La caza tiene impactos muy graves: #LaVerdadDeLaCaza

Roberto Oliveros, de @ecologistas
Área de conservación de la naturaleza, Ecologistas en Acción

Con la caza no sólo sufren los animales cazados.

En la caza (actividad cinegética) no sólo sufren los animales cazados.

En diciembre de 2016, el área de conservación de la naturaleza de Ecologistas en Acción presentó el informe “El impacto de la caza en España” y el documento divulgativo “7 verdades sobre el impacto de la caza en España”. Su objetivo es aclarar los impactos de la caza sobre la biodiversidad de este país y sobre el equilibrio ecológico de sus ecosistemas, así como otros efectos negativos relacionados con las molestias y riesgos que la caza genera a los ciudadanos que usan el medio natural, por no mencionar el escaso respeto al bienestar animal en todas las modalidades de caza, la cuales extienden su impacto en más del 80% del territorio nacional.

Para argumentar las conclusiones del informe, se ha recurrido a la compilación de más de 80 citas bibliográficas emanadas de diferentes estudios técnicos, artículos científicos, tesis doctorales, datos oficiales y datos publicados en diferentes medios.

En España, la caza se ha convertido  en un modelo de negocio basado en proporcionar a una minoría de la población la posibilidad de “recrearse” matando animales de especies silvestres. En este modelo lo que prima es obtener el mayor beneficio económico posible, aún a costa de generar impactos más o menos reversibles pero siempre graves sobre la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas ibéricos. En 2013 fueron expedidas 848.243 licencias y cada año hay menos cazadores. Sin embargo, el sector en su conjunto se ha ido fortaleciendo como lobby social y económico (representado en entidades como la Oficina Nacional de Caza, APROCA o ATICA) con un notorio afán mercantilista.

En España, debido al impacto directo de la caza y todo lo que la rodea, mueren cada año no menos de 25 millones de animales pertenecientes a especies cinegéticas y no cinegéticas. En esta cifra no se considera la pérdida de biodiversidad derivada de los efectos indirectos de la caza por alteraciones en los hábitats, lo cual afecta a todo tipo de especies silvestres, incluidas muchas de las amenazadas. Aunque este último dato no es conocido, debe ser igualmente del orden de millones.

El parany es una forma cruel e ilegal de cazar pajarillos llenando de pegamento las ramas donde se posan.

El parany es una forma cruel e ilegal de cazar pajarillos llenando de pegamento las ramas donde se posan.

El impacto sobre la biodiversidad lo propician tanto las modalidades reglamentadas  (caza mayor, caza menor, control reglado de depredadores, silvestrismo, caza de la perdiz con reclamo, media veda y cetrería) como aquellos otros métodos que son considerados ilegales (por su escasa o nula selectividad, o por su alta eficacia). En este último caso, nos estamos refiriendo al impacto de actividades que, lamentablemente, aún se hallan presentes en nuestros campos, como el silvestrismo, el empleo de cebos envenenados, el parany o las muertes ocasionadas por disparo sobre especies no cinegéticas o sobre especies cinegéticas durante épocas no hábiles.

Algunas de las actividades relacionadas con la caza (como el uso de venenos, el empleo de diferentes métodos de control de depredadores, la cetrería o el disparo directo) han tenido y tienen que ver con la práctica extinción de especies tan emblemáticas como el lobo ibérico, el oso pardo, el lince ibérico, el quebrantahuesos, el águila imperial, el águila perdicera o el milano real, todas ellas declaradas en peligro de extinción.

La caza intensiva y comercial, tanto en la modalidad de mayor como en la de menor, supone graves desequilibrios en los ecosistemas. La sobrepoblación de ungulados en las fincas de caza mayor, buena parte de ellas rodeadas por vallados, simplifican la biodiversidad vegetal de nuestros montes. Además, es una de las primeras causas de expansión de enfermedades como la tuberculosis, de impactos no deseados (ni siquiera para el mismo sector cinegético) como la regresión de las poblaciones de perdiz roja o el incremento de la accidentalidad derivada de colisiones de piezas de caza con vehículos en las carreteras que circundan los cotos. La intensificación de la caza de la perdiz en cotos, que más bien parecen granjas, funciona como coadyuvante para la aparición de efectos nocivos sobre nuestra biodiversidad. Por ejemplo, con la introducción de híbridos en los ecosistemas (de perdiz autóctona con chukar) se pierde la pureza genética de los ejemplares autóctonos y se incrementa la presencia de depredadores.

También se ha propiciado la propagación de especies exóticas y/o invasoras como el arruí, el muflón o la codorniz japonesa. La presencia de estas especies se traduce en notables pérdidas de la biodiversidad autóctona, daños económicos e incluso sobre la salud pública.

Para la mayoría de los expertos, la destrucción y alteración de los hábitats es el factor de riesgo más importante de extinción de especies y en ello influye decisivamente la fragmentación y el denominado “efecto barrera”, debido a la proliferación de vallados cinegéticos y la apertura de tiraderos y pistas en fincas de caza mayor y menor. Por otra parte, la intensificación de la actividad venatoria determina que en la mayoría del territorio (el 80% del total) se caza prácticamente todo el año, vulnerándose así los más mínimos principios de sostenibilidad, pues interfieren en la época de reproducción de especies silvestres.

Ni siquiera nuestros espacios naturales más representativos, los parques nacionales, escapan al influjo de la actividad cinegética. En la actualidad, y por las presiones que sobre las administraciones ejerce el lobby cinegético, aún es posible la caza en los parques nacionales de Cabañeros y Monfragüe, a pesar de que, según la vigente Ley de Parques Nacionales, la caza es considerada como una actividad incompatible con la conservación de los ecosistemas, debido a los notables y evidentes impactos que produce sobre la biodiversidad.

La caza no sirve para gestionar la fauna ni para controlar sobrepoblaciones. El lobby cinegético emplea reiteradamente el argumento de que su actividad se justifica como un elemento esencial para el control poblacional de especies (como el ciervo, el jabalí, el corzo, la cabra montés, el arruí o el muflón) que supondrían —de no practicarse la caza— un severo riesgo para la agricultura y la conservación de nuestra diversidad botánica. Este argumento resulta demagógico, pues es precisamente la caza la que propicia la reproducción excesiva de todas estas especies (a través de la alimentación suplementaria, la construcción de bebederos artificiales, la disposición de bolas de sal en el monte, la presencia de vallados cinegéticos, la selección de la relación intersexual o la suelta directa de ejemplares de interés cinegético).

Como se ha puesto en evidencia al recabarse multitud de casos, el modelo de caza actual es proclive a crear situaciones irregulares en todo lo relativo al corte de caminos públicos, vías pecuarias y aprovechamiento preferente de montes de utilidad pública e incluso, de los parques nacionales, en los que la conservación y el uso público del espacio natural deben ser preponderantes. Es evidente e inevitable que la actividad cinegética supone muchas y variadas interferencias (molestias, riesgo para la vida…) con cualquiera de las múltiples actividades que los no cazadores desempeñan en el medio natural (senderismo, cicloturismo, recogida de setas, apicultura, ecoturismo, fotografía, educación ambiental…). De hecho, un promedio de 28 personas mueren cada año en incidentes que tienen que ver con el empleo de armas de fuego durante la práctica de la caza. Hay muchos cazadores que no respetan las zonas y distancias de seguridad, que no comprueban debidamente hacia qué dirigen su disparo, o no tienen la destreza mínima para empuñar un arma, sea por edad, por embriaguez o por cualquier otra circunstancia que disminuya su aptitud física.

La caza no favorece el desarrollo rural, pues perjudica a otras muchas actividades. Entre todas las modalidades deportivas que se practican en España, hasta el 54,5% de sus practicantes pudieran verse afectados negativamente por el ejercicio de la caza, la cual, según el Anuario de Estadísticas Deportivas del año 2015, solo se ve representada por un 2,6% del total de deportistas. Si se considera además que en 2010 la población total española era de 47,02 millones de personas (según el INE), se llega al escandaloso dato de que, tan sólo el 1,69% de la población podría estar condicionando las aficiones deportivas de hasta un 35,5% de la población española. Parece pues evidente, que la caza no solo no estaría favoreciendo el desarrollo del medio rural, sino que estaría además limitando las posibilidades futuras de desarrollo de los entornos más deprimidos económicamente, ya que mientras el número de cazadores ha disminuido en las últimas décadas, el resto de actividades que se desarrollan en el medio natural vienen experimentando un crecimiento muy apreciable.

Cada año en España, decenas de miles de galgos son ahorcados, arrojados a pozos y cunetas como desechos de la caza.

Cada año en España, decenas de miles de galgos son ahorcados, torturados o abandonados como desechos de la caza.

La mayoría de las modalidades de caza no respetan los principios más elementales del “bienestar animal ni siquiera con animales que, aunque tienen carácter doméstico o han nacido en cautividad, son empleados de diferentes maneras en diversas modalidades (caza con galgos, cetrería, silvestrismo, tiro de pichón o codorniz, caza del zorro con perro de madriguera, caza con hurón, etc.). Tampoco las especies objeto de caza escapan a situaciones de maltrato, al estamparse ciervos y jabalís contra los vallados cinegéticos en huidas desesperadas para ser a continuación lentamente masacrados en muertes agónicas cuando son apresadas por las jaurías de las rehalas.

En resumen, la caza en España requiere una profunda reflexión en el seno de nuestra sociedad, y en especial, en aquellos grupos que ostentan el poder legislativo. Sólo de este modo los intereses de la mayoría de la población serán una realidad para las generaciones futuras, en el sentido de garantizar la sostenibilidad de los sistemas naturales, el disfrute del medio ambiente y el respeto del bienestar del resto de los seres vivos que comparten con nuestra especie este fantástico e insólito planeta. Por ello, Ecologistas en Acción remitirá y discutirá con los grupos políticos con representación parlamentaria todos los documentos elaborados al efecto para que cada uno se retrate como quiera en aras de hacer, entre todos, un mundo mejor.

NOTA: Para protestar por los continuos ataques que está sufriendo el lobo ibérico en España, hay convocada una macro-manifestación el Domingo 12 de Marzo en Madrid.

Más información sobre la caza, los animales y la biodiversidad:

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3 respuestas a La caza tiene impactos muy graves: #LaVerdadDeLaCaza

  1. Pingback: La caza tiene impactos muy graves: #LaVerdadDeLaCaza | animalguerrero

  2. Falta mucho más condena ética y mas información en el extracto publicado , sobre insecticidas biológicos y proliferacion d pestes y la afectación d la sensibilidad e inteligencia emocional q nos permita incluirnos en los desequilibrios , todos, los q ocasionamos

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