Guaranís brasileños claman por sus tierras, ante la indiferencia del mundo

Charla de Voninho Benites. Guaraní-Kaiowá

Texto de la charla de Voninho Benites en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas

Ayer me llegó desde Campo Grande el escrito cuya fotografía pueden ver a la izquierda. Por más que he buscado en internet para incluir algún link a la noticia, todo ha sido infructuoso. He conseguido, eso sí, el vídeo oficial de la ONU en el que se incluye la sesión completa. Recomiendo el visionado a partir del minuto 58 que incluye la intervención inmediatamente anterior a la que ahora nos ocupa.

Los guaraníes kaiowá están siendo masacrados en Mato Grosso do Sul (Brasil), sin que a nadie parezca importarle lo más mínimo. La situación no es ni mucho menos nueva, pero se ha agravado con la subida al poder del corrupto presidente Michel Temer.

Es por esto que Voninho Benites habló ayer en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. En el poco tiempo que pudo hablar, dijo que recientemente una decisión del Supremo Tribunal Federal brasileño anuló la demarcación de una de sus tierras, Guyraroka. El argumento para dicha anulación fue que los guaraníes no habitaban esas tierras en la fecha en que fue promulgada la Constitución de Brasil (1988). Ahora bien, la razón por la que no las habitaban es que el propio Estado les había expulsado de ellas.

Voninho Benites vive en la tierra indígena de Dourados-Amambai, muy cerca de la frontera de Mato Grosso do Sul con Paraguay (Ponta Porá).

En Ginebra se escuchó ayer cómo, hace un año, sufrieron una terrible masacre. Terratenientes fuertemente armados llegaron en unas 50 camionetas y atacaron la aldea, tiroteando a sus habitantes, a la mayoría por la espalda. Uno de los agentes de salud fue muerto de un par de tiros mientras estaba atendiendo a los heridos. No se  trata de un hecho aislado.

Continúa el representante del Consejo de la Grande Assembleia Aty Guasu Guarani e Kaiowá diciendo que las reservas creadas por el Gobierno hace casi 100 años se han vuelto confinamientos. Allí, dice, están condenados a pasar hambre y a depender totalmente del Estado.

Explica cómo, privados de sus tierras, no tienen posibilidad de subsistir por sus propios medios que, en otras circunstancias sería sobre todo la agricultura. Sin tierras para plantar, los guaraníes dependen de las “cestas básicas” que les llegan poco menos que de caridad.

Somos todos guaraní kaiowáIgnoro cómo son estas cestas básicas que reciben los guaraníes, pero en Mato Grosso do Sul, una cesta básica es una bolsa grande de plástico que contiene los alimentos básicos para el sustento de una familia por ejemplo durante un mes. Los productos que incluyen son: arroz, freijão (judías pintas), aceite de soja y algunos productos de limpieza imprescindibles (jabón para fregar y papel higiénico). No se incluye ningún producto perecedero cosa por otra parte lógica, pues muchas personas no tienen nevera. Nada de fruta, ni de verdura y, desde luego, nada de carne. Tampoco leche.

Este modo de vida es insostenible para el pueblo guaraní, no sólo por las penalidades que deben soportar, sino sobre todo por el modo en el que esta situación afecta al pueblo. Perder sus tierras es perder sus raíces, es perder la conexión con sus ancestros y su cultura. Es también perder la dignidad. La dignidad se pierde cuando, de forma permanente, se pierde la posibilidad de proveer al propio sustento. De hecho, en las favelas de Campo Grande (capital de Mato Grosso do Sul), malviven muchos de estos indígenas que, expulsados de sus tierras, pasan a ser los más pobres de entre los pobres.

Los guaraníes no quieren limosna, quieren sus tierras en las que vivir sus costumbres, proveer a su sustento y educar a sus hijos.  Por eso no es de extrañar que haya tantos suicidios. Eso por no hablar de la situación de riesgo en la que viven, continuamente amenazados, no sólo por los terratenientes, sino también por los garimpeiros que, además, envenenan sus ríos.

No podemos permanecer impasibles ante este drama.

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La complejidad de la sostenibilidad: Las huellas de emisiones y empleo del Reino Unido

China está muy contaminada por producir productos baratos para Europa. La contaminación de los países ricos es el doble de lo que se publica, pues hay que contar la contaminación que provocan en otros países.

China está muy contaminada por producir productos baratos para Europa: La contaminación de los países ricos es el doble de lo que se publica, pues hay que contar la contaminación que provocan en otros países.

El mayor problema para alcanzar sociedades sostenibles no es que sea difícil en sí mismo, sino que los que tienen más poder y responsabilidad (gobiernos y empresas) no hacen nada firme, y encima, el resto no lo exigimos con fuerza.

Unos científicos del Instituto de Investigación en Sostenibilidad de la Universidad de Leeds (Reino Unido) han publicado un estudio sobre las huellas de emisiones y empleo del Reino Unido, en el que dan importantes datos para la reflexión. Aunque el estudio se centra en el Reino Unido, las conclusiones son similares para cualquier otro país europeo.

Huella de emisiones y huella de empleo

La huella de emisiones refleja la contaminación que el consumo provoca sobre el planeta y su repercusión en el clima, mientras que la huella de empleo representa la cantidad de trabajadores del mundo que trabajan para satisfacer la demanda de determinados productos y servicios.

Según el estudio, la economía británica ha descansado durante décadas en el mercado exterior para satisfacer sus necesidades materiales, llevando fuera de sus fronteras grandes cantidades de emisiones y de empleo. Además, se concluye que aproximadamente la mitad de las emisiones del consumo británico se generan fuera de sus fronteras y sólo el 40% de su empleo está en el interior. Por tanto, reducir las importaciones contribuye tanto a reducir emisiones en el exterior como a generar más empleo en el interior.

El comercio internacional ha crecido espectacularmente en las últimas décadas, siendo en los países desarrollados donde ese crecimiento ha sido mucho mayor. Los materiales viajan alrededor del mundo y la mano de obra se contrata allí donde sea más barata o haya menos restricciones (en cuanto a leyes ambientales y laborales que defiendan derechos básicos). Las multinacionales suelen ser empresas con poca ética porque la responsabilidad pretenden diluirla.

Toda la Unión Europea ha trasladado gran parte de su industria al exterior y se ha hecho dependiente de los mercados exteriores para adquirir sus productos y servicios (Reino Unido representa el 10.7% de la UE en volumen de comercio y ha trasladado al exterior casi cuatro millones de empleos entre 1979 y 2015). Esta fuerte reestructuración del sector industrial permite a los países reducir sus emisiones contaminantes dentro de su territorio y cumplir (o acercarse más a cumplir) sus acuerdos ambientales al respecto.

En particular en el Reino Unido, las voces pidiendo una reindustrialización han crecido con el Brexit. Depender menos de los mercados extranjeros contribuye a reducir las emisiones totales de un país y a generar más empleo dentro del mismo. Por supuesto, eso afectará a otros países, pero según estos científicos, se deben frenar las emisiones que producen los países ricos fuera de sus fronteras y ayudar a los países en desarrollo a mantener sus empleos sin contaminar el planeta (transferencia tecnológica, ayuda internacional…). Por supuesto, todo eso no servirá de mucho si no acotamos el lujo y el consumo de energía y materiales.

El comercio internacional y el medio ambiente

Los que defienden que el comercio es bueno para el medio ambiente se basan en la hipótesis de la Curva de Kuznets Ambiental (Environmental Kuznets Curve, EKC) que básicamente sostiene que, las condiciones ambientales mejoran conforme los países aumentan sus ingresos per cápita y mejoran su economía. Las evidencias empíricas demuestran que esa hipótesis es cierta sólo para algunos tipos de contaminación local y a corto plazo, pero que no es aplicable a problemas globales y a largo plazo, como el cambio climático. De hecho, es ampliamente aceptado que la producción de bienes ha acelerado la presión ambiental (local y globalmente: contaminación, reducción de recursos, pérdida de biodiversidad…). Wiedmann (2016) calculó que al menos el 64% de los impactos ambientales globales podían ser atribuidos al comercio internacional.

El acuerdo de Naciones Unidas sobre el cambio climático (UNFCCC) sostiene que los países son responsables de las emisiones generadas dentro de sus fronteras, pero también es necesario contar las emisiones asociadas a los bienes y servicios que se consumen dentro, aunque para ello las emisiones se produzcan fuera del país.

La magnitud de esto se demuestra con estos simples datos: Las exportaciones de China e India equivalen al trabajo a tiempo completo de más de 200 millones de trabajadores. Sólo China alberga el 37.5% de los trabajos generados por el comercio internacional mundial debido, evidentemente, a que es un país que fabrica barato, aunque contamina mucho.

Europa consume más de lo que produce: Gráficas

Gases de Efecto Invernadero (GHG) y empleo para Reino Unido, en producción y consumo (1997-2012). Fuente: (Sakai, Owen, Barrett, 2017).

Gases de Efecto Invernadero (GHG) y empleo para Reino Unido, en producción y consumo (1997-2012). Fuente: (Sakai, Owen, Barrett, 2017).

Los países ricos crean más empleo fuera de sus fronteras que el empleo que genera su propio sector de exportación. En los gráficos adjuntos se muestran las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GHG en sus siglas en inglés) y el empleo, separando entre producción y consumo del Reino Unido. La producción incluye las emisiones (o el empleo) de todo lo producido dentro del país, sea para consumo interno o externo. El consumo incluye las emisiones (o el empleo) de lo consumido, incluyendo productos que proceden del interior y del exterior del país. El espacio entre las curvas de producción y consumo representa la transferencia de emisiones y empleo que oculta el comercio internacional.

En los gráficos anteriores se puede apreciar que la crisis de 2008 afectó bastante al consumo pero poco a la producción. Esto indica que Reino Unido, como todos los países desarrollados, tiene un sector productivo bastante consolidado y, por otra parte, que su consumo incluye bastantes productos superfluos, los cuales dejan de consumirse en tiempos de crisis. Es importante añadir que esa crisis, apenas afectó a China, país que es (no por casualidad) un gran socio comercial de Reino Unido, pues es el segundo mayor importador de China, tras Alemania.

Conclusiones evidentes

Podemos concluir que China se lleva gran parte de la contaminación y del empleo que requiere Europa y que, como es evidente, la forma más rápida de reducir las emisiones es reducir el consumo en general y de productos importados (productos chinos) en particular. Pero eso tiene un fuerte impacto (negativo) en el empleo. Puede que no haya soluciones simples, pero nos parece que sería urgente sumar a la ley ecológica de las tres erres, otras dos erres económicas, “Renta básica y Reducción de la jornada laboral“, más aún si tenemos en cuenta que los robots y ordenadores reducen el empleo disponible.

Dada la dificultad para frenar el consumo y la importación de productos, los científicos proponen otras formas de reducir la huella ecológica de los países ricos: facilitar la transferencia tecnológica y ayudar a reducir sus emisiones a los socios comerciales menos desarrollados.

Enlaces relacionados:

NOTA: Este artículo fue publicado también en El Salmón Contra Corriente, un medio informativo sobre economía real, ecología y mucho más.

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Edificios de bajo consumo: La importancia de una buena hermeticidad

Por Koldo Monreal, Director Gerente de Onhaus.

Koldo Monreal, Director Gerente de OnhausHasta hace bien poco, hablar de hermeticidad al aire en viviendas era totalmente desconocido o anecdótico en España. Con la llegada de los edificios de consumo casi nulo, y más concretamente del estándar de construcción Passivhaus, el concepto gana fuerza y hoy no se entiende un edificio eficiente energéticamente si no se trata este aspecto. Ahora bien, ¿cómo se está afrontando?

Falta conocimiento y conciencia de lo que se hace: Muchos de los que trabajan en una construcción eficiente, ven la hermeticidad como algo sencillo, banal, que pasa sencillamente por poner un poco más de esto, o un poco más de lo otro. Algunos incluso creen que un edificio hermético “no respira”, lo cual indica desconocimiento directo de lo que hablamos. Nada más lejos de la realidad.

La hermeticidad es clave en una vivienda eficiente

La hermeticidad presta especial atención a puertas, ventanas y tejados, pero hay que trabajar la hermeticidad en su conjunto. También es fundamental el concepto de transporte de humedad, pues las consecuencias y el coste de una mala ejecución pueden ser frustrantes. Para entenderlo, se necesita un tiempo, un proceso de aprendizaje.

Las láminas son planchas delgadas que se usan para proteger la vivienda (por ejemplo, para ponerlas bajo el tejado). Deben ser impermeables y transpirables, es decir que, por su composición, el vapor pueda pasar hacia el exterior, pero impedir que el agua entre. Unas láminas nos permiten evitar la entrada de viento (láminas al exterior); otras láminas nos ayudan a evitar que nuestro edificio pierda el aire caliente del interior, ofreciendo resistencia al paso del vapor de agua y evitando condensaciones intersticiales (láminas al interior). Para entenderlo mejor podemos compararlo con nuestra ropa cuando vamos a esquiar: primero nos ponemos una camiseta térmica (lámina interior), luego un jersey (aislamiento) y, finalmente, un corta vientos (lámina exterior). Si alguna capa impide que el vapor de agua que genera nuestro cuerpo salga fácilmente, nos mojaremos. Lo mismo le ocurre a nuestro edificio. Debemos evitar las condensaciones intersticiales, sin olvidarnos que la ventilación del edificio es básica para la salud del mismo.

Sorprende la búsqueda por parte del profesional de láminas cada vez más baratas. Se compara la ficha técnica y el precio y ya está, pero es un grave error. Por poner un ejemplo, es como comprar un coche mirando la velocidad máxima que marca el velocímetro y el precio del coche. Se deben mirar otros aspectos en las fichas técnicas de una lámina, pero nadie da datos de la durabilidad del producto, ni tampoco del envejecimiento de la misma.

Por poner un ejemplo cercano, hay bolsas de plástico de distintas calidades. Todas pueden ser herméticas cuando son nuevas, pero con el uso se demuestra que no todas tienen la misma durabilidad. Pues bien, en nuestro caso, tenemos que pedir que nuestros materiales duren, al menos, la vida útil del edificio… ¿mínimo 50 años?

Laboratorio de SIGA: Los materiales para aislar una vivienda deben ser probados en laboratorio

Todas las juntas deben ir selladas usando cintas de hermeticidad y láminas, que van pegadas con un adhesivo especial. La cantidad y la calidad del adhesivo utilizado es vital. Hay marcas low cost que venden adhesivos que pueden resultar atractivos, pero que no son adecuados para una buena hermeticidad. Tan solo un laboratorio puede realizar los ensayos adecuados.

El test bowerdoor no detecta materiales de baja calidad

Ahorrar en hermeticidad es un riesgo grave. La utilización de productos inadecuados o de baja calidad, suponen un riesgo de consecuencias económicas tremendas. Por ejemplo, utilizando cintas y láminas de hermeticidad baratas, podemos conseguir un buen resultado en el test blowerdoor de final de obra (una forma de medir el nivel de estanqueidad y hermeticidad de una vivienda), pero no tenemos garantías de que este resultado se mantenga en el tiempo. Sabemos que, con cinta de carrocero, podemos conseguir valores inmediatos buenos, pero sin ninguna garantía.

¿Qué ocurre si en una vivienda realizamos un test blowerdoor y descubrimos que su hermeticidad a pasado de 0’6 al principio a 2 después de cinco años? (la unidad de medida de este test son las renovaciones por hora).

Conclusión: Ahorrar en hermeticidad sale caro

Lo curioso es que la diferencia global de precio es ridícula: La partida de hermeticidad es la más económica de un edificio. En una vivienda unifamiliar puede estar entorno a los 3000€ y aproximadamente 1000€ en pisos de nueva construcción; que con respecto al valor de la vivienda es una cantidad ridícula. Podemos encontrar marcas baratas, pero… ¿son lo mismo? ¿cómo se comportarán en el tiempo respecto a condensaciones intersticiales o respecto a hermeticidad?

Como decíamos antes, todo comienzo tiene su proceso de aprendizaje.  Podemos cometer los mismos errores que cometieron otros que empezaron con esto hace 25 años, o bien, podemos aprender de los que nos llevan ventaja. Cada uno elige su camino.

Información relacionada:

Aislar una vivienda aumenta la calidad de vida y reduce los consumos en climatización (cómic representativo de SIGA).

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Tres soluciones a la CONTAMINACIÓN ACÚSTICA del tráfico, especialmente de motos ruidosas

Si todos nos tapamos los oídos ante la persona que causa el ruido, conseguiremos que sea consciente de lo que molesta.

Si todos nos tapamos los oídos ante la persona que causa el ruido, conseguiremos que sea consciente de que molesta.

El ruido es todo sonido no deseado. Así, la música que pone alguien en la playa es ruido para todos los demás, mientras que las olas del mar pueden regalarnos el más relajante sonido.

Los efectos del ruido en la salud están bien documentados y van desde pérdida de audición o sordera, hasta estrés, alteraciones del sueño y del metabolismo, depresión, agresividad o falta de rendimiento, por ejemplo. Por supuesto, el ruido también influye en la fauna.

La principal fuente de contaminación acústica: El tráfico

Las motos ruidosas molestan mucho por todos los sitios donde pasan.Una de las fuentes de ruido más abundantes en las ciudades son las motos. También hay que añadir otros automóviles, la música de algunos bares, e incluso gente hablando fuerte en cualquier lugar, especialmente de noche.

Con respecto al ruido de los automóviles, la legislación establece un máximo de decibelios dependiendo del tipo de vehículo, pero en pocas ciudades se multan a los que superan ese nivel de ruido porque los policías no llevan un aparato medidor (sonómetro). Por tanto, los que incumplen la ley se pasean impunemente molestando a sus vecinos. ¿Qué podemos hacer?

Solución 1: Advertir y multar

Aparato para medir el ruido en decibelios.Todos los agentes de policía no pueden llevar siempre un sonómetro para denunciar a quien incumple la ley. Por eso, sería más práctico que los agentes pudieran parar a los vehículos y exigirles pasar una inspección acústica en el plazo de un mes. En dicha inspección, se multaría a los propietarios de vehículos que superen el nivel legal de ruido. Por supuesto, también sería multado quien no acuda a esa inspección.

Con esto conseguimos que los propietarios de vehículos ruidosos tengan un mes para arreglar sus vehículos y, si no lo hacen, entonces serían multados. La multa debe ser severa ya que se le ha dado tiempo para subsanar el error. Sin duda, mucha gente llevará su vehículo a arreglar antes de que sea amonestado por los agentes policiales. El mensaje es claro: No queremos multas, pero tampoco ruido.

Solución 2: Quejarnos y visibilizar nuestra molestia

Taparse los oídos ante una moto ruidosa manda un poderoso mensaje al motorista.

Taparse los oídos ante una moto ruidosa manda un poderoso mensaje al motorista.

Mientras las autoridades ponen en práctica la solución anterior, es necesario quejarse ante los ayuntamientos (por ejemplo, enviando este artículo a tu alcalde).

También debemos visibilizar que el ruido nos molesta. Por ejemplo, ante una moto ruidosa podemos mirarla y taparnos los oídos con ambas manos. Este sencillo gesto deja claro que nos molesta el ruido y, si todos lo hacemos, la gente tomará conciencia de lo que molesta su ruido.

Solución 3: Educación

Esta es la mejor solución, pero no funciona a corto plazo. Tanto en los colegios como en las familias, en las asociaciones de vecinos o en cualquier otro ámbito, es necesario hablar del problema cuando surja, para que todos sepan que incluso hablar fuerte puede ser molesto para los demás. ¿Acaso no te ha molestado alguna vez la voz del vecino en el rellano de la escalera o el ruido de su puerta? Eso también es contaminación acústica.

Los coches eléctricos (e híbridos) están provocando accidentes porque los peatones y ciclistas no oyen su motor. Algunos han propuesto obligar a los coches eléctricos a hacer ruido. ¿No sería mejor educar a la gente a tener más cuidado? Pensemos que nadie ha planteado jamás obligar a las bicicletas a hacer más ruido.

La educación ambiental, tan necesaria y tan poco valorada, es fundamental para nuestra calidad de vida.

Concluyendo

Cuando pronunciamos la palabra contaminación todos pensamos en el humo de fábricas y coches (contaminación atmosférica), en agua sucia de ríos y mares (contaminación hídrica), en suelo lleno de petróleo (contaminación del suelo), o en las centrales nucleares (contaminación radiactiva), pero hay otras formas de contaminación menos “famosas” que son también muy peligrosas. Al hablar de contaminación, debemos pensar también en la contaminación genética, la lumínica, la electromagnética, la visual y, por supuesto, en la contaminación acústica.

La OMS establece 70 decibelios como el valor máximo deseable de sonido. Pensemos que un sólo coche o moto supera esta cifra muy fácilmente (en tercera marcha y a velocidad constante casi todos los vehículos emiten entre 65  y  74 decibelios).

En este artículo hemos dado tres soluciones para reducir el ruido en nuestras ciudades, pero no basta con leerlas. Hay que ponerlas en práctica. Si quieres hacer algo más que un gesto, tápate los oídos ante el ruido.

♥ Más información:

Agradecimientos: Dedicamos este artículo y damos las gracias a los motoristas de El Puerto de Santa María (Cádiz), que con su ruido inspiraron este artículo.
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¿Es el capitalismo sinónimo de consumismo?

Este artículo fue publicado originalmente en Plantarte.net
El capitalismo es muy agresivo con el planeta, pero la solución no es el comunismo, sino el capitalismo sensato.

El capitalismo es muy agresivo con el planeta, pero la solución no es el comunismo, sino el capitalismo sensato.

El capitalismo es, según la RAE, un “sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado“. Esas dos características evocan algo tan maravilloso como la propiedad privada y la libertad y, sin duda, son buenas y necesarias para tener una sociedad justa, siempre y cuando se implementen de forma sensata y controlada. Esa es, de hecho, la tarea más importante del gobierno y debe hacerlo defendiendo a los ciudadanos y sus derechos básicos.

Ni capitalismo ni comunismo extremos

Afortunadamente, en ningún país del mundo se ha probado un sistema capitalista puro, pero donde se ha implementado un sistema más o menos extremo de capitalismo se ha comprobado que genera una sociedad violenta y desigual (en el libro de Naomi KleinLa doctrina del shock” se documenta con gran profusión de ejemplos y aquí puedes ver un resumen). Por otra parte, lo contrario de ese capitalismo podría ser un sistema dictatorial comunista, que también ha generado sociedades muy poco deseables. Por distintos motivos, ambos extremos han ocasionado, además, graves daños ambientales, lo cual siempre socava las posibilidades futuras de una sociedad sostenible.

El sistema imperante hoy día en la mayoría de los países “libres” es un capitalismo no suficientemente controlado y claramente insostenible. La prueba de que falta control son los continuos abusos tanto de los derechos humanos como de la naturaleza. Más aún, si los ciudadanos lo permitimos, la tendencia de muchos políticos es avanzar hacia un neoliberalismo descontrolado. Por ejemplo, los recientes acuerdos comerciales como el CETA o el TTIP pretenden aumentar los derechos y las libertades de las grandes empresas (multinacionales) para hacer negocios por encima de los derechos de los ciudadanos. Nosotros insistimos: Los gobiernos están para defender los derechos de los ciudadanos y no los derechos de las multinacionales.

Pensar de donde viene y a dónde va lo que compramos

Un sistema capitalista mal gestionado requiere un ejército de consumidores capaces de comprar sin plantearse el origen y destino de su consumo. Contrariamente a lo que muchos piensan, comprar, tirar y volver a comprar, ni es fundamental, ni puede serlo, en una sociedad que quiera vivir bien a largo plazo. Las empresas y gobiernos, en muchos casos, trabajan para que la gente esté desinformada y piense que los problemas sociales y ambientales son lejanos y no tienen solución. Pero sí la tienen. La solución pasa por ser ciudadanos conscientes y exigir a quienes gobiernen que velen por una sociedad justa e igualitaria, y por un medioambiente sano.

Muchos ciudadanos, hartos de ciertas empresas y de sus abusos, han dejado de comprar sus productos. Eso está bien. Es un primer paso, tal vez necesario pero insuficiente. No construiremos una sociedad sostenible si no conseguimos que los gobiernos eviten los abusos, porque se ha demostrado que la gente sigue comprando productos de empresas que no respetan los derechos de sus trabajadores, que contaminan el medioambiente y hasta que incumplen sus obligaciones fiscales (caso de Inditex, por ejemplo).

Igualmente, no dejaremos de arrasar la Naturaleza si confiamos en la buena intención de unos cuantos ecologistas: Necesitamos prohibir las actividades más contaminantes, o hacer una política fiscal que las reduzca urgentemente. Nos estaremos equivocando mucho si esperamos que la gente que viaja en avión por placer deje de hacerlo porque contamina.

Conclusión: Capitalismo sensato

De la misma forma que ser “feminista” no es pretender que las mujeres tengan más derechos que los hombres, ser “anticapitalista” no es pretender anular totalmente la propiedad privada o la libertad. Sin embargo, la palabra anticapitalista está pervertida por evocar, para muchos, extremismos comunistas, con la dictadura de la antigua URSS como modelo. Por eso, tal vez, en vez de usar el término anticapitalismo, podemos usar el de “capitalismo sensato”.

El capitalismo sensato trata de controlar el capitalismo para evitar que unos pocos hagan grandes negocios destrozando la naturaleza y abusando de los derechos de la mayoría. El capitalismo sensato debe mostrar los trapos sucios del capitalismo y reformarlo. El capitalismo sensato es antisistema en un sistema insostenible que claramente puede y debe funcionar mejor. El capitalismo sensato no es negar las bondades que hay en la propiedad privada, ni en la libertad de mercado, sino controlarlas, para evitar abusos, pues sabemos que dar excesiva libertad a las empresas, genera graves desequilibrios. El capitalismo sensato tendrá que poner un límite al crecimiento, porque es obvio que la economía no puede crecer indefinidamente y, de hecho, lo más justo y sensato es planificar algún decrecimiento (al menos en algunos sectores, en los países más ricos).

Casi todos estamos de acuerdo en que estamos abusando del planeta y en que estamos contaminando demasiado. Esa mayoría debe exigier que transitemos por caminos que nos lleven a una sociedad más sostenible y más igualitaria, pues será eso lo que nos haga vivir mejor y, además, dejar a las siguientes generaciones un planeta, al menos, igual que lo recibimos de nuestros antecesores.

Más información:

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Viajar a otras culturas es descubrir y no imponer: ¿Es el turismo una forma de colonialismo?

Por Jose Vicente Esteve de www.plantarte.net

Lee unas exigencias para ser un turista respetuoso y responsable

Lee unas exigencias para ser un turista respetuoso y responsable.

La generación en la que me incluyo, la de los treinta y tantos, está viviendo momentos de incertidumbre. Muchos de los valores, ideales y sueños que nos inculcaron, se desmoronan por momentos. Pero, obviamente, somos afortunados por el lugar donde hemos nacido, comparado con millones de personas que viven en lugares exageradamente hostiles o sufren carencias básicas. Por otro lado, también somos afortunados por la época en la que nos ha tocado vivir, con avances que nos permiten una vida más sencilla (o más compleja, según queramos verlo) y que nuestros abuelos jamás hubiesen osado imaginar. Pero esos avances también nos han abierto la puerta a un sinfín de posibilidades, como la capacidad de alcanzar cualquier rincón del planeta en apenas unas horas. Y ese es un privilegio (y una responsabilidad) que, en ocasiones, no valoramos.

Hace apenas treinta años los ordenadores no tenían la capacidad que tienen los que disfrutamos ahora. La red Internet se estaba fraguando y por aquel entonces era inconcebible para la mayoría de los mortales. Así, que alguien conectase un portátil o un teléfono móvil a una red para visitar páginas de vuelos, comparadores de precios, aplicaciones de alerta o reservas instantáneas de alojamiento en cualquier ciudad o pueblo del mundo era impensable. Y aún si hubiésemos gozado de este arsenal tecnológico, tampoco existían las compañías de vuelos baratos, low cost, pues solo había grandes compañías aéreas que no fletaban aviones a destinos lejanos con tanta regularidad como ahora, ni tan económicos.

Es decir, en apenas tres décadas, la capacidad del ser humano para llegar al otro rincón del planeta se ha extendido demasiado, pero ese privilegio respecto a generaciones anteriores, nos abre un abanico de posibilidades para descubrir e integrarnos en la cultura de lejanos países. Nos otorga un derecho, el de poder conocer cada rincón del planeta. Así debería concebirse esta posibilidad para cualquier ser humano: como un derecho a conocer cualquier lugar de nuestro planeta. Porque por encima de banderas, religiones o fronteras, existe un hogar común para nuestra especie: nuestro planeta. Y para entenderlo, deberíamos conocer cada región, cada continente, cada cultura, como los barrios de la ciudad en la que residimos.

Pero este derecho, como cualquier otro, lleva implícita una gran responsabilidad: el respeto hacia el lugar que visitamos (además de considerar la contaminación de nuestro viaje, como el medio de transporte…). Hablamos del mismo respeto que pedimos cuando un turista viene al país o ciudad donde vivimos. Pedimos respeto para que nuestros bienes y valores, materiales e inmateriales se disfruten, se descubran, se comprendan y se respeten. La duda que subyace es ¿somos los occidentales igual de respetuosos con los valores, tradiciones, cultura y ecosistema, allá donde viajamos?

Un turismo poco ético

Creo que después de haber viajado por cuatro continentes, por regiones del norte de África, América o Asia durante muchos meses, la respuesta es desalentadora. El turismo occidental es, en su mayor parte, un turismo insostenible y colonizador. Especialmente en aquellos lugares que, hace treinta años, nadie conocía más allá de los mapas. Y, a este paso, los que van a dejar de conocerlos serán sus propios lugareños, adaptados cada vez más a nuestras demandas y peticiones para satisfacer nuestras necesidades materiales en paraísos donde esas necesidades carecen de sentido. La población autóctona sucumbe a los encantos del dinero, de los bienes materiales que el sistema capitalista occidental les ha descubierto. Y las consecuencias de la occidentalización de esos paraísos (hasta hace bien poco), son y van a ser muy, muy nefastas (véase el caso de Tailandia, Maldivas e Indonesia que documenta Klein en su libro).

Viajar a otros países y descubrir culturas y costumbres diferentes debe ser enriquecedor (despertar nuestros sentidos, permitirnos ser más tolerantes y, al mismo tiempo, más humildes…). Viajar nos descubre que nuestra pequeña burbuja, ese espacio que habitamos, es minúsculo en la inmensidad del mundo. Nos permite sentirnos como parte de un todo, de una especie, la humana, que habita un pedacito de roca flotante en el universo. Eso siempre deja un poso más constructivo que destructivo. Viajar es enfrentarse a la comprensión de la realidad del mundo. Viajar puede ser relajarse en una hamaca con una cerveza o experimentar, integrarse y conocer. Viajar puede ser hacer un tour guiado por donde pasa todo el mundo mientras comes pizza, o perderse por las calles de una aldea y descubrir un plato local en un puesto callejero…

En cualquier caso, es la curiosidad la que nos da ese impulso para salir de nuestro espacio de confort y ampliar nuestra concepción de la realidad. Viajar derrumba la ignorancia, la incomprensión y el miedo a lo desconocido, a lo de “fuera”, a lo que nos resulta extraño. Y cuando conseguimos entenderlo, entonces crecemos como persona y evoluciona nuestra conciencia. Pero ojo, ante todo el viajero debe viajar sin filtros y sin prejuicios, debe conocer sin juzgar y descubrir sin alterar. Y me temo que, en muchas ocasiones, queremos las comodidades de casa a miles de kilómetros de distancia. Queremos que nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestra comida o nuestros horarios sean los mismos que en nuestro espacio de confort, pero en el otro rincón del mundo. Y ahí perdemos el norte…

Una forma diferente de comprender el mundo…

El capitalismo fomenta un turismo claramente insostenible: Tenemos que mirar con otros ojos.

El capitalismo fomenta un turismo claramente insostenible: Tenemos que mirar con otros ojos.

Plantarte.net es, además de un blog, un compendio de vivencias, de conocimientos y de propuesta de estilos de vida. Pero también un espacio de denuncia de lo que, a nuestro entender, nos aleja de una vida plena y armónica, para con nosotros y para con nuestro ecosistema planetario.

Puede que en Occidente estemos acostumbrados a vivir bajo el yugo de las prisas, el consumismo y el materialismo. Cuando viajamos deberíamos entender que existen otros valores con los que podríamos asentar un futuro más esperanzador para nuestra especie y mejorar nuestra relación con el hogar en el que vivimos: el planeta Tierra.

Por todo ello, viajar fomenta el mestizaje de costumbres y culturas que habitan nuestro mundo. La aportación enriquecedora de cada sociedad, cultura o tradición puede dar con la fórmula magistral que nos lleve a un estilo de vida ético, armónico y respetuoso con nuestro planeta y con nosotros mismos. La receta mágica puede ser una pizca de la alimentación de aquí y allá, un sistema educativo híbrido entre aquella y esta región, o una economía basada en aquellos lejanos lugares con algunos principios mercantilistas de acá.

Un ejemplo más concreto: la medicina ayurvédica de la India o la medicina tradicional china cuentan, cada vez más, con mayor respeto y curiosidad en occidente. Quizá por viajeros que han comprobado la eficacia de estos antiquísimos sistemas curativos.

¿Ampliamos nuestros horizontes o reducimos los suyos?

Hablábamos, al principio de este artículo, de nuestra responsabilidad como turistas o viajeros, y que es triste comprobar que no estamos a la altura. Son los viajeros quienes desvirtúan o corrompen las costumbres de muchos países, fomentando en ellos, y entre sus habitantes, el consumismo, la competitividad y el estrés. Se convierte su hogar y sus costumbres en un circo. Entre mis experiencias viajeras he podido observar punto por punto estas afirmaciones. Por ejemplo, en un país tan humilde y con una historia tan dura como Laos, sentí cierta decepción al contemplar como algunas ciudades y pueblos se han convertido en algo así como un parque de atracciones para turistas con alto poder adquisitivo. Gran cantidad de actividades se orientan a un turismo de despropósitos, consistente, por ejemplo, en montar a lomos de indefensos elefantes, sobrevolar la ciudad en ala delta a motor, lanzarse por el rio Meckong con un gran flotador y hasta arriba de cerveza, o alterar ecosistemas poblando pequeñas islas paradisíacas donde la costa empieza a ser absorbida por complejos de cabañas y bungalows para turistas de lujo.

Nosotros nos planteamos incluso dónde van a parar todos los residuos que generamos en rincones donde sus sistemas de evacuación de residuos no están preparados para un turismo tan voraz e invasivo. Y entonces vemos reflejados el dólar en las pupilas de muchos empresarios locales, y la tristeza de algunos nativos por dejar de ser lo que fueron para ser los sirvientes de los turistas. En una pequeña isla del sur de Camboya, un joven nativo nos contaba que, en solo siete años, pasaron de ser 15 hostales a casi 240. Que hace siete años no había luz eléctrica. Y que hace solo cuatro, no tenían conexión a Internet. Y ahora tienen todo lo que nosotros necesitamos, pero sobre todo para que lo use el turista. No entendemos si el viajero desea descubrir la cultura, los valores y las tradiciones del pueblo que visita, o si pretende que ese pueblo se adapte a lo que nos gusta hacer en “casa” pero a miles de kilómetros de distancia.

Lamentablemente, los ciudadanos y ciudadanas locales ven en ese tipo de turismo una oportunidad. Una forma de lucrarse a costa del dinero occidental. Es este el motivo principal de perdida de identidad y costumbres de esos pueblos. “Si no les gusta la comida autóctona les hacemos pizzas y hamburguesas” pensarán los lugareños. “Si no entienden nuestra música o nuestra danza les ponemos música comercial de la MTV”. Pero, ¿qué pasa con quienes queremos conocer su auténtica realidad? Pues que nos echamos las manos a la cabeza y nos preguntamos: ¿qué está pasando aquí?

Rutas alternativas para descubrir el mundo

Por suerte, siempre tenemos la oportunidad de desviarnos de la ruta turística. Siempre podemos perdernos por pequeñas aldeas o islas minúsculas donde el tiempo se paró hace 500 años y comprender que existen otras formas de vida para millones de personas. Podemos descubrir que existen rincones del mundo que no viven bajo los sistemas médicos (ni medicinas) occidentales. Y, curiosamente, enferman menos o se curan igual sin intoxicar tanto su cuerpo. Existen comunidades que se alimentan solo con lo que les proporciona la tierra, y sociedades donde no saben qué es la tele pero saben mejor cómo funciona el mundo. Y si todo eso te lo quieres llevar a casa en la mochila, piensas que seguro te toca pagar por exceso de equipaje.

Somos conscientes de que, casi cualquier tipo de turismo acarrea una serie de contradicciones, por más que tratemos de ser sostenibles y respetuosos. Como por ejemplo, llegar por vía aérea, con lo que ello supone. Pensamos que un viaje de estas características, si tu vida lo permite, es para amortizarlo en tiempo: nunca hemos viajado por menos de tres meses. Es una forma de amortizar el daño que hicimos tomando un avión. Puede no ser justificación, pero es una forma de poder sembrar conciencia en nosotros mismos y contar, como ahora, lo que allá ocurre. También existen formas de aminorar tu huella ecológica en aquellos lugares, como practicando auto-stop, hábito al que recurrimos en lugar de alquilar un vehículo privado. La coherencia absoluta es muy complicada, por lo menos para nosotros. Pero hay que tratar de acercarse lo máximo a ella. Y estos paraísos ofrecen muchas oportunidades de ser respetados. A veces, la integración con la población local nos brinda muchos recursos.

No nos gusta fomentar un turismo que cena pizzas en países donde el curry es delicioso. No queremos descubrir espectáculos que atentan contra los derechos de los animales porque al turista de turno le apetezca visitar ese templo a lomos de un elefante. No queremos que se incite a destruir costas paradisíacas a cambio de un puñado de dólares. Es como invitarles a vender su dignidad como pueblo. Tampoco queremos volar en ala delta a motor sobre las montañas de una ciudad perdida de Laos, porque contamina su espectacular entorno (acústica y químicamente), ni queremos formar parte de ese turismo imperialista, un turismo que, además, se preocupa más por la foto o selfie que “colgará” en sus redes sociales, que por descubrir cómo viven realmente los habitantes de ese pueblo que ahora le acoge. Este tipo de comportamientos fueron propios de occidente en los dos últimos siglos y lo llamamos colonialismo. Pensé que era parte del pasado, pero…

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Un soneto para cambiar el mundo (poesía ecoactivista)

Gandhi dijo que si quieres cambiar el mundo debes empezar por cambiarte a ti mismo.

En este mundo hay siempre algo que cambiar.
Algunos dicen que ahora está aún peor.
Sabemos lo que hacer y eso es lo mejor.
Usemos el optimismo a la hora de observar

Es hora de cambiar nuestra forma de mirar.
Sabemos que lo vamos a conseguir.
Paramos de llorar, pongámonos a reír.
Reír y sonreír nos hace a todos mejorar.

Las empresas pueden colaborar a acercarnos o alejarnos de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), pero nosotros podemos dar o quitar fuerza a esas empresas.Con paciencia o sin ella todo va a cambiar.
Es la era de morir o todo transformar.
Tenemos la energía y la fuerza del viento.

¿Podrá una poesía cambiar lo que hay que cambiar?
¿Podrá un soneto enseñar a amar como hay que amar?
Creo que sí, y al menos eso intento.

♥ Más cositas interesantes:

 

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«Soy vegetariano gracias a un taurino»

Por Leandro E. Selles, @money_no_thanks

Llamamos Una noche de sábado de noviembre de 2016 me encontraba discutiendo con mi hermano no biológico acerca de la tauromaquia mientras comíamos el pollo al estilo Kentucky que yo había preparado. Siempre he sido detractor de la tauromaquia, mientras él es tan taurino que tiene una cabeza de toro en la pared de su casa.

Mientras engullía una pata de pollo, él me dijo algo revelador, algo obvio, algo que no solamente me hizo cambiar mi forma de pensar y actuar, sino que también cambió mi alimentación a partir de ese día y para siempre:

— “Ese pollo también ha sufrido” —dijo tranquilamente.
— “Tienes razón” —fue lo único que pude contestar.

Las industrias de la carne maltratan a los animales.Ahora comprendo porqué he defendido a los toros, perros y gatos, cuando LOS HE VISTO sufrir: porque no se esconden sus vidas y sus muertes. Por el contrario, se oculta el sufrimiento de cerdos, vacas y pollos. Se nos muestran como un producto, como una bolsa de pipas o un kilo de patatas.

¿Y qué decir de los animales marinos? A nuestros ojos no poseen expresiones y nos da igual verles morir asfixiados o desangrados, por mucho que estén sufriendo. La existencia de sistema nervioso es demostración evidente de su sufrimiento.

Aterradora vida de una mamá cerda inmobilizada para amamantar a sus crías.Esa noche me revelé y ni siquiera acabé de cenar. Era el principio de algo nuevo. Al día siguiente busqué información y me encontré con el vídeo de Igualdad Animal sobre las condiciones de las cerdas (ver este VÍDEO). Eso fue suficiente para saber que yo no quería ser partícipe de esa industria de sufrimiento y muerte. A partir de ese momento mi vida ha sido un constante aprendizaje de muchos temas que nuestra sociedad esconde: el especismo, la parte económica, la salud, el medio ambiente, cursillos de “carnes vegetales”, los santuarios… se me abrió una ventana a una parte del mundo real que nadie me había mostrado.

Ahora, meses después (casi un año), no he añorado mi antigua alimentación y no tengo problemas con los sabores y la variedad de platos que puedo preparar. Eso sí, yo me lo preparo todo, usando legumbres, verduras, frutas, cereales… incluyendo soja texturizada y seitán. Actualmente soy vegetariano estricto y parcialmente vegano en casa (ni leche, ni huevos, ni miel…).

No puedo pretender hacer honor a la palabra humanidad consumiendo como lo hacía antes. Doy las gracias a un taurino, por quitarme la venda de los ojos. Gracias a todas las personas que divulgáis la igualdad con los animales, y perdón por mi estupidez y mi anterior complicidad con esas industrias tan desalmadas.

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¿Qué hay de malo en ser rico? Damos 7 medidas para reducir la desigualdad

¿Es la riqueza un problema para la sociedad? ¿No son acaso los ricos los que más empleo crean, los que más impuestos pagan y los que más dinero reparten con sus gastos?

¿Que hay de malo en ser rico?

Inmigrantes saltando la valla en Melilla: A un lado el lujo del golf y al otro la miseria más extrema.

Inmigrantes saltando la valla en Melilla: A un lado el lujo del golf y al otro la miseria más extrema.

Ser rico puede no ser malo en sí mismo, pero depende de muchos factores. Por ejemplo, de cómo se haya obtenido esa riqueza (incluso si es por herencia, depende de cómo se obtuvo la riqueza inicialmente). También depende de lo que se haga con el dinero y del contexto social donde se viva: Si uno vive rodeado de pobreza, ser rico implica tener más responsabilidad. En cierto modo, cuanto más lejos tengamos la pobreza más exentos estamos de la obligación moral de ayudar. Pero todo esto es relativo y siempre asociado a la sensibilidad personal de cada uno. Sin duda, llama la atención que, en un mundo globalizado, un europeo se permita viajar a Tailandia porque está “cerca”, pero no perciba la pobreza de África, porque está “lejos”.

El problema grave y sin justificación de la riqueza es cuando los ricos abusan de su posición para saltarse las normas o las leyes, o para conseguir que los gobiernos legislen a su favor. El caso de España es un ejemplo digno de estudio, pues hay evidentes datos sobre cómo el dinero público se esfuma, las leyes se hacen a medida y los ricos evaden limpiamente sus impuestos en paraísos fiscales. Todo legal, paradisíaco y con ayuda de los gobiernos. Examínese el caso del sector eléctrico, gracias a la campaña YoIBEXtigo.

Morir por causas evitables es cosa de pobres

En uno de sus libros, Naomi Klein contaba cómo prolifera el negocio de los huracanes en Estados Unidos, donde cierta clase pudiente contrata seguros para escapar de los huracanes en aviones privados e irse a pasar el tiempo en hoteles de lujo. El huracán Katrina demostró que, hasta en el país más rico del mundo, morir por causas evitables es cosa de pobres. Los gobiernos liberales (o neoliberales) no tienen la obligación de cuidar a su pueblo, pues la protección es un negocio en manos de empresas privadas, y el gobierno no debe interferir porque es contrario a la libre competencia y al libre mercado.

Por supuesto, no es criticable que los ricos usen su dinero para escapar de un desastre natural. Lo criticable es que el gobierno no actuara con celeridad y que, además, aprovechara el shock del Katrina para hacer cambios hacia el libre mercado, tales como privatizar escuelas o contratar a las empresas de sus amiguetes para las tareas de reconstrucción que, además, ni siquiera actuaron con honradez perdiéndose el dinero en cadenas de subcontrataciones.

Los axiomas del libre mercado (que básicamente son tres) han dejado claro su poder para generar grandes fortunas, pero no sólo han fallado al predecir que ello redundaría en una mayor riqueza a su alrededor, sino que sistemáticamente ocurre lo contrario: aumenta la pobreza y la desigualdad. Un grave problema de la riqueza es cuando genera desigualdad pero… ¿cuándo no la genera?

La desigualdad perjudica a todos: Siete medidas

Los más ricos del mundo: ¿De verdad no tienen ninguna responsabilidad en la pobreza?Reducir la desigualdad debe ser el principal objetivo de un gobierno que gobierne para todos, porque la desigualdad perjudica a todos (incluso a los ricos de forma más o menos directa). Para este objetivo hay medidas muy claras, muy sencillas y que pueden servir para evaluar en qué medida el gobierno de un país es un gobierno para todos, o sólo para una minoría:

  1. Garantizar y mejorar los servicios básicos: No es posible recortar gastos en sanidad, educación o protección social sin aumentar la desigualdad de un país. La excusa de la crisis o de que no hay dinero tampoco es posible, pues siempre ha de haber dinero para cuestiones tan elementales. Además, se deben tener planes para solventar las situaciones más críticas: refugiados, mujeres pobres agredidas, pobreza infantil…
  2. Combatir el fraude fiscal: El daño del fraude es inmenso porque son los más ricos los que defraudan masivamente. Mientras el presupuesto de España para sanidad son 4.000 millones, se pierden al menos 190.000 millones por la gestión descuidada (vea aquí algunas cuentas).
  3. Poner un salario mínimo justo y crear empleos: Nunca el salario mínimo debe ser inferior a lo que cuesta vivir en ese país. Si está por debajo, se debe subir urgentemente, aunque sea de forma gradual (y establecida de antemano). Por otra parte, para facilitar la creación de empleos en un mundo altamente automatizado sería importante repartir el trabajo reduciendo la jornada laboral. Tal vez tendría sentido no incrementar el salario mínimo, si se asegura que se pagan las horas extra y se reduce la jornada laboral (se trabaja menos y se debe hacer de forma que uno tenga que ir menos veces al trabajo, reduciendo gastos, al menos en transporte).
  4. Instaurar un salario máximo relativo para cada empresa: Ante tanta desigualdad global, es escandaloso que haya sueldos exageradamente elevados. Un ejemplo: El presidente de Iberdola gana 2.407 euros a la hora, mientras sus empleados ganan de media unas 230 veces menos (10.6 euros). Estaría bien establecer que el mayor sueldo de una empresa puede ser, como máximo, N veces el menor sueldo. Un valor de N entre 10 y 20 es más que razonable. Esta es una de las reivindicaciones de la economía del bien común, pero no ha sido implantado en ningún país de forma general. También puede funcionar aumentar sustancialmente el tipo impositivo a partir de cierto valor de N.
  5. Instaurar una Renta Básica para adultos: Esta es la medida más segura para reducir la desigualdad. La Renta Básica Universal puede ser instaurada unos años como prueba y, de hecho, ya se ha probado con éxito bastantes veces.
  6. Cooperación internacional: En un mundo tan desigual, centrarse sólo en lo que pasa dentro de nuestras fronteras no es sólo injusto y egoísta, sino irresponsable a largo plazo. Es fundamental ayudar a los países más pobres y ello redundará en beneficios también para todos. Ya que Europa no quiere inmigrantes, ayudar a los países de origen es una buena forma de evitarlos, y más aún si consideramos que parte (al menos) de la pobreza y de las guerras de otros países tienen su origen en los países más ricos, o los avivan los países ricos que son los que fabrican y venden las armas.
  7. Cuidar las importaciones y fomentar el comercio justo: Las compras de los países ricos en los pobres y la especulación alimentaria generan en muchos casos hambrunas y graves injusticias, como el famoso caso del cacao y la esclavitud infantil, o los cultivos de algodón que han secado el mar Aral. Mientras los productos pasan las fronteras sin problemas, a las personas no se les permite pasar ni aunque vengan huyendo de la guerra.

Conclusiones

Examinando esos puntos y algunos datos de la economía española, es obligatorio concluir que el gobierno de España no está gobernando para todos los españoles, y no es por falta de dinero, sino por falta interés en hacer una buena gestión.

La crítica a los ricos es anterior a la de Jesús de Nazareth, pues tiene al menos 2.700 años. Desde el punto de vista ético, Singer definía “riqueza absoluta” como aquel estado en el que la gente tiene dinero para cosas no esenciales, por ejemplo, comprarse ropa sin necesitarla realmente o irse de vacaciones. Ignoro hasta qué punto uno debe dedicar su dinero vacacional a los que más lo necesitan pero, sin duda, repartir nuestra riqueza (sea la que sea) es, más que un gesto de bondad, una obligación ética.

Artículos relacionados:

  1. Resumen del libro “La doctrina del shock” de Naomi Klein: El libre mercado contra la LIBERTAD.
  2. Paraísos fiscales: Acabemos con estos infiernos sociales.
  3. Campaña YoIBEXtigo de La Marea para investigar a las empresas del IBEX.
  4. Alfonso López: “La pobreza no es rentable“. Icaria, 2006.
  5. Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral.
  6. Resumen del libro “Nuevo examen de la desigualdad” del Nobel de Economía Amartya Sen.
  7. Denuncia, Ayuda y Pobreza: Similitudes entre Ecologismo y Cristianismo.
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Libro “La doctrina del shock” de Naomi Klein (Resumen): El libre mercado contra la LIBERTAD

Portada del libro La Doctrina del Shock de Naomi Klein: Lee un resumen de este y otros libros suyos aquí.

Este es un resumen extenso, pero cada sección está resumida extrayendo los datos clave. Si quieres leer un resumen de otros libros suyos o de otros autores, pincha en esta imagen.

Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros muy impactantes. Puedes leer también un buen resumen de su libro más famoso: “Esto lo cambia todo” (2015).

“La doctrina del shock” (2007) es una historia sobre el libre mercado y cómo el capitalismo se ha usado como herramienta para ejercer violencia contra el individuo. Una de sus conclusiones es que las empresas deben ser controladas antes de que acaben con el planeta (mira esta lista de empresas muy peligrosas).

Klein reconoce encantada que cuando lee los textos de Eduardo Galeano siente “que todo está ya dicho”. Ella llama «capitalismo del desastre» a los ataques “contra instituciones y bienes públicos, siempre después de acontecimientos de carácter catastrófico”. La idea es aprovechar el shock de un desastre y crear “atractivas oportunidades de mercado” que, con ciertos cambios económicos, beneficien a unos pocos. Las tres grandes medidas habituales suelen ser impopulares, pero ante ciertas condiciones de shock, la población suele aceptarlas sin rechistar. Esas medidas son:

  • Privatización de empresas y bienes públicos.
  • Desregulación de ciertos sectores comerciales.
  • Recortes en el gasto social.

—–     ÍNDICE     —–

Dividimos el libro en estos temas centrales:

  1. El capitalismo puro de Friedman.
  2. El experimento de Friedman en la dictadura de Chile: fracaso absoluto.
  3. Argentina: Un rápido repaso a su desastroso friedmanismo.
  4. El shock económico en algunas democracias: Reino Unido y Bolivia.
  5. La deuda odiosa de las dictaduras se cargó a las democracias: La perversión del FMI y del Banco Mundial.
  6. China y su asombroso (y poco conocido) parecido con Chile y Polonia.
  7. Sudáfrica, la democracia que nació encadenada.
  8. Rusia, una historia que en Occidente se contó de otra forma.
  9. El FMI, responsable de “la sangre de millones de personas.
  10. EE.UU. contra el mundo: Irak y otros ejemplos.
  11. El huracán Mitch, el tsunami del Índico y el huracán Katrina.
  12. Israel: El negocio del miedo daña a mucha gente.
  13. Concluyendo (no te pierdas esto).


1. El capitalismo puro de Friedman

Resumen del Libro "Esto lo cambia todo" de Naomi Klein.

Lee un resumen de este otro libro de Klein.

Milton Friedman (1912-2006) fue un afamado profesor de la Universidad de Chicago, Nobel de Economía y defensor del capitalismo puro, que se podría definir así en palabras de Klein: “Del mismo modo que se autorregulan los ecosistemas, manteniéndose en equilibrio, el mercado, si se le deja a su libre albedrío, crearía el número preciso de productos a los precios exactamente adecuados, producidos por trabajadores con sueldos exactamente adecuados para comprar esos productos: un edén de pleno empleo, creatividad sin límites e inflación cero”.

El problema de Friedman es que no podía probar su teoría en ningún mercado mundial. Por tanto, se inventó ingeniosas ecuaciones y modelos computerizados para intentar demostrarlo. No lo consiguió, porque la economía no se puede simplificar fácilmente, como dijo Georgescu-Roegen.

Para los seguidores de las teorías de esta Escuela de Chicago, el libre mercado soluciona todos los problemas, y si algo falla, es porque hay alguna intromisión que hace que no sea libre mercado del todo. Algunos ejemplos de esas intromisiones son establecer salarios mínimos para que no se explote a los trabajadores o fijar precios para que ciertos productos sean más asequibles. Los de Chicago despreciaban las propuestas de economías mixtas y las veían como mezclas entre capitalismo para la fabricación, socialismo en la educación, propiedad del Estado en servicios básicos (como el agua), y leyes para ordenar los extremos del capitalismo.

La realidad es que el libre mercado es la ley del más fuerte, lo cual genera grandes beneficios, pero sólo para unos pocos. Sin embargo, los de Chicago declararon la guerra a todos los que opinaban que en el término medio está la virtud, especialmente a los keynesianos (de las ideas del inglés John Maynard Keynes, 1883-1946, el cual vio que el crack del 29 no fue el fin del capitalismo, pero sí el fin de la libertad total del mercado, pues la gran crisis demostró que lo óptimo es que el Estado intervenga). Las ideas keynesianas se llamaron socialdemócratas en los países ricos o desarrollistas en los países más pobres. En particular, en América del Sur, el desarrollismo supuso a mediados del siglo XX acortar mucho las diferencias entre los ricos y los pobres, creando una clase media más numerosa.

Friedman, desde su puesto de profesor y bajo el paraguas de una supuesta imparcialidad científica, podía decir cosas que si las hubiera dicho un empresario hubiera sido acusado de explotador. Por eso, muchas empresas donaron fondos a la Escuela de Chicago para que difundiera sus ideas, dando lugar en EE.UU. al movimiento neoconservador. Friedman proponía eliminar el salario mínimo, bajar los impuestos y que ricos y pobres pagaran lo mismo, dar libertad a las empresas, y privatizar sanidad, correos, educación, pensiones, e incluso los parques nacionales.

En el fondo, Friedman decía con lenguaje científico lo que querían las multinacionales: grandes mercados, sin trabas comerciales para, por ejemplo, extraer recursos públicos sin pagar ni siquiera a la población local.

Este tipo de políticas toman muchos nombres (liberales o neoliberales, conservadoras, de economistas clásicos, de libre mercado, reaganomics… o laissez-faire), pero, para Klein, “el término más preciso para definir un sistema que elimina los límites del gobierno y el sector empresarial no es liberal, conservador o capitalista, sino corporativista“.

Según Klein, las principales políticas de este movimiento neoconservador son transferir riqueza pública hacia la propiedad privada, “a menudo acompañada de un creciente endeudamiento“, aumentando las distancias entre los ricos y los pobres, además de aumentar los gastos en defensa y seguridad. ¿No parece que Klein está describiendo el gobierno de Mariano Rajoy en España? (si crees que no, lee esto).

El shock lo propicia usualmente un desastre natural, una guerra o un cambio de régimen y además de las medidas económicas, a veces, también se usa la tortura, “interrogatorios coercitivos” según los llama la CIA, la cual tiene un completo manual de cómo conseguir reducir a los detenidos y obligarles a “cooperar”. Así lo emplearon en Guantánamo o en Kandahar con los detenidos y encarcelados sin juicio, en Chile y también en el Irak bajo el dominio estadounidense. Las torturas sólo han demostrado ser como bombas: destrozan sin construir nada.

Por otra parte, las crisis de muchos países africanos y asiáticos han sido la excusa para que los países ricos les obligaran a privatizar sus recursos naturales.

El libro de Klein repasa algunos de los fracasos más aplastantes de las teorías del laureado Friedman. Un gran mérito del libro es que enlaza datos históricos bien conocidos, con opiniones de gente variada, enlazando las causas con las consecuencias para advertirnos de los peligros de cierto tipo de políticas.


2. El experimento de Friedman en la dictadura de Chile: fracaso absoluto

Para poder influir en latinoamérica, en los años 60 se becaron a muchos estudiantes (principalmente de Chile, Argentina, Brasil y México) para estudiar en la Universidad de Chicago, con el objetivo del adoctrinarlos ideológicamente. En particular, en ese contexto se criticó duramente la política chilena de la época anterior a Pinochet (su control de precios, sus barreras arancelarias…).

Los graduados por esa línea ideológica, llamados Chicago Boys, sacaron hasta tesis doctorales contra el desarrollismo en latinoamérica, y muchos de ellos acabaron como profesores en la Universidad Católica de Chile, la cual aceptó crear una titulación copiando el programa de Chicago. El llamado Proyecto Chile, para inculcar las ideas de Friedman en Chile, fue un rotundo fracaso, pues ningún partido político de relevancia tomó esa línea: todos los principales partidos se inclinaban por nacionalizar las minas de cobre (que entonces estaban en manos de empresas estadounidenses, que obtenían grandes beneficios, pagando muy poco).Otro libro resumido de Naomi Klein.

En 1970 gana las elecciones Salvador Allende y tramita la nacionalización de las minas de cobre, con la indemnización pertinente. En aquellos años, EE.UU. se escandalizó al descubrir que la empresa ITT y la CIA estaban detrás de argucias para amañar las elecciones chilenas. El golpe de estado militar contra Allende tuvo dos vías: la militar para exterminar a Allende, y la económica de los Chicago Boys para exterminar su ideario (bajo financiación de la CIA). Tras el golpe de estado de 1973, el general Pinochet aplicó medidas de shock económicas y en forma de torturas, siguiendo el manual de la CIA (3.200 ejecutados o desaparecidos, 80.000 encarcelados, refugiados…). El terror impedía cualquier oposición frente a las medidas económicas. Así nació el primer Estado de la Escuela de Chicago.

Pinochet tuvo como asesor al propio Friedman y a gente de los Chicago Boys, y siguiendo sus consejos privatizó empresas, recortó gasto público (salvo el militar que aumentó exageradamente) y eliminó el control de precios. Ya en 1974 la inflación alcanzó el 375% y se perdían empleos al entrar productos extranjeros más baratos. La solución de los Chicago Boys fue hacer más recortes y más privatizaciones, que beneficiaban a las multinacionales y a los especuladores (entre los que estaban, como no, algunos de los Chicago Boys).

En 1975, el mismo Friedman visitó Chile para intentar salvar el experimento con más recortes (en salud, educación…) y más privatizaciones (cementerios, guarderías, seguridad social…). El desempleo pasó del 3% con Allende al 20%, pero llegaría al 30% en 1982, cuando la economía chilena se derrumbó, y “Pinochet se vio obligado a hacer exactamente lo mismo que había hecho Allende: nacionalizó muchas empresas”, además de despedir a muchos de los Chicago Boys, e investigar por fraude a los que habían llegado curiosamente a altos cargos de las empresas privatizadas. Nunca se privatizó Codelco, la empresa de minas de cobre que nacionalizó Allende, y que generaba el 85% de los ingresos por exportación del país.

Klein sostiene que Chile no fue un laboratorio “puro” del libre mercado, sino un estado corporativista, que favoreció que los ricos fueran aún más ricos, a costa de la riqueza del país y de la clase media y baja de la sociedad. Desde entonces, las desigualdades en Chile aumentaron y aún hoy es uno de los países del mundo con mayor desigualdad. Klein afirma que, a pesar de todo, algunos siguen viendo a Chile como un milagro económico.


3. Argentina: Un rápido repaso a su desastroso friedmanismo

En los años 70, Argentina, Chile, Uruguay y Brasil estaban dirigidos “por gobiernos militares apoyados por Estados Unidos y se habían convertido en laboratorios vivos de la Escuela de economía de Chicago“. Hay pruebas contundentes que demuestran que la CIA les impartía cursos sobre cómo torturar (incluso usaban mendigos inocentes para los cursos). En todos esos países, el experimento fue un desastre económico para la mayoría de la población: aumentó el paro, la pobreza y la desigualdad. Y también en todos esos países, el miedo a ser torturado impedía a la población protestar.

También en todos esos países el shock incluyó prohibir determinados libros y a ciertos cantantes, restringir la libertad de reunión y cerrar los sindicatos. La limpieza ideológica incluía robar a los hijos de los disidentes y dárselos a familias cercanas al régimen. En Argentina, la empresa Ford suministraba coches al régimen militar, mientras sus trabajadores perdían las ventajas conseguidas con los sindicatos antes de la dictadura. La Fundación Ford, que financió el programa de formación de los Chicago Boys, se sintió avergonzada por estar (posiblemente sin pretenderlo) tan involucrada en las dictaduras de Chile e Indonesia. Por ello, finalmente decidió apoyar a defensores de los Derechos Humanos.

Klein advierte claramente:

“Como predijo Rodolfo Walsh, muchas más vidas serían arrebatadas por la «miseria planificada» que por las balas. En cierta manera, lo que sucedió en América Latina en los años setenta es que fue tratada como la escena de un asesinato cuando, en realidad, era la escena de un robo a mano armada extraordinariamente violento. (…) Los abusos generalizados a los presos son la prueba del algodón de que los políticos tratan de imponer un sistema —sea político, religioso o económico— que un enorme número de sus gobernados rechaza, (…) un proyecto profundamente antidemocrático, aunque ese régimen haya llegado al poder mediante las urnas. Como medio de extraer información durante un interrogatorio, la tortura es notoriamente poco fiable, pero como medio de aterrorizar y controlar a la población, nada resulta más efectivo”.

Klein cuenta el caso del granjero argentino Sergio Tomasella, torturado y encarcelado, que en vez de criticar al gobierno directamente, criticaba a las empresas que se beneficiaban de las sucias políticas del gobierno: “Ford Motor, Monsanto o Philip Morris”, en sus propias palabras.


4. El shock económico en algunas democracias: Reino Unido y Bolivia

Klein documenta también casos de medidas drásticas hacia el libre mercado en países democráticos, lo cual no indica que tales medidas se hicieran democráticamente. Por ejemplo, Margaret Thatcher en el Reino Unido aplicó duras medidas (privatizaciones masivas…) aprovechando la guerra de las Malvinas (1982) contra Argentina. Algunos sostienen que el recorte en la defensa de esas islas fue una invitación de Thatcher para que Argentina invadiera las islas y así provocar un clamor popular nacionalista. Lo que es seguro es que esa guerra hizo que se dejara de hablar de los problemas mineros que quitaban el sueño a Thatcher.

Por otra parte, las elecciones de 1985 en Bolivia las ganó Víctor Paz, el cual cambió radicalmente su programa electoral, generando mucha pobreza, mayor desigualdad, desempleo, bajada de salarios… pero la inflación se contuvo, lo cual sirvió a algunos para poner a Bolivia como ejemplo de buena marcha económica siguiendo políticas de libre mercado.

En este país, las medidas del shock fueron aplicadas de golpe, lo cual hace, según Klein, que la población acabe por “cansarse y ablandarse”. En Bolivia hubo protestas, pero fueron aplastadas casi como si fuera una dictadura: prohibiendo asambleas políticas, manifestaciones, desplegando tanques, declarando el estado de sitio, recortando libertades básicas… incluso, Paz secuestró a cientos de líderes sindicales y exigió que se desconvocaran las manifestaciones para liberarlos. No fueron torturados, pero cuando se liberaron, el nuevo plan económico ya estaba instaurado.


5. La deuda odiosa de las dictaduras se cargó a las democracias: La perversión del FMI y del Banco Mundial

Efectivamente, en toda América Latina (Argentina, Brasil, Uruguay…) las dictaduras militares incrementaron las deudas nacionales de forma espectacular (en el caso más grave, Brasil, la deuda se multiplicó por 34). Los acreedores eran gente tan “honorable” como el Banco Mundial o el FMI (Fondo Monetario Internacional), capitaneados por EE.UU., el cual exigió que la deuda fuera pagada por las democracias subsiguientes, lo que estranguló la economía de esos países: ¿No hubiera sido más justo no pagar esa “deuda odiosa” y así mandar un mensaje claro a los que prestan dinero a las dictaduras? Téngase en cuenta que el dinero que las dictaduras pedían prestado a nombre de su país se usaba principalmente en gastos militares, para reprimir al pueblo, o bien, desaparecía directamente en cuentas en el extranjero (a Pinochet y sus familiares se le atribuyen, al menos, 125 cuentas secretas). En el caso de Argentina, el gobierno asumió deudas millonarias de empresas privadas como Ford, Citibank, IBM o Mercedes-Benz, para luego seguir un programa económico dictado en secreto por J.P. Morgan al ministro Cavallo.

El FMI y el Banco Mundial nacieron para evitar shocks, sacar a países de la pobreza y estabilizarlos. Pero demasiado pronto se convirtieron en mecanismos capitalistas que sólo buscan sus propios intereses, capitaneados por muchos altos cargos de los Chicago Boys. Keynes participó en la fundación del Banco Mundial, y según dijo en 2002 Joseph Stiglitz, un economista de dicho banco, «Keynes se revolvería en su tumba si viera lo que ha sido de su criatura».

La falta de democracia interna y la globalización han pervertido al FMI y al Banco Mundial. A partir de los ochenta, cuando un país les pedía ayuda, ya no sólo daban consejos sino que exigían terapias de shock, equivalentes a las que tomo Pinochet al llegar al gobierno chileno. Davison Budhoo, un economista del FMI, reconoció que a partir de 1983 se les exigía a los países pobres privatizar sus riquezas y que ello creó «el caos económico que se vivió en América Latina y África entre 1983 y 1988».


6. China y su asombroso (y poco conocido) parecido con Chile y Polonia

Tras comentar el caso de Polonia con detalle, el libro analiza el curioso caso de China, donde quedó claramente desacreditado el lema de Francis Fukuyama (otro liberal al estilo de Friedman) de que el libre mercado y la democracia son imposibles de separar: China estaba desregulando precios y salarios, pero oponiéndose frontalmente a cualquier petición de democracia.

Muchos ciudadanos chinos estaban en contra de esas medidas, y así lo clamaron en la tristemente famosa plaza de Tiananmen en 1989 (40.000 detenciones y miles de muertes). Un año antes, Friedman visitó China (por segunda vez, al menos) y aconsejó, como hizo en Chile, hacer privatizaciones, las cuales, como ocurrió en Chile antes y como ocurrirá en Rusia después, fueron curiosamente conseguidas por “autoridades del partido y sus familiares”. Los milmillonarios chinos son los hijos de los funcionarios del Partido Comunista.

Por supuesto, algunas de las reformas fueron positivas facilitando mayor libertad y comercio, pero tras el shock de la matanza de Tiananmen, el presidente chino Deng Xiaoping “pronunció un discurso ante la nación y dejó meridianamente claro que lo que estaba protegiendo con aquella actuación no era el comunismo, sino el capitalismo” (sin democracia, por supuesto, como en Chile). Para el presidente chino, las reformas económicas no iban a pararse y las reformas políticas no estaban en la agenda. El shock de Tiananmen le permitió hacer las reformas más radicales que no se había atrevido hasta el momento, permitiendo abusar de trabajadores aterrorizados y convirtiendo a China en la fábrica barata del mundo, con empleados dóciles que no iban a exigir ni salarios ni condiciones dignas, como denunció el encarcelado Nobel chino de la Paz, Liu Xiaobo.

Friedman condenó la represión en China y alabó sus medidas de libre mercado, pero sin relacionar unas con otras, exactamente igual que hizo con Chile. Por su parte, Polonia alcanzó la democracia y su independencia de Rusia, y cuando el sindicato Solidaridad de Lech Walesa llegó al gobierno, se dejó aconsejar por los de Chicago (Sach, en particular), y la oleada de privatizaciones y la deuda de la herencia rusa sumieron al país en una gran crisis. El caso polaco se parece al de Chile y China en que esas reformas no fueron realizadas con consentimiento democrático, pues el gobierno tomó esas decisiones cambiando su programa electoral tras llegar al poder, lo cual, les hizo perder absolutamente las siguientes elecciones.


7. Sudáfrica, la democracia que nació encadenada

Nelson Mandela, artífice de la liberación de Sudáfrica del racismo del Apartheid.Nelson Mandela salió de prisión en 1990, tras 27 años encerrado, por pedir la igualdad entre negros y blancos en Sudáfrica. En 1994 llegó al poder, pero en las negociaciones, lo único que consiguieron fue democracia política. En materia económica, todo estaba ya cerrado: el Banco Nacional seguiría siendo privado y dirigido por la misma persona, las tierras no podían ser redistribuidas porque la propiedad privada estaba blindada, no podían darse medicamentos contra el SIDA por compromisos de la OMC, no había dinero para infraestructuras pues había que dedicarlo a la deuda contraída, no podían hacerse reformas como elevar el salario mínimo por acuerdos previos con el FMI… Por fin, Sudáfrica estaba libre de apartheid, pero era esclava de los mercados.

El partido de Mandela (ANC) negoció engañado la renuncia a la soberanía económica mientras el foco estaba puesto en las injusticias sociales y en la violencia en las calles. Nadie se percató de ello, pues lo que importaba era que hubiera elecciones libres y que el ANC las ganara. Tras llegar al poder, las minas, la banca y los monopolios que Mandela prometió nacionalizar, continuaron en manos privadas blancas.

En 1996, se puso en marcha un plan del ANC para tranquilizar a los mercados, con el objetivo de que volvieran las inversiones al país (más privatizaciones, recortes en el gasto público, flexibilidad laboral, más libertad comercial… ), pero tampoco allí funcionó esa terapia de shock: no hubo inversiones, la moneda se devaluó aún más, aumentó la pobreza, el desempleo y el chabolismo… Más aún, Klein explica cómo los empresarios blancos que se habían enriquecido de la discriminación racial recibieron subvenciones, en vez de pagar indemnizaciones. Así, muchos ven en el ANC un partido traidor a su propia declaración de intenciones que les llevó al poder.

En 2005, sólo el 4% de lo cotizado en la Bolsa de Johannesburgo era de accionistas negros. Se llevó electricidad y agua a miles de casas, pero a muchas se les cortaba el suministro por impago. La desigualdad en Sudáfrica no cambió tras derribar el régimen racista del apartheid.


8. Rusia, una historia que en Occidente se contó de otra forma

Mihail Gorbachov (izda.), artífice de la perestroika, y que seguramente se sintió traicionado por Boris Yelsin (dcha.)..En 1991, el G7 y el FMI pidieron a Mihail Gorbachov, presidente de la URSS, que aplicara la terapia del shock tras su perestroika, pero él no hizo caso porque quería seguir el sistema socialdemócrata escandinavo, que era un modelo a seguir para él. Sin embargo, ese mismo año Boris Yeltsin, presidente de Rusia, formó alianza con otras repúblicas para disolver la URSS y forzar la dimisión de Gorbachov.

Tras la desaparición de la URSS, Yeltsin se dejó aconsejar por Jeffrey Sachs (el mismo que asesoró a la Polonia de Solidaridad) y nombró asesores a unos cuantos economistas rusos liberales, seguidores de Friedman. Las privatizaciones empezaron (Rusia tenía entonces 225.000 empresas públicas) y las consecuencias llegaron en un año: paro, pobreza…

El parlamento ruso se opuso a Yeltsin, pero éste contestó con técnicas de dictador, incluso movilizando al ejército y ordenando quemar el edificio del parlamento (1993). Occidente apoyó a Yeltsin y los titulares eran que éste se había impuesto a antiguos comunistas. Klein concluye: “Puede que el comunismo desapareciera de la noche a la mañana sin que se disparara un solo tiro, pero el capitalismo de los de Chicago sí que necesitó una gran dosis de artillería”.

El momento de desconcierto y miedo en Rusia era ideal para aplicar la doctrina del shock, y el mismo Sachs dijo que tenían la oportunidad de hacer algo, pues hasta entonces no habían podido imponer sus ideas. La liberalización de precios y la privatización de empresas rusas a precios de ganga trajo grandes beneficios a unos pocos, incluyendo antiguos miembros del partido y fondos de inversión extranjeros. También hubo en todo esto sonados casos de corrupción. El shock de la guerra en Chechenia y el control de los principales medios de comunicación permitieron a Yeltsin ganar las siguientes elecciones y poder seguir con la terapia de shock.

Unos misteriosos atentados contribuyeron a dar popularidad a Vladimir Putin, a quien al poco tiempo Yeltsin cedió la presidencia sin elecciones y en medio de otra guerra en Chechenia, para que el debate fuera imposible. Lo primero que hizo Putin fue firmar una ley que protegía a Yeltsin de cualquier acusación (corrupción, asesinatos…).

Las cifras que cita Klein son realmente tristes, pero se resumen en que las reformas de Yeltsin supusieron el “empobrecimiento absoluto de 72 millones de personas en sólo ocho años”. Pero también permitieron el nacimiento de supermillonarios, como ya ocurriera en Chile, México, China o Argentina (cuyo símbolo bien podría ser el Ferrari del presidente argentino Menem).


9. El FMI, responsable de “la sangre de millones de personas

Davison Budhoo trabajó 12 años en el FMI. Dimitió en 1990 y escribió sus motivos en una carta abierta a su presidente Michel Camdessus. En esa carta, acusó al FMI de manipular las estadísticas para crear crisis en ciertos países y así poder rescatarlos exigiendo duras medidas (despidos, bajadas salariales…), derramando “la sangre de millones de personas pobres y hambrientas“.

A finales del siglo XX, muchos países de Asia entraron en una gran crisis (Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia). China se salvó porque no había seguido totalmente los consejos de Friedman. La receta de Friedman, la del FMI y la de Jay Pelosky (banquero estadounidense) coincidió: No hacer nada. Se negaron a prestar ayuda cuando más necesaria era. La crisis fue tan grave que familias enteras se suicidaban, aumentaron la venta de personas y la prostitución infantil, y los estados pedían que la gente donara sus joyas. Pelosky lo expuso claramente diciendo que, si dejaban que los países se hundieran, las empresas no tendrían más remedio que venderse a empresas occidentales, lo cual era bueno para sus negocios. Y así fue. El New York Times lo llamó «la mayor liquidación» del mundo. Las empresas occidentales no compraron para ayudar a salir de la crisis, sino para quedarse con sus clientes y maquinaria, y evitar la competencia.

Salvo Malasia, que tenía una deuda reducida, los demás países tuvieron que aceptar las condiciones del FMI, el cual ofreció ayuda cuando la situación era espantosa. Entre las condiciones de esta terapia de shock estaba: despedir a miles de empleados, instaurar el despido libre, recortes en servicios públicos y privatizaciones. Pero esas medidas no hicieron que el dinero volviera, sino que, de hecho, los inversores confiaron aún menos en esos países. Años después, el mismo FMI calificó los ajustes como «desacertados». Friedman acertó en que la calma vendría a los mercados, pero no dijo nada del duro precio que aún hoy están pagando los ciudadanos: pobreza, prostitución, marginalidad, drogas, xenofobia…

En Indonesia la terapia de shock se fue de las manos y el país se levantó contra el dictador militar Suharto, que fue obligado a dimitir (1998).


10. EE.UU. contra el mundo: Irak y otros ejemplos

El libro cuenta muchos casos relacionados con Estados Unidos. Por destacar algunos, cuenta el caso de George W. Bush y su colega Donald Rumsfeld, los cuales privatizaron más aún que sus predecesores, incluso tareas del departamento de Defensa, prisiones, la seguridad de aeropuertos y el control del espacio aéreo, todo lo cual fue escandaloso cuando se supo que su escasa calidad facilitó el atentado del 11S. Sin embargo, el shock del 11S vino bien a los friedmanitas, aprovechando para privatizar hasta el interrogatorio a prisioneros. Estos eran torturados cruelmente por empresas privadas que, si no les sacaban datos, no renovarían su contrato. Las empresas privadas se muestran más abiertas a torturar y manipular la información si de ello depende su siguiente contrato, pero tanta privatización generó graves errores, como la identificación de supuestos terroristas inocentes encarcelados en Guantánamo.

Stephen Kinzer estudió las implicaciones de EE.UU. en operaciones de cambio de régimen, desde Hawai (1893) hasta Irak (2003). Él afirma que todos los casos siguen tres fases:

  1. Una multinacional de EE.UU. sufre una amenaza financiera en un país (que pague impuestos, o que respete derechos laborales o ambientales, por ejemplo). La empresa se nacionaliza o se le obliga a vender parte de la empresa.
  2. EE.UU. lo interpreta como un ataque contra su país.
  3. El gobierno estadounidense “vende” su intervención como una ofensiva contra el mal y para liberar a un país oprimido.

De hecho, muchos miembros de esos gobiernos provenían de multinacionales que sacaron grandes beneficios de esas ofensivas. Klein cuenta los enormes beneficios obtenidos por personajes como D. Rumsfeld, D. Cheney o J.F. Dulles, o las magníficas ganancias de empresarios afines a Bush gracias a la guerra de Irak.

Klein desgrana la lista de despropósitos de esa guerra y de la “reconstrucción” posterior (privatizaciones masivas, liberalización absoluta del mercado excepto del petróleo…). El dinero de la reconstrucción y el petróleo iraquí iban a empresas estadounidenses y británicas, las cuales no contrataban a iraquíes. La industria local se hundió y los iraquíes, agraviados y enfadados, se sintieron obligados a apoyar a la resistencia contra la privatización masiva y la ocupación estadounidense. Pero lo peor es que ni siquiera el dinero sirvió para reconstruir Irak, sino que se perdió en una trama de subcontrataciones.

El paro empujó a muchos iraquíes a trabajar para el fundamentalismo religioso de Muqtada al Sader. Klein sostiene que si se hubiera hecho una reconstrucción honesta contratando iraquíes, no hubiera crecido tanto el fundamentalismo. Un libro más reciente de M.G. Prieto y J. Espinosa concluye que el Estado Islámico es consecuencia directa de la invasión de Irak y de la impunidad de los culpables: Bush, Blair y Aznar.


11. El huracán Mitch, el tsunami del Índico y el huracán Katrina

Las consecuencias de los huracanes en los países pobres son terribles, pero lo pero son las consecuencias económicas posteriores, si se implanta el El shock del huracán Mitch (1998) devastó países centroamericanos, que tuvieron que pagar mucho por la ayuda: básicamente privatizar y liberalizar mercados. Guatemala, Nicaragua, Honduras… se vieron obligados por el Banco Mundial y el FMI a privatizar sus empresas (telecomunicaciones, electricidad, aeropuertos…), que fueron compradas como gangas por empresas extranjeras. Honduras hasta tuvo que rebajar la protección ambiental y social de la minería.

También se aprovechó el tsunami del océano Índico (2004) para aplicar las teorías de la Escuela de Chicago. Antes del tsunami, en Sri Lanka ya querían echar a los pescadores para dejar sitio al turismo en las playas, pero se topaban con la fuerte oposición de la gente. El tsunami hizo el trabajo. Mientras la gente estaba preocupada por su vida, cambiaron las leyes y cuando los pescadores supervivientes quisieron volver no les dejaron con la excusa legal de que la zona no era segura. La injusticia está en que esas leyes no se aplicaban a las construcciones turísticas.

Algunos en Sri Lanka vieron el tsunami como un castigo divino por no vender hasta entonces los bosques y las playas de su país. Lo más grave es que hasta el dinero recaudado para las víctimas del tsunami se usó para desplazar a los supervivientes: “No es solo que la ayuda no ayuda, sino que hace daño“, dijo un pescador. En el grupo de reconstrucción quedaron excluidos los pescadores y los defensores del medioambiente. La indignación creció por el país y, tal vez, eso propició que en 2006 volviera la guerra a Sri Lanka.

Maldivas, un paraíso natural para ricos turistas, en el que los extranjeros se llevan el dinero y la población local vive en la pobreza.También en Tailandia, Maldivas e Indonesia se usó el tsunami para fomentar un turismo de lujo que dejó fuera del negocio a la población local. En Maldivas, el gobierno decretó algunas islas como inseguras y a ellas no pudieron volver sus habitantes, mientras los hoteles de lujo no tuvieron trabas. Por otra parte, en las llamadas islas seguras, el paro y la pobreza crecieron. En Tailandia se intentó lo mismo, pero la gente se reveló y no lo consintió, adquiriendo ciertas comunidades el protagonismo en la reconstrucción de sus tierras.

Huracán Katrina tocando la costa sur estadounidense.El huracán Katrina (2005) fue, en EE.UU., un ejemplo de mala gestión de un desastre anunciado (a pesar de la ingente cantidad de dinero público que se invirtió en intentar evitarlo). Según Klein, la catástrofe provocó hasta una “crisis de fe” en algunos ideólogos del libre mercado, pues cuando se vive el shock de cerca, la experiencia es distinta a estudiar teorías económicas en libros. No fue así para Friedman, quien calificó el desastre como “una oportunidad” (la cual fue aprovechada por muchos “contratistas” como detalla el libro). Por ejemplo, se aprovechó ese shock para privatizar la educación pública: miles de profesores vieron como perdían su empleo o bajaban sus salarios, beneficiándose unos pocos empresarios elegidos.

Heritage Foundation propuso 32 medidas para recuperarse del Katrina que seguían el friedmanismo y que incluían la desprotección del medioambiente. Muchos contratistas de Irak (algunos con sonados fracasos) fueron contratados de nuevo por el gobierno para reconstruir los destrozos del Katrina. Por ejemplo, la empresa Kenyon se encargó de recoger los cadáveres (12.500 dólares por cada uno) y se prohibió que lo hicieran agentes funerarios voluntarios, porque eso reducía los beneficios de Kenyon. Por supuesto, eso implicó que la tarea se alargó más de lo necesario. Esos contratistas fueron generosos en sus donaciones a campañas políticas y se comportaron como en Irak: no contrataron a personal local y el dinero se difuminó en largas cadenas de subcontrataciones.


12. Israel: El negocio del miedo daña a mucha gente

Para Klein, un ejemplo digno de estudio es Israel. Mientras su situación política es “desastrosa” su economía crece entre las mejores del mundo, gracias en gran parte a la industria militar y de seguridad. Con tanta gente viviendo lujosamente gracias a la inestabilidad… ¿Quien se atreve a hablar de paz o a dejar de acosar a los palestinos?

Klein analiza los efectos sobre Palestina del famoso muro de Israel, el cual se mete en territorios que no le pertenecen e impide que los palestinos vayan a su trabajo o cultiven sus tierras. Otro curioso dato es que, tras la crisis de las compañías de Internet de principios de siglo, Israel sufrió una gran recesión y el gobierno decidió incrementar el gasto militar un 10.7% (parcialmente financiado con recortes en los servicios sociales) y fomentar que las empresas se pasaran al sector de la seguridad, la vigilancia y la defensa antiterrorista. Estos sectores han tenido gran éxito, entre otros factores, por la gran cantidad de muros que se están construyendo en el mundo.

Klein afirma que “no es casual que la decisión del Estado israelí de colocar el «antiterrorismo» en el centro de su economía de exportación haya coincidido, precisamente, con el abandono de las conversaciones de paz”.


13. Concluyendo (al menos, no te pierdas esto)

En palabras de Klein:

“No hace mucho tiempo, los desastres eran períodos de nivelación social, momentos [en los que] (…) las comunidades dejaban las divisiones a un lado e iban juntas. Cada vez más, sin embargo, los desastres son su opuesto: se abren puertas a un futuro cruel sin piedad en el que el dinero y la raza compran la supervivencia”.

Y dice más aún:

“La reciente racha de desastres se han traducido en beneficios tan espectaculares que mucha gente en todo el mundo ha llegado a la misma conclusión: los ricos y los poderosos causan deliberadamente las catástrofes con el fin de explotarlas. (…) Aunque el complejo del capitalismo del desastre no conspire deliberadamente para crear cataclismos (si bien Irak puede ser una notable excepción), hay muchas pruebas de que sus industrias trabajan muy duro para asegurarse de que las actuales tendencias desastrosas no van a cambiar”.

El consumo genera daños ambientalesDesde el 11S, hasta la rotura de los diques por el Katrina, pasando por el tsunami… han sido muchos los que han sospechado de la existencia de complots, pero los desastres están garantizados, entre otras cosas por el cambio climático, negado por muchas empresas durante años y tema central de otro libro de Klein. La industria militar y de seguridad no quieren paz ni estabilidad climática, pues viven y progresan en ambientes hostiles para la mayoría.

Donde triunfa la Escuela de Chicago con sus tres premisas (privatización, desregulación y recortes en los servicios públicos), los ricos se vuelven más ricos y la clase media se vuelve más pobre. Para esos ricos, Friedman y el libre mercado son dioses, pero es fácil ver que la riqueza no se reparte, como ellos dicen.

Por todo el mundo, muchos de los políticos y empresarios del friedmanismo acabaron en la cárcel, murieron justo antes de hacerse justicia o se vieron obligados a exiliarse para evitar la justicia: Chile (Pinochet), Uruguay (Bordaberry), Argentina (Videla, Massera y Cavallo), Rusia (Jodorkovski más un buen número de exiliados), Bolivia (Sánchez de Lozada) y hasta en Estados Unidos (Ken Lay, Conrad Black…).

Latinoamérica está retomando proyectos interrumpidos por la violencia: nacionalización de sectores clave, reforma agraria y grandes inversiones en educación y sanidad. Como ejemplo, Bolivia nacionalizó sus yacimientos de gas y el sector minero (2006). En toda latinoamérica y por casi todo el mundo, el FMI y el Banco Mundial están sufriendo un gran descrédito por imponer la ideología de la Escuela de Chicago (aparte de los escándalos personales de los directores del FMI, donde en España tenemos al mago de las finanzas Rodrigo Rato, también encarcelado).

Por si fuera poco el desprecio hacia el friedmanismo, surge el ALBA (ALternativa Bolivariana para las Américas), un proyecto de colaboración entre los países, gracias al comercio justo: la idea es que cada país aporte lo que produce con facilidad y reciba lo que valora de los otros a precios adecuados y decididos entre ellos y no en las bolsas de Nueva York o Londres.

El crack de 1929 debió enseñar al mundo que el libre mercado es sinónimo de ir a la deriva, y que los mercados deben controlarse por los gobiernos, los cuales deben estar al servicio del pueblo y no al servicio de las corporaciones. Con todos los datos, Klein demuestra que el capitalismo extremista no nace de la libertad sino del shock o del sufrimiento de muchos, y que el mercado libre o desregulado no es sinónimo de democracia. Si no estamos advertidos de lo que pasó, podrán hacernos lo que les hicieron a otros.

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