Animalismo y ecologismo son casi lo mismo

El ser humano puede amar a todos los demás seres vivosEl animalismo y el ecologismo son cosas distintas, pero cuando entendemos que se ayudan mutuamente, entonces, vemos natural que los ecologistas sean animalistas y viceversa.

El animalismo es una corriente de pensamiento muy antigua que proclama que los animales tienen derechos y que su sufrimiento debe ser tenido en cuenta. Aunque está creciendo mucho últimamente, no es una moda. En el siglo V a.C. Pitágoras era vegano y compraba animales para liberarlos y en la Biblia se cita a Daniel como un vegetariano muy sano. Famosos que tenían o tienen en cuenta el sufrimiento de los animales con su comida son: Miguel de Cervantes, Albert Einstein, Steve Jobs, Paul McCartney, Bryan Adams, Matt Groening, Mahatma Gandhi, Nikola Tesla, Thomas Alva Edison… y muchos más.

Dentro del animalismo hay, por ejemplo, religiones estrictas, como el jainismo, del que hablamos en cierta ocasión y que tiene como regla principal la Ahimsa o la no violencia hacia toda la naturaleza.

Por otra parte, el ecologismo “propugna la defensa de la naturaleza y la preservación del medio ambiente” (según la RAE). Evidentemente, es posible ser ecologista y animalista a la vez (con distintos grados) y también se puede ser ecologista y no animalista y viceversa.

Aunque son ideologías distintas, las confrontaciones entre animalismo y ecologismo son nimias y exiguas comparadas con los inmensos problemas en los que coinciden y a los que nos enfrentamos como humanidad (extinción de especies, biodiversidad, las mentiras de la caza, el cambio climático, la contaminación de las granjas de animales…). Un ejemplo de posible confrontación entre animalistas y ecologistas se da cuando ocurre alguna superpoblación de alguna especie, hasta el punto de suponer daños para su ecosistema. Ante ese hecho, un ecologista podría ver bien cazar los animales como medio de control de la población, mientras que un animalista no apoyaría ningún medio que suponga dañar a los animales. Así, se dan casos raros de ecologistas que son cazadores. Es posible que la mayoría de los cazadores se sientan ecologistas, pero eso no significa que lo sean, porque… SER ECOLOGISTA no es solo sentirse ecologista. Quien se guía por su placer, difícilmente será ecologista.

Sin embargo, cuando uno entiende el funcionamiento de la naturaleza y sus reglas, se da cuenta de que la culpa de las superpoblaciones es (prácticamente siempre) del ser humano. Una causa posible es la introducción de especies (como el terrible caso de los renos en la isla de San Mateo). Otra causa típica es el haber cazado excesivamente los depredadores naturales (caso del lobo, en España). Una tercera posibilidad es que sean los mismos cazadores los que generan esa superpoblación (criando y soltando animales salvajes o incluso alimentando artificialmente a los animales en cebaderos, por ejemplo). Se da la paradoja de que los cazadores generan superpoblaciones y luego alegan que existen superpoblaciones para justificar la “bondad” de la caza.

En un ecosistema natural, sin caza, nunca se producen superpoblaciones. La caza genera graves disturbios en la naturaleza (no solo de ese tipo). Curiosamente, los cazadores que apoyan la caza del lobo son los que defienden la caza de otras presas con el argumento de que hay superpoblación. Pero hay más: ¿Puede un cazador ser ecologista sin pensar en la contaminación que genera su munición (por plomo, plásticos, pólvora, ruido…)?

Entonces, ¿cómo puede resolverse una superpoblación? Ante todo, no simplificando el problema. Matar a esos animales podría generar otros problemas. Un ecologista auténtico no abogaría por matar a esos animales sin pensar en las consecuencias, o mirando solo el coste económico. Hay métodos más éticos y sin generar sufrimiento animal, pero hay que estudiarlos bien en cada caso (suministrar anticonceptivos, capturar animales vivos y trasladarlos, fomentar depredadores naturales…).

Además de posicionarse contra la caza, animalistas y ecologistas también coinciden en que la producción de carne, leche y huevos de forma industrial genera graves problemas, aunque puede que sus prioridades sean diferentes:

  1. El sufrimiento de millones de animales: Los animales son tratados como meras máquinas de producir alimentos, sin tener en cuenta sus necesidades y deseos más elementales. Tenemos leche barata porque millones de vacas son embarazadas de forma forzosa y sus millones de terneros son separados de sus madres. Consumir huevos también produce sufrimiento y muerte de millones de gallinas.
  2. La contaminación y deforestación del planeta: El planeta es devastado solo para producir la comida que alimenta a los millones de animales encerrados en granjas. Para producir esa comida se arrasan bosques y se contamina en exceso. Luego se transporta esa comida a las granjas a miles de kilómetros, donde la masificación del ganado genera problemas graves de contaminación (metano, purines, abuso de antibióticos…).

La ciencia ha puesto de acuerdo a ecologistas y animalistas: una alimentación vegana reduce la contaminación muchísimo.

Jorge Riechmann condensaba en doce puntos los problemas del consumo de carne. Pero no hace falta estudiar mucho. Definitivamente, es evidente que tender hacia una alimentación vegana (o flexitariana) es un paso esencial para la sostenibilidad, pero también para alcanzar un respeto ético hacia los animales.

Recientemente, la RAE ha aceptado las palabras especismo y veganismo. El especismo es similar al racismo pues discrimina a los animales por considerarlos especies inferiores. ¿Por qué se usaban esclavos humanos en el pasado? Pues porque era legal y los esclavistas usaban su fuerza y poder para imponerse. ¿Acaso no es la misma respuesta que si nos preguntamos por qué se esclavizan animales hoy? Si los animales pudieran hablar, no se cometerían tantos abusos.

El filósofo Peter Singer estudió las consideraciones éticas de comerse a otros animales (o de beber su leche), considerando todo el ciclo de sufrimiento:

“Castración, separación de la madre y sus crías, la ruptura de los rebaños, la marca, el transporte y finalmente el momento de la muerte. (…) De cualquier manera, la cuestión trascendental no es si la carne de los animales podría producirse sin sufrimiento, sino si la carne que pensamos comprar ha sido producida sin sufrimiento. A menos que confiemos que sea así, el principio de igual consideración de intereses implica que está mal sacrificar intereses importantes de un animal para satisfacer un interés menos importante nuestro, por consiguiente deberíamos boicotear el producto final de este proceso”. Así, en las ciudades “esta conclusión nos lleva muy cerca de un modo de vida vegetariano”.

    • Aunque ecologismo y animalismo tienen diferentes objetivos, la realidad es que la mayoría de los que se sienten ecologistas son también (más o menos) animalistas, y los que se sienten animalistas son además (más o menos) ecologistas. Por algo será.

Los cerdos sufren lo mismo que los perrosPor supuesto que animalismo y ecologismo son diferentes, pero no debemos caer en simplezas o exageraciones. Aunque no es fácil establecer la frontera entre animales sintientes o no, esa dificultad no puede hacernos reconocer que la gran mayoría de los animales son capaces de sentir dolor y que su sufrimiento debe ser tenido en cuenta. Por ejemplo, nuestra sociedad prohíbe maltratar perros porque sabemos que sufren y porque somos una sociedad sensible a ese sufrimiento. Por lo mismo, sabemos que sufren los cerdos, los toros, los conejos o las gallinas… ¿Por qué nuestra sociedad mira para otro lado ante esos hechos? No es un problema fácil de afrontar, pero hay que hacerlo. Aún hay mucha gente que no sabe realmente lo que implica comer un huevo, aunque sea “ecológico”. La mayoría de los ecologistas aceptan todo eso, reconocen que casi siempre respetar a los animales es bueno también para el medioambiente y están conformes con cuestiones como que la tauromaquia no es la vía para conservar las dehesas. ¿Acaso hay algún ecologista que disfrute con la tortura de algún animal?

Tal vez recuerdes la historia de un zorro brutalmente mutilado y apaleado hasta la muerte por un cazador. El vídeo generó mucha indignación en las redes sociales. El cazador fue juzgado pero quedó absuelto porque el zorro no es un animal doméstico. Nuestras leyes protegen a algunos animales domésticos. ¿Alguien duda de que los zorros salvajes pueden sentir dolor? Es una contradicción evidente de nuestro ordenamiento jurídico que tenemos que solventar, como propone Equo.

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Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (ver apartado de libros resumidos de Blogsostenible).
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5 respuestas a Animalismo y ecologismo son casi lo mismo

  1. F. Gómez dijo:

    El animalismo puede ser antiecológico. Cuando los animalistas liberan de granjas de cría animales no autóctonos, se crean problemas en el ecosistema por especies invasivas que alteran todo el equilibrio del entorno y pueden llevar a la extinción de especies autóctonas. No, el animalismo no es, necesariamente, ecologista

    • Pepe Galindo dijo:

      Los animalistas que liberan animales de esa forma son una minoría despreciable y no saben bien lo que hacen. Es como el ecologistas que planta árboles de especies no autóctonas (eso no es ecologismo). Como dice el artículo, animalismo y ecologismo no son lo mismo, pero tienen tantas cosas en común que la mayoría de los ecologistas son animalistas, y viceversa.

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