Encíclica «Caritas in Veritate» (La Caridad en la Verdad, 2009) del Papa Benedicto XVI (Resumen)

Globo terráqueo

Una encíclia más profunda desde el punto de vista ecológico es la más reciente “Laudato Si” del Papa Francisco. Lee un resumen pinchando en la imagen.

El Papa Benedicto XVI hizo un estudio sobre “los grandes problemas del desarrollo de los pueblos”, y recuerda aquí que ya Pablo VI en su «Octogesima adveniens» era “consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica”, aunque también afirmó que “es un grave error despreciar las capacidades humanas de controlar las desviaciones del desarrollo”. Los movimientos ecologistas también afirman esa capacidad y, algunos, lo que dudan es de su voluntad (que como dijo Pablo VI en su «Populorum progressio», se desentiende de la solidaridad).

Aunque el Papa (Joseph Ratzinger) reconoció “los problemas relacionados con el crecimiento demográfico“, su opinión no parece coincidir con aquellos científicos que ven un grave problema en la superpoblación (como Nebel y Wrigth, Georgescu-Roegen y Daly, Ehrlich, o Galindo entre otros muchos). El Papa afirma que algunas naciones están en “decadencia” por su bajo índice de natalidad, pero curiosamente no da el nombre de ninguna nación concreta y evita afirmar que existen gran cantidad de países con un alto índice de natalidad y baja calidad de vida (como China, India y casi todos los de África, donde al dividir la tierra heredada entre muchos hijos, éstos no heredan suficiente tierra para alimentar a sus familias). Las tasas de paro demuestran que ningún país tiene falta de jóvenes trabajadores, y muchos científicos abogan por reducir la jornada laboral para repartir el trabajo y reducir el paro. Parece olvidarse en esta encíclica que una población algo envejecida tiene también ventajas (menos paro, menos delincuencia…) y que la inmigración soluciona parcialmente la falta de gente joven. Es evidente que el crecimiento demográfico no puede mantenerse indefinidamente, por lo que si el envejecimiento es un problema es preferible afrontarlo cuanto antes. También se apunta el problema de la baja cualificación de los trabajadores, pero entonces lo que hay que mejorar es el sistema educativo, pues aumentar la población no mejora su cualificación. Por otra parte, Benedicto XVI se muestra en contra de las “políticas de planificación forzada de la natalidad”, pero nada dice de las que se adopten voluntariamente.

El Papa también sugiere otras condiciones para un buen desarrollo humano, de las que destacamos muy brevemente las siguientes:

  • Se critica la “explotación sin reglas de los recursos de la tierra” que, como explicó magistralmente De Jouvenel es lo que permite que la riqueza crezca. Por otra parte, alerta que la “acumulación de recursos naturales” en muchos casos “causa explotación y conflictos”, y recuerda que ya en el Génesis de la Biblia se afirma una obligación del hombre respecto de la Tierra: «Guardarla y cultivarla» (Gn 2,15).
  • “Las sociedades tecnológicamente avanzadas pueden y deben disminuir el propio gasto energético, (…) mejorar la eficacia energética y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas”. “Una de las mayores tareas de la economía es precisamente el uso más eficaz de los recursos, no el abuso, teniendo siempre presente que el concepto de eficiencia no es axiológicamente neutral”.
  • Benedicto XVI constata que también crecen las desigualdades y que existe un “superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora”. En el libro “Vivir (bien) con Menos” también se exalta la necesidad de mayor austeridad y mayor eficiencia, para simplemente alcanzar la sostenibilidad.
  • Resalta la “relación entre la reivindicación del derecho a lo superfluo” en países ricos, “y la carencia de comida, agua potable, instrucción básica o cuidados sanitarios elementales en ciertas regiones del mundo”. Benedicto XVI llega a afirmar que “el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales”. Ya en el Catecismo de la Iglesia Católica, se afirma que “el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal”. El Papa critica cómo, a veces, “los pobres sirven para mantener costosos organismos burocráticos” que diluyen unas ayudas que no llegan plenamente a su destino.
  • El Papa pide que los recursos utilizados “se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo”.
  • Aboga por un “comercio internacional justo y equilibrado”, teniendo en cuenta que “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”, incluyendo aquí inversiones empresariales, pero también nuestras compras cotidianas: “Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico. El consumidor tiene una responsabilidad social específica” (véase el libro de CNMS-Cric y las propuestas de Arcadi Oliveres).
  • El Papa afirma que se debe “garantizar una retribución decente a los productores”.
  • Alerta que el “turismo internacional (…) puede transformarse en una forma de explotación y degradación moral”.
  • Aunque exalta los derechos del hombre, también afirma que urge “una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen, y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario“. “La exacerbación de los derechos conduce al olvido de los deberes”, mientras que “los deberes refuerzan los derechos”. Aunque se denuncia que algunas empresas multinacionales no respetan los básicos derechos humanos, en la encíclica se evita dar nombres concretos que servirían de acicate para evitar tales abusos.
  • El Papa reclama una reforma de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y de la “arquitectura económica y financiera internacional“, pero no da detalles concretos más allá de conceptos básicos genéricos (véanse las propuestas de Toni Comín). No obstante, deja claro que “las instituciones por sí solas no bastan”, que hace falta asumir “responsabilidades por parte de todos”, y que “es de desear que haya mayor atención y participación en la res publica por parte de los ciudadanos”.
  • También se habla, aunque sin demasiada profundidad de temas como la globalización, la bioética, el hedonismo y el consumismo, la desertización creciente, la paz, la soledad, la necesidad de una “formación para un uso ético y responsable de la técnica”, los bancos y fondos de inversión «éticos», la responsabilidad social de las empresas, y, sobre todo, del amor: “en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende”.

El objetivo del progreso es un “humanismo abierto al Absoluto”, no debe ser para tener más, sino para “ser más”: “El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual” (tal vez en eso no hay mucha diferencia entre las diversas religiones, incluyendo todos los cristianismos y también las religiones orientales). Y en ello es fundamental la sostenibilidad: “El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa“.

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