El único riesgo de la energía renovable es la lentitud en su implantación

Andrés Montesinos Campos, @Andres_SomE
Portavoz del Grupo Local de Som Energia Valencia
Presidente de la Sección Territorial Valencia de Som Energia

Puedes pagar por electricidad renovable sin poner paneles solares. Deja que otros los pongan por ti, y ahorra en tu factura.

Puedes pagar por electricidad renovable sin poner paneles solares, y encima pagarás menos. Deja que otros los pongan por ti.

Frente a las energías renovables, y para impedir su avance, están en España las grandes compañías energéticas que forman el conocido oligopolio eléctrico, es decir, Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, Viesgo y EDP. En España siempre han estado contra el fomento de las renovables, y lo estarán hasta que los echemos por la fuerza de la razón y con la ley en la mano.

Como brazo ejecutor de sus políticas empresariales, donde el único objetivo es la maximización del beneficio, hay algunos partidos políticos que, desde el gobierno, han convertido sus instrucciones en leyes que debemos acatar. Hasta ahora, los principales han sido PSOE y PP, por su responsabilidad en los diferentes gobiernos de España, aunque otros muchos participan por activa o por pasiva en el mantenimiento de los privilegios de estas empresas. No hay más que ver el enorme listado de políticos “giratorios” de los que se nutren sus consejos de administración y los sueldos que perciben por ello (y por cierto, no son sólo políticos de esos dos partidos, y no se colocan sólo en las citadas empresas, sino que el sector energético tiene otras empresas involucradas).

Recientemente, una extraña maniobra del partido Ciudadanos apoyó el veto del PP a una proposición de ley que ellos mismos habían presentado a favor del autoconsumo.

5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo

5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo

Como resultado de todo esto tenemos una política energética en España que llega al absurdo:

  • precios de la electricidad entre los más caros de Europa,
  • desprecio absoluto por las medidas de ahorro y eficiencia,
  • contaminación desbocada,
  • altas emisiones de CO2 y basura nuclear,
  • pobreza energética,
  • perdida de competitividad empresarial,
  • quiebra del sector de las renovables, que fue puntero en España y que representa la mejor energía del presente, y que será mejor aún en el futuro como única alternativa a la decadencia de las fuentes fósiles y nucleares,
  • y un largo etcétera de sinsentidos (impuesto al sol, hachazo a las renovables…).

Cabe destacar, aunque no en un sentido exclusivo, ese regalo que se ha dado en llamar la posverdad (la cual se basa en que lo importante es que algo aparente ser verdad, aunque no lo sea). ¿No me creéis? Pues solo tenéis que ver en televisión esos anuncios de pretendidas empresas eléctricas “responsables”. Algunas dicen que te regalan electricidad o que te avisan si tu tarifa se puede mejorar para que ahorres el máximo posible. Algunas se venden como si su energía fuera verde, cuando sólo es renovable una pequeña parte.

En este contexto de la posverdad, nos quieren hacer creer que por el monte corren las sardinas, pero es mentira y es fácil de demostrar, a través de la información. Lástima que los grandes medios de comunicación, se encuentren comprados por parte de estas grandes compañías mediante publicidad y regalos a periodistas. Los medios son propiedad de grupos editores que no desobedecerán las indicaciones de tanto político en nomina.

Las noticias pueden, o no, cambiar el foco de atención de la ciudadanía, cambiar su punto de vista, hacerles partícipes del camino que tomamos como civilización dependiente de la energía, o mantenerlos en el placido sueño de los ignorantes. Frecuentemente son muchas las noticias que echo en falta cuando repaso los medios, y frecuentemente me escandaliza su parcialidad y su sumisión a la línea editorial.

Ahora, en plena tarea por alargar la vida útil de las centrales nucleares españolas, podría ser un buen momento para llamar a las cosas por su nombre, y frente a esa pretendida energía limpia y barata que proviene de la quema del combustible nuclear, mirar hacia ese Chernóbil a cámara lenta que es Fukushima. Un accidente que comenzó hace seis años y continuará por muchos más sin visos de solución, visto el estrepitoso fracaso de las medidas adoptadas hasta el momento.

El error de Fukushima era previsible y nos puede servir de revulsivo frente al discurso de esas compañías que construyen posverdad al mismo ritmo que beneficios multimillonarios. Mientras ellas se auto califican de verdes, poseen un parque nuclear obsoleto, y altamente peligroso, que basa sus beneficios en unos precios que bajarían por la entrada de más energía renovable al sistema eléctrico. Eso lo reconoce ya, hasta la Secretaría de Estado de Energía, y hasta el dimitido ministro Soria (el más antirenovables de la historia de España, por ahora).

Más aún, mientras estas grandes empresas se califican de “sostenibles”, también tienen centrales de carbón y de ciclo combinado, donde queman carbón y gas, algo claramente insostenible. Y todas estas tecnologías, incluso la hidroeléctrica, les permiten manipular los precios de mercado (ya que España tiene un sistema injusto y el gobierno se niega a una auditoría para conocer realmente porqué pagamos tan cara la electricidad).

Son también estas mismas empresas las que, mientras se autocalifican de responsables, se oponen a medidas que puedan paliar la pobreza energética en nuestro país.

Pensadlo bien. Mientras estas empresas marquen la agenda política, mientras controlen los medios de comunicación, mientras sigan abrazando las energías sucias con toda la intensidad de que son capaces, seguirán frenando el avance de las energías renovables para sacarle más partido a sus viejas y sucias centrales. El cambio de modelo energético que tan desesperadamente necesitamos, se verá obstaculizado.

Tomemos consciencia, comencemos a cambiar las cosas.

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Escuelas de Negocios Sostenibles

Eduardo Pla
Profesional de producción, distribución, comercial y ventas.

La economía es parte de la ecología y puede mejorarla o empeorarla.Por definición, una Escuela de Negocios es un centro docente de enseñanza superior que imparte materias como administración, contabilidad, economía, mercadotecnia, finanzas, emprendimiento, comportamiento empresarial… En demasiadas ocasiones, los contenidos en RSE y sostenibilidad son más bien escasos.

En general, las escuelas de negocios destacan por la excelencia y la dedicación de los docentes, que son, en muchos casos, profesionales y directivos de empresas que dedican parte de su apretada agenda a impartir estas materias y ofrecer a sus alumnos unos contenidos de primer nivel. Al mismo tiempo las escuelas de negocios son el nexo de unión entre empresas y candidatos a ocupar puestos de responsabilidad como mandos intermedios o directivos.

Los alumnos, ávidos de conocimientos, demandan el contacto y la experiencia de ejecutivos de empresas vanguardistas que están en la cresta de la ola y que, debido a sus conocimientos y experiencia, pueden transmitir su visión y enfoque para dirigir un negocio con éxito.

Esta fórmula da buenos resultados a los implicados: a las empresas porque de esta forma pueden reclutar alumnos en prácticas con cierta formación, y a los profesionales porque pueden repasar, ampliar y reciclar sus conocimientos. En definitiva un círculo que se retroalimenta regado en España con los planes de ayuda a la Formación financiados por el FSE y la Fundación Tripartita.

El perfil del alumnado en las maestrías no siempre coincide con el del joven que aspira a un mando intermedio o directivo y que se puede permitir los estudios, sino que también encontramos empresarios y directivos que desean rellenar lagunas de conocimientos. Por tanto, no tienen porqué ser expertos gestores de recursos ni tener estudios universitarios.

A pesar de todos los indicios de calidad expresados, los contenidos en RSE y sostenibilidad son muy exiguos, incluso teniendo en cuenta que, de hecho, para tener una empresa sostenible desde el punto de vista energético y medioambiental no hacen falta grandes conocimientos, sino simplemente hacer uso del sentido común y seguir unas simples pautas que hay que conocer (como la Cadena Verde, el CMI, o la esencia del ser ecologista).

El papel de las escuelas de negocios en un mundo finito

Partiendo de su posición de actores de cambio, las escuelas de negocios deben aceptar su papel de intermediación entre la sociedad y el mundo empresarial. Dentro de sus responsabilidades no está solo la formación para las competencias profesionales o mejorar intelectual y personalmente a los trabajadores, sino que también deben incluir contenidos que prioricen la sostenibilidad de las empresas, porque vivimos en un mundo finito, con recursos limitados.

Frente a esta realidad, encontramos a veces en el mundo empresarial afirmaciones como “La producción de energía no es nuestro modelo de negocio, a mí tráigame energía barata”, o que “la economía verde no es rentable”. Este tipo de afirmaciones pone en evidencia a las personas que las utilizan, bien por desconocimiento o bien porque tengan otros intereses propios diferentes a los intereses de la mayoría. La realidad es que la economía verde es un nicho rentable y poco explotado por las PYME, las cuales forman más del 90% del tejido productivo de España.

Por tanto, desde la dirección de las escuelas de negocios se debería de priorizar la inclusión de contenidos acordes a las necesidades del mundo en el que vivimos. El cuidado del medio ambiente, la reducción de emisiones de CO2 y de otros gases contaminantes, son temas de enorme interés para la sociedad debido a la gran contaminación en la que vivimos y al ineludible calentamiento global. Además, todo esto es ya una prioridad de la mayoría de los países como así lo demuestra la firma del Acuerdo de París (COP21).

En la mayoría de las escuelas de negocios, para poner en valor los conocimientos adquiridos, se utiliza la metodología del método de casos. Este es un modo de enseñanza en el que los alumnos aprenden sobre la base de experiencias y situaciones de la vida real, lo que les permite construir su propio aprendizaje en un contexto realista. Como mostraremos más abajo, siguiendo esa metodología se pueden encontrar infinidad de casos reales, en el día a día de cualquier empresa, que se podrían usar como casos de estudio de distintas soluciones para la mejora continua en la gestión de todo tipo de recursos (energéticos, hídricos, materiales, humanos…).

Ideas para mejorar el aspecto medioambiental de las escuelas de negocios

Efectivamente, hay multitud de ideas y casos de estudio “verdes” que pueden y deben estudiarse en las escuelas de negocios, no sólo por RSE o reputación corporativa, sino por rentabilidad económica y por simple ética. Vamos a enumerar aquí brevemente solo algunas ideas que demuestran que hay mucho que aprender:

1. Gestión de recursos: Energía, agua…

2. Compras y transporte

3. Política y economía empresarial responsable/sostenible

Finalmente, es necesario reconocer la ecología como sinónimo de riqueza y el que no lo pueda aceptar así, que cuente todo su dinero sin respirar.

Por un nuevo modelo energético más justo.

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Proyecto AVIN: conservar nuestras golondrinas, aviones y vencejos (aves insectívoras)

Aitor Mora Solano, @proyectoavin

Golondrina en vueloEl Proyecto de Conservación AVIN busca la protección de las especies de golondrinas, aviones y vencejos de manera local, en nuestros pueblos. Nació como una pequeña idea de activismo ante una situación que empieza a ser común en las aves ligadas a medios agrícolas y urbanos: un descenso acusado en sus poblaciones. Por ejemplo, la golondrina común ha sufrido un declive del 30% en la última década.

En 2014 se declaró a esa especie Ave del Año por la organización SEO/Birdlife, y fue entonces cuando surgió el proyecto. Gracias a la difusión que le dio Nicolás López, responsable de la conservación de especies amenazadas en la ONG, llegó a otros lugares de España. Distinguen vencejos, golondrinas y aviones comunes.Tras casi dos años después de su publicación, hemos llegado a 9 provincias: Huesca, Zaragoza, Segovia, Ávila, Ceuta, Sevilla, Cáceres, Madrid y Castellón. Y somos 13 personas las que luchamos por la conservación de estas aves en el proyecto.

Durante el primer año nos centramos en desarrollar los aspectos más importantes del proyecto, que se resume en cuatro líneas de actuación:

  1. Evitar la destrucción de sus nidos. La difusión y concienciación son los aspectos más importantes que se pueden realizar para proteger estas aves, porque existe una gran indiferencia generalizada sobre las leyes que protegen estas aves y la importantísima labor insecticida que realizan.Cajas nido para golondrinas, vencejos o aviones comunes.
  2. Proporcionar lugares adecuados para anidar. Se incluye cualquier actuación con el fin de facilitar la reproducción de estas aves, como por ejemplo colocar nuevos nidos.
  3. Seguimiento de poblaciones. Para conservar cualquier especie es necesario saber su tamaño poblacional y la tendencia de esta a lo largo del tiempo. También es importante recopilar información sobre su fenología (relación con el clima), que posteriormente se manda a SEO.
  4. Recuperar y liberar pollos caídos. Los pollos que nos encontramos son recuperados hasta que finalmente se pueden liberar. No somos ningún centro de recuperación, por lo que este trabajo es exclusivo de cada persona.

Con el poco tiempo que llevamos con el proyecto hemos conseguido muchas cosas, como por ejemplo:

  • Estamos realizando un importante trabajo de difusión en ciudades como Zaragoza donde en prácticamente todos los edificios con nidos se ha dejado una carta informando de su estatus legal.
  • El ayuntamiento de Binéfar (Huesca) ha aceptado el proyecto editando mil folletos repartidos en el pueblo, y dando la oportunidad de dar charlas en la “Semana de la Sostenibilidad”.
  • También se han impartido varias charlas en colegios de educación primaria y se está colaborando con el instituto IES Sierra de San Quílez (Binéfar) elaborando un proyecto de fabricación de cajas nido para vencejos.
  • Se consiguió que una empresa instalara cuatro nidos de avión común tras su derribo en unas obras de rehabilitación.
  • También hemos terminado los primeros censos de avión en la comarca oscense de La Litera (2.966 parejas en 2016) y en la ciudad autonómica de Ceuta (unas 50 parejas).

En resumen, es muy fácil movilizarse y hacer algo por ayudarlas. Creemos que gente con ganas de hacer cosas, pueden hacerlas. Y todo el que se quiera unir con nosotros será bien recibido.

Escribidnos a:   proyectoconservacionavin@gmail.com

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Ayudas agrarias y la PAC: Por una agricultura más sostenible y resiliente

Carmen Molina @CarmenMolina_Q,
diputada de EQUO por Málaga en el GP de PODEMOS Andalucía

Chiste sobre las subvenciones que se llevan los ricos, los que no las necesitan.Sobre la Política Agraria Comunitaria (PAC), lo primero que conviene enfatizar, aunque pueda parecer obvio, es que estamos refiriéndonos a POLÍTICAS que se enmarcan en el espacio EUROPEO y que pretenden ser COMUNES. No se trata solo de dinero a repartir entre los agricultores y ganaderos que cumplan ciertos requisitos, sino que es algo bastante más serio y con mayores implicaciones para la sostenibilidad de nuestras sociedades actuales y venideras.

Después de dejar claro esto, habrá que convenir que no es la primera vez que las subvenciones europeas agrícolas van a parar a manos de grandes corporaciones multinacionales que hacen de intermediarios en la cadena de valor de las producciones agrícolas. Esto tiene consecuencias que afectan, tanto a los pequeños agricultores, que a duras penas sobreviven en la precariedad a la que se ven sometidos por esta falta de apoyos, así como al deterioro ambiental que generan las explotaciones agroindustriales intensivas. Todo esto acarrea que agricultores y ganaderos abandonen progresivamente su actividad, a causa de la falta de expectativas, de manera que no está habiendo relevo generacional en una actividad tan importante como la producción de alimentos. Una conclusión a la que llegamos en la jornada organizada por Primavera Europea en el Parlamento Europeo fue categórica: Los agricultores europeos son una especie en vías de extinción si no se toman las medidas necesarias para remediarlo.

Los beneficiarios en España de las ayudas europeas asociadas a la producción las reciben personas u organizaciones que forman parte de las mayores fortunas del país. Y, eso, teniendo en cuenta que la PAC se creó para mejorar la productividad agraria y garantizar a los agricultores de la UE una vida razonable. No parece que estas corporaciones necesiten ayudas, y más teniendo en cuenta que controlan los dos extremos de la cadena, esto es, exigen a los agricultores cumplir determinados requisitos de supuesta calidad, aspecto, calibre… que obliga a estos a producir por encima de lo que esperan vender, sabiendo que tendrán que deshacerse de casi un tercio de lo que producen (lo que es un despropósito) y asimismo, por el otro extremo de la cadena, deciden lo que el consumidor final va a consumir, en qué formato y con qué características.

Da la impresión de que no ha habido, ni hay, una línea estratégica clara desde el MAPAMA (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente) ni tampoco desde las autonomías respecto al modo de incentivar nuestro sector agrario, tan maltratado desde el punto de vista de la defensa de los principales actores, que son los agricultores y ganaderos que mantienen, cuidan y preservan nuestros recursos.La agricultura ecológica es la única que nos permitirá ser sostenibles.

La PAC debe enfrentarse a desafíos como la soberanía alimentaria (que no seguridad alimentaria), el cambio climático, la gestión sostenible de los recursos naturales y el mantenimiento de una economía rural viva. Para ello, el marco que parece más adecuado en aras del interés común de los ciudadanos europeos está bien definido por la expresión “SOBERANÍA ALIMENTARIA” que no “SEGURIDAD ALIMENTARIA”. Esto es así porque más allá de la trazabilidad que queramos tener sobre los productos agrarios y de garantizar el sustento de la población, lo que es crucial, tanto para la economía como para la sostenibilidad de la vida, es garantizar que los territorios sean soberanos para alimentarse a sí mismos, sin tener que producir para los grandes mercados globales en manos de especuladores financieros, a costa de poner en riesgo su autoabastecimiento de alimentos básicos. Por ello, la mejor inversión de las ayudas agrícolas debería estar orientada a promover una agricultura con criterios que garanticen el futuro del sector (donde se constata el envejecimiento y falta de relevo generacional como ya se ha dicho) y que consideren que los agricultores son los que mantienen y cuidan los tres recursos más amenazados a nivel global por la actividad agrícola: agua, suelo y biodiversidad.

El primer pilar de la PAC (pagos directos y regulación de mercados) mantiene cerca de un 75% del presupuesto, con criterios claramente productivistas y de globalización agroalimentaria. Las ayudas directas se vinculan a la superficie de cultivo, dejando fuera a la ganadería, a determinados agrosistemas extensivos y a importantes cultivos. La definición de “agricultor activo” —el sujeto susceptible de recibir ayudas— se ha definido en el Estado Español como aquella explotación en la que las ayudas suponen menos del 80% del total de sus ingresos agrarios. El 30% de estos pagos, condicionado a ciertas pautas de manejo sostenibles (“greening”), se ha definido de forma demasiado laxa, y se concede directamente a las fincas menores de 15 ha. y cultivos arbóreos, y también a la producción ecológica. La percepción de los pagos directos, además, no exige el cumplimiento de las directivas marco de agua o de contaminación por pesticidas.

El segundo pilar de la PAC (Desarrollo rural y medidas agro-climático-ambientales) se redactó de forma tal, que los principales gastos se pueden destinar a infraestructuras agrarias (en España se ha destinado principalmente al regadío) y a la modernización de explotaciones (inversiones en maquinaria y otros). Esto es así porque es mucho más fácil hacer infraestructuras y comprar tractores que se ven rápido y tienen rédito electoral, que dinamizar proyectos de grupos de desarrollo rural con vistas a conseguir un sistema de producción más sostenible y resiliente. Eso no se ve en el corto plazo y no da réditos electorales, por lo que es fácil que salga perdiendo.

La PAC y la Agricultura ecológicaEl MAPAMA ha pretendido dejar sin fondos los proyectos piloto de la Red Rural Nacional, que generaron provechosos resultados en periodos anteriores. Habría interesantes oportunidades si se apostase decididamente por los circuitos cortos de comercialización, por apoyar y facilitar la conversión a agricultura ecológica, cuidadosa con el entorno, el apoyo a la ganadería extensiva, la introducción de agrobiodiversidad local, o el apoyo a otras formas de manejo sostenibles.

Tampoco las cuestiones de género son un criterio en la distribución de estas subvenciones. En el caso de España, las cifras ponen de manifiesto la falta de visibilidad del importante papel de las mujeres en el mundo rural, ya que el 67% de la titularidad de las tierras pertenece a hombres. Es, por tanto, necesario incluir criterios que favorezcan la equidad en la concesión de subvenciones para conseguir reducir la desigualdad que sufren las mujeres en el ámbito rural.

La PAC es una de las políticas más criticadas de la UE. Por ello, la próxima revisión de la PAC tiene que servir para orientar el modelo agrícola europeo hacia una mayor sostenibilidad y equidad. En particular, es necesario que las subvenciones e inversiones vayan destinadas principalmente a la agricultura y ganaderías ecológicas, extensivas y familiares, y en pro de los bienes comunes y de la soberanía alimentaria. Una política agraria orientada a los pequeños y medianos productores, contribuiría además a fijar población en las zonas rurales, evitando el despoblamiento del que adolecen pueblos y regiones en España.

Por otro lado, es imposible repensar la política agraria sin tener en cuenta el gran reto de este siglo XXI, el cambio climático. Es realmente urgente invertir en una agricultura resiliente, clave para garantizar la soberanía alimentaria, especialmente por el importante rol que juega la agricultura en la mitigación y adaptación al cambio climático.

Todos estos retos son importantes y urgentes. Esperemos que en la próxima PAC, que comienza a debatirse ahora, el abordaje y solución de estos retos consiga el enfoque y los consensos necesarios.

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La caza tiene impactos muy graves: #LaVerdadDeLaCaza

Roberto Oliveros, de @ecologistas
Área de conservación de la naturaleza, Ecologistas en Acción

Con la caza no sólo sufren los animales cazados.

En la caza (actividad cinegética) no sólo sufren los animales cazados.

En diciembre de 2016, el área de conservación de la naturaleza de Ecologistas en Acción presentó el informe “El impacto de la caza en España” y el documento divulgativo “7 verdades sobre el impacto de la caza en España”. Su objetivo es aclarar los impactos de la caza sobre la biodiversidad de este país y sobre el equilibrio ecológico de sus ecosistemas, así como otros efectos negativos relacionados con las molestias y riesgos que la caza genera a los ciudadanos que usan el medio natural, por no mencionar el escaso respeto al bienestar animal en todas las modalidades de caza, la cuales extienden su impacto en más del 80% del territorio nacional.

Para argumentar las conclusiones del informe, se ha recurrido a la compilación de más de 80 citas bibliográficas emanadas de diferentes estudios técnicos, artículos científicos, tesis doctorales, datos oficiales y datos publicados en diferentes medios.

En España, la caza se ha convertido  en un modelo de negocio basado en proporcionar a una minoría de la población la posibilidad de “recrearse” matando animales de especies silvestres. En este modelo lo que prima es obtener el mayor beneficio económico posible, aún a costa de generar impactos más o menos reversibles pero siempre graves sobre la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas ibéricos. En 2013 fueron expedidas 848.243 licencias y cada año hay menos cazadores. Sin embargo, el sector en su conjunto se ha ido fortaleciendo como lobby social y económico (representado en entidades como la Oficina Nacional de Caza, APROCA o ATICA) con un notorio afán mercantilista.

En España, debido al impacto directo de la caza y todo lo que la rodea, mueren cada año no menos de 25 millones de animales pertenecientes a especies cinegéticas y no cinegéticas. En esta cifra no se considera la pérdida de biodiversidad derivada de los efectos indirectos de la caza por alteraciones en los hábitats, lo cual afecta a todo tipo de especies silvestres, incluidas muchas de las amenazadas. Aunque este último dato no es conocido, debe ser igualmente del orden de millones.

El parany es una forma cruel e ilegal de cazar pajarillos llenando de pegamento las ramas donde se posan.

El parany es una forma cruel e ilegal de cazar pajarillos llenando de pegamento las ramas donde se posan.

El impacto sobre la biodiversidad lo propician tanto las modalidades reglamentadas  (caza mayor, caza menor, control reglado de depredadores, silvestrismo, caza de la perdiz con reclamo, media veda y cetrería) como aquellos otros métodos que son considerados ilegales (por su escasa o nula selectividad, o por su alta eficacia). En este último caso, nos estamos refiriendo al impacto de actividades que, lamentablemente, aún se hallan presentes en nuestros campos, como el silvestrismo, el empleo de cebos envenenados, el parany o las muertes ocasionadas por disparo sobre especies no cinegéticas o sobre especies cinegéticas durante épocas no hábiles.

Algunas de las actividades relacionadas con la caza (como el uso de venenos, el empleo de diferentes métodos de control de depredadores, la cetrería o el disparo directo) han tenido y tienen que ver con la práctica extinción de especies tan emblemáticas como el lobo ibérico, el oso pardo, el lince ibérico, el quebrantahuesos, el águila imperial, el águila perdicera o el milano real, todas ellas declaradas en peligro de extinción.

La caza intensiva y comercial, tanto en la modalidad de mayor como en la de menor, supone graves desequilibrios en los ecosistemas. La sobrepoblación de ungulados en las fincas de caza mayor, buena parte de ellas rodeadas por vallados, simplifican la biodiversidad vegetal de nuestros montes. Además, es una de las primeras causas de expansión de enfermedades como la tuberculosis, de impactos no deseados (ni siquiera para el mismo sector cinegético) como la regresión de las poblaciones de perdiz roja o el incremento de la accidentalidad derivada de colisiones de piezas de caza con vehículos en las carreteras que circundan los cotos. La intensificación de la caza de la perdiz en cotos, que más bien parecen granjas, funciona como coadyuvante para la aparición de efectos nocivos sobre nuestra biodiversidad. Por ejemplo, con la introducción de híbridos en los ecosistemas (de perdiz autóctona con chukar) se pierde la pureza genética de los ejemplares autóctonos y se incrementa la presencia de depredadores.

También se ha propiciado la propagación de especies exóticas y/o invasoras como el arruí, el muflón o la codorniz japonesa. La presencia de estas especies se traduce en notables pérdidas de la biodiversidad autóctona, daños económicos e incluso sobre la salud pública.

Para la mayoría de los expertos, la destrucción y alteración de los hábitats es el factor de riesgo más importante de extinción de especies y en ello influye decisivamente la fragmentación y el denominado “efecto barrera”, debido a la proliferación de vallados cinegéticos y la apertura de tiraderos y pistas en fincas de caza mayor y menor. Por otra parte, la intensificación de la actividad venatoria determina que en la mayoría del territorio (el 80% del total) se caza prácticamente todo el año, vulnerándose así los más mínimos principios de sostenibilidad, pues interfieren en la época de reproducción de especies silvestres.

Ni siquiera nuestros espacios naturales más representativos, los parques nacionales, escapan al influjo de la actividad cinegética. En la actualidad, y por las presiones que sobre las administraciones ejerce el lobby cinegético, aún es posible la caza en los parques nacionales de Cabañeros y Monfragüe, a pesar de que, según la vigente Ley de Parques Nacionales, la caza es considerada como una actividad incompatible con la conservación de los ecosistemas, debido a los notables y evidentes impactos que produce sobre la biodiversidad.

La caza no sirve para gestionar la fauna ni para controlar sobrepoblaciones. El lobby cinegético emplea reiteradamente el argumento de que su actividad se justifica como un elemento esencial para el control poblacional de especies (como el ciervo, el jabalí, el corzo, la cabra montés, el arruí o el muflón) que supondrían —de no practicarse la caza— un severo riesgo para la agricultura y la conservación de nuestra diversidad botánica. Este argumento resulta demagógico, pues es precisamente la caza la que propicia la reproducción excesiva de todas estas especies (a través de la alimentación suplementaria, la construcción de bebederos artificiales, la disposición de bolas de sal en el monte, la presencia de vallados cinegéticos, la selección de la relación intersexual o la suelta directa de ejemplares de interés cinegético).

Como se ha puesto en evidencia al recabarse multitud de casos, el modelo de caza actual es proclive a crear situaciones irregulares en todo lo relativo al corte de caminos públicos, vías pecuarias y aprovechamiento preferente de montes de utilidad pública e incluso, de los parques nacionales, en los que la conservación y el uso público del espacio natural deben ser preponderantes. Es evidente e inevitable que la actividad cinegética supone muchas y variadas interferencias (molestias, riesgo para la vida…) con cualquiera de las múltiples actividades que los no cazadores desempeñan en el medio natural (senderismo, cicloturismo, recogida de setas, apicultura, ecoturismo, fotografía, educación ambiental…). De hecho, un promedio de 28 personas mueren cada año en incidentes que tienen que ver con el empleo de armas de fuego durante la práctica de la caza. Hay muchos cazadores que no respetan las zonas y distancias de seguridad, que no comprueban debidamente hacia qué dirigen su disparo, o no tienen la destreza mínima para empuñar un arma, sea por edad, por embriaguez o por cualquier otra circunstancia que disminuya su aptitud física.

La caza no favorece el desarrollo rural, pues perjudica a otras muchas actividades. Entre todas las modalidades deportivas que se practican en España, hasta el 54,5% de sus practicantes pudieran verse afectados negativamente por el ejercicio de la caza, la cual, según el Anuario de Estadísticas Deportivas del año 2015, solo se ve representada por un 2,6% del total de deportistas. Si se considera además que en 2010 la población total española era de 47,02 millones de personas (según el INE), se llega al escandaloso dato de que, tan sólo el 1,69% de la población podría estar condicionando las aficiones deportivas de hasta un 35,5% de la población española. Parece pues evidente, que la caza no solo no estaría favoreciendo el desarrollo del medio rural, sino que estaría además limitando las posibilidades futuras de desarrollo de los entornos más deprimidos económicamente, ya que mientras el número de cazadores ha disminuido en las últimas décadas, el resto de actividades que se desarrollan en el medio natural vienen experimentando un crecimiento muy apreciable.

Cada año en España, decenas de miles de galgos son ahorcados, arrojados a pozos y cunetas como desechos de la caza.

Cada año en España, decenas de miles de galgos son ahorcados, torturados o abandonados como desechos de la caza.

La mayoría de las modalidades de caza no respetan los principios más elementales del “bienestar animal ni siquiera con animales que, aunque tienen carácter doméstico o han nacido en cautividad, son empleados de diferentes maneras en diversas modalidades (caza con galgos, cetrería, silvestrismo, tiro de pichón o codorniz, caza del zorro con perro de madriguera, caza con hurón, etc.). Tampoco las especies objeto de caza escapan a situaciones de maltrato, al estamparse ciervos y jabalís contra los vallados cinegéticos en huidas desesperadas para ser a continuación lentamente masacrados en muertes agónicas cuando son apresadas por las jaurías de las rehalas.

En resumen, la caza en España requiere una profunda reflexión en el seno de nuestra sociedad, y en especial, en aquellos grupos que ostentan el poder legislativo. Sólo de este modo los intereses de la mayoría de la población serán una realidad para las generaciones futuras, en el sentido de garantizar la sostenibilidad de los sistemas naturales, el disfrute del medio ambiente y el respeto del bienestar del resto de los seres vivos que comparten con nuestra especie este fantástico e insólito planeta. Por ello, Ecologistas en Acción remitirá y discutirá con los grupos políticos con representación parlamentaria todos los documentos elaborados al efecto para que cada uno se retrate como quiera en aras de hacer, entre todos, un mundo mejor.

NOTA: Para protestar por los continuos ataques que está sufriendo el lobo ibérico en España, hay convocada una macro-manifestación el Domingo 12 de Marzo en Madrid.

Más información sobre la caza, los animales y la biodiversidad:

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No desprecies el sol: Situación del autoconsumo y porqué debemos fomentarlo en España

Paneles solares para autoconsumo: Energía limpia y barataEl gobierno de España desprecia el sol. No hagamos nosotros lo mismo. La ley debe cambiar pronto, pero incluso aunque no cambie, merece la pena instalar unos pocos paneles solares pues no hay “Impuesto al Sol” para menos de 10 Kw.

Sin duda, el nuevo panorama político hará cambiar la ley para favorecer el autoconsumo solar. El actual gobierno de España es contrario al autoconsumo solar, porque es una fuente de energía cuya materia prima es GRATIS y ACCESIBLE para todos. Aprovechar el sol tiene inmensas ventajas para España (aunque no sea rentable para sus amigos de las grandes eléctricas), como son: mayor eficiencia de la red eléctrica (el 14% de la energía se pierde en su transporte), menores costos en generar la energía y en crear y mantener redes de transporte, menor dependencia de energías fósiles exteriores, menor contaminación, más salud…

¿Qué implica poner paneles solares en mi vivienda o negocio?

La instalación de paneles solares es muy sencilla.La instalación de paneles solares es muy simple y relativamente barata (depende de cuánta potencia queramos instalar). Si tienes tejado o un espacio soleado, poner unos paneles es fácil y empezarás a ahorrar electricidad desde el primer día. Los paneles solares producen electricidad y la inyectan en tu instalación eléctrica para que la consuma tu casa, sin depender del suministro exterior.

Si en algún momento produces más de la que necesitas, puedes almacenarla en baterías pero éstas son costosas y poco rentables en general, salvo que vivas aislado de la red eléctrica. Con una instalación sin baterías, si hay un día soleado y estás fuera de casa, es posible que los paneles solares produzcan en algún momento más electricidad de la que consume el hogar. Con la ley actual, ese exceso se vierte a la red en forma de regalo. Cuando esté aprobado el Balance Neto (debería estarlo pronto) la energía que se vierta podrá ser recuperada más tarde cuando el hogar la necesite (de noche, por ejemplo). El Balance Neto está aprobado en países como Alemania, Holanda, Portugal, Grecia, Italia, Dinamarca, Japón, Australia, Estados Unidos, Canadá y México, entre otros. En España no.Paneles solares, microinversor y cables, es todo lo necesario para una instalación de autoconsumo solar

¿Merece la pena instalar paneles solares?

El autoconsumo solar ya es rentable para una casa o negocio. El Balance Neto sólo hará que los paneles solares sean más rentables aún.

El famoso “Impuesto al Sol” es una barbaridad ética y ambiental. Pero la ley NO establece ningún “Impuesto al Sol” para instalaciones pequeñas, de menos de 10 Kw. Por tanto, el que quiera poner unos pocos paneles no tiene más que pagar lo siguiente:

  • Paneles, microinversor e instalación: El precio depende de la potencia que se desee instalar, pero los precios han bajado muchísimo en poco tiempo. El microinversor se instala entre los paneles y la red eléctrica. La instalación es sencilla para alguien con mínimos conocimientos de electricidad.
  • Verificación: En una instalación legalizada, la empresa de distribución eléctrica (no la comercializadora de electricidad) ha de verificar la instalación y configurar el contador eléctrico. En esto se tardan 10 minutos pero cobran unos 200 euros.
  • Otros temas: La empresa instaladora puede cobrar algo si se encarga del papeleo para registrar la instalación (y puede ser dinero bien empleado porque el sistema está pensado para que no sea fácil). Algunos ayuntamientos exigen pagar un permiso de obra. Suele ser un permiso reducido, ya que instalar un panel solar es lo más alejado al concepto de “obra” que se pueda imaginar. También puede haber subvenciones, dependiendo del momento y del lugar donde vivas. Normalmente, las empresas instaladoras saben si hay alguna convocatoria abierta y se encargan de todo el papeleo.

La garantía suele ser de 25 años al 80% (es decir, que tus paneles seguirán produciendo un 80% de su potencia, en el año 2042). Tienes más información sobre el autoconsumo y los trámites en la web del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital.

¿Qué pasa si no legalizo mi instalación?

La ley es tan absurda que contempla multas de hasta 60 millones (el doble de lo que se penaliza un escape nuclear). La instalación es tan simple que la mayoría de las pequeñas instalaciones no están registradas y nadie ha sido multado. No obstante, lo correcto es registrar nuestra instalación para que el sistema eléctrico cuente con ella (para predicciones de consumo, por ejemplo).

Por otra parte, los nuevos contadores, mal llamados “inteligentes”, pueden contar erróneamente como energía consumida de la red la energía que te sobre de tu instalación. O sea, si el contador no está bien configurado puede que pagues por la energía que regales. Esto lo hacen para penalizar las instalaciones no registradas, y para evitar que se instalen paneles (si instalas muchos paneles, será más fácil que te sobre electricidad en algún momento). Si tienes un contador antiguo, cuando regales electricidad solar el contador intentará ir hacia atrás, pero un mecanismo se lo impedirá. En ese caso no pagarás por lo que regales.

Otras soluciones son instalar menos potencia solar de la que gaste tu vivienda en el menor momento del día, o usar sistemas de “inyección cero” (mecanismos que evitan que la electricidad salga de la vivienda: desconectando la instalación solar cuando no haya suficiente consumo en el hogar o aprovechándola para otros fines, como calentar agua).

Entender el contador de tu casa

Contador con la lectura del consumo (código 1.18.1)Si el contador es tipo Enel (los más habituales) podrás ver estos códigos en el display:

  • Código 1.18.1: Cuando se visualiza este código, a la derecha se muestran los kilovatios hora consumidos (energía activa). Ese valor es el que aparece en la factura y es el que se usa para saber cuánto se ha consumido cada mes. Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria (2.0DHA y 2.1DHA), este código muestra el consumo en el periodo caro (punta o P1)
  • Código 1.18.2: Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria este código muestra el consumo en el periodo barato (valle o P2). En el display se visualizan alternativamente este código y el anterior.Código 1.28.1 para ver la energía vertida a la red por una instalación de autoconsumo eléctrico.
  • Código 1.28.1 (y 1.28.2 si tienes Discriminación Horaria): Si exportas energía activa, este código te dirá cuánta energía ha salido de tu instalación. Pero este código no se muestra directamente, sino que hay que usar el botón amarillo que hay junto al display del contador. Hay que dar una pulsación larga, una corta, dos largas y varias cortas:

Display en reposo → PL (Pulsación larga) hasta que aparece el texto: “Modo de lectura”  → PC (Pulsación Corta): “L1 CTTO1” → PL: “Actual” → PL: “1.18.1” → Luego, dar varias PC hasta llegar al código “1.28.1” (y el siguiente será el 1.28.2, si procede).

Ver nota al final para más detalles de los códigos del contador.

¿Por qué el gobierno no fomenta el autoconsumo?

El ministro de energía Álvaro Nadal ha cometido ya demasiadas barbaridades, como por ejemplo, apoyar el “Impuesto al sol” o afirmar que los españoles se tendrán que acostumbrar a pagar más por la electricidad. Es sorprendente que el ministro prefiera que los ciudadanos nos acostumbremos a pagar más, en vez de hacer políticas que reduzcan el precio de la electricidad, tales como favorecer las renovables y recuperar para el Estado las hidroeléctricas (las cuales cobran un 600% más que sus costes usando un recurso público como es el agua).

Nadal y su ministerio presentaron un informe sobre autoconsumo incompleto, sin rigor y claramente falto de objetividad. En palabras de Frederic Andreu, el informe de la Secretaria de Estado de Energía “intenta de manera desvergonzada demostrar el sobrecoste económico que el autoconsumo supone para las arcas del Estado”. Otros estudios concluyen que el gobierno miente por más de 200 millones de euros.

La triste realidad es que el gobierno no tiene como prioridad defender los derechos de los ciudadanos, ni reducir la contaminación. Resulta evidente que este gobierno está más interesado en que las empresas eléctricas ganen mucho. Las puertas giratorias giran a favor de los miembros del gobierno y de sus amigos, que se van colocando en empresas energéticas. Pero la gente está cansada de todo eso. El clamor del pueblo por el Balance Neto y por las renovables dará sus frutos.

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NOTAS:

  • Los tres números de los códigos del contador significan, respectivamente: Contrato (por si hubiera varios), Concepto y Periodo (habrá dos en caso de discriminación horaria y aparece marcado con un asterisco el periodo actual). Además de los dos conceptos comentados, hay otros muchos tales como el exceso de potencia (12), maxímetro (16), energía reactiva (58), potencia contratata (135)…
  • Este artículo se publicó originalmente en El Salmon Contracorriente, y tuvo algunos comentarios interesantes.
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Necesitamos “Parar para pensar”

Cierto día, estando en Blanes, decidí salir a pasear. Me salí de este pueblecito gerundense dispuesto a caminar. Andando desprevenido me hallé por un camino desconocido. No sabía bien donde iba, pero sin pensarlo, decidí continuar, por investigar. El camino se fue estrechando entre la vegetación, hasta convertirse en un sendero sin dirección. Un precioso acantilado apareció a mi lado. El sendero se fue empinando y las rocas y los arbustos lo ocultaban junto a árboles robustos. La inclinación había aumentado, hasta que resbalé y casi caí por el peligroso acantilado.

Esa es la imagen grabada que me viene cuando veo la evolución de nuestra sociedad industrializada: La investigación y la curiosidad nos ha llevado a magníficos lugares, a cotas realmente maravillosas y singulares (en calidad de vida o nivel tecnológico). Pero también estamos a punto de caer por un empinado acantilado:

Cuando sabemos que caminamos por un camino peligroso, lo más sensato es parar para pensar. Es urgente hacer un paréntesis por un momento para discurrir por donde vamos, a donde vamos y dónde queremos ir. Esta reflexión debería inundarlo todo: ciencia, investigación, política, arte, educación… desde la agricultura, hasta cualquier evento cultural. Si todos los sectores dedicaran unos días a reflexionar, tal vez podríamos evaluar, si como sociedad, avanzamos bien o mal, y detallar qué podemos hacer para mejorar. Podemos avanzar mucho tecnológicamente, pero no podemos avanzar como sociedad mientras haya tantos problemas pendientes, siendo éstos tan graves y algunos con peligro inminente.

Necesitamos esa visión global y esa humildad de gran talla que reclamaba Marta Tafalla. Pero para ello tenemos que parar para pensar.

No sólo nos estamos jugando que el futuro de las siguientes generaciones no sea escoria, sino nuestro propio futuro inmediato y nuestro honor en la Historia. Sin embargo, nada nos hace pensar que vayamos a parar para pensar.

El Papa Francisco, un ecologista que pretende que todos ahorremos recursos naturalesLeonardo DiCaprio, un ecologista consagradoEs cierto que estamos viendo que muchas voces se van uniendo a esta petición: desde famosos como Leonardo DiCaprio, hasta el propio Papa Francisco, pero no es suficiente porque la gente corriente sigue tolerando que las cosas se hagan mal. Incluso hay protestas cuando las cosas se hacen bien. Por ejemplo, restringir el tráfico en cualquier ciudad es, a veces, visto como una gran amenaza (véase aquí como se quejaba Esperanza Aguirre de las restricciones de tráfico en Madrid). Sin embargo, la mayor amenaza es la contaminación invisible, que nos mata. Lo sabemos, estamos muy seguros, pero como sociedad no nos importa, porque nos comportamos como adolescentes inmaduros.

Todo adolescente necesita normas y necesita que le obliguen a cumplirlas, quiera o no quiera. Si hacer eso es ya difícil con un adolescente… ¿Quién podrá hacerlo a nivel nacional o incluso más global?

Lo dicho, necesitamos parar para pensar.

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Libro “De cómo los animales viven y mueren” de Javier Ruiz (Resumen)

Los cerdos no quieren ser nuestra comida.Los animales forman parte de nuestra vida. Nosotros mismos somos un animal más. En algunos aspectos somos más evolucionados que los demás animales y en otros menos. En este libro (Diversa, 2016), Javier Ruiz (@jaruiz_) nos invita a reflexionar sobre algo que permanece oculto en nuestra sociedad. Mientras en las cajas de tabaco hay fotos de tumores o pulmones podridos, en los envases de hamburguesas o salchichas no hay fotos de los mataderos. En los anuncios de carne no se dice cómo vivieron ni cómo murieron los animales cuyos músculos venden envasados en atractivos colores. Es una reflexión necesaria porque es real y porque es ocultada sistemáticamente.

Javier Ruiz empieza haciendo un repaso histórico, concluyendo que, de forma general, en todas las culturas el consumo de carne siempre ha sido un complemento minoritario en la dieta. Es en el siglo XX cuando se extiende el consumo diario de carne o pescado en los países ricos. Hay muchos datos que indican que ese consumo de carne/pescado es insostenible (cfr. Riechmann, 2005) y, sin embargo, se ha exportado como modelo de bienestar a pesar de las enormes cantidades de agua y de energía que requiere. Gracias a los frigoríficos se puede consumir carne muy lejos de donde se sacrifica. Mientras, “el ciudadano no quiere pensar ni saber de dónde sale toda la carne” (55 kilos al año por persona en España).

Aceptando la realidad

“Eres un esclavo de la costumbre, de las multinacionales y de los mercados financieros”. Así de tajante nos habla el autor, asegurando que no hay ética en las cadenas de producción que consiguen, por ejemplo, la baratísima ropa de Zara o Primark. Y aunque no queramos verlo el autor nos lo dice muy claro: “Te estás comiendo la carne de animales que sufren” (aunque pertenezcas a la única especie que puede, hasta cierto punto, abandonar los límites de la cadena alimentaria).

Los carnistas (comedores habituales de carne, término adaptado del carnist empleado por Melanie Joy) alegan que los animales se matan unos a otros para comer, pero ellos no tienen un modelo ético. También hay animales que matan a sus crías y no por ello lo vemos ético en humanos. Es cierto que nuestros ancestros cazaron para vivir, pero eso tampoco sirve como argumento para defender lo que es o no correcto ahora. Y matar para vivir no es extrapolable a matar por otros motivos, que Ruiz los concreta en tres:

  1. Tradición (aunque la tradición no sirve para justificar nada, se usa para justificar cualquier cosa);
  2. Desinformación (los publicistas saben que mucha gente se cree lo que dice la publicidad);
  3. Falta de interés (es cómodo no averiguar lo que hay detrás de lo que usamos).

Unos datos curiosos para reflexionar

  • El 90% del pescado se usa para alimentar ganado en forma de piensos, siendo las vacas el mayor predador marino de la Tierra, lo que hace que comer ternera sea un atentado contra la biodiversidad marina.
  • Un kilo de carne de res requiere 50.000 litros de agua.
  • El ganado es responsable del 18% de todas las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
  • Si los ciudadanos de EE.UU., Reino Unido, España y Brasil dejaran de comer carne en una comida a la semana, se ahorraría tanta contaminación como la que emiten 3,7 millones de coches.
  • Los animales hacinados sufren, se dañan entre ellos y enferman. Por eso se les medica en exceso, a las gallinas se les corta el pico y a los cerdos la cola (sin anestesia, por supuesto). Los medicamentos llegan al ser humano a través de la carne contaminada.
  • Los mataderos son sitios tan desagradables que nadie quiere verlos: Paul McCartney decía que si se difundiera lo que ocurre allí, todos seríamos vegetarianos.
  • Las culturas que no ingieren muchas proteínas de origen animal desarrollan menos enfermedades a medio plazo como el cáncer, la hipertensión y las afecciones cardiovasculares.
  • La pesca de arrastre es tan dañina que “sería como cazar a un jabalí talando cien árboles, matando a sus crías y, de paso, ejecutando a veinte o treinta aves que pasaban por allí”.
  • Está demostrado que los peces heridos no solo sienten dolor, sino que experimentan también terror y emiten sonidos al ser capturados.
  • Nunca antes en la historia de la humanidad se han consumido por persona y año, más de 60 kilos de carne (cadáveres, como los llama el autor) y en EE.UU. se duplica esa cifra.
  • “Hoy se crían, se despellejan y se despluman animales por moda; hace 10.000 años, por necesidad”.
  • Los gansos son “desplumados hasta 4 y 5 veces en sus cortas vidas”, para rellenar almohadas, nórdicos y abrigos.

Cómo viven y mueren “nuestros” animales

“Hace muchas décadas que lo que hacemos dejó de ser natural” y “quizá por eso lo escondemos entre paredes (…) donde solo unos pocos de nosotros matan”. Por tanto, “no podemos comer carne o pescado diariamente, y no debemos hacerlo si queremos vivir en armonía con la naturaleza”.

“Si somos lo que comemos somos sufrimiento, y miedo a la muerte, y a la tortura”, dice el autor, porque eso es lo que hacemos a los animales que ingerimos. Y resume su objetivo en palabras simples: “Esto trata sobre ser bueno con la naturaleza, y entonces la naturaleza puede –y solo puede–, que sea buena con nosotros; pero los sacrificios a gran escala (…) nos roban la dignidad como seres”. El autor sostiene que el sufrimiento es extremo y afirma: “No existen pruebas fiables sobre si el consumo de carne animal es necesario para nuestra supervivencia, pero sé que no quiero comer carne de granja industrial”.

El autor resalta las “condiciones deplorables” que tienen los animales en zoológicos, circos, acuarios, laboratorios o granjas, incluyendo las granjas peleteras. Está demostrado que las malas condiciones de vida llevan a los animales a la locura y provocan un sufrimiento atroz. Aunque los zoos tienen cierta utilidad científica, educativa y de conservación, no está justificado el maltrato físico y psicológico. Mucho peor es el caso de los circos, pues tienen como objetivo principal ganar dinero. Por fortuna, cientos de municipios españoles están prohibiendo los circos con animales.

En los laboratorios también se maltrata a los animales con fines médicos, pero también hay maltrato en la industria militar, cosmética y tabaquera. Se usan animales para testar productos de consumo diario o medicamentos, pero está demostrado que las conclusiones pueden ser erróneas al ser aplicados en humanos (caso, por ejemplo de la talidomida, medicamento que ha generado miles de malformaciones en humanos y que fue probado en animales, por no hablar de otros abusos de las farmacéuticas). El motivo es claro: “La experimentación con animales es más rentable económicamente” que otras alternativas.

Ante la existencia de sustitutos sintéticos, la industria peletera se queda sin ningún argumento para defender el dolor que causa. La vida de un visón es muy dura hasta que acaba convertido en un abrigo. Por no hablar de otros animales como martas, focas, mapaches, zorros, ardillas, ocelotes, nutrias, marmotas, lobos, linces o chinchillas (hace falta matar más de un centenar de chinchillas para confeccionar un único abrigo). “No existe defensa posible para creer que las prácticas de la industria peletera son aceptables si se realizan con un visón o un zorro, pero son inmorales si la víctima es un perro”.

El libro también habla de la diferencia entre perreras y protectoras. Mientras en las primeras se sacrifican a los animales si no se les encuentra dueño, en las segundas no. Pero en vez de criminalizar a las perreras, Javier Ruiz resalta que “si no se abandonasen animales, entonces, no habría perreras” y pide una ley conjunta y sensata que acabe con el actual lio de leyes, que se obligue a identificar con microchip a todos los animales y que los criadores deban identificar a quién venden cada animal. Por desgracia, los perros que no venden los criadores son enviados a las perreras. Y para agravar más el problema del abandono de perros en España, los cazadores abandonan miles de perros (galgos principalmente) cuando ya no los quieren para la caza.

Respecto a la caza y la pesca, el autor sostiene que matar por diversión es especismo y “egoísmo exacerbado”. Sólo la considera admisible si es para control de especies (para evitar plagas) y siempre como última solución y acompañada de políticas educativas y ambientales. Tampoco considera ética la tauromaquia incluso aunque desapareciera la raza del toro de lidia, pues lo importante es evitar que nazcan para sufrir.

Su sufrimiento depende de nosotros

Como un animal más que somos (ya lo dijo Darwin), el libro repasa de forma rápida nuestro ecosistema social y económico y nuestro consumo irracional, que llega hasta la esclavitud infantil (como hace Nestlé), y cita las palabras del ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica, criticando la obsolescencia programada y la imposibilidad de generalizar en todo el mundo el modelo consumista de los países ricos. Para el autor hay una “crisis de valores” que asocia erróneamente felicidad a riqueza material.

Pero mientras esto ocurre, un 10% de la población mundial muere de hambre y vemos pobreza también en los países ricos, como por ejemplo “en cualquier esquina de una ciudad como Barcelona, donde al pobre se le mira con incomprensión y falta de humanidad”. Ruiz sostiene que permitimos que se torture a nuestra comida, como permitimos que se salven bancos, y cada vez que lo hacemos se “asientan las bases para que vuelva a ocurrir”.

Respecto al vegetarianismo, el autor resalta que en nuestra sociedad “son los vegetarianos quienes son antisistema, o deben explicar su decisión”, mientras que los carnistas se mantienen dentro del sistema y no tienen que dar explicaciones sobre su alimentación (a pesar del enorme daño ambiental y sufrimiento animal que producen). En palabras de Joy: “Tanto «feminista» como «vegetariano» nos evocan imágenes de un conjunto de personas que tienen creencias concretas, alguien que no es como todos los demás”.

El autor nos advierte de que “cambiamos el mundo cada día, y lo hacemos tanto a mejor como a peor”. Y sigue: “Si hay algo verdaderamente egoísta es escoger lo sencillo frente a lo mejor”. Javier Ruiz no pretende criminalizar a los carnistas sino favorecer la reflexión y aporta un dato muy claro: “no necesitamos tanta carne para sobrevivir”. Pero además, sugiere tres puntos para reflexionar:

  1. No hay necesidad: Es posible vivir sin carne ni pescado (millones de personas lo demuestran día a día). El debate sobre la vitamina B12 se zanja consumiendo huevos y queso ocasionalmente, y las proteínas de origen vegetal son muy comunes: legumbres, arroz, cereales, frutos secos… Además, a muchos animales de granja se les administra suplementos de B12, por lo que es más eficaz consumir esos suplementos directamente que hacerlo a través de la carne (el 90% de los suplementos de B12 son para el ganado).Un cerdo es más inteligente que muchos perros.
  2. El sistema esconde la realidad: Debemos hallar “el modo de que cualquiera pueda ver cómo y de qué manera se produce la carne”, porque “cuando un sistema es invisible, su ética también lo es”. El sistema pone distancia entre el animal vivo (un cerdo) cuyo bienestar interesa a la sociedad, y la carne de consumo (el cadáver despiezado) cuyo origen e historia se esconde en los mataderos.
  3. La producción de carne es insostenible: Los daños ambientales son inmensos (producción de gases como CO2 o metano, contaminación por purines, sobre consumo de agua…). Por ello, la ganadería industrial y la industria cárnica no aprobarían el más laxo control de sostenibilidad.

Aprendamos de ellos y con ellos

El autor resalta la capacidad de los animales para disfrutar el presente y que muchos filósofos y culturas promueven, por ejemplo con el carpe diem latino, o el hakuna matata del suajili. Y acaba el libro explicando el ubuntu, una voz africana que resalta la importancia del bienestar de la comunidad para el bienestar propio y que puede traducirse como «yo soy porque nosotros somos». Ubuntu da importancia a lo global de lo que formamos parte: “nos gusta ser parte de la naturaleza”, parte de algo más grande que nosotros mismos.

Resulta enternecedor cuando, poniéndose en la piel de sus perros, Javier Ruiz afirma que ellos no entienden dónde va a veces sin ellos, pues desde la lógica de un perro, su dueño debería quedarse siempre con ellos, o bien ellos ir con él.

Te gustará, sin duda, leer también esto:

  1. Otros libros resumidos de temáticas variadas (ecología, economía, pedagogía, psicología, globalización, ética, filosofía…).
  2. Comer Carne Destroza el Planeta (y a los Animales).
  3. Libro “Comerse el Mundo” de Jorge Riechmann (Resumen).
  4. Charla eTalks “Los secretos del marketing de comida” (vídeo recomendado).
  5. Cuento: «El Toro de la Vega» (argumentos a favor de los toros y su justificación real).
  6. Libro “La elefanta que no sabía que era una elefanta” de L. Braitman (Resumen con ejemplos sobre psicología animal).
  7. Cuatro Razones para Ser Vegetariano.
  8. Carro de Combate, Consumir es un Acto Político: Un libro para ir de compras responsables.
  9. Chocolate de Comercio Justo o Injusto: Nestlé boicoteada.
  10. Gran discurso del ex Terrorista Pepe Mújica, cuando era presidente de Uruguay.
  11. Tres asuntos animalistas: cascabeles para gatos, esterilización, y distintos albergues para animales, por Javier Ruiz.
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Demasiadas farolas y mal colocadas: El caso de Málaga (despilfarro y contaminación lumínica)

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.

Diseñar una ciudad no es tarea para políticos, aunque tengan buenas intenciones. Hay que contar con información técnica, especialmente cuando el sentido común es escaso. Ya hemos comentado el caso del diseño de los carriles bici en Málaga, un desastre que, aunque va mejorando con parches, consigue que muchos ciclistas prefieran no usar los carriles bici.

Otro tema, pendiente en muchas ciudades, es estudiar la iluminación urbana y la contaminación lumínica. Pensemos que una de cada tres personas del mundo no ha visto nunca la Vía Láctea por la contaminación lumínica (en EE.UU. son aún menos). En esto también, Málaga es paradigma de lo que no se debe hacer, incumpliendo todos los puntos que se enumeran a continuación (ver galería de fotos más abajo):

  1. Demasiada iluminación: Para ver si hay demasiada iluminación debemos aplicar la “regla del libro“, según la cual decimos que hay demasiada iluminación si de noche podemos leer un libro en la calle con comodidad. Es absurdo iluminar una ciudad para que pueda leerse un libro en todas sus calles a cualquier hora de la noche. Más que absurdo, es innecesario, caro y extremadamente contaminante. El problema se eleva hasta el éxtasis del despilfarro con motivo de la Navidad.
  2. Las farolas son sólo para la noche: Algo que es elemental, pero sin embargo muchas ciudades encienden y apagan mal las farolas. Málaga es un ejemplo extremo pues todo el año se ven farolas encendidas cuando ya ha amanecido y mucho antes de que anochezca.
  3. Las farolas no deben estar encendidas toda la noche: En zonas de poco tránsito no tiene sentido mantener todas las farolas encendidas toda la noche. Apagarlas (aunque fuera la mitad) de 1 a 6 de la madrugada ahorraría muchos megavatios-hora de energía, pero sobre todo ahorraría contaminación y gastos sanitarios.Ejemplos de luminarias urbanas buenas y malas para la contaminación lumínica
  4. Las farolas deben iluminar el suelo: La luz que se lanza al cielo no vuelve y nos impide ver las estrellas, además de ocasionar problemas de insomnio y graves efectos a la fauna. Esa es la contaminación lumínica. El tipo de farola es importante. Así, mientras hay modelos que permiten que la luz escape al cielo y que deberían estar prohibidos, también hay otros tipos de farolas que dirigen bien la luz al suelo, utilizan sólo energía solar o incorporan bombillas LED (que dicen que consumen menos de la mitad que las de sodio, aunque hay que tener en cuenta otras consideraciones).
  5. Poner farolas más altas que los árboles no ilumina el suelo: Puede parecer elemental pero muchos “diseñadores urbanos” no piensan que las farolas deben estar por debajo de los árboles. Gastamos demasiado dinero en iluminar las copas de los árboles (no se pierdan las fotos más abajo).
  6. Las farolas no deben estorbar: Tanto si vas caminando, en silla de ruedas, con un carro de bebé o con el carrito de la compra, una farola no debería estorbar. Si estorba, el fallo es de la persona que decidió colocarla ahí. Observe que las farolas nunca entorpecen el tránsito de coches (los reyes de la ciudad), pero sí estorban en aceras y carriles bici.
  7. ¿De verdad hay que iluminar tanto las circunvalaciones de las ciudades? En las autoescuelas se enseña que los conductores deben adecuar su velocidad a las condiciones existentes (tipo de vía, estado de la calzada, iluminación…). Pagamos demasiado dinero para que los coches puedan correr más de noche.

Luciérnagas, en peligro de extinción por la contaminación lumínicaLa contaminación lumínica es algo poco reconocido por los ayuntamientos, pero generan muchos gastos e inconvenientes. Por ejemplo, las luciérnagas están desapareciendo por la urbanización excesiva.

Algunos cambios hacia lo que necesitamos no dependen de los políticos, sino de la sociedad. Los políticos que emanan de esta sociedad están tan faltos de conciencia como la sociedad que les permite gobernar. Así pues, tenemos que hacer una autocrítica como sociedad, pero también debemos exigir que los políticos se tomen la molestia de intentar hacer las cosas bien, y no hacerlas sin pensar, cosa que queda clara en las siguientes fotos sobre iluminación urbana en Málaga… ¿En tu ciudad se hace mejor? (Déjanos un comentario).

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Libro “Esto lo cambia todo” de Naomi Klein (Resumen): El capitalismo contra el clima

Libro de Naomi Klein.

Este artículo es largo, pero merece la pena leerlo hasta el final.

Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros que han conseguido cambiar la percepción de la sociedad. Sus anteriores libros son “No logo” (1999) y “La doctrina del shock” (2007).

En “Esto lo cambia todo” (2015) se propone hablar de un tema incómodo y que muchos eluden (como corrobora Leonardo DiCaprio en su documental “Before the flood“, verlo entero aquí). Naomi Klein expone los mitos y las realidades del Cambio Climático, sin caer en tópicos ni en la desesperación, ofreciendo datos, caminos y opciones que debemos transitar.

Naomi Klein reconoce que ella misma negó el cambio climático cuando “sabía que estaba pasando”. No lo negaba como Donald Trump diciendo que mientras exista el invierno el cambio climático es mentira. Pero lo ignoraba, como mucha gente, mirando para otro lado sin querer ser consciente de la realidad o confiando en milagros tecnológicos o políticos. “El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica intermitente por motivos perfectamente racionales. Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará. Y no andamos desencaminados”: “El cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo”. Esto implica “cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.

Naomi Klein, libro resumido Naomi Klein constata que es posible que la lucha contra el cambio climático requiera invertir dinero, pero el dinero se puede conseguir. Como muestra, resalta que las autoridades sacaron “billones de dólares hasta de debajo de las piedras” para salvar la banca y han hecho “pagar a la ciudadanía la factura dejada por los bancos” que ocasionaron la crisis. “El cambio climático, sin embargo, no ha sido nunca tratado como una crisis por nuestros dirigentes”, pero “si un número suficiente de todos nosotros dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis (…) no hay duda de que lo será y de que la clase política tendrá que responder”, porque “no basta con que lo mitiguemos o nos adaptemos a él. Podemos aprovechar esto para reactivar economías locales, “recuperar nuestras democracias de las garras de la corrosiva influencia de las grandes empresas”, “recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro enfermo sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano”, respetar los derechos indígenas y las migraciones climáticas, y “poner fin a los hoy grotescos niveles de desigualdad existentes”:

“La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas”.

Muchas veces se han aprovechado las crisis para imponer medidas que enriquecen a una reducida élite (España es un claro ejemplo): suprimiendo regulaciones, recortando gasto social, forzando privatizaciones, regulando a favor de ciertas empresas, limitando los derechos civiles (la “ley mordaza” en España), regalando dinero a los bancos, etc. El cambio climático es una crisis que podría aprovecharse, una vez más, para beneficiar a los ricos “en vez de para incentivar soluciones motivadoras (…) que mejoren espectacularmente la vida de las personas”: “El cambio climático representa una oportunidad histórica”.

Naomi Klein critica a la ONU porque, a pesar de tener la misión de prevenir que se alcancen en el mundo niveles peligrosos de cambio climático, no solo no ha realizado progresos, sino que ha permitido que se retroceda. Tal vez, lo mejor que ha conseguido es que se hable del cambio climático. Lo peor que puede ocurrir es que se ignoren los problemas: olas de calor brutales, sequías, inundaciones, plagas, huracanes, incendios, aumento del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, contaminación atmosférica, lluvia ácida, enfermedades viajeras, pérdidas de cosechas… problemas que se unen a otros como las pesquerías diezmadas o el aumento mundial de la demanda de carne. Klein afirma que ante un panorama así “cuesta ciertamente imaginar qué quedaría sobre lo que sustentar una sociedad pacífica y ordenada”.

La climatóloga Lonnie G. Thompson dijo: “Casi todos los científicos y científicas del clima estamos ya convencidos de que el calentamiento global representa un peligro inminente para la civilización“. Lo curioso es que “disponemos de las herramientas técnicas para desengancharnos de los combustibles fósiles” y aunque, haya que tomar medidas extraordinarias, el ser humano es capaz de hacerlo. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se redujo el uso de automóviles por placer en el Reino Unido. También en EE.UU. y Canadá aumentó el uso del transporte público y se cultivaron los llamados “huertos de la victoria”. Y aún hoy sacrificamos nuestro bienestar cuando nos lo piden en nombre de la austeridad y del crecimiento económico (reducción de pensiones, aumento de la edad de jubilación, pérdida de derechos laborales, reducción de las prestaciones públicas… o cosas como salvar las autopistas en España).

“Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe –y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana– son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”. Y esto se demuestra en lo que llama los “tres pilares de las políticas de esta nueva era“: “privatización del sector público, desregulación del sector privado y reducción de la presión fiscal a las empresas” (o permitir que defrauden en paraísos fiscales).

Todo esto demuestra que “nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, pero “podemos transformar nuestra economía”. Estamos ante una “dura elección: permitir que las alteraciones del clima lo cambien todo en nuestro mundo o modificar la práctica totalidad de nuestra economía”. La autora dice que “el cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) y el capitalismo la está ganando”: Más que esperar nuevas tecnologías, “tenemos que pensar de manera distinta” y aplicar las tecnologías que ya tenemos.

Los alces de Canadá están muriendo envenenados por beber agua contaminada por las toxinas de las arenas bituminosas de la industria de las energías sucias (Shell). Este es sólo un ejemplo de los millones que se podrían poner. Si queremos preservar nuestro planeta “tendremos que renunciar a ciertos lujos”. Ello conllevaría la desaparición de industrias enteras. Veremos desastres “hagamos lo que hagamos”. Aún así no es demasiado tarde para evitar lo peor.

Psicología del cambio climático

Diversos estudios sostienen que la ideología o «cosmovisión» personal influye en la opinión sobre el cambio climático más que ninguna otra cosa (más que la edad, la etnia, el nivel educativo o la afiliación a un partido). Así, las personas con cosmovisiones «igualitaristas» (caracterizadas por la inclinación hacia la acción colectiva y la preocupación por la desigualdad y la justicia social) aceptan el consenso científico sobre el cambio climático. Por el contrario, las personas que tienen visiones del mundo «jerárquicas» e «individualistas» (marcadas por su oposición a la ayuda a las minorías y a la pobreza, apoyo fuerte a la empresa privada y convencidos de que todos tenemos más o menos lo que nos merecemos) rechazan ese mismo consenso científico.

Dan Kahan, profesor en Yale, llama «cognición cultural» al proceso por el que, con independencia de nuestras ideologías políticas, aceptamos una información nueva sólo si confirma nuestra visión, pero si supone una amenaza a nuestro sistema de creencias, entonces nuestro cerebro se pone de inmediato a producir “anticuerpos intelectuales destinados a repeler esa invasión”. Es decir, “siempre es más fácil negar la realidad que permitir que se haga añicos nuestra visión del mundo”. Y resulta que “algo tiene la cuestión del cambio climático que hace que ciertas personas se sientan muy amenazadas”.

Ejemplo de esto es que en las regiones más dependientes de la extracción de combustibles fósiles se niega más el cambio climático (independientemente de la ideología política, tanto en EE.UU. como en Canadá). Los mismos científicos sufren este efecto: Mientras el 97% de los científicos opina que una causa importante del cambio climático somos los humanos, ese porcentaje cae al 47% entre los científicos que se dedican a estudiar formaciones naturales para extraer sus recursos. “Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad nos resulta demasiado costosa (emocional, intelectual o económicamente)”.

Upton Sinclair dijo: «¡Qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda!».

Los negacionistas tienen razón en algo

El negacionismo climático (liderado por el Instituto Hertland, Koch Industries y Exxon-Mobil), sabe que admitir el cambio climático supone aceptar también que hay que planificar nuestras sociedades de otra forma, y eso implica que no podemos dejar las cosas a la libertad del mercado (como propugna el liberalismo). “Muchos negacionistas reconocen con toda franqueza que su desconfianza ante las tesis científicas sobre el tema creció a partir de un temor muy profundo a las catastróficas implicaciones políticas que tendría para ellos el hecho de que el cambio climático fuese real”. El cambio climático no supone el fin del mundo, pero reducir las emisiones como sugiere la ciencia sí sería “el fin de su mundo”. Y para algunos conservadores supone también una amenaza a su absurda creencia de que el hombre está aquí para someter y dominar el planeta (desmentida por el Papa Francisco por ejemplo) o de que que nuestras diferencias con otros animales no son sólo cuestión de grado (desmentido por múltiples evidencias y hasta por Darwin).

Lo curioso es que los negacionistas, como el Instituto Heartland, “están completamente equivocados en lo que respecta a la versión científica de los hechos, pero en lo referente a las consecuencias políticas y económicas de esos resultados científicos (…) no podrían tener los ojos más abiertos”. Casi todos los científicos que presentan sus trabajos en el Instituto Heartland están descaradamente “empapados en dólares del sector de los combustibles fósiles”. Algunos incluso, en vez de negarlo, buscan ventajas al cambio climático como afirmar que vendrán momentos muy duros para países que son amenazas para EE.UU.

Como también dijo Carl Sagan, las compañías de seguros están realmente asustadas con el cambio climático. Tienen hasta equipos de climatólogos para prepararse para los desastres. Sin embargo, no han presionado apenas para que se pongan en práctica políticas climáticas agresivas.

El cambio climático, que debería unirnos a la humanidad, podría también dividirnos más aún. “La razón real por la que no estamos reaccionando a la altura de lo que exige el momento climático actual es que las acciones requeridas para ello ponen directamente en cuestión nuestro paradigma económico dominante (capitalismo desregulado combinado con la austeridad en el sector público)”.

Promover el comercio local debe ser prioritario

En muchos países se están promoviendo acuerdos comerciales que impiden el desarrollo de la industria local. Este libro denuncia que la OMC ha interferido en muchas ocasiones para evitar acciones contra el cambio climático (en Canadá, por ejemplo) para favorecer los intereses del comercio. También se critica que la OMC nunca ha hecho nada para que las compañías de combustibles fósiles reciban menos subvenciones o que paguen algo por “el privilegio de tratar nuestra atmósfera compartida como un vertedero gratuito de sus residuos” (que muera gente parece ser irrelevante).

Klein apunta a unos culpables claros: “Si los países ricos consumiesen menos, todo el mundo estaría más seguro”. Y señala al sector alimentario como uno de los sectores clave, pues representa entre un 19 y un 29% de las emisiones mundiales de GEI (Gases de Efecto Invernadero). No es justo que los países sean sólo responsables de la contaminación que generan dentro de sus propias fronteras y no de la que se produce al fabricar bienes que se fabrican para llevarlos a su territorio. Además, la contaminación de los buques portacontenedores no se atribuyen formalmente a ningún país. “Cuando China se convirtió en la fábrica del mundo también pasó a ser la chimenea del mundo”. No hay control para que las multinacionales no abusen de la mano de obra en los países más pobres, ni los contaminen o exploten sus recursos naturales: “Cuando las fábricas se marcharon hacia China, también se volvieron acusadamente más sucias”. “La explotación de los trabajadores y la del planeta forman, por lo que parece, un pack de oferta: dos por el precio de uno”.

El consumo genera daños ambientalesIlana Solomon, analista para el Sierra Club, decía que tenemos que “reflexionar sobre qué estamos comprando y cómo lo estamos haciendo, y sobre cómo se produce lo que compramos”. Pero Klein sugiere que “el hecho de que el clima de la Tierra cambie hasta extremos caóticos y desastrosos es más fácil de aceptar que la idea de transformar la lógica fundamental del capitalismo, fundado sobre el crecimiento”. Si esperamos que la tecnología lo arregle todo avanzaremos poco y tarde. Lo urgente es “consumir menos, desde ya”, pero para los políticos resulta difícil animar a la población a consumir menos. Aunque hay mucha gente que intenta reducir su consumo, no podemos permitir que todo dependa de un grupo de urbanitas concienciados. Necesitamos que las opciones bajas en carbono sean accesibles para todos, transportes públicos baratos, viviendas asequibles y de elevada eficiencia, fomento de la bicicleta… y todas las clásicas demandas ecologistas que hasta el Papa Francisco ha apoyado tan claramente. Y resulta gratificante que esas políticas, además de reducir los GEI, fomenten el fortalecimiento de las comunidades locales, aire y agua más limpios, reducción de la desigualdad, etc.

Klein también pide una “reordenación” del PIB, para que no sea una medida tan nefasta del desarrollo de un país. También propone: aumentar los “impuestos sobre el lujo” (ya que los ricos consumen y contaminan más), jornadas laborales más cortas, una renta básica (para compensar el hecho de que “el sistema no puede facilitar puestos de trabajo para todos”), “regulación estricta de la actividad empresarial”, “dar marcha atrás en privatizaciones de empresas y servicios fundamentales” y garantizar “que todo el mundo tiene cubiertas sus necesidades básicas: sanidad, educación, alimento y agua limpia”. En definitiva, “las medidas que debemos tomar (…) chocan frontalmente a todos los niveles con la ortodoxia económica”.

Defendiendo lo público se cuida del bien común

Más de 200 regiones en Alemania (como Hamburgo) han decidido devolver al control municipal sus redes de electricidad, gas y calefacción. Resulta interesante constatar que “existe una relación clara y manifiesta entre la propiedad pública y la facilidad de las comunidades locales para abandonar la energía sucia”. Pero además, es que esa energía sucia, que beneficia sólo a empresas privadas, es muy inestable en precio y suministro.

Privar de recursos al sector público (la mal llamada “austeridad”) choca con la realidad del calentamiento climático y la toma de decisiones importantes para todos, especialmente para los más vulnerables. En EE.UU., es común el “racismo medioambiental”, por el que las industrias tóxicas instalan sus fábricas y sus almacenes de residuos contaminantes en zonas donde viven personas de color.

Klein, se hace eco del dramático caso de España y su ataque a las energías renovables, y propone soluciones interesantes a nivel mundial para acabar con la excusa de que no hay dinero: la tasa Tobin, el cierre de los paraísos fiscales, poner impuesto a los milmillonarios (del 1% como propuso la ONU), recortes en presupuestos militares, impuestos sobre el CO2 y acabar con las subvenciones a los combustibles fósiles y nucleares.

Ya en 1979, el presidente estadounidense Jimmy Carter, instó a los americanos a reducir su consumismo: «Cualquier acto de ahorro de energía es algo más que de sentido común: yo os digo que es un acto de patriotismo». Sin embargo, algunos consideran que ese discurso fue una de las razones por las que Carter perdió las siguientes elecciones ante Reagan. Hoy, posiblemente, “cualquier político que pida al electorado que se sacrifique para resolver una crisis medioambiental se estará embarcando en una misión suicida”. Pero el problema no es económico: “el problema es que nuestra clase política no tiene voluntad alguna de buscar el dinero”.

El cambio necesario

El libro nos cuenta casos como el de una fábrica de recambios para coches de Ontario que, cuando cerró por la crisis, fue reabierta por los empleados para producir equipos de energía solar. A los que dicen que esta conversión es cara hay que decirles que más caro será no hacerla. Además, Klein dice que los bancos que fueron rescatados deberían ser los encargados de financiar ese tipo de cambios, para devolver el favor a la ciudadanía.

Esa transición necesaria será un gran generador de empleo si se hace bien. Se trata de generar empleo sostenible aunque a veces sea necesario nacionalizar servicios básicos. Un sondeo británico reveló que una mayoría apoya la nacionalización de la energía y el ferrocarril. Pone el ejemplo de Alemania, donde la mitad de las instalaciones de energía renovable están en manos de agricultores, organizaciones ciudadanas y unas 900 cooperativas energéticas. También Dinamarca va en esa línea. España también.

La agricultura es un sector esencial, y no sólo por sus altas emisiones contaminantes, sino porque puede contribuir a disminuir la pobreza y ayudar a la autosuficiencia, además de que “los métodos agroecológicos superan en rendimiento al uso de fertilizantes químicos” en entornos desfavorables. Pero el hambre lo provoca la pobreza y no la falta de comida.Degradación por la minería de las arenas bituminosas en Canadá

También se repasa el desastre del fracking o de las arenas bituminosas, que en Alberta están destrozando grandes extensiones: “La tierra, despellejada viva”, emitiendo además entre 3 y 4 más GEI (especialmente metano y CO2) que el petróleo convencional. Por tanto, concluye que “la necesidad de que recortemos nuestras emisiones radicalmente no es compatible con la continuidad de una de las más lucrativas industrias del mundo” (la de los combustibles fósiles). Aunque el estado de Noruega es propietario de una de las empresas que está desgarrando el área de las arenas bituminosas de Alberta, también hace cosas bien: Estocolmo tiene un 74% de residentes que van a sus trabajos a pie, en bicicleta o en transporte público.

Critica también el fenómeno de las Puertas Giratorias (que no sólo ocurre en España, sino también en EE.UU., Reino Unido…) y el “capitalismo desregulado”. El “libre comercio (…) ha sido exactamente la carrera hacia el abismo que tantos alertaban que seria”. Pero Klein levanta una bandera de optimismo: “El cambio climático confronta lo que el planeta necesita para mantener la estabilidad con lo que nuestro modelo económico necesita para sostenerse a sí mismo”. Miya Yoshitani dijo también: “Estamos todos unidos en esta batalla, que no es una batalla solamente para conseguir una reducción de las partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino también por transformar nuestras economías y reconstruir un mundo que queremos hoy”. Pensemos también que “las migraciones humanas están cada vez más vinculadas al clima”.

Klein también critica a la ciudadanía en general cuando dice, por ejemplo, que los manifestantes que salen a las calles para protestar por los fallos del sistema, olvidan el cambio climático, cuando éste “podría representar el verdadero golpe de gracia para esas estructuras que denuncian”. La misma crítica va también para políticos como Alexis Tsipras que, a pesar de ser de izquierdas, no aprovechan el cambio climático para impulsar sus demandas.

Extractivismo: Extraer recursos de la Naturaleza como si fuera infinita

Isla de Nauru, destrozada ambientalmenteEn el siglo XVIII se empezó “a tratar la atmósfera como si fuera un vertedero”, pero no es sólo de la atmósfera de lo que hemos abusado. Klein cuenta el dramático caso de la isla de Nauru donde sus minas de fosfato de calcio han sido explotadas como abono, hasta destrozar la isla y hacerla prácticamente yerma. Luego, se convirtió en paraíso fiscal. “Pocos lugares en la Tierra encarnan más gráficamente que Nauru los resultados suicidas de haber basado nuestras economías en la extracción contaminante”. Por último, Nauru cobra para que Australia lleve allí a sus inmigrantes y sobrevivan en tan mal estado que ha sido denunciado por Amnistía Internacional.

Francis Bacon dio permiso para “acosar a la naturaleza” y James Watt inventó la máquina de vapor que aumentó el poder para hacerlo. Pero ya hoy eso debería estar superado. Los combustibles fósiles destruyen la vida en todas partes. “Cuando se deja en su sitio, el carbón es muy útil, porque mantiene capturado no solo el carbono que las plantas sustrajeron del aire millones de años atrás, sino también toda clase de toxinas adicionales”. Y por eso Klein pide que dejemos de ser “una sociedad de ladrones de tumbas”.

El Club de Roma publicó “Los límites del crecimiento” (1972) y sus advertencias se están cumpliendo casi completamente, pero donde más acertó fue en los límites de los “sumideros”. Es decir, el ser humano no ha encontrado cómo ampliar la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación.Pollo de las Praderas de Attwater (Tympanuchus cupido attwateri)

Klein critica a algunas organizaciones ecologistas en EEUU que realmente no están interesadas en la conservación de la biodiversidad y cita varios casos, como el de la organización Nature Conservancy que, por ejemplo, extrajo petróleo de una zona que custodiaba para la conservación del pollo de las praderas de Attwater, llevándolo a su extinción en dichos terrenos. También denuncia, como hizo Galeano, que en este «mundo al revés» “el sector de los combustibles fósiles son invitados a las cumbres del clima de la ONU en calidad de «socios» clave”. Es cierto que EE.UU. y casi todos los países han aprobado muchas leyes ambientales, pero la realidad demuestra que no han sido suficientes. Algunas empresas gastan más dinero en promocionar el Día de la Tierra que en reformar sus actividades a fondo. Por otra parte, el comercio internacional de derechos de emisiones ha sido un fracaso estrepitoso y así lo demuestran algunos de los ejemplos que se incluyen en el libro, como una empresa india cuyo 93% de ingresos procedía de la venta de créditos de carbono, empresas que fabrican potentes gases GEI para luego cobrar por reducirlos, campesinos e indígenas que no pueden usar los bosques porque son sumideros de carbono, bosques que permiten que se contamine más en otra parte, técnicas para que las empresas que contaminan ganen más, etc.

Soluciones demasiado simples: La «ignorancia arrogante» (hibris)

Muchos millonarios se han propuesto salvar el planeta, como Jeremy Grantham, Warren Buffett, Michael Boomberg, Bill Gates, Tom Steyer y T. Boone Pickens. Pero todos ellos lo han hecho de forma superficial e interesada, incluso invirtiendo en el sector del petróleo a la vez. Un caso paradigmático es el de Richard Branson, magnate de las aerolíneas Virgin, que anunció que dedicaría sus beneficios a la lucha contra el cambio climático, pero cuyo objetivo parece ser más bien retrasar las medidas regulatorias anti-cambio climático. Su éxito consiste en haber conseguido que vuele más gente que antes, y con la conciencia tranquila pensando que dicha compañía hace algo para mitigar el cambio climático. ¿Será Leonardo DiCaprio otro farsante?

Para Klein, pensar que el capitalismo, y solo el capitalismo, puede salvar al mundo es claramente absurdo, y esos bienintencionados magnates sólo están explotando nuestra infundada creencia de que la tecnología va a salvarnos del gran problema que ella misma ha creado.

La geoingeniería pretende dar soluciones simples para el gran problema del cambio climático, incluyendo ideas tan extrañas o descabelladas como fertilizar los océanos para que asuman más carbono, recubrir desiertos con sábanas blancas, poner espejos en órbita, tapar el sol (GRS/SRM) echando, por ejemplo, gases sulfurosos en la atmósfera (Opción Pinatubo)… Pero es imposible validar esas ideas, ni probarlas, ni implementarlas a la escala necesaria. Además, esas ideas no contribuyen a cambiar la causa raíz, sino que se limitan a tratar un único síntoma, sin tener en cuenta los efectos secundarios: acidificación de océanos, la imprevisible reacción de la biosfera… y hasta cambios climáticos peores que sin GRS, como la alteración de precipitaciones que arriesgarían el alimento de millones de humanos. Por otra parte, esas soluciones harían ganar mucho dinero a algunos de esos ideólogos. Entre los detractores están, por citar algunos, Greenpeace, Sallie Chisholm, Alan Robock, o Vandana Shiva, quien afirma que los métodos agroecológicos permitirían capturar grandes cantidades de carbono, reducirían las emisiones y potenciarían la seguridad alimentaria.

Blockadia: Los pueblos bloqueando grandes compañías fósiles

Las compañías de combustibles fósiles o las empresas mineras se están encontrando cada vez con más oposición a todos sus proyectos (almacenamiento de gas, prospecciones, extracciones, fracking, minas de uranio, de oro, de cobre…). En muchos casos, esta oposición es de pueblos que no se dejan sobornar porque defienden su forma de vida tradicional, que al ser ajena a la extracción no depende de esos sucios negocios.

Esta férrea oposición a las compañías extractivas se ha visto y se está viendo por todo el planeta. El libro repasa algunos casos en Grecia, Rumanía, Canadá, Reino Unido, Rusia (contando el caso de los activistas de Greenpeace detenidos), Australia, China, EE.UU., Francia… aunque uno de sus mayores orígenes fue en Nigeria contra la empresa Shell, en la que se llegaron a ahorcar legalmente a los ecologistas que se opusieron. Aún hoy, en el delta del Níger, se vierte cada año  una marea negra como la del Exxon Valdez, envenenando peces, animales terrestres y personas. Ante tanta injusticia, el vandalismo contra los oleoductos no cesa. El pueblo ogoni y el ijaw no dejan de sufrir las consecuencias de un gobierno corrupto y una empresa extranjera, Shell, que se lleva sus recursos naturales porque en los países ricos siguen repostando en sus gasolineras sin enterarse de las consecuencias.Pato petroleado por un vertido en Canadá

Un caso muy llamativo es el del oleoducto Keystone XL entre Canadá y EE.UU., para dar salida a las altamente contaminantes arenas bituminosas de Alberta. Miles de aves han muerto allí al posarse en las inmensas balsas de desecho tóxico. Tantas aves mueren que se ven obligados a disparar unos cañonazos cada pocos minutos para espantar a las pobres aves migratorias que buscan lo que otrora fue un bosque. Por supuesto, esas balsas no son perfectas y tienen escapes y filtraciones. “Los médicos tienen miedo cuando se trata de diagnosticar afecciones relacionadas con la industria del petróleo y el gas”, declara un médico canadiense de la zona. Esas balsas proceden del inmenso consumo de agua que requiere este tipo de minería (2.3 barriles de agua por cada barril de petróleo, mientras que el crudo convencional requiere hasta 0.3 barriles). El fracking requiere aún más cantidad de agua y una vez utilizada queda tóxica y radiactiva.

La industria extractiva nunca ha sido segura y siempre ha precisado zonas de sacrificio para contaminarlas, cuando no se trata de contaminar la atmósfera. Los que sufren más la contaminación son, no por casualidad, los más pobres. Pero resulta que “ahora todos estamos en la zona de sacrificio” y los riesgos de hoy son “sustancialmente más elevados” que los de antes, debido a que ya sólo quedan los yacimientos más costosos, más profundos y en zonas más valiosas. El desastre de BP en el golfo de México (más de tres meses manando petróleo) o el vertido por la rotura de un oleoducto en Michigan (el mayor vertido en tierra de EE.UU.) son pruebas de ello y de que las industrias fósiles prefieren ganar más dinero a costa de aumentar los riesgos para otros, sostiene Naomi Klein, quien también denuncia la corrupción en EE.UU. a la hora de controlar a este tipo de industrias.

En algunas zonas, las empresas que envenenan consiguen más poder, ya que los únicos empleos son precisamente en la industria que envenena sus tierras (y hasta esos empleos son de mala calidad, aunque estén bien pagados). Pero en otras zonas, donde hay más diversidad empresarial y laboral, hay “personas dispuestas a pelear muy duro por proteger modos de vida que consideran intrínsecamente incompatibles con la extracción tóxica”. Klein dice que “cuando aquello por lo que se lucha es una identidad, una cultura, un lugar querido […] nada pueden ofrecer las empresas como contrapartida”.

Los éxitos son insuficientes, pero muy importantes. Francia, por ejemplo, gracias a las protestas ha aprobado una moratoria nacional contra la fracturación hidráulica o fracking. También hay moratorias en Bulgaria, Países Bajos, Chequia, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU. Además, este último país ha descendido su producción eléctrica con carbón por la presión ciudadana, entre otros motivos. Costa Rica ha prohibido la minería a cielo abierto en todo el país. India tiene centrales térmicas a medio construir porque se paralizó su construcción ante las protestas. En China también se han paralizado centrales de carbón por las protestas, pues allí la contaminación es espectacular y supone un experimento de lo que ocurre cuando es el progreso lo que más importa: Pekín alcanza a veces los 671 microgramos de partículas en suspensión (las PM2.5) cuando la OMS fija el límite máximo en 25. Las actividades al aire libre se suspenden si se superan los 450.

Otra batalla con gran éxito es la de la desinversión, apoyada por la organización 350.org, por la que se pretende que todo tipo de organizaciones y fondos de inversión dejen de apoyar a las industrias de los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha anunciado que no apoyará más proyectos de prospección o extracción de carbón y hay miles de organizaciones más que ya están retirando su apoyo y su dinero a las industrias sucias.

A veces, cuando una empresa no puede extraer el combustible por un cambio en la legislación, alega cláusulas de protección de los inversores de acuerdos de libre comercio. Pero estas demandas tienen el poder que los gobiernos quieran, pues ninguna empresa puede interferir en la libertad de un pueblo en defender su territorio de la degradación ambiental. El problema no son los acuerdos comerciales sino los gobiernos que no defienden correctamente el bien común. No obstante, Klein afirma que esos acuerdos comerciales tienen hoy mayor debate público que antes, como lo demuestra el caso del TTIP en Europa. Pero hay que estar muy atentos, porque si nos descuidamos, los intereses del capital financiero y de la industria energética estarán por delante del bien común: Un claro ejemplo es España, donde los bancos son empresas privilegiadas y las industrias energéticas dictan las leyes.

Cuando fallan los gobiernos nacionales y los organismos internacionales, muchos ayuntamientos se deciden a actuar en la acción climática. Son las llamadas «comunidades de transición» nacidas en Totnes (Reino Unido), que pretenden actuar en lo local para conseguir un cambio hacia economías de bajo carbono.

¿Derechos para los pueblos indígenas?

En Canadá y en otros muchos países, los indígenas no han cedido nunca sus tierras para su explotación petrolera. Como mucho, han aceptado compartirlas mientras no se socaven sus derechos a vivir, pescar, recolectar… pero no se puede compartir “si una de las partes se dedica a alterar irrevocablemente y a envenenar esa tierra compartida“.

Algunos de los pueblos indígenas amenazados por la sed de petróleo son los haida, los nez percé, los cheyenes, los lummi, los ogoni, los ijaw, los lakota, los tunebos, los chipewyan (ayudados por el rockero Neil Young del acoso de Shell), los tsilhquot’in, los cree del lago Beaver (“las personas más marginadas de mi país”, Canadá, en palabras de Klein)… Muchos pueblos indígenas carecen de recursos para que se respeten sus derechos, aunque los tengan claramente otorgados. En 2007 se firmó la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y los únicos países que votaron inicialmente en contra fueron Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, aceptaron esa declaración que proclama que los «pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente», así como a la reparación de las tierras confiscadas, ocupadas o dañadas. Que la incidencia de cáncer suba en todas las tribus canadienses afectadas por las arenas bituminosas no parece hacer desistir a la petrolera Shell.

“Mientras los abogados argumentan y debaten en los tribunales sobre las complejidades de la titularidad de la propiedad de la tierra, las sierras mecánicas siguen talando árboles que son cuatro veces más viejos que nuestros países, y los fluidos tóxicos de la fracturación hidráulica continúan filtrándose hacia las aguas subterráneas”.

Las energías renovables son “no extractivas” en dos sentidos: El veneno y el carbono no se extraen del subsuelo y el dinero no se extrae de la comunidad (las petroleras extraen recursos de un sitio y extraen el dinero de otro).

Ecuador (y los cheyenes de norteamérica) ha pedido ser compensado por mantener sus combustibles fósiles en el subsuelo porque «la manera más directa de reducir emisiones de CO2 es dejando los combustibles fósiles en el subsuelo donde ya están» (en palabras de Esperanza Martínez, de Acción Ecológica). Esto es lo que se conoce como «deuda climática» reconocida (al menos indirectamente) en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático indicando que hay unas «responsabilidades comunes pero diferenciadas» ya que los países que más han contaminado deben ser los primeros en reducir sus emisiones.

Al hablar de «deuda climática» muchos habitantes de los países ricos argumentan que no son responsables de lo que hicieron sus antepasados. Sunita Narain, directora general del Centre for Science and Environment, responde claramente: «Vuestra riqueza actual guarda relación con cómo la sociedad ha explotado la naturaleza» (ya dijo De Jouvenel que nuestra riqueza procede de explotar la Naturaleza). Naomi Klein concluye: “Los países ricos no solo tienen que ayudar al Sur Global a encaminarse por una senda económica de bajas emisiones porque eso sea lo correcto, sino que necesitamos hacerlo así porque de ello depende nuestra supervivencia colectiva”. Y por supuesto, añade que igual que haber sufrido un atraco no da derecho a atracar, tampoco hay fundado derecho a contaminar por parte de los países pobres. Por tanto, es evidente que los ricos deben ayudar a los pobres a conseguir un desarrollo más limpio. Esto traerá mayor bienestar y empleo, lo que evitaría las enormes tasas de inmigración que hay y que, si no lo remediamos, habrá.

Conclusiones

Naomi Klein asegura que no se tienen en consideración suficientemente los efectos de tanta contaminación sobre la fertilidad y sobre los animales no adultos, incluyendo niños. Por ejemplo, en zonas de fracking aumentan las probabilidades de problemas cardíacos en bebés, abortos involuntarios, altos niveles de PCB… El caso de Mossville es tristemente famoso por el “racismo medioambiental”: La población pobre debe soportar altos niveles de contaminación de las industrias petroquímicas con frecuentes vertidos y explosiones. En Mossville son frecuentes las enfermedades respiratorias, el cáncer, defectos de nacimiento y las histerectomías en mujeres.

El informe de BP antes del desastre del golfo de México es de risa: por ejemplo, suponía que los moluscos sobrevivirían a un desastre huyendo o que supondría poco estrés para los mamíferos. El desastre demostró que nada puede restituir lo perdido: millones de larvas y los bebés de delfín murieron… La acidificación de los océanos hace que las larvas de ostras no puedan formar sus caparazones y mueran, y herbicidas como la atrazina afecta directamente a la esterilidad en anfibios, junto con defectos congénitos y abortos espontáneos en humanos, sin contar la amenaza sobre las abejas.

Pero sabemos hacer las cosas mejor. Ecuador, por ejemplo, en su constitución de 2008 reconoció a la naturaleza o Pachamama el derecho a que se respeten su existencia y sus ciclos vitales (art. 71). En las luchas contra el extractivismo hay un arma secreta: la unión heterogénea hace una gran fuerza: indígenas y no indígenas, jóvenes y mayores… todos unidos en una causa común.

Los cambios que hacen falta son importantes, pero tenemos experiencia. Los cambios sociales de los siglos XIX y XX, por ejemplo, supusieron un cambio profundo en la cultura dominante (cambios en los derechos civiles, de las mujeres, de los homosexuales, de grupos étnicos como el caso del apartheid de Sudáfrica o el racismo en EE.UU., pero también la instauración de la Seguridad Social o el seguro de desempleo). La abolición de la esclavitud obligó a ciertas élites a renunciar a prácticas que les resultaban muy lucrativas (tanto como la extracción de combustibles fósiles hoy en día). Pensemos por ejemplo, que en el siglo XVIII los negocios más lucrativos del imperio británico se basaban en la esclavitud (plantaciones de azúcar del Caribe, compra/venta de esclavos…) y en EE.UU. “la esclavitud fue el eje sobre el que giró la revolución mercantil”.

Naomi Klein es consciente de que hay que cambiar la cosmovisión global, lo que nos decimos del mundo y de nosotros. Y eso no es fácil, pero es posible y para ello propone no aspirar simplemente a cambiar leyes, sino a modificar pautas de pensamiento. Por ejemplo, dice que pedir un impuesto sobre el carbono puede ser menos útil que reivindicar una renta mínima garantizada, porque ésto segundo  abre el debate sobre los valores y “sobre lo que nos debemos unos a otros sobre la base de nuestra condición humana”. Y sentencia que tendremos que comenzar a creer de nuevo que los seres humanos no somos irremediablemente egoístas y codiciosos (que es la imagen de nosotros mismos que se nos ha vendido).

Muchas veces se plantea si frenar a las compañías de combustibles fósiles tiene influencia en el PIB, pero lo importante es pensar si el crecimiento económico tiene alguna importancia cuando el planeta esté convulsionado. Son las compañías las que tienen que demostrar que sus acciones y sus técnicas son seguras. Y nosotros debemos exigirlo, porque “nadie va a venir a salvarnos de esta crisis” y “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes”.

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