El volcán de La Palma nos enseña a escuchar a los científicos

Cuando vamos al médico, la mayoría de nosotros nos fiamos del diagnóstico y del tratamiento. Confiamos en que el personal médico lo forman científicos o científicas que están al día de los mejores tratamientos posibles con los medios que cuentan. Algo similar ha pasado en el volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma. La labor de los científicos ha sido esencial para decidir cuándo evacuar cada zona; para predecir el camino de las coladas; y también para calcular con antelación la contaminación atmosférica y para medirla.

Es frecuente que el personal científico sea escuchado y que se sigan sus recomendaciones. ¿Por qué en el caso de la crisis ambiental no se escucha a la ciencia? Ante los desastres que los científicos ven y predicen se les saltan las lágrimas. Han expuesto las causas, las consecuencias y las soluciones, tanto en artículos científicos, como en informes, charlas, vídeos y hasta en redes sociales. La ciencia ha cumplido con su obligación. Sin embargo, ni los líderes están haciendo su trabajo eficientemente, ni la población les exige que lo hagan. La ciencia queda aparcada a la espera de un futuro incierto para unos, y muy inquietante para los que estudian los problemas ambientales.

¿Por qué no se obedece a la ciencia cuando se pronuncia sobre la crisis ambiental?

Hay varias razones posibles. Por ejemplo, estas:

  1. Las consecuencias se ven lejos o sin trascendencia. En el caso del volcán de La Palma, todos hemos visto las coladas comiéndose casas y derribando todo a su paso. Desconfiar de la ciencia hubiera sido un suicidio y se hubiera comprobado en un corto espacio de tiempo. Las consecuencias del cambio climático son mucho más dramáticas, aunque tal vez no tan evidentes. Algunos aún no quieren ver la relación entre causa y efecto, porque les obligaría moralmente a actuar.
    • La realidad es que las consecuencias ya están ocurriendo y cada vez las veremos y sentiremos más y peor. Actuar para evitarlo no es hacer algo un día, sino un camino diario.
  2. Sentimiento de impotencia o «mejor no pensarlo». Algunos pueden estar aturdidos ante la gravedad de lo que se nos viene encima y prefieren mirar para otro lado (técnica conocida como del avestruz). Otros pueden sentir que es imposible evitar el colapso y, por tanto, más vale disfrutar de la música mientras nos hundimos (técnica Titanic).
    • La realidad es que nos irá mejor si obedecemos a la ciencia y seguimos sus indicaciones. Es posible evitar lo peor del colapso y merece la pena hacerlo. Ya llegamos tarde para evitar un colapso ligero, pero tenemos aún tiempo para evitar algo auténticamente desastroso. Todo ayuda, desde decisiones simples a las más importantes, pasando por las más complejas.
  3. Comodidad. Es más cómodo no hacer nada que implicarse en serio. Algunos se implican superficialmente (por ejemplo, separando sus residuos y apagando las luces cuando no las usan) y se creen que con eso es suficiente. A la vista está que no es suficiente. Hay mucho por hacer, y es fácil.
    • La realidad es que necesitamos un compromiso importante por parte de todos, especialmente por parte de los políticos gobernantes y de los ricos del planeta. A nivel mundial, podemos afirmar que son personas ricas las pertenecientes a clases medias-bajas de los países ricos. Por supuesto, las grandes fortunas suelen ser contaminar bastante más y aunque tienen más responsabilidad, haríamos mal en esperar a que la asuman.
  4. Falsa sensación de seguridad o miedo a empobrecerse. Algunos se sienten seguros por vivir en cierta región, o por tener suficiente dinero. Es la técnica del “a mí no me tocará”: mi casa no se inundará, no tendré que emigrar, no moriré de hambre, ni de calor, ni por enfermedades ambientales fácilmente evitables, etc. Como dijo Naomi Klein, Esto lo cambia todo.
  5. Esperamos a que legislen los gobiernos. Gran parte de las personas que usan coches y aviones saben que no deberían usarlos, pero esperan a que los gobiernos tomen medidas contundentes, cosa que no hacen.
    • La realidad es que los gobiernos no tomarán medidas suficientes mientras no haya una masa crítica de personas exigiéndolas activamente. No basta con pensar ecológicamente. Hay que movilizarse: manifestaciones, escribir cartas al gobierno, difundir en redes sociales, actuar coherentemente, comprar poco y con conciencia, etc.

Como vemos, hay argumentos insustanciales suficientes para el que quiera ignorar el colapso ambiental. ¿Cuál es tu preferido? En el futuro tendremos bastantes argumentos irrefutables para lamentar dolorosamente nuestra inacción actual. Ya será tarde.

¿Se equivocan los científicos?

Los científicos a veces se equivocan, o incluso su opinión puede estar sesgada por quien les paga. Es el caso —descarado— de esas cátedras universitarias pagadas por empresas con evidentes intereses en que los resultados de la investigación les sean favorables. No obstante, en el caso de la crisis ambiental y el cambio climático, hay consenso científico y no hay intereses en exagerar lo que nos puede llegar a pasar. No son futurólogos. Son científicos los que están clamando acción y el 99,9% coinciden en que el cambio climático está causado por el ser humano y, por tanto, podemos (y debemos) actuar.

Greta Thunberg y esos jóvenes que protestan en las calles están pidiendo —literalmente a gritos— algo tan simple como que se escuche a la ciencia. ¿Obedeceremos a la juventud, la cual solo quiere un futuro?

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20 medidas todavía extrañas —pero eficientes— para evitar lo peor del colapso

Si vas a leer este artículo es porque te interesa aprender cómo mejorar nuestra sociedad.

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¿Quieres aumentar la conciencia ecologista o animalista de tu entorno?

Para evitar el colapso hay medidas necesarias y prohibidas.Ante el colapso inminente e inevitable de nuestro sistema económico, tenemos la obligación de intentar que el golpe sea lo menor posible. Necesitamos medidas contundentes y creativas. Un error ahora aumentará la catástrofe considerablemente.

Aquí vamos a proponer unas medidas urgentes y necesarias de las que poco, o nada, se ha hablado. Evitamos incluir medidas que ya se han propuesto cientos o miles de veces (aquí hay algunas).

Estés de acuerdo o no, te agradecemos su difusión para generar algo que es imprescindible: el debate ambiental.

Vayamos a la raíz de los problemas

  1. Control de los fitosanitarios que usan los agricultores. Si los coches tienen que pasar un control de humos en la ITV, ¿por qué los agricultores pueden contaminar alegremente sin control? Los pesticidas son altamente peligrosos, probablemente más que los humos de los coches. Un control adecuado hubiera evitado la tragedia del Mar Menor, pero lo mismo que ocurrió en esa laguna, está ocurriendo, por ejemplo, en todo el Mediterráneo. Debemos evitarlo.
  2. Obligar a plantar diez árboles por estudiante en cada curso oficial (primaria, secundaria, bachillerato, FP, universidad…). Esa plantación sería necesaria para poder avanzar de curso. Ideas similares ya se están aplicando en países como Filipinas.
  3. Obligar a hacer un curso breve para poder entrar en cualquier área protegida, especialmente los Parques Nacionales. El curso podría ser de dos horas y dedicado al parque que corresponda. Esto reduciría la presión turística de las zonas naturales, generaría empleo, además de aumentar la tan necesaria educación ambiental. Por supuesto, el curso podría tener una validez de por vida, pero solo para la zona protegida para la que se hizo el curso. Si uno viaja para conocer, la mejor manera es participar en cursos educativos.
  4. No construir más infraestructuras de altísimo impacto ambiental: aeropuertos, autopistas, puertos marinos, líneas de tren de alta velocidad, líneas eléctricas, etc. Infraestructuras así deben estar sobradamente justificadas tanto a nivel ambiental como económico.
  5. Cerrar aeropuertos que no tengan suficiente utilidad. Se pueden convertir en viveros en los que fomentar la plantación de bosques que limpien lo que ensucian los aviones.
  6. Investigar y evitar los contratos precarios en el sector turístico, así como poner una tasa máxima de contratos temporales por empresa. Siendo este sector uno de los más contaminantes —además de una industria no esencial— debemos exigir que sea más responsable. Crean demasiado empleo precario y temporal. Juegan con eso para amenazar con despidos masivos ante cualquier incidente (como una pandemia). También hay una gran discriminación femenina en el turismo. Reducir la cantidad de viajes es fundamental para reducir la presión en los lugares turísticos y la contaminación por el transporte (especialmente de aviones y coches). Las famosas “ecotasas” deben implantarse universalmente.
  7. No dar ayudas públicas a grandes empresas (multinacionales) sin estar condicionadas a mejoras en su respeto ambiental y laboral. En este aspecto, destacamos especialmente las industrias petroleras, cárnicas, pesqueras y turísticas.
  8. Prohibir que las ciudades crezcan en extensión, al menos mientras tengan una alta tasa de viviendas vacías, casas abandonados o solares baldíos. Si se construye fuera de los límites de la ciudad, debe prohibirse la urbanización dispersa y con piscinas.
  9. Prohibir los envases de usar y tirar: plásticos, latas y tetra-brik. Esto no es una excentricidad de un ecologismo insensato y excesivo. Es algo radical, pero sensato y necesario. El impacto ambiental del agua embotellada es hasta 3.500 veces mayor que el del agua del grifo. El impacto de otras bebidas es aún peor. No hay que prohibir los envases de un día para otro, pero sí establecer un mecanismo —como este— para que desaparezcan esos envases en máximo tres años. Es posible y fácil. Hace apenas unas décadas, vivíamos sin envases de usar y tirar. De hecho, hay que prohibir todos los plásticos de usar y tirar: los residuos de invernaderos están plastificando el fondo marino y ya estamos —literalmente— comiendo plástico. De ahí la necesidad urgente del siguiente punto.
  10. Exigir que los plásticos de los invernaderos tengan una marca que identifique al propietario. Esta marca debe estar impresa en el plástico de forma indeleble y debe repetirse al menos cada metro de distancia. Así, si aparece plástico abandonado ilegalmente se sabrá quién es el propietario de ese plástico y se podrá multar convenientemente. Esto ha de ser considerado delito ambiental y no una simple infracción administrativa, como es actualmente. Sabemos que los plásticos no son lo único que abandonan los agricultores. También hay gomas de riego, cuerdas, semilleros, mosquiteras, sacos y botes de fitosanitarios… Pero si se le obliga con fuertes multas a tratar adecuadamente los plásticos, es posible que aumente su conciencia ambiental y, de paso, deje de tirar ilegalmente otras basuras. Otra opción, que podría servir para todo tipo de residuos susceptibles de ser abandonados, es imponer una tasa tipo SDDR. Es decir, el agricultor pagaría un precio extra, recuperando ese dinero al devolver el producto usado cuando no lo quiera.
  11. Prohibir totalmente la pirotecnia. Los que no están a favor de esto es, sencillamente, porque no se han parado a pensar, ni han leído nada sobre el problema. Si no te gusta explotar petardos en tu casa, el planeta es la casa de todos. Escoger pirotecnia sin ruido solo resuelve uno de los problemas, pero hay que pensar globalmente en un escenario de crisis ambiental grave. Si alguien no lo entiende, estamos cometiendo un error en educación ambiental.
  12. Apagar pueblos y ciudades casi completamente gran parte de la noche: Es absurdo tener todas las calles encendidas, toda la noche. En muchos pueblos de Francia se están apagando todas las luces entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana. No es solo el ahorro económico y en emisiones. Es también por respeto a los animales, esos seres que no hablan, pero que también existen y sienten. Está demostrado que es un error pensar que la luz da seguridad. Los crímenes también se cometen de día. Aquí también metemos apagar la Navidad (solo de luces y de adornos excesivos), porque no somos más felices destrozando el medioambiente.
  13. Prohibir la caza deportiva, en todos los territorios, para todas las especies. No podemos evaluar especie por especie, interacción por interacción. La naturaleza no es tan simple como nos gustaría. Cada vez que una especie es vulnerable, ya es tarde para protegerla. Hay que actuar antes y la caza es terriblemente nociva para la naturaleza (y hasta para la salud mental). Los cazadores usan argumentos pueriles y superficiales, desmentidos por la ciencia y por la lógica. Ya hay países que han prohibido totalmente la caza por diversión. Hay que hacerlo. Si os parece algo excesivamente radical, no sigáis leyendo.
  14. Prohibir los coches privados. Da igual que sean eléctricos. También son insostenibles. La movilidad sostenible no se consigue con medidas tibias. Si de verdad pensamos que el problema climático es grave, tenemos que actuar urgente y radicalmente. Se podrían mantener los coches compartidos, de alquiler, taxis y demás opciones que, en tal caso, serían más baratos. Además, se fomentaría la conducción automática.
  15. Instaurar un comité científico que evalúe los desastres ambientales de ciertos políticos. Si el personaje político suspende por mayoría absoluta, sería cesado en su cargo. No es admisible mantener en el poder a políticos —siempre son hombres— que desprecian el medioambiente descaradamente. Ejemplos sobran, pero podemos citar a Francisco de la Torre, alcalde de Málaga con una larga lista de barbaridades ambientales, o Fernando López Miras, presidente de la Región de Murcia, con su asesinato del Mar Menor, sus pozos ilegales, sus quemas agrícolas que intoxican a los ciudadanos, etc.
  16. Darle la vuelta a los espacios protegidos. Es decir, en vez de proteger los espacios demostradamente valiosos, debemos proteger todo el espacio nacional, menos las zonas que explícitamente se indiquen. En vez de usar figuras como Parque Nacional, Parque Natural, Paraje Natural… usaríamos figuras como Parque Nacional Desprotegido. No es un chiste. Desgraciadamente, muchas zonas valiosas son destrozadas porque nadie ha estudiado ni propuesto su protección.
  17. Detener los parques eólicos en ciertas épocas. Los aerogeneradores matan fauna salvaje masivamente. Cada molino eólico podría estar matando a tres animales cada día. Solo se tienen datos de las aves grandes, porque las pequeñas se las llevan los depredadores y se descomponen de forma más rápida. También mueren miles de murciélagos, pero no sabemos cuántos, porque no hay datos fiables. Dependiendo de la zona, es necesario detener los parques en época de migraciones, de cortejo o cría. Cada parque debe certificar de forma objetiva su situación y establecer sus épocas de parada. Hay cientos de parques eólicos mal estudiados y mal instalados. Esta muerte de avifauna se suma a la de otras infraestructuras, como el tren de alta velocidad, edificios acristalados o líneas eléctricas.
  18. Prohibir la publicidad y los patrocinios de empresas sucias. Lo ha pedido Greenpeace y sería una forma de frenar su poder y su capacidad para lavar su imagen (greenwashing). Las petroleras están mintiendo una y otra vez y retrasan las medidas que hay que tomar. Se gastan más dinero en publicidad que en reducir su contaminación. Es fácil controlar su publicidad y sus patrocinios de museos. Un poco más difícil puede ser revisar sus patrocinios en cátedras con dudosos objetivos de investigación. Las tabaqueras mintieron durante años y ahora que sabemos el efecto de fumar, la sociedad se ha protegido de la comunicación de estas empresas. Lo mismo hay que hacer con empresas como las siguientes, como pide Greenpeace:
  19. Que se deje de usar el PIB para medir el progreso de un país. Es una medida engañosa que mide incorrectamente y engaña a la ciudadanía. El país puede ir muy mal, aunque crezca el PIB. Debemos usar otras medidas, como el IPG. Esto lo han pedido numerosos economistas desde hace años, como De Jouvenel.
  20. Dejar de generar dinero prestándolo con interés. Esto obliga a un imposible crecimiento económico indefinido. No es razonable que nuestro sistema económico dependa de pedir dinero prestado constantemente, de forma que, actualmente, hay más deuda que dinero para pagarla. Es decir, hay muchas deudas que no se pagarán nunca, lo cual demuestra lo absurdo del sistema económico. El colapso económico será menor si hacemos las cosas mejor.

Este artículo se iba a llamar originariamente «utopías necesarias», pero se decidió cambiar el título porque no son utopías, sino horizontes realistas e imprescindibles. Si esas medidas no nos gustan, nos tienen que gustar. De lo contrario colapsaremos dramáticamente. Por ahora, estamos eligiendo el peor colapso posible.

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Yogur y carne, alimentos de alto impacto ambiental y animal, aunque sean ecológicos o de ganadería extensiva

Este artículo se inspira en una papelera. Una papelera que estaba llena de plásticos. No es un caso aislado. Si ojeas las papeleras de la ciudad las verás llenas de material reciclable: botellas, latas, bolsas… Mi papelera tenía una curiosidad. Albergaba siete o diez, envases de yogur. No los conté. Eran demasiados.

La publicidad funciona, aunque mienta. La inconsciente ciudadanía quiere creerse esos bonitos anuncios de vacas felices regalando su leche a cariñosos granjeros que las llaman por su nombre. También prefiere pensar que el reciclaje es ecológico.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) recomendaba la ingesta de CINCO lácteos al día. Años más tarde, sus anuncios solo recomiendan TRES lácteos al día. Lo de cinco era exagerado. Pero… ¿quién financia la FEN? Un vistazo a su web les hace perder toda credibilidad. Los que pagan esos “estudios” son las empresas más contaminantes del planeta. Vemos empresas interesadas en que se consuman lácteos en envases de usar y tirar, tales como Puleva, Pascual o Nestlé. La FEN tiene otros socios sospechosamente interesados en estudios alimenticios a medida: Coca-cola, Pepsi, McDonalds, Campofrío…

Esas empresas no pagan para que la FEN difunda resultados de una investigación científica objetiva. Las empresas pagan para que nos engañen. La realidad científica no tiene que reflejarse en la publicidad.

Tampoco hace falta ser científico para percatarse del infierno que suponen las granjas de animales en las industrias actuales. No hay vacas felices que regalen su leche. El concepto de granja ecológica y de bienestar animal no es viable. Y si lo fuera, no verías sus anuncios en TV. Lo rentable es tratar a los animales como si fueran máquinas insensibles. Los animales de granja huirían si pudieran.

Los que consideran que comer carne y lácteos es algo esencial en su vida, se agarran a la ganadería extensiva como salvación. Los estudios científicos indican que la ganadería extensiva tiene un nivel de emisiones de carbono superior a la intensiva. Toda ganadería (extensiva o intensiva) es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad. Otros estudios reflejan que:

Digámoslo muy claro:

Es mejor comer de forma vegana aunque nuestros alimentos procedan de lejanos países y se hayan producido en las peores condiciones ambientales.

En otras palabras, si el mundo adoptara una dieta basada en plantas las tierras de agricultura podrían reducirse de cuatro mil millones de hectáreas a solo mil. Otros estudios ofrecen resultados similares. RECORDEMOS ESTE DATO: El 85% de las tierras de cultivo se utilizan para alimentar ganado y solo produce el 32% de las calorías. Esto implica que solo el 15% restante de tierras se usa para cultivar plantas para consumo humano directo y eso supone el 68% de las calorías. Liberar tierras de agricultura (rewilding) supone un respiro a la naturaleza (reducir pesticidas, reducir consumo de agua, etc.). Dejando de comer chuletones al punto, podemos reverdecer el planeta azul.

Hay al menos cuatro argumentos para comer menos carne y otros seis para rechazar los lácteos. No hace falta ser científico para entenderlos. Solo hace falta tener un poco de sensibilidad ambiental y animal. Mientras haya indiferencia, seguirán muriendo vacas porque no dan suficiente leche.

♣ Sobre comida con conciencia:

 

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Libro Viajeros de las estrellas, de José Luis Sabater (resumen)

Este pequeño libro (Mandala, 2021) abre una nueva visión sobre el origen y destino de la humanidad. Dependemos de los microorganismos para poder vivir. De hecho, procedemos de bacterias y virus. La biodiversidad es una de las cuatro reglas básicas de la vida y los virus ayudan a la creación de nuevas especies.

El libro es un resumen de las investigaciones del profesor Máximo Sandín quien —en el prólogo— nos insta a no conformarnos con lo que nos han dicho de la naturaleza (que es cruel, peligrosa…). Tenemos que mirar con otros ojos para darnos cuenta masivamente que solo respetando la naturaleza, nos respetamos a nosotros mismos.

Distintos cataclismos han provocado extinciones masivas de especies. La sexta de esas extinciones es la que estamos provocando actualmente los seres humanos. Las causas son conocidas: cambio climático, contaminación global, caza, monocultivos, ganadería intensiva, etc. Por supuesto, hay organismos que han sobrevivido (por ahora) a algunas de esas extinciones, como son, por ejemplo, medusas, tiburones o cocodrilos.

Bacterias y virus, aliados de los humanos

Los virus pueden modificar el material genético, facilitando que la vida fluya, siendo protagonistas en la diferenciación entre especies, es decir, en la biodiversidad que nos permite vivir a los humanos. Los virus no son considerados seres vivos y no son tan malvados como algunos piensan. Están presentes en cualquier lugar, siendo capaces de sobrevivir bajo las condiciones más duras. Se calcula que hay cientos de miles de millones de virus mientras que “solo unas decenas son causantes de enfermedades y siempre porque las condiciones ambientales provocan su alteración”. “En periodos de gran estrés ambiental generalmente se deprime el sistema inmunitario, lo que facilita la inserción de los virus en los cromosomas”.

Cada célula humana de una persona tiene la misma secuencia de ADN (información genética), pero la respuesta de estas células es distinta según el entorno. Es decir, el estilo de vida condiciona el comportamiento de cada célula según su ADN. Esto tiene implicaciones tan importantes como que no es verdad que haya un gen concreto para una característica concreta (calvicie, longevidad, virtudes, defectos…). Generalmente, las enfermedades están asociadas a malos hábitos (alimentación, sedentarismo…) o a agentes externos (contaminación, radiaciones…). Por tanto, interesa más investigar primero la causa de las enfermedades y luego los fármacos (aunque eso vaya en contra de los intereses de las empresas farmacéuticas).

Todo esto implica que la manipulación genética artificial y la inserción de material genético de una especie en otra (transgénicos) son actividades de alto riesgo, tal y como indicó Jeremy Rifkin, entre muchos otros.

Cooperación y respeto

Darwin y el neodarwinismo han hecho importantes aportaciones para la ciencia, pero hoy tenemos datos que no encajan en ese modelo (simbiosis, transferencia horizontal de ADN… o la cooperación que investigaron científicas como Lynn Margulis).

¿Hay competencia en la naturaleza? Por supuesto que sí, pero hay mucha más cooperación y respeto. El ser humano debe aprender de la naturaleza. De lo contrario esta sociedad tecnológica colapsará. Por ahora, estamos escogiendo el peor camino.

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Residuos: un monstruo que no queremos enterrar ni quemar

Félix Rodríguez de la Fuente nos definió como la “civilización de la basura”. Producimos basura a un ritmo tan alarmante que no podemos gestionar. Sabemos lo que tendríamos que hacer, pero no lo hacemos.

En España, más de la mitad de los residuos domésticos se entierran en basureros. Algunos creen que la basura desaparece. Pero no desaparece. Toneladas de residuos de los países ricos llegan al tercer mundo o se queman de forma misteriosa, incluso en los mismos centros de reciclaje. Las empresas de reciclaje cobran por reciclar, pero no siempre reciclan.

Si el basurero no está bien sellado, liberará productos tóxicos y se contaminarán acuíferos, tierras y mares. También se liberan contaminantes a la atmósfera. Tarde o temprano los productos tóxicos pueden liberarse, aunque el vertedero sea perfecto. Nuestra sociedad no piensa a largo plazo.

Que no te engañen con el reciclaje

Muchos ecologistas piden un sistema SDDR para evitar los envases abandonados. El SDDR es un sistema estupendo, si se usa para reutilizar envases (como se hacía hace unas décadas cuando te daban dinero al devolver el envase).

El SDDR no es ecológico si se usa para reciclar, porque el reciclaje no funciona. Y no funciona porque no es rentable. Si fuera rentable no veríamos botellas y tetrabricks abandonados.

La solución a la que caminar es simple: cerrar los basureros, abrir plantas de compostaje y obligar a que todo lo que se ponga a la venta tenga su ciclo de reutilización y reciclaje ya cerrado y bien organizado. Enterrar residuos sin tratar es una pérdida de recursos y un riesgo de contaminación.

Se ha demostrado que poner impuestos sobre los residuos que llegan al vertedero reduce la cantidad de basura. Y eso ocurre en todos los países donde se ha hecho: Dinamarca, Noruega, Francia, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Suecia, Finlandia… Los diez vertederos más grandes de España reciben entre 300.000 y 820.000 toneladas de basura anuales. Tres de ellos pertenecen a la Comunidad de Madrid: Pinto, Las Dehesas y Colmenar Viejo. Y en esas cifras no se contabiliza todo. Muchos residuos llegan a los vertederos tras pasar por distintos recorridos, como puntos limpios (que también arden con frecuencia).

Todo arde. En vez de compostarse, los restos agrícolas y de poda también se queman (ilegalmente en muchos casos, como en Murcia). La chatarra también se quema, habiendo casos —como Ceuta o Málaga— con incendios casi diarios. Las autoridades ya han normalizado el problema y en vez de poner solución, incrementan las dotaciones de bomberos.

El vidrio no se quema —porque no arde— pero en vez de reutilizarse (que sería lo inteligente), acaba en vertederos o, en el mejor caso, se recicla generando contaminación. El reciclaje nunca es totalmente limpio. Nunca.

España va con retraso en el tratamiento de residuos y podría ser multada por la UE. Los movimientos ecologistas han hecho sus propuestas, entre las que destaca que los costes reales del problema recaigan en las empresas productoras, sean de los productos que sean: cápsulas de café, botellas, maquinillas de afeitar, colchones o lo que sea. Hay normas en Europa para que las empresas que venden plásticos paguen por limpiar dondequiera que acaben. Pero la ley no se cumple.

La solución es simple

  1. Todos los productos de usar y tirar deben ser gravados, de tal forma que se incentiven alternativas para la reutilización con un sistema SDDR. Aquí se incluye todo: desde envoltorios de caramelos hasta plásticos de invernaderos.
  2. Los impuestos a los envases de usar y tirar deben crecer cada año.
  3. Los envases de vidrio deben ser obligatoriamente retornables para su reutilización, reduciendo el reciclaje a lo imprescindible.
  4. Es urgente tratar bien cada residuo y compostar los restos orgánicos, potenciando el compostaje en casa.

Pero todo esto requiere un ingrediente esencial: educación ambiental. Este es el único camino ecológico. Y es imperioso caminarlo.

♦ NOTA IMPORTANTE: Hasta el 28 de octubre de 2021 está a información pública la futura Ley de Envases y cualquiera puede presentar sus alegaciones. Aquí tienes el texto propuesto y el documento para hacer tales alegaciones. Solo tienes que rellenarlo y enviarlo por mail. Si te gusta nuestra propuesta, puedes copiar y pegar para enviársela, y también hacer tus propias aportaciones.

♦ Más información:

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Libro Entre pinos y sembrados, de Víctor Quero @pinosysembrados (reseña)

Pasear por la naturaleza es siempre un disfrute, pero si uno va acompañado de un guía naturalista, el placer aumenta. Aprendemos a mirar… y veremos lo que antes estaba oculto.

Este libro (Tundra, 2020), escrito por el naturalista y bloguero Víctor Quero García, es como pasear por el campo sin salir de tu casa. Uno respira los aromas que evocan las palabras en la memoria. Brotan ganas de comerse el campo con los ojos, de rebuscar todo lo que nos cuenta el libro y que antes ignorábamos.

Es un libro ideal para jóvenes naturalistas, para amantes de la naturaleza o para educadores que quieran inculcar el amor por lo vivo. No es un manual. Es un relato en forma de diálogo entre un padre y un hijo, en el que se van transmitiendo —palabra a palabra— respeto y saberes, como la importancia de conocer los animales y plantas locales (para evitar que nuestros jóvenes conozcan mejor las marcas de coches o de ropa).

El primer capítulo nos cuenta por qué los zorros (los machos aparentemente) ponen sus deposiciones en alto, en una piedra o sobre una planta. Marcan su territorio. También aprenderemos a rastrear a un jabalí (haya o no huellas en el suelo), a buscar nidos de pájaros carpinteros en los pinos donde haya hongos yesqueros, o a descubrir si una piña ha sido roída por un ratón o por una ardilla.

En otro capítulo, titulado La utilidad de los árboles, nos enseña la diferencia entre árboles caducifolios, perennifolios y marcescentes. Si los árboles dieran gominolas o WIFI —dice el autor— todos querrían plantar árboles. Es una pena que los árboles den cosas más valiosas y no haya apenas interés en plantar bosques. Los árboles son salud y tienen ventajas que mucha gente ignora. Aquí te dejamos una breve guía para plantar árboles.

También aprenderemos a distinguir águilas de milanos, y milanos negros de milanos reales. En otra conversación se cuenta el orden en el que devoran un cadáver los carroñeros (cuervos, buitres…) y los descomponedores (hongos, escarabajos, moscas, bacterias…), y de dónde viene el nombre del quebrantahuesos. El libro nos enseña las diferencias entre conejos y liebres, y no solo físicamente, sino también en su forma de vivir. Mientras los conejos hacen madrigueras subterráneas, las liebres duermen en la superficie, protegidas por algún arbusto (encamadas). Una explicación es que las crías de las liebres no requieren tanta atención como las de los conejos.

Hacer de detectives es algo que suele entusiasmar a los menores. El libro nos enseña cómo descubrir qué ha pasado, si encontramos las plumas de un ave en la naturaleza, o cómo averiguar qué especie hace una madriguera según lo que veamos alrededor, huellas u otros indicios de presencia. Las huellas del tejón son apasionantes, así como la diferencia entre las huellas de zorro y de perro. El autor también ilustra maravillosamente la diferencia entre hábitat y ecosistema o la curiosa forma de comer caracoles del zorzal.

¿Qué hacer si vemos un animal en peligro por cruzar lentamente una carretera? Podemos ayudarle a cruzar a donde iba (y nunca ponerlo en el lado del que venía, pues es muy posible que vuelva a querer cruzar). Si lo cogemos, es mejor hacerlo con guantes, para no contagiar enfermedades (zoonosis).

¿Por qué hay zorros en los parques eólicos? Ellos saben —sin duda mejor que nosotros— que allí mueren muchas aves al chocar con las aspas. El problema es muy grave, pero no se puede medir, porque las aves pequeñas que son derribadas, se las llevan depredadores como zorros, jinetas, garduñas… Por este motivo, solo quedan en el terreno las aves grandes, cuya muerte es solo una parte del problema. Las renovables no siempre son ecológicas.

Aprenderás también a distinguir, entre otras cosas, cuernas de cuernos, abejas de avispas y libélulas de caballitos del diablo (estos dos últimos son insectos odonatos y se distinguen bien si están en reposo, por la postura de sus alas: abiertas para las libélulas y plegadas hacia atrás para los zigópteros). Por cierto, las abejas y las avispas no pican si las dejas tranquilas. Solo pican para defenderse. En el caso de las avispas, solo pican las hembras (como los mosquitos). Los machos pueden morder, pero no picar. Si te pican, el remedio más inmediato es aplicar calor (p.e. una piedra al sol).

Algunas curiosidades sorprendentes:

  • Cornejas y urracas —que son córvidos— se defienden en grupo cuando llega un azor, poniéndolo en peligro. Es algo que muy pocas aves hacen.
  • Aposematismo: método de defensa de los animales que ahuyenta a posibles depredadores por tener rasgos llamativos: colores especiales (salamandras, avispas…), olores repulsivos (mofeta…) o sonidos (serpiente de cascabel…).Patas de las aves, estructura y tipos
  • Huellas zigodáctilas: aquellas que tienen las aves con dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás. Lo normal es tener tres dedos hacia adelante y uno hacia atrás (anisodáctilas). Son propias de los pájaros carpinteros (con huella en forma de X) y de las rapaces nocturnas (buhos, con huella en forma de K).
  • El halcón peregrino es el animal más rápido del mundo. Puede alcanzar 350 Km/h cayendo en picado.
  • Los bichos bola son muy frecuentes en España y son de la familia de los crustáceos, como las gambas. Solo hay dos crustáceos de tierra.
  • Los nidos de los aviones son un cuarto de esfera, pegados a la pared y al techo, pero los de las golondrinas, nunca se pegan al techo y quedan abiertos totalmente por arriba. Los vencejos no hacen nidos, crían en agujeros, por ejemplo bajo las tejas. Estas 3 aves insectívoras están protegidas, al igual que sus nidos que no pueden destruirse ni aunque estén vacíos. También se pueden distinguir por su silueta al volar.
  • El Tapetum lucidum es una especie de espejo que tienen algunos vertebrados nocturnos en los ojos. Sirve para reflejar la luz y poder ver mejor. Es lo que hace que brillen mucho sus ojos en la oscuridad. Lo tienen, por ejemplo, perros, caballos, cetáceos, cocodrilos y bóvidos.

    Libro resumido sobre medioambiente, ecología, naturaleza, animales, huellas, aves, mamíferos...

    Si te ha gustado este libro, mira esta lista de otros libros resumidos que te gustarán también.

  • Una forma de controlar las poblaciones en la naturaleza son las epidemias. En el caso del zorro, un animal casi sin depredadores, una enfermedad típica es la sarna, por la que se le cae el pelo. De hecho, la palabra alopecia viene del griego alopex (zorro).
  • Mirlos y estorninos ponen huevos azules. Los estorninos imitan los cantos de otras aves y por ello se les llama políglotas.

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El Ayuntamiento de Málaga (PP) debe Pedir Perdón (PP)

Definitivamente, Málaga es una ciudad con el encefalograma ambiental plano. El analfabetismo ambiental de los dirigentes es digno de estudio en facultades de Ciencias Ambientales, como ejemplos de lo que no se debe hacer y de un greenwashing que pretende engañar a la población y que aparentemente lo consigue. Obviamente, todo apesta más a intereses económicos que a simple ignorancia de la casta política.

El caso Arraijanal

Lo acaecido con Arraijanal debe divulgarse. Se trata de un espacio natural que el ayuntamiento cedió al jeque propietario del Málaga C.F. para construir campos de fútbol. La mayoría de los malagueños no saben nada de lo que hay detrás de la Academia de fútbol (y puede que les interese).

Primeramente, en Arraijanal el ayuntamiento expropió terrenos para protegerlos, y precisamente el propio ayuntamiento aprueba, posteriormente, destruir su valioso hábitat. ¿Es eso coherencia?

La cosa es más grave porque el objetivo original se fragmentó en varios proyectos para eludir la Evaluación Ambiental Estratégica. Talaron árboles para hacer sitio a los campos de fútbol y cuando se quedaron sin dinero, pararon las obras. En enero de 2021 las obras continuaron pero con objetivos más modestos, porque la crisis también afecta, afortunadamente, a la destrucción de ecosistemas.

Muscari parviflorum una planta en peligro que solo vive en Málaga.Las mentiras y las imágenes de destrucción, protesta y tala de árboles afectaron negativamente a la imagen del ayuntamiento. ¿Qué hicieron? Una barbaridad más. Buscaron una especie de planta en peligro que viviera en Arraijanal. Y como hay varias, escogieron a la Muscari parviflorum. Decidieron desenterrar 2.000 bulbos de estas plantas y traslocalizarlos a otra zona cercana más protegida (en la desembocadura del Guadalhorce). Al cambiar las condiciones de vida, nada garantiza que esos bulbos sobrevivan. De hecho, en la nueva zona no había ejemplares de Muscari parviflorum, a pesar de la cercanía. Por tanto, las plantas podrían morir en su nueva ubicación, o incluso generar conflictos con otras especies allí presentes. Es un caso ejemplar de greenwashing político demencial.

Pero lo importante es difundir la actuación como si fuera una acción ecologista para salvar una especie en peligro. Si ya no hay especie en peligro, se puede arrasar Arraijanal, sin problemas. Los del ayuntamiento ignoraron otras plantas y animales en peligro de extinción (como el sapo de espuelas, Pelobates cultripes), y también ignoraron que al arrasar el terreno también se perderán los bulbos que no fueron encontrados y las semillas que estaban adecuadamente diseminadas. No es solo un sapo y una flor lo que perdemos pero, aunque así fuera, ¿sabemos que los sapos y las ranas previenen enfermedades? ¿Sabemos la influencia de los árboles en nuestra salud?

Como dice el biólogo Oscar Gavira, “las traslocaciones son una práctica aliada con el capitalismo verde, por la que un ecosistema se simplifica a una o unas pocas especies que son extraídas de su entorno natural y trasladadas a otro lugar, facilitando la destrucción de su hábitat original”. Si de verdad queremos conservar una planta, lo mejor suele ser respetar su ecosistema. Las traslocaciones permiten usar espacios protegidos para destruir otros espacios que son valiosos y que deberían igualmente protegerse.

Breve resumen de un ayuntamiento contra natura

Cuando uno hace algo incorrectamente, lo primero es pedir perdón y lo segundo restaurar el daño ocasionado. El Ayuntamiento de Málaga debe hacer ambas cosas, por Arraijanal, pero no solo por Arraijanal. La lista de tropelías del PP malagueño no acaba con la Muscari parviflorum. Es, de hecho, excesivamente larga, pero podemos iniciarla:

  1. Defienden una cementera pegada a la ciudad, a colegios y a las playas, sin importarles la contaminación ni la salud de los malagueños. Esta cementera quiere destruir una cueva que podría tener gran valor geológico, biológico y arqueológico.
  2. Efectúan arboricidios constantes con burdos o nulos argumentos “técnicos” y contra el Plan Director de Arbolado de Málaga (que no es un mal plan, si se cumpliese).
  3. Las plantas alóctonas son preferidas en vez de las autóctonas. Especialmente llamativo es la gran cantidad de palmeras que se plantan, mientras desaparecen los árboles.
  4. Hacen podas excesivas, caras y fuera de temporada, sin sentido estético ni ético, incluso destruyendo nidos de aves de distintas especies (no solo cotorras como quiso defender un concejal para justificar lo injustificable; que curiosamente era el mismo concejal que ya recibió el premio Atila de Ecologistas en Acción por su propuesta de exterminar cotorras, cosa que el ayuntamiento no olvida).
  5. Se niegan a apoyar el Bosque Urbano de Málaga, a pesar de que fue aprobado con el pleno (con el voto en contra del PP, por supuesto).
  6. Su proyecto es hacer una ciudad de cemento y rascacielos, una ciudad gris, pero en la que unos pocos hacen un buen negocio. El ministerio y el mundo de la cultura están contra el rascacielos del puerto, incluyendo a Guillermo Busutil (reciente Premio Nacional de Periodismo Cultural).
  7. El propio ayuntamiento publica un Plan del Clima, lleno de ideas bonitas y difusas, que no concreta ni realiza (más greenwashing).
  8. Una ciudad con pocos y malos carriles bici, desconectados y algunos sobre la acera (salvo algunas encomiables excepciones, ciertamente).
  9. Una ciudad con excesivas farolas y mal colocadas, sin visión práctica ni ambiental. Es frecuente encontrar farolas encendidas de día y zonas demasiado iluminadas a las 4 de la mañana.
    • Muchas farolas tienen una potencia excesiva y las LED son fácilmente regulables.
    • No hay ningún interés en la contaminación lumínica por parte de este ayuntamiento, lo que genera que comercios e instalaciones como el puerto, abusen de forma evidente.
    • Lo último es utilizar farolas solares, NO para reducir el consumo, sino para aumentar la luz incluso en zonas con construcciones ilegales. Cada farola vale 3.000 euros, sin contar la instalación.
  10. Málaga es una ciudad que se diseña para los que tienen coche, ejemplo de movilidad insostenible.
  11. Tienen un plan para tapar el río Guadalmedina y encauzar el río Campanillas (nada de renaturalizar ríos que es la tendencia y lo sensato). Se trata de gastar cemento y dinero público como si fuésemos ricos, para que el dinero acabe en manos de empresas constructoras (como el despilfarro que se hizo en las fuentes del río, que apenas se usaron).
  12. Regularmente arrasan la flora y fauna del río con la excusa de limpiarlo (como ocurre en tantos y tantos sitios, bajo el paraguas de la ignorancia). Destrozan la cubierta vegetal sin entender su utilidad en el cauce y sin escuchar a los demás. Hasta la hierba seca retiene el agua y los sedimentos, siendo útil para la biodiversidad. Lo mismo hacen en otras zonas, porque la flora silvestre no es bienvenida. Los malagueños se han unido para recoger firmas contra la destrucción de la vida del Guadalmedina.
  13. Es una ciudad donde el césped de plástico prolifera, bien abonado con ignorancia, porque sus consecuencias no interesan.
  14. El ayuntamiento firmó el Pacto de Milán pero no ha hecho nada para mejorar la alimentación urbana.
  15. El ayuntamiento usa energía de fuentes contaminantes, lo cual podría resolverlo eligiendo otra comercializadora (como han hecho otros municipios y millones de españoles). También se podrían promover las energías renovables en los edificios urbanos, especialmente los públicos.
  16. Se da el visto bueno para construir una EDAR en plena vega del Guadalhorce, destruyendo cultivos y sin el apoyo de los vecinos.
  17. La UE amenaza a España con más sanciones por la falta de depuración en el río Guadalhorce. El agua sin depurar va al mar, donde se bañan los turistas. Han convertido el río en una cloaca con los vertidos de Cártama, Álora, Pizarra… y el ayuntamiento no se queja.
  18. Quemas descontroladas de chatarra casi diariamente: En la zona de Los Asperones estos incendios liberan sustancias tóxicas que respiran los malagueños. Los bomberos lo han denunciado (muchas veces), llegando a tener que intervenir hasta 20 veces en una semana. Son tan comunes que ni salen en los medios de comunicación. Desgraciadamente, esto ocurre en otras ciudades españolas.
  19. Tratamiento de la costa sin respeto ambiental. Por ejemplo, el Aula del Mar y Ecologistas en Acción se oponen a la playa en los Baños del Carmen, zona que podría ser reserva ecológica, para respetar las especies protegidas. El 20% del litoral de Málaga está en riesgo grave de erosión y la capital malagueña, desde Guadalmar hasta San Andrés, destaca por la alta ocupación del DPMT (Dominio Público Marítimo Terrestre).
  20. Apoyo a la falsa “regeneración de playas“, cuando lo único que hacen es enterrar la playa y a toda su biodiversidad. Para el ayuntamiento, una playa es un lugar turístico económico, y no un ecosistema. Hace no mucho, los malagueños recogían coquinas en la playa de Huelin. ¿Volverán?
  21. Jardín Botánico: Aún no tiene Plan Director. Así se puede seguir haciendo negocio sin respetar flora y fauna. Por ejemplo: quieren poner un espectáculo navideño. Llenar de luces y ruido una zona natural es un atentado ambiental. No piensan en la fauna, sino en el negocio.
  22. La iluminación navideña es insostenible, excesiva, especialmente en un contexto de crisis ambiental y climática. No solo se ilumina el centro para aumentar el consumismo, sino que se traslada a los barrios, durante demasiadas horas de sueño general. Invertir en luz, nos retrae recursos para actuaciones que serían más útiles y a más largo plazo.
  23. Contaminación con metales pesados en La Misericordia: Aunque el ayuntamiento lo niega porque sus mediciones fueron en otras zonas. Al menos dentro del perímetro de la antigua fundición Los Guindos, hay niveles de plomo cinco veces por encima de lo permitido, además de cobre, zinc, cromo, níquel, cadmio y mercurio. Las corrientes marinas pueden haber contaminado otras zonas de la costa y la bahía. Todas las piedras que se ven sobre la arena en esa zona son restos de escoria de la galena al procesarla, y la mayor concentración se da a cierta profundidad, sobre todo en las capas de arena más oscura. Los niños juegan con la arena sin que se sepa el riesgo que corren.
  24. Contaminación acústica: No hay control de ruidos, en absoluto. Las motos ruidosas circulan libremente, y los sopladores de hojas se usan a cualquier hora sin control de decibelios, a veces incluso por operarios municipales, sin que se tengan en cuenta las molestias y los riesgos de estos aparatos.
  25. Tauromaquia: Cada vez hay más ayuntamientos que dejan de financiar la tortura de mamíferos para divertir a una minoría. El ayuntamiento de Málaga, en cambio, sigue apoyando esta crueldad en contra de la economía y de la cultura de la ciudad.
  26. …y no olvidemos que se sigue destruyendo Arraijanal.

Ciudades como Málaga están esperando a que otros resuelvan los problemas ambientales evitando asumir su responsabilidad. El objetivo es (quizás) maximizar beneficios económicos a corto plazo (para unos pocos), a costa de hipotecar a las generaciones venideras. Emplazamos a esas generaciones a quejarse a sus padres y gobernantes por permitir lo que está sucediendo.

♣ Más información sobre Málaga:

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Libro Zona a defender, de Manuel Rivas (resumen)

Este libro (Alfaguara, 2020) bien podría ser una segunda parte del glorioso Patas arriba, la escuela del mundo al revés, del ínclito Eduardo Galeano. Entre sus líneas encontramos el reflejo de una sociedad poco sana y mal encaminada (una zoociedad adolescente). El diagnóstico de Manuel Rivas —periodista y escritor— es que la gravedad se puede remediar con determinación y, a veces, luchando. Ejemplos esperanzadores no faltan.

Zona A Defender (ZAD) es una denominación que se extendió en Francia para definir los espacios que no deberían ser profanados por megaproyectos urbanísticos o intervenciones de alta violencia catastral” (como infraestructuras viarias, aeropuertos, presas, minas, agricultura o ganadería intensiva, etc.). “En el mundo deberían multiplicarse las zonas a defender. Ya metidos en sueños, la propia Tierra debería ser una ZAD”. Manuel Rivas se queja de la falta de información en miles de casos: “La inseguridad está en el expolio de ríos y tierras que sufren poblaciones indígenas en el silencio de la intemperie informativa”.

Políticos y políticas conduciendo hacia el desastre

Hipercapitalismo impaciente, entre la distopía y la ciencia ficción, con ese aire de feudalismo futurista”. Así llama Rivas al sistema económico global, demostradamente injusto y peligrosamente ineficiente, con “extralimitación ecológica, de aceleración en las desigualdades, de abaratamiento humano y bullshit jobs (trabajos de mierda), de vigilancia autoritaria y conductismo tecnológico, de quiebra social y lucha entre generaciones, de nueva guerra fría”.

Y dice: “Defiendo el freno de emergencia frente a la aceleración, un nuevo contrato de la sociedad con la naturaleza. La idea de desarrollo o crecimiento sostenible ya es un tópico publicitario”. Estamos hartos de marketing verde y greenwashing. La sostenibilidad no se va a alcanzar por usar plásticos biodegradables o reciclar, y tenemos que desconfiar totalmente de los que vendan algo que se parezca al “desarrollo sostenible” sin decrecimiento. Digámoslo muy claro, aunque duela: solo el decrecimiento ordenado nos puede salvar de lo peor del colapso que se nos viene encima. Para el que no se haya enterado: el colapso ecosocial y ecológico es ya inevitable. Solo podemos evitar que sea extremadamente grave y, para ello, necesitamos medidas contundentes que no se están tomando, ni se las espera.

Contra los términos “crecimiento sostenible” o “transición ecológica”, Rivas propone hablar de “decrecimiento sostenible” y “nuevas formas de abundancia compatibles con el retorno a la naturaleza” (abundancia creativa, solidaria, en las relaciones, en los cuidados, en el intercambio de saberes… abundancia en el tiempo libre).

“Defiendo una justicia internacional que también actúe contra los ecocidios”. Sin embargo, hoy en día los culpables siguen erigiéndose a sí mismos como salvadores, ante la pasividad de los votantes aletargados. Un ejemplo reciente está en el colapso del Mar Menor (Murcia, España), un ecosistema prácticamente muerto a pesar de que algunos llevamos años denunciando el abuso. La agricultura intensiva e ilegal, fomentada y permitida por el gobierno regional (del PP, no lo escondamos) ha llevado a un estado de eutroficación gravísimo, hiriendo de muerte a toda la laguna y a sectores tan importantes como el pesquero y el turístico. Sin embargo, el presidente regional, López Miras, sigue haciéndose ver como salvador de un desastre que él ha provocado directamente, ayudado por la abundancia de agua procedente de otro desastre ecológico, el trasvase de agua Tajo-Segura (lo dice Greenpeace).

El autor es también consciente de que “también hay mucha gente que frunce el ceño cuando se habla de frenar el despilfarro y entrar en una fase de austeridad moratoria y decrecimiento”, citando a Henry David Thoureau: «Cuanto más pobre, más rico soy».

Tecnologías y empresas para agravar los problemas

El libro critica el «solucionismo tecnológico», es decir, ese confiar en las nuevas tecnologías —como las energías renovables, la inteligencia artificial o la robótica—. No nos engañemos, esas tecnologías van a permitir que unos pocos ganen mucho, pero no van orientadas a la sostenibilidad global como objetivo prioritario. De hecho, cada nueva tecnología esconde cientos de problemas de los que nos vamos enterando poco a poco. Son tantas las dudas y tantos los problemas que para nombrarlas a todas se ha tenido que escoger un nombre extraordinariamente genérico: nuevas entidades.

“El nuevo fascismo, advirtió Orwell, vendrá camuflado con la bandera de la libertad”. Rivas resalta la libertad camuflada que se defiende para mantener privilegios, para expoliar recursos comunes, para recortar derechos, para levantar muros, para dividir en clases a la gente, para ser impunes… Por tanto, Rivas nos advierte que tengamos cuidado con esos políticos que abusan de la bonita palabra libertad, escondiendo un peligroso neoliberalismo (libre mercado) cuyas medidas ya se han demostrado desastrosas en buena parte del planeta.

“La producción de mentiras es una de las actividades más valoradas y mejor pagadas”. A veces, el periodismo basa sus ganancias en esto, nos dice Rivas. Y nosotros lo hemos comprobado: por ejemplo, conocemos el desastroso trabajo de Ecoembes gestionando los residuos y, también sabemos que se gasta ingentes millonadas en publicidad y en pagar a periodistas y medios de comunicación completos para que hablen bien del reciclaje en España. Todo mentira. Todo pagado por las grandes industrias, las más contaminantes. Es cierto lo que nos dice este periodista: “a mayor inversión en reputación, más ocultación, mayor corrupción en los reputados”. Él defiende “el periodismo como un activismo democrático (…) que no renuncie al porqué, a la causa de las cosas. Un periodismo antídoto de la propaganda y el servilismo”…

Animales, víctimas inocentes del egoísmo sapiens

El libro nos cuenta muchas historias de seres a defender, como la peripecia de dos vacas, Hermien y Zus, que se dieron a la fuga cuando querían llevarlas al matadero. Es “la historia de la rebelión animal frente al maltrato, la tortura, la cacería y la producción industrial de la muerte”. La muerte por plástico de un cachalote también se explica en el libro, como ejemplo de millones (tal vez billones) de a animales que mueren plastificados por dentro.

No se puede defender la naturaleza sin mencionar la caza deportiva, porque los cazadores se visten de verde para pasar desapercibidos como asesinos de lo natural. Manuel Rivas se pregunta: “Lo único que tendríamos que tomar de un paisaje son fotografías. (…) ¿Por qué las sociedades de cazadores no se refundan como sociedades fotográficas?”. El manido argumento de que los cazadores equilibran la naturaleza ha quedado miles de veces desmentido. “No son los seres silvestres los que generan desequilibrios en la naturaleza. Somos nosotros, los sapiens, los más dañinos. Los causantes de un desequilibrio letal para muchas especies, incluida la humana”. Rivas nos cuenta tal vez uno de los casos más dañinos, el campeonato de España de la caza del zorro, subvencionado con dinero público y celebrado anualmente en Galicia: cada año se masacran doce mil zorros. Este tipo de matanzas, junto con las torturas taurinas, suelen ser defendidas por gente de ideología de derechas (partidos que han demostrado ser un peligro para el medioambiente). Ante esta triste evidencia, el autor concluye que “sería una gran revolución positiva que en España los conservadores se hiciesen conservacionistas”. Y recuerda la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente como una tragedia para esa transición necesaria.

Las abejas sufren una guerra no declarada oficialmente, que se ha intensificado en los últimos años con el uso masivo de plaguicidas, el gran negocio de las multinacionales agroquímicas (…). La inmensa mayoría de las plantas, y en España más del 70% de los cultivos destinados a alimentarnos, necesitan de la polinización de abejas, abejorros y mariposas. Gracias al trabajo de ecologistas, apicultores e investigadores, personalidades científicas no sumisas al dictado de las multinacionales agrotóxicas, en la Unión Europea se ha paralizado el uso de algunos plaguicidas. Falta todavía mucho por hacer para evitar el declive mundo adelante”. Algunos pretenden sustituir las abejas con drones, otro caso de solucionismo tecnológico que más nos valdría no investigar, para dedicar el esfuerzo a cosas más simples y efectivas.

Rivas nos cuenta la lucha por mantener el bosque de Hambach y su propuesta para que los árboles sean considerados ciudadanos, con todos sus derechos; la desgracia del perezoso; la matanza de periodistas por trabajar honestamente en lo suyo; la injusticia del “Sáhara Occidental, la tierra ocupada por el Estado invasor marroquí” (recomendando la película Hamada, de Eloy Domínguez); el antisemitismo que rebrota en Europa y cómo Hitler supo “engatusar de la manera más ruin a un pueblo: buscar un «enemigo» indefenso y aniquilarlo”; junto con la anécdota del jurista nazi Roland Freisler cuando dirigiéndose a un judío acusado le dijo que su destino era «el infierno», y éste le contestó: «Le permito ir delante». “Al poco, hubo un bombardeo y Freisler se fue al infierno”.

Vivimos en el patriarcado de «Bulolandia»

El libro pretende también despertar al ciudadano medio. Una de sus alabanzas es para la redacción de Maldita.es, «periodismo para que no te la cuelen», porque “en el nutrido supermercado de la desinformación, la verdad es incómoda y además incomoda”, un “periodismo necesario” en “Bulolandia”, donde un tercio de las mentiras que circulan tienen como objetivo dañar la imagen de la migración (para generar un odio que se parece bastante al antisemitismo nazi).

Rivas recuerda la «marcha de la sal» de Gandhi en la India. Reclama así que “el mundo necesita estas formas imaginativas de protesta y acción directa, siempre pacífica, contra el colapso ecológico”. Y también nos dice que “cuestionar el patriarcado, esa injusticia estructural, ese mundo mal hecho desde la raíz, supone cuestionar todas las injusticias”… ¿Incluyendo las que se cometen contra los animales?

Era inevitable en un libro así hablar de feminismo. Como dice este escritor, ellas “cuidan más de los demás que de sí mismas” y por algún motivo “hay más mujeres que hombres en la mayoría de las ONG y asociaciones civiles comprometidas con causas solidarias”. ¿Qué está pasando con los hombres? —nos preguntamos también. Con gran ironía, Rivas sostiene que la primera fake news fue divulgada por el Génesis para subordinar la mujer al hombre (siendo ella creada de una costilla de él).

El colapso que ya vemos

Ante la inminencia de un colapso, surge la colapsología, el estudio de las catástrofes ambientales. Sabiendo lo que se nos viene encima, bien podríamos prepararnos y enseñar a nuestros menores cómo afrontar un futuro tan incierto en algunos aspectos, pero tan claramente desastroso en otros. Rivas sostiene que los ricos son conscientes del desastre ambiental y, mientras se niegan a reconocer y reducir su excesiva contaminación, se van a vivir a los barrios y ciudades menos contaminados. Lúcidamente, Rivas nos advierte que los brotes de xenofobia son más bien de aporofobia: “La raza que no les gusta es la de los pobres”. Y tiene razón, porque no hay fronteras más abiertas para un africano que las Europeas, siempre que gane mucho (por ejemplo, pegándole patadas a un balón).

Los grandes monocultivos son catalogados de “régimen agrototalitario”. Imponen sus normas a la sociedad y a la naturaleza y los pesticidas son la norma, destacando el glifosato de Bayer (creado por la misma empresa que fabricó el agente naranja que achicharró Vietnam, Monsanto). La contundencia de este régimen se ha mostrado en muchos desastres (como Doñana, o el ya comentado caso del Mar Menor).

Más frases del libro, para reflexionar

  • “Es una verdad fácil de constatar que las personas competentes no compiten, solo compiten los incompetentes”.
  • “La desconexión entre generaciones es uno de los procesos más dañinos en el despiece de lo comunitario”.
  • “Lo que mejor sabemos de los animales es cómo matarlos. Descubrir,  con respeto y cautela, aspectos de su vida secreta conlleva de entrada poner al desnudo la ignorancia humana y los grandes disparates escritos por sabios o que presumían de tales”.
  • “La fragilidad de las personas no humanas como los orangutanes, víctimas de un auténtico genocidio“.
  • “Lo que llamamos cambio, calentamiento o emergencia climática son eufemismos de una guerra no declarada y difusa en la que somos a la vez retaguardia y trinchera”.
  • “Se habla siempre de la Isla de Pascua como una gran enigma para evitar la verdad más sencilla: las compañías de seguros no respondieron al riesgo por exceso de inversión en ídolos gigantes”.
  • “Tenemos que poner fin a esta Era del Plástico Infinito. No hay otra solución. Está contaminándolo todo. ¿No notan que hasta los discursos políticos son de plástico?”
  • “Más allá de la desconfianza y el miedo, es curioso el poco interés que despiertan los humanos al resto de los animales”. Y es cierto, aunque hay algunas excepciones, como la que se cuenta en el magnífico documental Lo que el pulpo me enseñó.
  • “Hay un estupefaciente gratis, y quizás el más consumido, que es mentirse uno a sí mismo. Como toda adicción, el resultado suele ser lamentable. Todo depende de la carga de verdad de la mentira”.

Rivas cita a Harari, como ejemplo de trabajo para “limpiar el miedo”. Y no hay nada mejor para afrontar el miedo que saber la verdad. Manuel Rivas ha creado con este libro un buen manual que debería leerse en los colegios, tal vez con más premura que El Quijote. Por fortuna, no tenemos por qué elegir entre uno u otro.

♥ Otros libros en la misma onda:

Contraportada del libro Zona a defender, de Manuel Rivas, resumido en este artículo

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El desastre de la urbanización dispersa y con piscinas

Hace siglos que sabemos que la forma de diseñar una ciudad influye en la calidad de vida y en la sostenibilidad. Vivir en ciudades sostenibles es tan necesario y tan importante que no puede ser complicado. Requiere compromiso de los ciudadanos y voluntad política de los gobernantes elegidos. Cuando los ciudadanos no demandan medidas saludables y ecológicas, los gobernantes favorecen a las empresas de alto impacto ambiental (por ejemplo, constructoras o empresas que talan árboles).

A pesar de que la natalidad en España es —afortunadamente— baja, muchas ciudades se están expandiendo a un ritmo irrazonable, agravado por la llamada urbanización dispersa: chalets o casas aisladas (a veces adosadas), o bien, urbanizaciones privadas y cerradas. Y todos con jardines y piscinas. Esta urbanización dispersa es descaradamente insostenible, de alto impacto ambiental y económico:

  • Se requiere coche hasta para comprar el pan. No tienen cerca tiendas, ni lugares de ocio, ni colegios, ni centros de salud… Tampoco hay transportes públicos, o son escasos. Y la bicicleta no es una opción porque todo está demasiado lejos.
  • Altos costos públicos en los suministros (electricidad, agua, recogida de residuos, limpieza…). En contraposición, es evidente que las ciudades compactas —que alternan bloques con parques, y mezclan negocios y viviendas—, requieren menos gastos para la hacienda pública.
  • Altos consumos en climatización. Calentar y enfriar viviendas aisladas suele requerir mayores consumos que en bloques de viviendas.
  • Requieren nuevas infraestructuras (carreteras, depósitos de agua, saneamiento…). La creación y el mantenimiento de esas infraestructuras aumenta el impacto y los gastos.
  • Se reduce la filtración de agua. Al ocupar mucho terreno, las ciudades dispersas cambian radicalmente el flujo de agua, impidiendo la recarga de los acuíferos.
  • Se eliminan zonas naturales o de agricultura, con las consecuencias negativas para la biodiversidad y para la soberanía alimentaria.

Y si todo eso fuera poco, muchas viviendas —incluso unifamiliares— tienen piscinas.

  • Las piscinas tienen un alto consumo, principalmente de agua pero también de otros recursos: productos de limpieza, cloro o sal, electricidad… Una piscina pierde mucha agua en su uso normal (por los bañistas, por salpicaduras…), además de por evaporación. Todo depende del número de usuarios, de su comportamiento, de la temperatura, del tamaño de la piscina… pero cualquier piscina, por pequeña que sea, cada semana estival hay que rellenarla con miles de litros de agua limpia. Incluso las piscinas saladas tienen que reponer la sal en varias toneladas al año. Podría concluirse que las piscinas unifamiliares son auténticos atentados ambientales, aunque los ricos no suelen reconocer su alto impacto ambiental.

Una propuesta ecológica es prohibir las piscinas (construir y llenar) cuando la división entre el número máximo de personas residentes y la superficie de la piscina, sea inferior a 6 hab/m2. Esto supone hoy un escándalo para unos pocos… pero cuando no haya agua el escándalo será que no podamos beber.

Todo esto no es nuevo. Hace muchos años que se ha dicho (por ejemplo por Nebel y Wrigth). Sin embargo, se siguen diseñando ciudades para los coches, cuando ni siquiera los vehículos eléctricos son una opción inteligente, aunque reciban millones en subvenciones (4.300 millones recientemente). Lo inteligente son las ciudades compactas, con muchas zonas verdes, bicicletas y buen transporte público (incluso gratis)… ciudades de 15 minutos, donde los coches privados quedan aburridos… aparcados.

♠ Sobre ciudades sostenibles:

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Cómo hacer helados naturales de frutas: fáciles y veganos (sin maltrato animal)

Helados de frutas naturales: ricos, sanos, fáciles, vitamínicos y sin maltrato animal..Sustituir ingredientes animales por ingredientes vegetales es fácil, ético y necesario para afrontar la crisis ecológica, ambiental y sanitaria (la pandemia es culpa del maltrato a la naturaleza).

Ya hemos mostrado anteriormente muchas recetas veganas con trucos para sustituir ingredientes como lechehuevos o mantequilla. Ahora presentamos un postre sin leche ideal para el verano: helados veganos de frutas.

◊ Ingrediente: solo fruta, al gusto. Más o menos, utilizar una pieza del tamaño de una naranja grande por persona (o más, para repetir).

  • Sugerencias: melón, mango, naranja, mandarina, limón, melocotón, albaricoque, paraguaya, níspero, cereza, uva…
  • Nota: Se recomienda que la fruta sea de temporada y local (mira la procedencia, para evitar comprar frutas que hayan viajado miles de kilómetros).

◊ Ingredientes opcionales:

  • Edulcorante: Recomendable si la fruta es ácida (como el limón). Se puede usar azúcar, estevia, sirope de ágave… y mucho mejor otras frutas como un plátano, una manzana o pera dulce, un dátil, o unas brevas. La fruta que se use para endulzar, puede estar sin congelar.
  • Otros: frutos secos troceados o un poco de alguna infusión aromática.

◊ Preparación:

  1. Pelar y trocear la fruta (pueden mezclarse distintos sabores).
    • La pera y la manzana no hay que pelarlas si no te molesta encontrarte trocitos de piel. Lo mismo ocurre con las semillas.
    • Obviamente, hay que quitar las semillas de melón, melocotón, paraguaya… y mejor también las de las uvas.
  2. Poner los trozos en un recipiente y congelarlos.
  3. Cuando estén bien congelados, separar los trozos y triturarlos con una batidora potente (de vaso).
    • Es posible que no requiera usar máxima potencia.
    • Cuando esté bien batido, ya tenemos el helado hecho.
  4. Opcional: Probar y añadir algún edulcorante si lo vemos necesario. Se puede servir sin edulcorar y que cada uno endulce su ración al gusto. Es recomendable no abusar de edulcorantes artificiales.
  5. Recomendaciones: Para adornar, se pueden usar frutos secos, chocolate líquido, trocitos de chocolate sólido, canela, hierbabuena…

◊ Ideas: Con un melón bueno, sale un helado exquisito, sin endulzar. También está muy rico de naranja con manzana, o de naranja con plátano. Si tienes nuevas ideas o preferencias, háznoslas saber en un comentario.

A propósito de la campaña #MenosCarneMasVida del Ministerio de Consumo que ha levantado en contra a buena parte del mismo gobierno, debe tenerse en cuenta que la Estrategia España 2050 aprobada por el propio gobierno de España y, por tanto, por el Presidente Pedro Sánchez, afirma que España debe reducir “su ingesta de alimentos de origen animal”. No es solo reducir la carne, sino también pescado, lácteos, huevos… Por tanto, la salida de tono del presidente Sánchez debería ser aclarada, porque todo apunta a que el presidente apoya al lobby cárnico por encima de la salud de los españoles y del medioambiente global. ¿Acaso el presidente aprueba documentos sin leerlos?

Recordemos que la industria láctea no solo contamina en exceso, sino que maltrata a sus animales de forma inevitable (igual que pasa con la industria de la carne, el pescado y los huevos). Si esos alimentos no son más caros en precio es porque no se paga por el maltrato animal ni por la contaminación inherente. Hasta la ciencia recomienda reducir el consumo de alimentos animales. ¿Te unes al cambio?

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