibiendo los circos con animales.

En los laboratorios también se maltrata a los animales con fines médicos, pero también hay maltrato en la industria militar, cosmética y tabaquera. Se usan animales para testar productos de consumo diario o medicamentos, pero está demostrado que las conclusiones pueden ser erróneas al ser aplicados en humanos (caso, por ejemplo de la talidomida, medicamento que ha generado miles de malformaciones en humanos y que fue probado en animales, por no hablar de otros abusos de las farmacéuticas). El motivo es claro: “La experimentación con animales es más rentable económicamente” que otras alternativas.

Ante la existencia de sustitutos sintéticos, la industria peletera se queda sin ningún argumento para defender el dolor que causa. La vida de un visón es muy dura hasta que acaba convertido en un abrigo. Por no hablar de otros animales como martas, focas, mapaches, zorros, ardillas, ocelotes, nutrias, marmotas, lobos, linces o chinchillas (hace falta matar más de un centenar de chinchillas para confeccionar un único abrigo). “No existe defensa posible para creer que las prácticas de la industria peletera son aceptables si se realizan con un visón o un zorro, pero son inmorales si la víctima es un perro”.

El libro también habla de la diferencia entre perreras y protectoras. Mientras en las primeras se sacrifican a los animales si no se les encuentra dueño, en las segundas no. Pero en vez de criminalizar a las perreras, Javier Ruiz resalta que “si no se abandonasen animales, entonces, no habría perreras” y pide una ley conjunta y sensata que acabe con el actual lio de leyes, que se obligue a identificar con microchip a todos los animales y que los criadores deban identificar a quién venden cada animal. Por desgracia, los perros que no venden los criadores son enviados a las perreras. Y para agravar más el problema del abandono de perros en España, los cazadores abandonan miles de perros (galgos principalmente) cuando ya no los quieren para la caza.

Respecto a la caza y la pesca, el autor sostiene que matar por diversión es especismo y “egoísmo exacerbado”. Sólo la considera admisible si es para control de especies (para evitar plagas) y siempre como última solución y acompañada de políticas educativas y ambientales. Tampoco considera ética la tauromaquia incluso aunque desapareciera la raza del toro de lidia, pues lo importante es evitar que nazcan para sufrir.

Su sufrimiento depende de nosotros

Como un animal más que somos (ya lo dijo Darwin), el libro repasa de forma rápida nuestro ecosistema social y económico y nuestro consumo irracional, que llega hasta la esclavitud infantil (como hace Nestlé), y cita las palabras del ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica, criticando la obsolescencia programada y la imposibilidad de generalizar en todo el mundo el modelo consumista de los países ricos. Para el autor hay una “crisis de valores” que asocia erróneamente felicidad a riqueza material.

Pero mientras esto ocurre, un 10% de la población mundial muere de hambre y vemos pobreza también en los países ricos, como por ejemplo “en cualquier esquina de una ciudad como Barcelona, donde al pobre se le mira con incomprensión y falta de humanidad”. Ruiz sostiene que permitimos que se torture a nuestra comida, como permitimos que se salven bancos, y cada vez que lo hacemos se “asientan las bases para que vuelva a ocurrir”.

Respecto al vegetarianismo, el autor resalta que en nuestra sociedad “son los vegetarianos quienes son antisistema, o deben explicar su decisión”, mientras que los carnistas se mantienen dentro del sistema y no tienen que dar explicaciones sobre su alimentación (a pesar del enorme daño ambiental y sufrimiento animal que producen). En palabras de Joy: “Tanto «feminista» como «vegetariano» nos evocan imágenes de un conjunto de personas que tienen creencias concretas, alguien que no es como todos los demás”.

El autor nos advierte de que “cambiamos el mundo cada día, y lo hacemos tanto a mejor como a peor”. Y sigue: “Si hay algo verdaderamente egoísta es escoger lo sencillo frente a lo mejor”. Javier Ruiz no pretende criminalizar a los carnistas sino favorecer la reflexión y aporta un dato muy claro: “no necesitamos tanta carne para sobrevivir”. Pero además, sugiere tres puntos para reflexionar:

  1. No hay necesidad: Es posible vivir sin carne ni pescado (millones de personas lo demuestran día a día). El debate sobre la vitamina B12 se zanja consumiendo huevos y queso ocasionalmente, y las proteínas de origen vegetal son muy comunes: legumbres, arroz, cereales, frutos secos… Además, a muchos animales de granja se les administra suplementos de B12, por lo que es más eficaz consumir esos suplementos directamente que hacerlo a través de la carne (el 90% de los suplementos de B12 son para el ganado).Un cerdo es más inteligente que muchos perros.
  2. El sistema esconde la realidad: Debemos hallar “el modo de que cualquiera pueda ver cómo y de qué manera se produce la carne”, porque “cuando un sistema es invisible, su ética también lo es”. El sistema pone distancia entre el animal vivo (un cerdo) cuyo bienestar interesa a la sociedad, y la carne de consumo (el cadáver despiezado) cuyo origen e historia se esconde en los mataderos.
  3. La producción de carne es insostenible: Los daños ambientales son inmensos (producción de gases como CO2 o metano, contaminación por purines, sobre consumo de agua…). Por ello, la ganadería industrial y la industria cárnica no aprobarían el más laxo control de sostenibilidad.

Aprendamos de ellos y con ellos

El autor resalta la capacidad de los animales para disfrutar el presente y que muchos filósofos y culturas promueven, por ejemplo con el carpe diem latino, o el hakuna matata del suajili. Y acaba el libro explicando el ubuntu, una voz africana que resalta la importancia del bienestar de la comunidad para el bienestar propio y que puede traducirse como «yo soy porque nosotros somos». Ubuntu da importancia a lo global de lo que formamos parte: “nos gusta ser parte de la naturaleza”, parte de algo más grande que nosotros mismos.

Resulta enternecedor cuando, poniéndose en la piel de sus perros, Javier Ruiz afirma que ellos no entienden dónde va a veces sin ellos, pues desde la lógica de un perro, su dueño debería quedarse siempre con ellos, o bien ellos ir con él.

Te gustará, sin duda, leer también esto:

  1. Otros libros resumidos de temáticas variadas (ecología, economía, pedagogía, psicología, globalización, ética, filosofía…).
  2. Comer Carne Destroza el Planeta (y a los Animales).
  3. Libro “Comerse el Mundo” de Jorge Riechmann (Resumen).
  4. Charla eTalks “Los secretos del marketing de comida” (vídeo recomendado).
  5. Cuento: «El Toro de la Vega» (argumentos a favor de los toros y su justificación real).
  6. Libro “La elefanta que no sabía que era una elefanta” de L. Braitman (Resumen con ejemplos sobre psicología animal).
  7. Cuatro Razones para Ser Vegetariano.
  8. Carro de Combate, Consumir es un Acto Político: Un libro para ir de compras responsables.
  9. Chocolate de Comercio Justo o Injusto: Nestlé boicoteada.
  10. Gran discurso del ex Terrorista Pepe Mújica, cuando era presidente de Uruguay.
  11. Tres asuntos animalistas: cascabeles para gatos, esterilización, y distintos albergues para animales, por Javier Ruiz.
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Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (del que hay un resumen en www.resumelibros.tk).
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2 respuestas a Libro “De cómo los animales viven y mueren” de Javier Ruiz (Resumen)

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