¿Es el capitalismo sinónimo de consumismo?

Este artículo fue publicado originalmente en Plantarte.net
El capitalismo es muy agresivo con el planeta, pero la solución no es el comunismo, sino el capitalismo sensato.

El capitalismo es muy agresivo con el planeta, pero la solución no es el comunismo, sino el capitalismo sensato.

El capitalismo es, según la RAE, un “sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado“. Esas dos características evocan algo tan maravilloso como la propiedad privada y la libertad y, sin duda, son buenas y necesarias para tener una sociedad justa, siempre y cuando se implementen de forma sensata y controlada. Esa es, de hecho, la tarea más importante del gobierno y debe hacerlo defendiendo a los ciudadanos y sus derechos básicos.

Ni capitalismo ni comunismo extremos

Afortunadamente, en ningún país del mundo se ha probado un sistema capitalista puro, pero donde se ha implementado un sistema más o menos extremo de capitalismo se ha comprobado que genera una sociedad violenta y desigual (en el libro de Naomi KleinLa doctrina del shock” se documenta con gran profusión de ejemplos y aquí puedes ver un resumen). Por otra parte, lo contrario de ese capitalismo podría ser un sistema dictatorial comunista, que también ha generado sociedades muy poco deseables. Por distintos motivos, ambos extremos han ocasionado, además, graves daños ambientales, lo cual siempre socava las posibilidades futuras de una sociedad sostenible.

El sistema imperante hoy día en la mayoría de los países “libres” es un capitalismo no suficientemente controlado y claramente insostenible. La prueba de que falta control son los continuos abusos tanto de los derechos humanos como de la naturaleza. Más aún, si los ciudadanos lo permitimos, la tendencia de muchos políticos es avanzar hacia un neoliberalismo descontrolado. Por ejemplo, los recientes acuerdos comerciales como el CETA o el TTIP pretenden aumentar los derechos y las libertades de las grandes empresas (multinacionales) para hacer negocios por encima de los derechos de los ciudadanos. Nosotros insistimos: Los gobiernos están para defender los derechos de los ciudadanos y no los derechos de las multinacionales.

Pensar de donde viene y a dónde va lo que compramos

Un sistema capitalista mal gestionado requiere un ejército de consumidores capaces de comprar sin plantearse el origen y destino de su consumo. Contrariamente a lo que muchos piensan, comprar, tirar y volver a comprar, ni es fundamental, ni puede serlo, en una sociedad que quiera vivir bien a largo plazo. Las empresas y gobiernos, en muchos casos, trabajan para que la gente esté desinformada y piense que los problemas sociales y ambientales son lejanos y no tienen solución. Pero sí la tienen. La solución pasa por ser ciudadanos conscientes y exigir a quienes gobiernen que velen por una sociedad justa e igualitaria, y por un medioambiente sano.

Muchos ciudadanos, hartos de ciertas empresas y de sus abusos, han dejado de comprar sus productos. Eso está bien. Es un primer paso, tal vez necesario pero insuficiente. No construiremos una sociedad sostenible si no conseguimos que los gobiernos eviten los abusos, porque se ha demostrado que la gente sigue comprando productos de empresas que no respetan los derechos de sus trabajadores, que contaminan el medioambiente y hasta que incumplen sus obligaciones fiscales (caso de Inditex, por ejemplo).

Igualmente, no dejaremos de arrasar la Naturaleza si confiamos en la buena intención de unos cuantos ecologistas: Necesitamos prohibir las actividades más contaminantes, o hacer una política fiscal que las reduzca urgentemente. Nos estaremos equivocando mucho si esperamos que la gente que viaja en avión por placer deje de hacerlo porque contamina.

Conclusión: Capitalismo sensato

De la misma forma que ser “feminista” no es pretender que las mujeres tengan más derechos que los hombres, ser “anticapitalista” no es pretender anular totalmente la propiedad privada o la libertad. Sin embargo, la palabra anticapitalista está pervertida por evocar, para muchos, extremismos comunistas, con la dictadura de la antigua URSS como modelo. Por eso, tal vez, en vez de usar el término anticapitalismo, podemos usar el de “capitalismo sensato”.

El capitalismo sensato trata de controlar el capitalismo para evitar que unos pocos hagan grandes negocios destrozando la naturaleza y abusando de los derechos de la mayoría. El capitalismo sensato debe mostrar los trapos sucios del capitalismo y reformarlo. El capitalismo sensato es antisistema en un sistema insostenible que claramente puede y debe funcionar mejor. El capitalismo sensato no es negar las bondades que hay en la propiedad privada, ni en la libertad de mercado, sino controlarlas, para evitar abusos, pues sabemos que dar excesiva libertad a las empresas, genera graves desequilibrios. El capitalismo sensato tendrá que poner un límite al crecimiento, porque es obvio que la economía no puede crecer indefinidamente y, de hecho, lo más justo y sensato es planificar algún decrecimiento (al menos en algunos sectores, en los países más ricos).

Casi todos estamos de acuerdo en que estamos abusando del planeta y en que estamos contaminando demasiado. Esa mayoría debe exigier que transitemos por caminos que nos lleven a una sociedad más sostenible y más igualitaria, pues será eso lo que nos haga vivir mejor y, además, dejar a las siguientes generaciones un planeta, al menos, igual que lo recibimos de nuestros antecesores.

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Viajar a otras culturas es descubrir y no imponer: ¿Es el turismo una forma de colonialismo?

Por Jose Vicente Esteve de www.plantarte.net

Lee unas exigencias para ser un turista respetuoso y responsable

Lee unas exigencias para ser un turista respetuoso y responsable.

La generación en la que me incluyo, la de los treinta y tantos, está viviendo momentos de incertidumbre. Muchos de los valores, ideales y sueños que nos inculcaron, se desmoronan por momentos. Pero, obviamente, somos afortunados por el lugar donde hemos nacido, comparado con millones de personas que viven en lugares exageradamente hostiles o sufren carencias básicas. Por otro lado, también somos afortunados por la época en la que nos ha tocado vivir, con avances que nos permiten una vida más sencilla (o más compleja, según queramos verlo) y que nuestros abuelos jamás hubiesen osado imaginar. Pero esos avances también nos han abierto la puerta a un sinfín de posibilidades, como la capacidad de alcanzar cualquier rincón del planeta en apenas unas horas. Y ese es un privilegio (y una responsabilidad) que, en ocasiones, no valoramos.

Hace apenas treinta años los ordenadores no tenían la capacidad que tienen los que disfrutamos ahora. La red Internet se estaba fraguando y por aquel entonces era inconcebible para la mayoría de los mortales. Así, que alguien conectase un portátil o un teléfono móvil a una red para visitar páginas de vuelos, comparadores de precios, aplicaciones de alerta o reservas instantáneas de alojamiento en cualquier ciudad o pueblo del mundo era impensable. Y aún si hubiésemos gozado de este arsenal tecnológico, tampoco existían las compañías de vuelos baratos, low cost, pues solo había grandes compañías aéreas que no fletaban aviones a destinos lejanos con tanta regularidad como ahora, ni tan económicos.

Es decir, en apenas tres décadas, la capacidad del ser humano para llegar al otro rincón del planeta se ha extendido demasiado, pero ese privilegio respecto a generaciones anteriores, nos abre un abanico de posibilidades para descubrir e integrarnos en la cultura de lejanos países. Nos otorga un derecho, el de poder conocer cada rincón del planeta. Así debería concebirse esta posibilidad para cualquier ser humano: como un derecho a conocer cualquier lugar de nuestro planeta. Porque por encima de banderas, religiones o fronteras, existe un hogar común para nuestra especie: nuestro planeta. Y para entenderlo, deberíamos conocer cada región, cada continente, cada cultura, como los barrios de la ciudad en la que residimos.

Pero este derecho, como cualquier otro, lleva implícita una gran responsabilidad: el respeto hacia el lugar que visitamos (además de considerar la contaminación de nuestro viaje, como el medio de transporte…). Hablamos del mismo respeto que pedimos cuando un turista viene al país o ciudad donde vivimos. Pedimos respeto para que nuestros bienes y valores, materiales e inmateriales se disfruten, se descubran, se comprendan y se respeten. La duda que subyace es ¿somos los occidentales igual de respetuosos con los valores, tradiciones, cultura y ecosistema, allá donde viajamos?

Un turismo poco ético

Creo que después de haber viajado por cuatro continentes, por regiones del norte de África, América o Asia durante muchos meses, la respuesta es desalentadora. El turismo occidental es, en su mayor parte, un turismo insostenible y colonizador. Especialmente en aquellos lugares que, hace treinta años, nadie conocía más allá de los mapas. Y, a este paso, los que van a dejar de conocerlos serán sus propios lugareños, adaptados cada vez más a nuestras demandas y peticiones para satisfacer nuestras necesidades materiales en paraísos donde esas necesidades carecen de sentido. La población autóctona sucumbe a los encantos del dinero, de los bienes materiales que el sistema capitalista occidental les ha descubierto. Y las consecuencias de la occidentalización de esos paraísos (hasta hace bien poco), son y van a ser muy, muy nefastas (véase el caso de Tailandia, Maldivas e Indonesia que documenta Klein en su libro).

Viajar a otros países y descubrir culturas y costumbres diferentes debe ser enriquecedor (despertar nuestros sentidos, permitirnos ser más tolerantes y, al mismo tiempo, más humildes…). Viajar nos descubre que nuestra pequeña burbuja, ese espacio que habitamos, es minúsculo en la inmensidad del mundo. Nos permite sentirnos como parte de un todo, de una especie, la humana, que habita un pedacito de roca flotante en el universo. Eso siempre deja un poso más constructivo que destructivo. Viajar es enfrentarse a la comprensión de la realidad del mundo. Viajar puede ser relajarse en una hamaca con una cerveza o experimentar, integrarse y conocer. Viajar puede ser hacer un tour guiado por donde pasa todo el mundo mientras comes pizza, o perderse por las calles de una aldea y descubrir un plato local en un puesto callejero…

En cualquier caso, es la curiosidad la que nos da ese impulso para salir de nuestro espacio de confort y ampliar nuestra concepción de la realidad. Viajar derrumba la ignorancia, la incomprensión y el miedo a lo desconocido, a lo de “fuera”, a lo que nos resulta extraño. Y cuando conseguimos entenderlo, entonces crecemos como persona y evoluciona nuestra conciencia. Pero ojo, ante todo el viajero debe viajar sin filtros y sin prejuicios, debe conocer sin juzgar y descubrir sin alterar. Y me temo que, en muchas ocasiones, queremos las comodidades de casa a miles de kilómetros de distancia. Queremos que nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestra comida o nuestros horarios sean los mismos que en nuestro espacio de confort, pero en el otro rincón del mundo. Y ahí perdemos el norte…

Una forma diferente de comprender el mundo…

El capitalismo fomenta un turismo claramente insostenible: Tenemos que mirar con otros ojos.

El capitalismo fomenta un turismo claramente insostenible: Tenemos que mirar con otros ojos.

Plantarte.net es, además de un blog, un compendio de vivencias, de conocimientos y de propuesta de estilos de vida. Pero también un espacio de denuncia de lo que, a nuestro entender, nos aleja de una vida plena y armónica, para con nosotros y para con nuestro ecosistema planetario.

Puede que en Occidente estemos acostumbrados a vivir bajo el yugo de las prisas, el consumismo y el materialismo. Cuando viajamos deberíamos entender que existen otros valores con los que podríamos asentar un futuro más esperanzador para nuestra especie y mejorar nuestra relación con el hogar en el que vivimos: el planeta Tierra.

Por todo ello, viajar fomenta el mestizaje de costumbres y culturas que habitan nuestro mundo. La aportación enriquecedora de cada sociedad, cultura o tradición puede dar con la fórmula magistral que nos lleve a un estilo de vida ético, armónico y respetuoso con nuestro planeta y con nosotros mismos. La receta mágica puede ser una pizca de la alimentación de aquí y allá, un sistema educativo híbrido entre aquella y esta región, o una economía basada en aquellos lejanos lugares con algunos principios mercantilistas de acá.

Un ejemplo más concreto: la medicina ayurvédica de la India o la medicina tradicional china cuentan, cada vez más, con mayor respeto y curiosidad en occidente. Quizá por viajeros que han comprobado la eficacia de estos antiquísimos sistemas curativos.

¿Ampliamos nuestros horizontes o reducimos los suyos?

Hablábamos, al principio de este artículo, de nuestra responsabilidad como turistas o viajeros, y que es triste comprobar que no estamos a la altura. Son los viajeros quienes desvirtúan o corrompen las costumbres de muchos países, fomentando en ellos, y entre sus habitantes, el consumismo, la competitividad y el estrés. Se convierte su hogar y sus costumbres en un circo. Entre mis experiencias viajeras he podido observar punto por punto estas afirmaciones. Por ejemplo, en un país tan humilde y con una historia tan dura como Laos, sentí cierta decepción al contemplar como algunas ciudades y pueblos se han convertido en algo así como un parque de atracciones para turistas con alto poder adquisitivo. Gran cantidad de actividades se orientan a un turismo de despropósitos, consistente, por ejemplo, en montar a lomos de indefensos elefantes, sobrevolar la ciudad en ala delta a motor, lanzarse por el rio Meckong con un gran flotador y hasta arriba de cerveza, o alterar ecosistemas poblando pequeñas islas paradisíacas donde la costa empieza a ser absorbida por complejos de cabañas y bungalows para turistas de lujo.

Nosotros nos planteamos incluso dónde van a parar todos los residuos que generamos en rincones donde sus sistemas de evacuación de residuos no están preparados para un turismo tan voraz e invasivo. Y entonces vemos reflejados el dólar en las pupilas de muchos empresarios locales, y la tristeza de algunos nativos por dejar de ser lo que fueron para ser los sirvientes de los turistas. En una pequeña isla del sur de Camboya, un joven nativo nos contaba que, en solo siete años, pasaron de ser 15 hostales a casi 240. Que hace siete años no había luz eléctrica. Y que hace solo cuatro, no tenían conexión a Internet. Y ahora tienen todo lo que nosotros necesitamos, pero sobre todo para que lo use el turista. No entendemos si el viajero desea descubrir la cultura, los valores y las tradiciones del pueblo que visita, o si pretende que ese pueblo se adapte a lo que nos gusta hacer en “casa” pero a miles de kilómetros de distancia.

Lamentablemente, los ciudadanos y ciudadanas locales ven en ese tipo de turismo una oportunidad. Una forma de lucrarse a costa del dinero occidental. Es este el motivo principal de perdida de identidad y costumbres de esos pueblos. “Si no les gusta la comida autóctona les hacemos pizzas y hamburguesas” pensarán los lugareños. “Si no entienden nuestra música o nuestra danza les ponemos música comercial de la MTV”. Pero, ¿qué pasa con quienes queremos conocer su auténtica realidad? Pues que nos echamos las manos a la cabeza y nos preguntamos: ¿qué está pasando aquí?

Rutas alternativas para descubrir el mundo

Por suerte, siempre tenemos la oportunidad de desviarnos de la ruta turística. Siempre podemos perdernos por pequeñas aldeas o islas minúsculas donde el tiempo se paró hace 500 años y comprender que existen otras formas de vida para millones de personas. Podemos descubrir que existen rincones del mundo que no viven bajo los sistemas médicos (ni medicinas) occidentales. Y, curiosamente, enferman menos o se curan igual sin intoxicar tanto su cuerpo. Existen comunidades que se alimentan solo con lo que les proporciona la tierra, y sociedades donde no saben qué es la tele pero saben mejor cómo funciona el mundo. Y si todo eso te lo quieres llevar a casa en la mochila, piensas que seguro te toca pagar por exceso de equipaje.

Somos conscientes de que, casi cualquier tipo de turismo acarrea una serie de contradicciones, por más que tratemos de ser sostenibles y respetuosos. Como por ejemplo, llegar por vía aérea, con lo que ello supone. Pensamos que un viaje de estas características, si tu vida lo permite, es para amortizarlo en tiempo: nunca hemos viajado por menos de tres meses. Es una forma de amortizar el daño que hicimos tomando un avión. Puede no ser justificación, pero es una forma de poder sembrar conciencia en nosotros mismos y contar, como ahora, lo que allá ocurre. También existen formas de aminorar tu huella ecológica en aquellos lugares, como practicando auto-stop, hábito al que recurrimos en lugar de alquilar un vehículo privado. La coherencia absoluta es muy complicada, por lo menos para nosotros. Pero hay que tratar de acercarse lo máximo a ella. Y estos paraísos ofrecen muchas oportunidades de ser respetados. A veces, la integración con la población local nos brinda muchos recursos.

No nos gusta fomentar un turismo que cena pizzas en países donde el curry es delicioso. No queremos descubrir espectáculos que atentan contra los derechos de los animales porque al turista de turno le apetezca visitar ese templo a lomos de un elefante. No queremos que se incite a destruir costas paradisíacas a cambio de un puñado de dólares. Es como invitarles a vender su dignidad como pueblo. Tampoco queremos volar en ala delta a motor sobre las montañas de una ciudad perdida de Laos, porque contamina su espectacular entorno (acústica y químicamente), ni queremos formar parte de ese turismo imperialista, un turismo que, además, se preocupa más por la foto o selfie que “colgará” en sus redes sociales, que por descubrir cómo viven realmente los habitantes de ese pueblo que ahora le acoge. Este tipo de comportamientos fueron propios de occidente en los dos últimos siglos y lo llamamos colonialismo. Pensé que era parte del pasado, pero…

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Un soneto para cambiar el mundo (poesía ecoactivista)

Gandhi dijo que si quieres cambiar el mundo debes empezar por cambiarte a ti mismo.

En este mundo hay siempre algo que cambiar.
Algunos dicen que ahora está aún peor.
Sabemos lo que hacer y eso es lo mejor.
Usemos el optimismo a la hora de observar

Es hora de cambiar nuestra forma de mirar.
Sabemos que lo vamos a conseguir.
Paramos de llorar, pongámonos a reír.
Reír y sonreír nos hace a todos mejorar.

Las empresas pueden colaborar a acercarnos o alejarnos de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), pero nosotros podemos dar o quitar fuerza a esas empresas.Con paciencia o sin ella todo va a cambiar.
Es la era de morir o todo transformar.
Tenemos la energía y la fuerza del viento.

¿Podrá una poesía cambiar lo que hay que cambiar?
¿Podrá un soneto enseñar a amar como hay que amar?
Creo que sí, y al menos eso intento.

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«Soy vegetariano gracias a un taurino»

Por Leandro E. Selles, @money_no_thanks

Llamamos Una noche de sábado de noviembre de 2016 me encontraba discutiendo con mi hermano no biológico acerca de la tauromaquia mientras comíamos el pollo al estilo Kentucky que yo había preparado. Siempre he sido detractor de la tauromaquia, mientras él es tan taurino que tiene una cabeza de toro en la pared de su casa.

Mientras engullía una pata de pollo, él me dijo algo revelador, algo obvio, algo que no solamente me hizo cambiar mi forma de pensar y actuar, sino que también cambió mi alimentación a partir de ese día y para siempre:

— “Ese pollo también ha sufrido” —dijo tranquilamente.
— “Tienes razón” —fue lo único que pude contestar.

Las industrias de la carne maltratan a los animales.Ahora comprendo porqué he defendido a los toros, perros y gatos, cuando LOS HE VISTO sufrir: porque no se esconden sus vidas y sus muertes. Por el contrario, se oculta el sufrimiento de cerdos, vacas y pollos. Se nos muestran como un producto, como una bolsa de pipas o un kilo de patatas.

¿Y qué decir de los animales marinos? A nuestros ojos no poseen expresiones y nos da igual verles morir asfixiados o desangrados, por mucho que estén sufriendo. La existencia de sistema nervioso es demostración evidente de su sufrimiento.

Aterradora vida de una mamá cerda inmobilizada para amamantar a sus crías.Esa noche me revelé y ni siquiera acabé de cenar. Era el principio de algo nuevo. Al día siguiente busqué información y me encontré con el vídeo de Igualdad Animal sobre las condiciones de las cerdas (ver este VÍDEO). Eso fue suficiente para saber que yo no quería ser partícipe de esa industria de sufrimiento y muerte. A partir de ese momento mi vida ha sido un constante aprendizaje de muchos temas que nuestra sociedad esconde: el especismo, la parte económica, la salud, el medio ambiente, cursillos de “carnes vegetales”, los santuarios… se me abrió una ventana a una parte del mundo real que nadie me había mostrado.

Ahora, meses después (casi un año), no he añorado mi antigua alimentación y no tengo problemas con los sabores y la variedad de platos que puedo preparar. Eso sí, yo me lo preparo todo, usando legumbres, verduras, frutas, cereales… incluyendo soja texturizada y seitán. Actualmente soy vegetariano estricto y parcialmente vegano en casa (ni leche, ni huevos, ni miel…).

No puedo pretender hacer honor a la palabra humanidad consumiendo como lo hacía antes. Doy las gracias a un taurino, por quitarme la venda de los ojos. Gracias a todas las personas que divulgáis la igualdad con los animales, y perdón por mi estupidez y mi anterior complicidad con esas industrias tan desalmadas.

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¿Qué hay de malo en ser rico? Damos 7 medidas para reducir la desigualdad

¿Es la riqueza un problema para la sociedad? ¿No son acaso los ricos los que más empleo crean, los que más impuestos pagan y los que más dinero reparten con sus gastos?

¿Que hay de malo en ser rico?

Inmigrantes saltando la valla en Melilla: A un lado el lujo del golf y al otro la miseria más extrema.

Inmigrantes saltando la valla en Melilla: A un lado el lujo del golf y al otro la miseria más extrema.

Ser rico puede no ser malo en sí mismo, pero depende de muchos factores. Por ejemplo, de cómo se haya obtenido esa riqueza (incluso si es por herencia, depende de cómo se obtuvo la riqueza inicialmente). También depende de lo que se haga con el dinero y del contexto social donde se viva: Si uno vive rodeado de pobreza, ser rico implica tener más responsabilidad. En cierto modo, cuanto más lejos tengamos la pobreza más exentos estamos de la obligación moral de ayudar. Pero todo esto es relativo y siempre asociado a la sensibilidad personal de cada uno. Sin duda, llama la atención que, en un mundo globalizado, un europeo se permita viajar a Tailandia porque está “cerca”, pero no perciba la pobreza de África, porque está “lejos”.

El problema grave y sin justificación de la riqueza es cuando los ricos abusan de su posición para saltarse las normas o las leyes, o para conseguir que los gobiernos legislen a su favor. El caso de España es un ejemplo digno de estudio, pues hay evidentes datos sobre cómo el dinero público se esfuma, las leyes se hacen a medida y los ricos evaden limpiamente sus impuestos en paraísos fiscales. Todo legal, paradisíaco y con ayuda de los gobiernos. Examínese el caso del sector eléctrico, gracias a la campaña YoIBEXtigo.

Morir por causas evitables es cosa de pobres

En uno de sus libros, Naomi Klein contaba cómo prolifera el negocio de los huracanes en Estados Unidos, donde cierta clase pudiente contrata seguros para escapar de los huracanes en aviones privados e irse a pasar el tiempo en hoteles de lujo. El huracán Katrina demostró que, hasta en el país más rico del mundo, morir por causas evitables es cosa de pobres. Los gobiernos liberales (o neoliberales) no tienen la obligación de cuidar a su pueblo, pues la protección es un negocio en manos de empresas privadas, y el gobierno no debe interferir porque es contrario a la libre competencia y al libre mercado.

Por supuesto, no es criticable que los ricos usen su dinero para escapar de un desastre natural. Lo criticable es que el gobierno no actuara con celeridad y que, además, aprovechara el shock del Katrina para hacer cambios hacia el libre mercado, tales como privatizar escuelas o contratar a las empresas de sus amiguetes para las tareas de reconstrucción que, además, ni siquiera actuaron con honradez perdiéndose el dinero en cadenas de subcontrataciones.

Los axiomas del libre mercado (que básicamente son tres) han dejado claro su poder para generar grandes fortunas, pero no sólo han fallado al predecir que ello redundaría en una mayor riqueza a su alrededor, sino que sistemáticamente ocurre lo contrario: aumenta la pobreza y la desigualdad. Un grave problema de la riqueza es cuando genera desigualdad pero… ¿cuándo no la genera?

La desigualdad perjudica a todos: Siete medidas

Los más ricos del mundo: ¿De verdad no tienen ninguna responsabilidad en la pobreza?Reducir la desigualdad debe ser el principal objetivo de un gobierno que gobierne para todos, porque la desigualdad perjudica a todos (incluso a los ricos de forma más o menos directa). Para este objetivo hay medidas muy claras, muy sencillas y que pueden servir para evaluar en qué medida el gobierno de un país es un gobierno para todos, o sólo para una minoría:

  1. Garantizar y mejorar los servicios básicos: No es posible recortar gastos en sanidad, educación o protección social sin aumentar la desigualdad de un país. La excusa de la crisis o de que no hay dinero tampoco es posible, pues siempre ha de haber dinero para cuestiones tan elementales. Además, se deben tener planes para solventar las situaciones más críticas: refugiados, mujeres pobres agredidas, pobreza infantil…
  2. Combatir el fraude fiscal: El daño del fraude es inmenso porque son los más ricos los que defraudan masivamente. Mientras el presupuesto de España para sanidad son 4.000 millones, se pierden al menos 190.000 millones por la gestión descuidada (vea aquí algunas cuentas).
  3. Poner un salario mínimo justo y crear empleos: Nunca el salario mínimo debe ser inferior a lo que cuesta vivir en ese país. Si está por debajo, se debe subir urgentemente, aunque sea de forma gradual (y establecida de antemano). Por otra parte, para facilitar la creación de empleos en un mundo altamente automatizado sería importante repartir el trabajo reduciendo la jornada laboral. Tal vez tendría sentido no incrementar el salario mínimo, si se asegura que se pagan las horas extra y se reduce la jornada laboral (se trabaja menos y se debe hacer de forma que uno tenga que ir menos veces al trabajo, reduciendo gastos, al menos en transporte).
  4. Instaurar un salario máximo relativo para cada empresa: Ante tanta desigualdad global, es escandaloso que haya sueldos exageradamente elevados. Un ejemplo: El presidente de Iberdola gana 2.407 euros a la hora, mientras sus empleados ganan de media unas 230 veces menos (10.6 euros). Estaría bien establecer que el mayor sueldo de una empresa puede ser, como máximo, N veces el menor sueldo. Un valor de N entre 10 y 20 es más que razonable. Esta es una de las reivindicaciones de la economía del bien común, pero no ha sido implantado en ningún país de forma general. También puede funcionar aumentar sustancialmente el tipo impositivo a partir de cierto valor de N.
  5. Instaurar una Renta Básica para adultos: Esta es la medida más segura para reducir la desigualdad. La Renta Básica Universal puede ser instaurada unos años como prueba y, de hecho, ya se ha probado con éxito bastantes veces.
  6. Cooperación internacional: En un mundo tan desigual, centrarse sólo en lo que pasa dentro de nuestras fronteras no es sólo injusto y egoísta, sino irresponsable a largo plazo. Es fundamental ayudar a los países más pobres y ello redundará en beneficios también para todos. Ya que Europa no quiere inmigrantes, ayudar a los países de origen es una buena forma de evitarlos, y más aún si consideramos que parte (al menos) de la pobreza y de las guerras de otros países tienen su origen en los países más ricos, o los avivan los países ricos que son los que fabrican y venden las armas.
  7. Cuidar las importaciones y fomentar el comercio justo: Las compras de los países ricos en los pobres y la especulación alimentaria generan en muchos casos hambrunas y graves injusticias, como el famoso caso del cacao y la esclavitud infantil, o los cultivos de algodón que han secado el mar Aral. Mientras los productos pasan las fronteras sin problemas, a las personas no se les permite pasar ni aunque vengan huyendo de la guerra.

Conclusiones

Examinando esos puntos y algunos datos de la economía española, es obligatorio concluir que el gobierno de España no está gobernando para todos los españoles, y no es por falta de dinero, sino por falta interés en hacer una buena gestión.

La crítica a los ricos es anterior a la de Jesús de Nazareth, pues tiene al menos 2.700 años. Desde el punto de vista ético, Singer definía “riqueza absoluta” como aquel estado en el que la gente tiene dinero para cosas no esenciales, por ejemplo, comprarse ropa sin necesitarla realmente o irse de vacaciones. Ignoro hasta qué punto uno debe dedicar su dinero vacacional a los que más lo necesitan pero, sin duda, repartir nuestra riqueza (sea la que sea) es, más que un gesto de bondad, una obligación ética.

Artículos relacionados:

  1. Resumen del libro “La doctrina del shock” de Naomi Klein: El libre mercado contra la LIBERTAD.
  2. Paraísos fiscales: Acabemos con estos infiernos sociales.
  3. Campaña YoIBEXtigo de La Marea para investigar a las empresas del IBEX.
  4. Alfonso López: “La pobreza no es rentable“. Icaria, 2006.
  5. Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral.
  6. Resumen del libro “Nuevo examen de la desigualdad” del Nobel de Economía Amartya Sen.
  7. Denuncia, Ayuda y Pobreza: Similitudes entre Ecologismo y Cristianismo.
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Libro “La doctrina del shock” de Naomi Klein (Resumen): El libre mercado contra la LIBERTAD

Portada del libro La Doctrina del Shock de Naomi Klein: Lee un resumen de este y otros libros suyos aquí.

Este es un resumen extenso, pero cada sección está resumida extrayendo los datos clave. Si quieres leer un resumen de otros libros suyos o de otros autores, pincha en esta imagen.

Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros muy impactantes. Puedes leer también un buen resumen de su libro más famoso: “Esto lo cambia todo” (2015).

“La doctrina del shock” (2007) es una historia sobre el libre mercado y cómo el capitalismo se ha usado como herramienta para ejercer violencia contra el individuo. Una de sus conclusiones es que las empresas deben ser controladas antes de que acaben con el planeta (mira esta lista de empresas muy peligrosas).

Klein reconoce encantada que cuando lee los textos de Eduardo Galeano siente “que todo está ya dicho”. Ella llama «capitalismo del desastre» a los ataques “contra instituciones y bienes públicos, siempre después de acontecimientos de carácter catastrófico”. La idea es aprovechar el shock de un desastre y crear “atractivas oportunidades de mercado” que, con ciertos cambios económicos, beneficien a unos pocos. Las tres grandes medidas habituales suelen ser impopulares, pero ante ciertas condiciones de shock, la población suele aceptarlas sin rechistar. Esas medidas son:

  • Privatización de empresas y bienes públicos.
  • Desregulación de ciertos sectores comerciales.
  • Recortes en el gasto social.

—–     ÍNDICE     —–

Dividimos el libro en estos temas centrales:

  1. El capitalismo puro de Friedman.
  2. El experimento de Friedman en la dictadura de Chile: fracaso absoluto.
  3. Argentina: Un rápido repaso a su desastroso friedmanismo.
  4. El shock económico en algunas democracias: Reino Unido y Bolivia.
  5. La deuda odiosa de las dictaduras se cargó a las democracias: La perversión del FMI y del Banco Mundial.
  6. China y su asombroso (y poco conocido) parecido con Chile y Polonia.
  7. Sudáfrica, la democracia que nació encadenada.
  8. Rusia, una historia que en Occidente se contó de otra forma.
  9. El FMI, responsable de “la sangre de millones de personas.
  10. EE.UU. contra el mundo: Irak y otros ejemplos.
  11. El huracán Mitch, el tsunami del Índico y el huracán Katrina.
  12. Israel: El negocio del miedo daña a mucha gente.
  13. Concluyendo (no te pierdas esto).


1. El capitalismo puro de Friedman

Resumen del Libro "Esto lo cambia todo" de Naomi Klein.

Lee un resumen de este otro libro de Klein.

Milton Friedman (1912-2006) fue un afamado profesor de la Universidad de Chicago, Nobel de Economía y defensor del capitalismo puro, que se podría definir así en palabras de Klein: “Del mismo modo que se autorregulan los ecosistemas, manteniéndose en equilibrio, el mercado, si se le deja a su libre albedrío, crearía el número preciso de productos a los precios exactamente adecuados, producidos por trabajadores con sueldos exactamente adecuados para comprar esos productos: un edén de pleno empleo, creatividad sin límites e inflación cero”.

El problema de Friedman es que no podía probar su teoría en ningún mercado mundial. Por tanto, se inventó ingeniosas ecuaciones y modelos computerizados para intentar demostrarlo. No lo consiguió, porque la economía no se puede simplificar fácilmente, como dijo Georgescu-Roegen.

Para los seguidores de las teorías de esta Escuela de Chicago, el libre mercado soluciona todos los problemas, y si algo falla, es porque hay alguna intromisión que hace que no sea libre mercado del todo. Algunos ejemplos de esas intromisiones son establecer salarios mínimos para que no se explote a los trabajadores o fijar precios para que ciertos productos sean más asequibles. Los de Chicago despreciaban las propuestas de economías mixtas y las veían como mezclas entre capitalismo para la fabricación, socialismo en la educación, propiedad del Estado en servicios básicos (como el agua), y leyes para ordenar los extremos del capitalismo.

La realidad es que el libre mercado es la ley del más fuerte, lo cual genera grandes beneficios, pero sólo para unos pocos. Sin embargo, los de Chicago declararon la guerra a todos los que opinaban que en el término medio está la virtud, especialmente a los keynesianos (de las ideas del inglés John Maynard Keynes, 1883-1946, el cual vio que el crack del 29 no fue el fin del capitalismo, pero sí el fin de la libertad total del mercado, pues la gran crisis demostró que lo óptimo es que el Estado intervenga). Las ideas keynesianas se llamaron socialdemócratas en los países ricos o desarrollistas en los países más pobres. En particular, en América del Sur, el desarrollismo supuso a mediados del siglo XX acortar mucho las diferencias entre los ricos y los pobres, creando una clase media más numerosa.

Friedman, desde su puesto de profesor y bajo el paraguas de una supuesta imparcialidad científica, podía decir cosas que si las hubiera dicho un empresario hubiera sido acusado de explotador. Por eso, muchas empresas donaron fondos a la Escuela de Chicago para que difundiera sus ideas, dando lugar en EE.UU. al movimiento neoconservador. Friedman proponía eliminar el salario mínimo, bajar los impuestos y que ricos y pobres pagaran lo mismo, dar libertad a las empresas, y privatizar sanidad, correos, educación, pensiones, e incluso los parques nacionales.

En el fondo, Friedman decía con lenguaje científico lo que querían las multinacionales: grandes mercados, sin trabas comerciales para, por ejemplo, extraer recursos públicos sin pagar ni siquiera a la población local.

Este tipo de políticas toman muchos nombres (liberales o neoliberales, conservadoras, de economistas clásicos, de libre mercado, reaganomics… o laissez-faire), pero, para Klein, “el término más preciso para definir un sistema que elimina los límites del gobierno y el sector empresarial no es liberal, conservador o capitalista, sino corporativista“.

Según Klein, las principales políticas de este movimiento neoconservador son transferir riqueza pública hacia la propiedad privada, “a menudo acompañada de un creciente endeudamiento“, aumentando las distancias entre los ricos y los pobres, además de aumentar los gastos en defensa y seguridad. ¿No parece que Klein está describiendo el gobierno de Mariano Rajoy en España? (si crees que no, lee esto).

El shock lo propicia usualmente un desastre natural, una guerra o un cambio de régimen y además de las medidas económicas, a veces, también se usa la tortura, “interrogatorios coercitivos” según los llama la CIA, la cual tiene un completo manual de cómo conseguir reducir a los detenidos y obligarles a “cooperar”. Así lo emplearon en Guantánamo o en Kandahar con los detenidos y encarcelados sin juicio, en Chile y también en el Irak bajo el dominio estadounidense. Las torturas sólo han demostrado ser como bombas: destrozan sin construir nada.

Por otra parte, las crisis de muchos países africanos y asiáticos han sido la excusa para que los países ricos les obligaran a privatizar sus recursos naturales.

El libro de Klein repasa algunos de los fracasos más aplastantes de las teorías del laureado Friedman. Un gran mérito del libro es que enlaza datos históricos bien conocidos, con opiniones de gente variada, enlazando las causas con las consecuencias para advertirnos de los peligros de cierto tipo de políticas.


2. El experimento de Friedman en la dictadura de Chile: fracaso absoluto

Para poder influir en latinoamérica, en los años 60 se becaron a muchos estudiantes (principalmente de Chile, Argentina, Brasil y México) para estudiar en la Universidad de Chicago, con el objetivo del adoctrinarlos ideológicamente. En particular, en ese contexto se criticó duramente la política chilena de la época anterior a Pinochet (su control de precios, sus barreras arancelarias…).

Los graduados por esa línea ideológica, llamados Chicago Boys, sacaron hasta tesis doctorales contra el desarrollismo en latinoamérica, y muchos de ellos acabaron como profesores en la Universidad Católica de Chile, la cual aceptó crear una titulación copiando el programa de Chicago. El llamado Proyecto Chile, para inculcar las ideas de Friedman en Chile, fue un rotundo fracaso, pues ningún partido político de relevancia tomó esa línea: todos los principales partidos se inclinaban por nacionalizar las minas de cobre (que entonces estaban en manos de empresas estadounidenses, que obtenían grandes beneficios, pagando muy poco).Otro libro resumido de Naomi Klein.

En 1970 gana las elecciones Salvador Allende y tramita la nacionalización de las minas de cobre, con la indemnización pertinente. En aquellos años, EE.UU. se escandalizó al descubrir que la empresa ITT y la CIA estaban detrás de argucias para amañar las elecciones chilenas. El golpe de estado militar contra Allende tuvo dos vías: la militar para exterminar a Allende, y la económica de los Chicago Boys para exterminar su ideario (bajo financiación de la CIA). Tras el golpe de estado de 1973, el general Pinochet aplicó medidas de shock económicas y en forma de torturas, siguiendo el manual de la CIA (3.200 ejecutados o desaparecidos, 80.000 encarcelados, refugiados…). El terror impedía cualquier oposición frente a las medidas económicas. Así nació el primer Estado de la Escuela de Chicago.

Pinochet tuvo como asesor al propio Friedman y a gente de los Chicago Boys, y siguiendo sus consejos privatizó empresas, recortó gasto público (salvo el militar que aumentó exageradamente) y eliminó el control de precios. Ya en 1974 la inflación alcanzó el 375% y se perdían empleos al entrar productos extranjeros más baratos. La solución de los Chicago Boys fue hacer más recortes y más privatizaciones, que beneficiaban a las multinacionales y a los especuladores (entre los que estaban, como no, algunos de los Chicago Boys).

En 1975, el mismo Friedman visitó Chile para intentar salvar el experimento con más recortes (en salud, educación…) y más privatizaciones (cementerios, guarderías, seguridad social…). El desempleo pasó del 3% con Allende al 20%, pero llegaría al 30% en 1982, cuando la economía chilena se derrumbó, y “Pinochet se vio obligado a hacer exactamente lo mismo que había hecho Allende: nacionalizó muchas empresas”, además de despedir a muchos de los Chicago Boys, e investigar por fraude a los que habían llegado curiosamente a altos cargos de las empresas privatizadas. Nunca se privatizó Codelco, la empresa de minas de cobre que nacionalizó Allende, y que generaba el 85% de los ingresos por exportación del país.

Klein sostiene que Chile no fue un laboratorio “puro” del libre mercado, sino un estado corporativista, que favoreció que los ricos fueran aún más ricos, a costa de la riqueza del país y de la clase media y baja de la sociedad. Desde entonces, las desigualdades en Chile aumentaron y aún hoy es uno de los países del mundo con mayor desigualdad. Klein afirma que, a pesar de todo, algunos siguen viendo a Chile como un milagro económico.


3. Argentina: Un rápido repaso a su desastroso friedmanismo

En los años 70, Argentina, Chile, Uruguay y Brasil estaban dirigidos “por gobiernos militares apoyados por Estados Unidos y se habían convertido en laboratorios vivos de la Escuela de economía de Chicago“. Hay pruebas contundentes que demuestran que la CIA les impartía cursos sobre cómo torturar (incluso usaban mendigos inocentes para los cursos). En todos esos países, el experimento fue un desastre económico para la mayoría de la población: aumentó el paro, la pobreza y la desigualdad. Y también en todos esos países, el miedo a ser torturado impedía a la población protestar.

También en todos esos países el shock incluyó prohibir determinados libros y a ciertos cantantes, restringir la libertad de reunión y cerrar los sindicatos. La limpieza ideológica incluía robar a los hijos de los disidentes y dárselos a familias cercanas al régimen. En Argentina, la empresa Ford suministraba coches al régimen militar, mientras sus trabajadores perdían las ventajas conseguidas con los sindicatos antes de la dictadura. La Fundación Ford, que financió el programa de formación de los Chicago Boys, se sintió avergonzada por estar (posiblemente sin pretenderlo) tan involucrada en las dictaduras de Chile e Indonesia. Por ello, finalmente decidió apoyar a defensores de los Derechos Humanos.

Klein advierte claramente:

“Como predijo Rodolfo Walsh, muchas más vidas serían arrebatadas por la «miseria planificada» que por las balas. En cierta manera, lo que sucedió en América Latina en los años setenta es que fue tratada como la escena de un asesinato cuando, en realidad, era la escena de un robo a mano armada extraordinariamente violento. (…) Los abusos generalizados a los presos son la prueba del algodón de que los políticos tratan de imponer un sistema —sea político, religioso o económico— que un enorme número de sus gobernados rechaza, (…) un proyecto profundamente antidemocrático, aunque ese régimen haya llegado al poder mediante las urnas. Como medio de extraer información durante un interrogatorio, la tortura es notoriamente poco fiable, pero como medio de aterrorizar y controlar a la población, nada resulta más efectivo”.

Klein cuenta el caso del granjero argentino Sergio Tomasella, torturado y encarcelado, que en vez de criticar al gobierno directamente, criticaba a las empresas que se beneficiaban de las sucias políticas del gobierno: “Ford Motor, Monsanto o Philip Morris”, en sus propias palabras.


4. El shock económico en algunas democracias: Reino Unido y Bolivia

Klein documenta también casos de medidas drásticas hacia el libre mercado en países democráticos, lo cual no indica que tales medidas se hicieran democráticamente. Por ejemplo, Margaret Thatcher en el Reino Unido aplicó duras medidas (privatizaciones masivas…) aprovechando la guerra de las Malvinas (1982) contra Argentina. Algunos sostienen que el recorte en la defensa de esas islas fue una invitación de Thatcher para que Argentina invadiera las islas y así provocar un clamor popular nacionalista. Lo que es seguro es que esa guerra hizo que se dejara de hablar de los problemas mineros que quitaban el sueño a Thatcher.

Por otra parte, las elecciones de 1985 en Bolivia las ganó Víctor Paz, el cual cambió radicalmente su programa electoral, generando mucha pobreza, mayor desigualdad, desempleo, bajada de salarios… pero la inflación se contuvo, lo cual sirvió a algunos para poner a Bolivia como ejemplo de buena marcha económica siguiendo políticas de libre mercado.

En este país, las medidas del shock fueron aplicadas de golpe, lo cual hace, según Klein, que la población acabe por “cansarse y ablandarse”. En Bolivia hubo protestas, pero fueron aplastadas casi como si fuera una dictadura: prohibiendo asambleas políticas, manifestaciones, desplegando tanques, declarando el estado de sitio, recortando libertades básicas… incluso, Paz secuestró a cientos de líderes sindicales y exigió que se desconvocaran las manifestaciones para liberarlos. No fueron torturados, pero cuando se liberaron, el nuevo plan económico ya estaba instaurado.


5. La deuda odiosa de las dictaduras se cargó a las democracias: La perversión del FMI y del Banco Mundial

Efectivamente, en toda América Latina (Argentina, Brasil, Uruguay…) las dictaduras militares incrementaron las deudas nacionales de forma espectacular (en el caso más grave, Brasil, la deuda se multiplicó por 34). Los acreedores eran gente tan “honorable” como el Banco Mundial o el FMI (Fondo Monetario Internacional), capitaneados por EE.UU., el cual exigió que la deuda fuera pagada por las democracias subsiguientes, lo que estranguló la economía de esos países: ¿No hubiera sido más justo no pagar esa “deuda odiosa” y así mandar un mensaje claro a los que prestan dinero a las dictaduras? Téngase en cuenta que el dinero que las dictaduras pedían prestado a nombre de su país se usaba principalmente en gastos militares, para reprimir al pueblo, o bien, desaparecía directamente en cuentas en el extranjero (a Pinochet y sus familiares se le atribuyen, al menos, 125 cuentas secretas). En el caso de Argentina, el gobierno asumió deudas millonarias de empresas privadas como Ford, Citibank, IBM o Mercedes-Benz, para luego seguir un programa económico dictado en secreto por J.P. Morgan al ministro Cavallo.

El FMI y el Banco Mundial nacieron para evitar shocks, sacar a países de la pobreza y estabilizarlos. Pero demasiado pronto se convirtieron en mecanismos capitalistas que sólo buscan sus propios intereses, capitaneados por muchos altos cargos de los Chicago Boys. Keynes participó en la fundación del Banco Mundial, y según dijo en 2002 Joseph Stiglitz, un economista de dicho banco, «Keynes se revolvería en su tumba si viera lo que ha sido de su criatura».

La falta de democracia interna y la globalización han pervertido al FMI y al Banco Mundial. A partir de los ochenta, cuando un país les pedía ayuda, ya no sólo daban consejos sino que exigían terapias de shock, equivalentes a las que tomo Pinochet al llegar al gobierno chileno. Davison Budhoo, un economista del FMI, reconoció que a partir de 1983 se les exigía a los países pobres privatizar sus riquezas y que ello creó «el caos económico que se vivió en América Latina y África entre 1983 y 1988».


6. China y su asombroso (y poco conocido) parecido con Chile y Polonia

Tras comentar el caso de Polonia con detalle, el libro analiza el curioso caso de China, donde quedó claramente desacreditado el lema de Francis Fukuyama (otro liberal al estilo de Friedman) de que el libre mercado y la democracia son imposibles de separar: China estaba desregulando precios y salarios, pero oponiéndose frontalmente a cualquier petición de democracia.

Muchos ciudadanos chinos estaban en contra de esas medidas, y así lo clamaron en la tristemente famosa plaza de Tiananmen en 1989 (40.000 detenciones y miles de muertes). Un año antes, Friedman visitó China (por segunda vez, al menos) y aconsejó, como hizo en Chile, hacer privatizaciones, las cuales, como ocurrió en Chile antes y como ocurrirá en Rusia después, fueron curiosamente conseguidas por “autoridades del partido y sus familiares”. Los milmillonarios chinos son los hijos de los funcionarios del Partido Comunista.

Por supuesto, algunas de las reformas fueron positivas facilitando mayor libertad y comercio, pero tras el shock de la matanza de Tiananmen, el presidente chino Deng Xiaoping “pronunció un discurso ante la nación y dejó meridianamente claro que lo que estaba protegiendo con aquella actuación no era el comunismo, sino el capitalismo” (sin democracia, por supuesto, como en Chile). Para el presidente chino, las reformas económicas no iban a pararse y las reformas políticas no estaban en la agenda. El shock de Tiananmen le permitió hacer las reformas más radicales que no se había atrevido hasta el momento, permitiendo abusar de trabajadores aterrorizados y convirtiendo a China en la fábrica barata del mundo, con empleados dóciles que no iban a exigir ni salarios ni condiciones dignas, como denunció el encarcelado Nobel chino de la Paz, Liu Xiaobo.

Friedman condenó la represión en China y alabó sus medidas de libre mercado, pero sin relacionar unas con otras, exactamente igual que hizo con Chile. Por su parte, Polonia alcanzó la democracia y su independencia de Rusia, y cuando el sindicato Solidaridad de Lech Walesa llegó al gobierno, se dejó aconsejar por los de Chicago (Sach, en particular), y la oleada de privatizaciones y la deuda de la herencia rusa sumieron al país en una gran crisis. El caso polaco se parece al de Chile y China en que esas reformas no fueron realizadas con consentimiento democrático, pues el gobierno tomó esas decisiones cambiando su programa electoral tras llegar al poder, lo cual, les hizo perder absolutamente las siguientes elecciones.


7. Sudáfrica, la democracia que nació encadenada

Nelson Mandela, artífice de la liberación de Sudáfrica del racismo del Apartheid.Nelson Mandela salió de prisión en 1990, tras 27 años encerrado, por pedir la igualdad entre negros y blancos en Sudáfrica. En 1994 llegó al poder, pero en las negociaciones, lo único que consiguieron fue democracia política. En materia económica, todo estaba ya cerrado: el Banco Nacional seguiría siendo privado y dirigido por la misma persona, las tierras no podían ser redistribuidas porque la propiedad privada estaba blindada, no podían darse medicamentos contra el SIDA por compromisos de la OMC, no había dinero para infraestructuras pues había que dedicarlo a la deuda contraída, no podían hacerse reformas como elevar el salario mínimo por acuerdos previos con el FMI… Por fin, Sudáfrica estaba libre de apartheid, pero era esclava de los mercados.

El partido de Mandela (ANC) negoció engañado la renuncia a la soberanía económica mientras el foco estaba puesto en las injusticias sociales y en la violencia en las calles. Nadie se percató de ello, pues lo que importaba era que hubiera elecciones libres y que el ANC las ganara. Tras llegar al poder, las minas, la banca y los monopolios que Mandela prometió nacionalizar, continuaron en manos privadas blancas.

En 1996, se puso en marcha un plan del ANC para tranquilizar a los mercados, con el objetivo de que volvieran las inversiones al país (más privatizaciones, recortes en el gasto público, flexibilidad laboral, más libertad comercial… ), pero tampoco allí funcionó esa terapia de shock: no hubo inversiones, la moneda se devaluó aún más, aumentó la pobreza, el desempleo y el chabolismo… Más aún, Klein explica cómo los empresarios blancos que se habían enriquecido de la discriminación racial recibieron subvenciones, en vez de pagar indemnizaciones. Así, muchos ven en el ANC un partido traidor a su propia declaración de intenciones que les llevó al poder.

En 2005, sólo el 4% de lo cotizado en la Bolsa de Johannesburgo era de accionistas negros. Se llevó electricidad y agua a miles de casas, pero a muchas se les cortaba el suministro por impago. La desigualdad en Sudáfrica no cambió tras derribar el régimen racista del apartheid.


8. Rusia, una historia que en Occidente se contó de otra forma

Mihail Gorbachov (izda.), artífice de la perestroika, y que seguramente se sintió traicionado por Boris Yelsin (dcha.)..En 1991, el G7 y el FMI pidieron a Mihail Gorbachov, presidente de la URSS, que aplicara la terapia del shock tras su perestroika, pero él no hizo caso porque quería seguir el sistema socialdemócrata escandinavo, que era un modelo a seguir para él. Sin embargo, ese mismo año Boris Yeltsin, presidente de Rusia, formó alianza con otras repúblicas para disolver la URSS y forzar la dimisión de Gorbachov.

Tras la desaparición de la URSS, Yeltsin se dejó aconsejar por Jeffrey Sachs (el mismo que asesoró a la Polonia de Solidaridad) y nombró asesores a unos cuantos economistas rusos liberales, seguidores de Friedman. Las privatizaciones empezaron (Rusia tenía entonces 225.000 empresas públicas) y las consecuencias llegaron en un año: paro, pobreza…

El parlamento ruso se opuso a Yeltsin, pero éste contestó con técnicas de dictador, incluso movilizando al ejército y ordenando quemar el edificio del parlamento (1993). Occidente apoyó a Yeltsin y los titulares eran que éste se había impuesto a antiguos comunistas. Klein concluye: “Puede que el comunismo desapareciera de la noche a la mañana sin que se disparara un solo tiro, pero el capitalismo de los de Chicago sí que necesitó una gran dosis de artillería”.

El momento de desconcierto y miedo en Rusia era ideal para aplicar la doctrina del shock, y el mismo Sachs dijo que tenían la oportunidad de hacer algo, pues hasta entonces no habían podido imponer sus ideas. La liberalización de precios y la privatización de empresas rusas a precios de ganga trajo grandes beneficios a unos pocos, incluyendo antiguos miembros del partido y fondos de inversión extranjeros. También hubo en todo esto sonados casos de corrupción. El shock de la guerra en Chechenia y el control de los principales medios de comunicación permitieron a Yeltsin ganar las siguientes elecciones y poder seguir con la terapia de shock.

Unos misteriosos atentados contribuyeron a dar popularidad a Vladimir Putin, a quien al poco tiempo Yeltsin cedió la presidencia sin elecciones y en medio de otra guerra en Chechenia, para que el debate fuera imposible. Lo primero que hizo Putin fue firmar una ley que protegía a Yeltsin de cualquier acusación (corrupción, asesinatos…).

Las cifras que cita Klein son realmente tristes, pero se resumen en que las reformas de Yeltsin supusieron el “empobrecimiento absoluto de 72 millones de personas en sólo ocho años”. Pero también permitieron el nacimiento de supermillonarios, como ya ocurriera en Chile, México, China o Argentina (cuyo símbolo bien podría ser el Ferrari del presidente argentino Menem).


9. El FMI, responsable de “la sangre de millones de personas

Davison Budhoo trabajó 12 años en el FMI. Dimitió en 1990 y escribió sus motivos en una carta abierta a su presidente Michel Camdessus. En esa carta, acusó al FMI de manipular las estadísticas para crear crisis en ciertos países y así poder rescatarlos exigiendo duras medidas (despidos, bajadas salariales…), derramando “la sangre de millones de personas pobres y hambrientas“.

A finales del siglo XX, muchos países de Asia entraron en una gran crisis (Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Filipinas y Tailandia). China se salvó porque no había seguido totalmente los consejos de Friedman. La receta de Friedman, la del FMI y la de Jay Pelosky (banquero estadounidense) coincidió: No hacer nada. Se negaron a prestar ayuda cuando más necesaria era. La crisis fue tan grave que familias enteras se suicidaban, aumentaron la venta de personas y la prostitución infantil, y los estados pedían que la gente donara sus joyas. Pelosky lo expuso claramente diciendo que, si dejaban que los países se hundieran, las empresas no tendrían más remedio que venderse a empresas occidentales, lo cual era bueno para sus negocios. Y así fue. El New York Times lo llamó «la mayor liquidación» del mundo. Las empresas occidentales no compraron para ayudar a salir de la crisis, sino para quedarse con sus clientes y maquinaria, y evitar la competencia.

Salvo Malasia, que tenía una deuda reducida, los demás países tuvieron que aceptar las condiciones del FMI, el cual ofreció ayuda cuando la situación era espantosa. Entre las condiciones de esta terapia de shock estaba: despedir a miles de empleados, instaurar el despido libre, recortes en servicios públicos y privatizaciones. Pero esas medidas no hicieron que el dinero volviera, sino que, de hecho, los inversores confiaron aún menos en esos países. Años después, el mismo FMI calificó los ajustes como «desacertados». Friedman acertó en que la calma vendría a los mercados, pero no dijo nada del duro precio que aún hoy están pagando los ciudadanos: pobreza, prostitución, marginalidad, drogas, xenofobia…

En Indonesia la terapia de shock se fue de las manos y el país se levantó contra el dictador militar Suharto, que fue obligado a dimitir (1998).


10. EE.UU. contra el mundo: Irak y otros ejemplos

El libro cuenta muchos casos relacionados con Estados Unidos. Por destacar algunos, cuenta el caso de George W. Bush y su colega Donald Rumsfeld, los cuales privatizaron más aún que sus predecesores, incluso tareas del departamento de Defensa, prisiones, la seguridad de aeropuertos y el control del espacio aéreo, todo lo cual fue escandaloso cuando se supo que su escasa calidad facilitó el atentado del 11S. Sin embargo, el shock del 11S vino bien a los friedmanitas, aprovechando para privatizar hasta el interrogatorio a prisioneros. Estos eran torturados cruelmente por empresas privadas que, si no les sacaban datos, no renovarían su contrato. Las empresas privadas se muestran más abiertas a torturar y manipular la información si de ello depende su siguiente contrato, pero tanta privatización generó graves errores, como la identificación de supuestos terroristas inocentes encarcelados en Guantánamo.

Stephen Kinzer estudió las implicaciones de EE.UU. en operaciones de cambio de régimen, desde Hawai (1893) hasta Irak (2003). Él afirma que todos los casos siguen tres fases:

  1. Una multinacional de EE.UU. sufre una amenaza financiera en un país (que pague impuestos, o que respete derechos laborales o ambientales, por ejemplo). La empresa se nacionaliza o se le obliga a vender parte de la empresa.
  2. EE.UU. lo interpreta como un ataque contra su país.
  3. El gobierno estadounidense “vende” su intervención como una ofensiva contra el mal y para liberar a un país oprimido.

De hecho, muchos miembros de esos gobiernos provenían de multinacionales que sacaron grandes beneficios de esas ofensivas. Klein cuenta los enormes beneficios obtenidos por personajes como D. Rumsfeld, D. Cheney o J.F. Dulles, o las magníficas ganancias de empresarios afines a Bush gracias a la guerra de Irak.

Klein desgrana la lista de despropósitos de esa guerra y de la “reconstrucción” posterior (privatizaciones masivas, liberalización absoluta del mercado excepto del petróleo…). El dinero de la reconstrucción y el petróleo iraquí iban a empresas estadounidenses y británicas, las cuales no contrataban a iraquíes. La industria local se hundió y los iraquíes, agraviados y enfadados, se sintieron obligados a apoyar a la resistencia contra la privatización masiva y la ocupación estadounidense. Pero lo peor es que ni siquiera el dinero sirvió para reconstruir Irak, sino que se perdió en una trama de subcontrataciones.

El paro empujó a muchos iraquíes a trabajar para el fundamentalismo religioso de Muqtada al Sader. Klein sostiene que si se hubiera hecho una reconstrucción honesta contratando iraquíes, no hubiera crecido tanto el fundamentalismo. Un libro más reciente de M.G. Prieto y J. Espinosa concluye que el Estado Islámico es consecuencia directa de la invasión de Irak y de la impunidad de los culpables: Bush, Blair y Aznar.


11. El huracán Mitch, el tsunami del Índico y el huracán Katrina

Las consecuencias de los huracanes en los países pobres son terribles, pero lo pero son las consecuencias económicas posteriores, si se implanta el El shock del huracán Mitch (1998) devastó países centroamericanos, que tuvieron que pagar mucho por la ayuda: básicamente privatizar y liberalizar mercados. Guatemala, Nicaragua, Honduras… se vieron obligados por el Banco Mundial y el FMI a privatizar sus empresas (telecomunicaciones, electricidad, aeropuertos…), que fueron compradas como gangas por empresas extranjeras. Honduras hasta tuvo que rebajar la protección ambiental y social de la minería.

También se aprovechó el tsunami del océano Índico (2004) para aplicar las teorías de la Escuela de Chicago. Antes del tsunami, en Sri Lanka ya querían echar a los pescadores para dejar sitio al turismo en las playas, pero se topaban con la fuerte oposición de la gente. El tsunami hizo el trabajo. Mientras la gente estaba preocupada por su vida, cambiaron las leyes y cuando los pescadores supervivientes quisieron volver no les dejaron con la excusa legal de que la zona no era segura. La injusticia está en que esas leyes no se aplicaban a las construcciones turísticas.

Algunos en Sri Lanka vieron el tsunami como un castigo divino por no vender hasta entonces los bosques y las playas de su país. Lo más grave es que hasta el dinero recaudado para las víctimas del tsunami se usó para desplazar a los supervivientes: “No es solo que la ayuda no ayuda, sino que hace daño“, dijo un pescador. En el grupo de reconstrucción quedaron excluidos los pescadores y los defensores del medioambiente. La indignación creció por el país y, tal vez, eso propició que en 2006 volviera la guerra a Sri Lanka.

Maldivas, un paraíso natural para ricos turistas, en el que los extranjeros se llevan el dinero y la población local vive en la pobreza.También en Tailandia, Maldivas e Indonesia se usó el tsunami para fomentar un turismo de lujo que dejó fuera del negocio a la población local. En Maldivas, el gobierno decretó algunas islas como inseguras y a ellas no pudieron volver sus habitantes, mientras los hoteles de lujo no tuvieron trabas. Por otra parte, en las llamadas islas seguras, el paro y la pobreza crecieron. En Tailandia se intentó lo mismo, pero la gente se reveló y no lo consintió, adquiriendo ciertas comunidades el protagonismo en la reconstrucción de sus tierras.

Huracán Katrina tocando la costa sur estadounidense.El huracán Katrina (2005) fue, en EE.UU., un ejemplo de mala gestión de un desastre anunciado (a pesar de la ingente cantidad de dinero público que se invirtió en intentar evitarlo). Según Klein, la catástrofe provocó hasta una “crisis de fe” en algunos ideólogos del libre mercado, pues cuando se vive el shock de cerca, la experiencia es distinta a estudiar teorías económicas en libros. No fue así para Friedman, quien calificó el desastre como “una oportunidad” (la cual fue aprovechada por muchos “contratistas” como detalla el libro). Por ejemplo, se aprovechó ese shock para privatizar la educación pública: miles de profesores vieron como perdían su empleo o bajaban sus salarios, beneficiándose unos pocos empresarios elegidos.

Heritage Foundation propuso 32 medidas para recuperarse del Katrina que seguían el friedmanismo y que incluían la desprotección del medioambiente. Muchos contratistas de Irak (algunos con sonados fracasos) fueron contratados de nuevo por el gobierno para reconstruir los destrozos del Katrina. Por ejemplo, la empresa Kenyon se encargó de recoger los cadáveres (12.500 dólares por cada uno) y se prohibió que lo hicieran agentes funerarios voluntarios, porque eso reducía los beneficios de Kenyon. Por supuesto, eso implicó que la tarea se alargó más de lo necesario. Esos contratistas fueron generosos en sus donaciones a campañas políticas y se comportaron como en Irak: no contrataron a personal local y el dinero se difuminó en largas cadenas de subcontrataciones.


12. Israel: El negocio del miedo daña a mucha gente

Para Klein, un ejemplo digno de estudio es Israel. Mientras su situación política es “desastrosa” su economía crece entre las mejores del mundo, gracias en gran parte a la industria militar y de seguridad. Con tanta gente viviendo lujosamente gracias a la inestabilidad… ¿Quien se atreve a hablar de paz o a dejar de acosar a los palestinos?

Klein analiza los efectos sobre Palestina del famoso muro de Israel, el cual se mete en territorios que no le pertenecen e impide que los palestinos vayan a su trabajo o cultiven sus tierras. Otro curioso dato es que, tras la crisis de las compañías de Internet de principios de siglo, Israel sufrió una gran recesión y el gobierno decidió incrementar el gasto militar un 10.7% (parcialmente financiado con recortes en los servicios sociales) y fomentar que las empresas se pasaran al sector de la seguridad, la vigilancia y la defensa antiterrorista. Estos sectores han tenido gran éxito, entre otros factores, por la gran cantidad de muros que se están construyendo en el mundo.

Klein afirma que “no es casual que la decisión del Estado israelí de colocar el «antiterrorismo» en el centro de su economía de exportación haya coincidido, precisamente, con el abandono de las conversaciones de paz”.


13. Concluyendo (al menos, no te pierdas esto)

En palabras de Klein:

“No hace mucho tiempo, los desastres eran períodos de nivelación social, momentos [en los que] (…) las comunidades dejaban las divisiones a un lado e iban juntas. Cada vez más, sin embargo, los desastres son su opuesto: se abren puertas a un futuro cruel sin piedad en el que el dinero y la raza compran la supervivencia”.

Y dice más aún:

“La reciente racha de desastres se han traducido en beneficios tan espectaculares que mucha gente en todo el mundo ha llegado a la misma conclusión: los ricos y los poderosos causan deliberadamente las catástrofes con el fin de explotarlas. (…) Aunque el complejo del capitalismo del desastre no conspire deliberadamente para crear cataclismos (si bien Irak puede ser una notable excepción), hay muchas pruebas de que sus industrias trabajan muy duro para asegurarse de que las actuales tendencias desastrosas no van a cambiar”.

El consumo genera daños ambientalesDesde el 11S, hasta la rotura de los diques por el Katrina, pasando por el tsunami… han sido muchos los que han sospechado de la existencia de complots, pero los desastres están garantizados, entre otras cosas por el cambio climático, negado por muchas empresas durante años y tema central de otro libro de Klein. La industria militar y de seguridad no quieren paz ni estabilidad climática, pues viven y progresan en ambientes hostiles para la mayoría.

Donde triunfa la Escuela de Chicago con sus tres premisas (privatización, desregulación y recortes en los servicios públicos), los ricos se vuelven más ricos y la clase media se vuelve más pobre. Para esos ricos, Friedman y el libre mercado son dioses, pero es fácil ver que la riqueza no se reparte, como ellos dicen.

Por todo el mundo, muchos de los políticos y empresarios del friedmanismo acabaron en la cárcel, murieron justo antes de hacerse justicia o se vieron obligados a exiliarse para evitar la justicia: Chile (Pinochet), Uruguay (Bordaberry), Argentina (Videla, Massera y Cavallo), Rusia (Jodorkovski más un buen número de exiliados), Bolivia (Sánchez de Lozada) y hasta en Estados Unidos (Ken Lay, Conrad Black…).

Latinoamérica está retomando proyectos interrumpidos por la violencia: nacionalización de sectores clave, reforma agraria y grandes inversiones en educación y sanidad. Como ejemplo, Bolivia nacionalizó sus yacimientos de gas y el sector minero (2006). En toda latinoamérica y por casi todo el mundo, el FMI y el Banco Mundial están sufriendo un gran descrédito por imponer la ideología de la Escuela de Chicago (aparte de los escándalos personales de los directores del FMI, donde en España tenemos al mago de las finanzas Rodrigo Rato, también encarcelado).

Por si fuera poco el desprecio hacia el friedmanismo, surge el ALBA (ALternativa Bolivariana para las Américas), un proyecto de colaboración entre los países, gracias al comercio justo: la idea es que cada país aporte lo que produce con facilidad y reciba lo que valora de los otros a precios adecuados y decididos entre ellos y no en las bolsas de Nueva York o Londres.

El crack de 1929 debió enseñar al mundo que el libre mercado es sinónimo de ir a la deriva, y que los mercados deben controlarse por los gobiernos, los cuales deben estar al servicio del pueblo y no al servicio de las corporaciones. Con todos los datos, Klein demuestra que el capitalismo extremista no nace de la libertad sino del shock o del sufrimiento de muchos, y que el mercado libre o desregulado no es sinónimo de democracia. Si no estamos advertidos de lo que pasó, podrán hacernos lo que les hicieron a otros.

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La vida del Dr. Biología (un cuento que se hará realidad, de alguna forma, probablemente)

La humanidad es un avión cayendo en picado.

¿Es la humanidad como un avión cayendo?

—¿Doctor Biología? —pregunté con evidente tono de duda acercándome por su espalda.

Él estaba sentado con las piernas cruzadas y pareció no escucharme, por lo que tuve que repetir la pregunta poniéndome a su lado, mientras me arreglaba el pelo:

—¿Es usted ese que llaman Doctor Biología?

Silencio. Pensé que estaba sordo o que me ignoraba absolutamente. El silencio era total, salvo un lejano rumor del pequeño río que discurría ante nosotros. Me senté a su lado y al mirarle a la cara y ver sus ojos cerrados comprendí que tal vez estaba meditando. Me sentí ridícula por haberle molestado, aunque él ni se inmutó. Dí un par de pasos hacia atrás y me senté mirándole.

Tenía la cara arrugada y morena, pelo y barba desaliñados con bastantes canas, gris en la distancia. De sus grandes orejas me llamaron la atención los largos pelos que tenía. Pensé que era raro que nadie se lo hubiera dicho. Pero rápido me dije que era absurdo mi pensamiento. La barba le colgaba por debajo de su media sonrisa hasta cerca de su ombligo desnudo. Su cuerpo y brazos eran delgados, pero no esqueléticos. Sólo vestía un turbante, y una especie de sábana que le cubría cintura y piernas. Me recordó a Gandhi, pero con barba y turbante.

Estaba mirándole sus pies sucios, agrietados y encallecidos, con una herida claramente mal curada, cuando súbitamente se giró y me asustó. Al verme tan cerca y por mi sobresalto, él también se asustó y se echó hacia atrás abriendo mucho sus ojos. Después, sonrió y me dijo algo que no entendí, me incorporé y sólo me salió decir:

—¡Qué susto!
—¡Ah! ¡Hablas mi idioma!  —dijo con evidente tono de sorpresa—. Perdona por el susto. Es bueno saber que aún puedo asustar a alguien… je, je… Buenas tardes.

Me quedé pensando en lo que me había dicho, pero no entendí a qué se refería. Mientras, él ya se había levantado y se alejaba. Reaccioné de repente y medio grité:

—¿Es usted el Doctor Biología?

Se detuvo, se giró lentamente y mirándome con sus ojos claros dijo:

—Algunos me llaman así. Otros me llaman sólo Doctor, pero no saben lo que significa. Y la mayoría no me llaman de ninguna forma. Buenas tardes.

Siguió andando, lo que me obligó a levantarme rápidamente, coger mi enorme mochila, y salir a su encuentro:

—He venido para conocerle… y me ha costado mucho encontrarle. Quiero que me cuente su historia.
—No hay mucho que contar… más bien nada… mejor nada –contestó con seguridad, pero sin cambiar su tono calmado, ni su ritmo al caminar.
—¿Por qué le llaman así?
—Si ha venido hasta aquí, creo que sabrá la respuesta.
—Bueno… —titubeé— sé que estudió biología y se doctoró.

Se quedó unos momentos pensando, como dudando si contestar, pero al final accedió:

—Cuando vine aquí nadie me conocía, pero alguien se enteró que era doctor en biología y se corrió la voz. La mayoría no saben lo que significa, y creen que ese es mi nombre. Aquí, biología se dice jeevavigyaan, o usan el término en inglés cuya pronunciación es bastante diferente al nuestro, y no lo asocian… ¿Qué más cosas cree que sabe de mí?
—Sé que estuvo años investigando distintas especies, desde hongos y virus hasta el Cerambyx cerdo, que no sé qué tipo de cerdo es, y algunos pequeños mamíferos… publicó sus trabajos en revistas importantes… aquí traigo algunos que he intentado leer…

Súbitamente, una serpiente se cruzó en el camino y del susto casi se me caen las gafas.

El gran capricornio (Cerambyx cerdo), también conocido como capricornio mayor y capricornio de las encinas es una especie de coleóptero crisomeloideo .

El gran capricornio (Cerambyx cerdo), también conocido como capricornio mayor y capricornio de las encinas, es una especie de coleóptero.

—Es sólo un escarabajo —dijo parándose y poniéndome bien las gafas que se me habían quedado torcidas.
—¿Un escarabajo? ¡Eso era una serpiente de metro y medio, por lo menos!
—El Cerambyx cerdo. Es un coleóptero crisomeloideo. Un escarabajo, que era muy común alrededor del Mediterráneo… Ya estará extinguido… también —dijo con un gesto de tristeza en la última palabra.
— ¡Ah! Vaya… ¿Entonces no es un cerdo el Cerambyx ese? Pensaba que… —conseguí pronunciar con tono de disculpa mientras me acercaba las gafas a los ojos, pues se habían quedado en la mitad de mi nariz.

El calor de la tarde nos hacía sudar a los dos, pero yo llevaba una enorme mochila y llevaba ya varias horas andando ese día, sin contar que llevaba más de una semana andando por aquél caluroso país de mosquitos.

—¿Siempre hace calor aquí? —pregunté limpiándome la cara con mi camiseta.
—En invierno hace frío… el Himalaya no está lejos… son aquellas montañas de allí.

Por un momento, levanté la vista del sendero y me quedé maravillada por lo que estaba viendo. Era un paisaje espectacular, verde, frondoso, y unas lejanas montañas nevadas brillando con el sol de la tarde con pegotes de piedra. Cuando me quise dar cuenta, él estaba bastante lejos y casi lo pierdo entre la vegetación. Apreté el paso y cuando lo alcancé, creo que oyó mi resuello y dijo:

—Yo voy a bañarme. ¿Te gustaría venir?
—Pues sí, aunque no tengo bañador… Me lo dejé en el albergue en el que estuve hace dos días… Puede que me lo robaran.
—Yo tampoco tengo bañador, pero para bañarse sólo necesitamos agua. Y agua habrá, te lo garantizo.

Por el camino quise hacerle varias preguntas, pero no podía articular palabra entre el peso de la mochila, el calor y el acelerado paso. Afortunadamente, llegamos a un sitio y el Doctor Biología se detuvo.

—Hemos llegado… —dijo dándose la vuelta.

Llevándose las manos a la cabeza de asombro, añadió algo que no olvidaré:

— ¡Uf! ¡Vaya mochilón gordinflón! No me había dado cuenta. Si no, la hubiera ayudado… ¿Cómo vas por estos caminos con esa mochila?
—Pues mal, voy mal… —alcancé a decir quitándome la mochila.
—Bueno, este es un buen sitio para bañarse: aguas claras, sin mosquitos…

Él se acercó a la orilla, dejó caer la sábana de su cintura y se metió en el agua. Yo, por mi parte, rebusqué en mi mochila la ropa interior menos sexy que pude encontrar, me metí detrás de unos arbustos junto al río, me cambié, y de ahí fui directamente al agua, que estaba fría pero muy agradable dado el calor y el cansancio que tenía. Me acerqué nadando hasta donde él estaba y le dije:

—Tengo una pensión reservada en el pueblo, justo en dirección opuesta a la que hemos tomado desde que le encontré. Tengo que llegar allí antes de que anochezca.
—No creo que puedas. El pueblo está a más de una hora desde donde me encontraste, y con esa mochila… se te hará de noche antes de llegar a la mitad del camino. Y podrías perderte si no lo conoces bien.
—Pues no. No se bien el camino. Nunca he estado por aquí.

Miré hacia arriba y vi que el sol había ya descendido bastante. Comprendí que no llegaría a mi pensión con su ducha y su servicio y se me saltaron las lágrimas al sentirme perdida. Él continuó hablando:

—No hay ningún pueblo cerca… Puedes dormir aquí —dijo con su voz suave, mientras me ponía su mano fría en mi hombro, pues era evidente que yo estaba preocupada.
—¿Me puedo quedar en su casa? —cuestioné con entusiasmo.
—Yo no tengo casa… vivo en una choza mal construida. Es todo lo que puedo ofrecerte.
—Con que tenga ducha y servicio sería suficiente para mí… No soy exigente.
—No exactamente… Si tuviera ducha y servicio no sería una choza. Para mí sería un palacio. Mi ducha es este arroyo y mi servicio es este bosque… no creo que hayas visto un servicio más grande —bromeó, pero yo no tenía ganas de bromas.

Me salí del agua. Estaba enfadada. Busqué mi toalla en la mochila y me sequé. Luego me fui tras mis arbustos para vestirme y cuando volví, él ya estaba con su sábana liada, sentado en un tronco. Me senté a su lado.

—Lo siento —dijo en voz baja—. Siento que no llegues a tu pensión por mi culpa. Te puedo acompañar si quieres, pero serán varias horas caminando.
—No. No lo sienta usted. Es culpa mía, por no organizarme, pero llevo más de una semana buscándole a usted, ¿sabe?, y ahora no tengo ducha, ni cepillo para el pelo… Me lo debí olvidar en otra pensión.
—Ni ducha, ni cepillo… —repitió él como comprendiendo la situación.
—Pero le he encontrado, que era lo que quería, así que estoy bien. Contenta. Contenta y enfadada, pero así es la vida…
—La vida es agridulce, hasta que le quitas el “agri”… ¿Y dices que vienes buscándome a mí? No lo entiendo.
—Me enteré de que un científico había abandonado el mundo y decidí investigarlo. Soy periodista… o eso intento.
—¿Abandonado el mundo? Suena como si hubiera muerto ese científico.
—No, disculpe, me refiero a abandonar “su” mundo anterior: su familia, su casa, su trabajo, sus investigaciones… Sé que mucha gente a lo largo de la Historia ha abandonado todo, pero su caso me resultó curioso, porque supongo que tenía una vida cómoda, prestigio, y sé que usted estaba claramente volcado en sus investigaciones… Pero si llego a saber antes por lo que iba a pasar, posiblemente no hubiera venido. No ha sido fácil llegar hasta aquí.
—Para mí tampoco… —dijo bajando el tono de voz.
—Pues eso es lo que quiero saber. Mi jefa estará encantada de publicarlo, pues ella también pensó que la historia de un científico así sería interesante y original.
—No tan original. Maria Gaetana Agnesi, nació en una familia rica, era muy inteligente (a los 11 años hablaba 7 idiomas), y fue la primera mujer catedrática de matemáticas de la Historia. Dedicó casi 50 años a cuidar a los pobres, viviendo en la pobreza y muriendo junto a ellos. Eso sí es interesante.
—Usted cuénteme su historia, y yo decidiré si es interesante —dije sin pensar que parecía un poco prepotente.
—Te llevaré a mi choza, pero no te contaré mi vida, y menos si piensas publicarla —afirmó mientras se levantaba.
—¡No puede usted hacerme esto! —exclamé alzando la voz de espanto mientras me levantaba de un brinco.

Él cogió la mochila, lo cual le agradecí infinito, porque no podía con mi alma, pero en vez de darle las gracias seguí con mis gritos:

—Vengo desde el otro lado del mundo, me pongo a patear caminos preguntando por un extranjero que nadie conoce, desaparece mi cepillo del pelo y mi bañador, ahora tengo unos pelos de loca, no se dónde voy a dormir y no tengo ni ducha, ni servicio, me han picado mil mosquitos… ¿Y encima no quiere hablar conmigo?
—Entiendo que te sientas mal, pero debes entenderme —me dijo con tono de disculpa, casi en voz baja.
—¡Pero al mundo le gustará saber qué pasó por su cabeza, si es feliz ahora, y cómo vive! —exclamé en un intento de convencerle.
—Lo que pasó por mi cabeza está en mis publicaciones. Ahora soy feliz… más o menos. Al menos más feliz que antes. Y vivo en aquella choza de allí, de lo que la vida me ofrece, sin pedir mucho. Algunos dirían que soy un parásito de la sociedad, yo me veo más bien como un microorganismo no patógeno oportunista… Con eso, ya sabes todo lo que querías saber, y, como ves, no hay nada interesante.
—Pero… ¿Cómo se le ocurrió venir precisamente aquí? ¿Por qué tomó esa decisión? Usted no es aún un viejo del todo y podría continuar con… —dije con ímpetu dándome cuenta a posteriori de que podría haberle molestado lo de “viejo”.
—¿Tienes hambre? —me contestó como si no hubiera oído nada—. Tengo algo de fruta, suficiente para ambos si no comes mucho.

Llegamos a su choza, pero yo a eso no le llamaría choza. Aquello eran dos tablones en forma de L que simulaban ser dos paredes, unas grandes hojas de palmera hacían de techo, y el suelo era el suelo del bosque, limpio de hojas, al menos.

Él descolgó una manta llena de hojas secas rotas, la sacudió fuera de la choza, y luego la puso dentro, doblada, para que nos sentáramos ambos. Levantó una pequeña tabla en el suelo de la esquina, entre las dos paredes, y sacó una bolsa:

—¡Siéntate chiquilla! —me dijo haciendo un gesto con la mano—. Vamos a comer y luego hablamos… La fruta me la dio ayer un frutero del pueblo. No iba a vender tanta fruta, y alguna está ya demasiado madura.

Me senté, pero yo seguía rumiando mi enfado, aunque intenté que no se me notara. Saqué medio bocadillo de mortadela que me había sobrado de la comida, lo partí y se lo pasé a él:

—Gracias, pero no como carne, salvo que vaya a tirarse —me contestó extendiendo su mano con la palma hacia abajo.

Mientras comíamos me contó que algunos pájaros y otros animales venían a visitarle para que les diera algo de comida, pero que hoy no venían, tal vez por mi presencia. Me contó que al principio, él se sentía como los elefantes rogue, los cuales en vez de vivir con la manada, viven de forma solitaria, aunque él no era violento como algunos rogues. Sin embargo, en la India lo consideran un sadhu, un yogui que ha renunciado a lo material, y que él se identificaba bien con los sadhus y se llevaba bien con ellos.

Me dijo que en la India hay entre 4 y 5 millones de sadhus y que son bien vistos por la comunidad, porque no dañan a la sociedad, ni al planeta, y, supuestamente “queman el mal karma de la comunidad”. Me contó anécdotas de antiguos ascetas que le habían inspirado, como Diógenes el Cínico, Porfirio, Epicuro o el sirio San Simeón Estilita que vivió encima de una columna cerca de Alepo durante casi 40 años.

Me dijo que el objetivo de Epicuro fue la ataraxia, la ausencia de pasión y deseos, «la tranquilidad de un espíritu con buena salud», y que ese era ahora su trabajo de investigación. Me explicó que había dejado el laboratorio, para dedicarse a investigar la mente, su mente, y que se había dado cuenta lo poco que necesitamos para vivir, y menos aún para ser felices o, como él decía, para ser “razonablemente felices”.

Yo también le conté parte de mi ajetreada vida intentando hacerme un hueco en el periodismo de investigación, una profesión muy digna que algunos contaminan con intereses empresariales o políticos. No pareció extrañarle mucho mi crítica a la profesión, pero sí se interesó por mis anécdotas profesionales.

Acabamos riéndonos un buen rato antes de que yo empezara a bostezar. Por su parte, él no parecía tener sueño. Me dijo que me tumbara sobre la manta mientras él iba a dar un paseo nocturno, a ver si veía a sus amigos, los animales, y meditaba un rato con ellos.

Al despertar seguía sola en la choza. Iba a buscar mi cepillo del pelo, cuando recordé que no lo tenía. Salí con mi pelo alborotado y vi a este hombre, que otrora fuera un gran científico, convertido ahora en un niño jugando con una mariposa. Al verme, me saludó:

—Buenos días. ¿Has dormido bien?
—Pues sí. Estaba muy cansada. ¿Usted no ha dormido?
—¡Claro que he dormido! Duermo poco, pero duermo bien… ¡aunque a veces me duele la espalda! Pero eso es por la edad…
—¿Pudo meditar anoche con los animales?
—No los encontré, pero no importa —dijo tirándome una manzana que pude coger al vuelo.
—¡Gracias! ¿Medita todas las noches?
—Todas las noches, todas las mañanas… cuando me apetece.
—Meditar es como rezar… ¿no? —pregunté justo antes de morder la manzana.
—No, en absoluto. Mira lo que dice alguna Upanishad: “Cuando alguien venera una deidad pensando «ella es uno y yo soy otro», no ha entendido nada”.
—¿Alguna qué? —pregunté extrañada.
—¿Las Upanishads? Son textos muy antiguos, escritos varios siglos antes de Jesucristo, y que tienen verdades eternas, reveladas a todos los que trabajan su mente interiormente, a través de la meditación y esas cosas.
—¿Dónde aprendió todo eso?
—Se nota que eres periodista… —dijo con tono de resignación—. Vine aquí buscando algo que no sabía si existía, algo como los Sabios de Sivana, del libro “El monje que vendió su Ferrari“. No los encontré, pero encontré algo parecido. Me acogieron en un áshram y allí me enseñaron muchas cosas. Estuve varios años allí, viviendo como en un monasterio hindú, enseñando matemáticas y ciencias naturales a los niños del pueblo. Allí me enseñaron las Upanishads, y más cosas del hinduismo: el Bhagavad Gîtâ, el yoga de Patañjali y el tantrismo de Cachemira.
—¿Se cansó de sus investigaciones en biología?
—No exactamente.
—¿Entonces?

Suspiró profundamente, como el que le cuesta respirar, y prosiguió con evidente emoción en la voz:

—Es cierto que me cansé de los métodos que se emplean en la investigación. Se usan ratones, monos y otros animales. No solo se les priva de libertad, sino que les inoculan todo tipo de virus, bacterias y supuestos medicamentos, o les provocan lesiones medulares… En realidad es exacto hablar de tortura. ¿Y todo para qué? Casi siempre, el único objetivo es publicar un artículo en alguna revista que parezca importante. El objetivo ya no era aprender o curar, sino publicar. Torturan a veinte monos, sacan conclusiones y lo publican. Era muy fácil, pero no era muy ético. Y más si sabes que realmente lo publicado no es realmente útil a nadie. En mis últimos trabajos ya no usaba animales, y algunos de mis colegas me criticaron duramente. Creo que se sentían mal, y su argumento era que todo el mundo trabajaba con animales. Cuando les demostré que no todo el mundo es así, no lo soportaron.

Hubo un amplio silencio, que yo aproveché para tomar algunas notas en mi cuaderno. Luego, siguió hablando:

—Pero no fue eso lo que me trajo aquí… y… ¿sabes una cosa?… ¡Tengo hambre!… ¿Vamos al pueblo? ¿Vale? Te llevo la mochila.
—¡Espera! ¿No tiene más fruta?
—No, pero no te preocupes. Ahora en el pueblo comeré algo. Mi amigo el frutero seguro que tiene algo de sobra y, si no, conozco un sitio donde los turistas suelen tirar mucha comida —dijo con entusiasmo, con cara sonriente y brillantes ojos.
—En serio, siento haberme comido su manzana de desayuno… pero le invito a comer en el pueblo, ¿vale?
—Esa manzana creció para ti, pero acepto la invitación. Te aviso que yo como poco… Hoy habrá más sobras para los sadhus… —dijo cogiendo mi mochilón.
—¡Espera! —le dije levantando una mano—. Hay un favor que me gustaría pedirle… ¿Puedo quedarme otra noche más aquí? Puedo dejar la mochila, y así no hay que llevarla.
—Esto… —dijo sorprendido—. Por mi parte… no hay problema. No creo que nadie te quite la mochila si la dejamos en la choza, bajo la manta, pero sigo sin tener ducha, ni servicio…
—Tiene usted el servicio más grande que he visto… —dije riéndome.

El camino al pueblo fue de más de dos horas, y luego teníamos que volver. Yo no sabía si había hecho bien quedándome en la choza, o hubiera sido más sensato irme a dormir al pueblo. Lo cierto es que había venido hasta aquí para conocer la historia de este hombre, y poco a poco, me estaba contando cosas de su vida. Su compañía era agradable y a su lado me sentía tranquila.

—¿Ha alcanzado la iluminación? —pregunté de forma inocente mientras caminábamos.

Eso le hizo gracia y empezó a reírse. Luego, se puso serio y dijo:

—No sé lo que es eso exactamente, por lo que la respuesta es, no. Intento vivir de forma humilde, porque es algo que es bueno para mi y para todos. Ya he hecho bastante daño en mi vida, y un biólogo debe defender la vida… todo tipo de vida. Precisamente, es lo vivo lo que nos hace ser biólogos.
—Todos hacemos bastante daño en nuestra vida… comiendo carne, por ejemplo.
—No pretendo que te sientas mal, por supuesto, pero efectivamente, la costumbre de comer tanta carne diariamente no es buena para la salud, y genera mucho sufrimiento además de severos daños ambientales.
—No es fácil ser vegetariana… pero voy a intentarlo, al menos en este viaje.
—La vida entera es “este viaje” —repuso sonriendo.
—Es verdad… y durante “este viaje” estamos arrasando el planeta con toda la magnífica vida que contiene. Y ni siquiera somos felices… y a veces ni estamos agradecidos.
—En este país, y más concretamente entre los más pobres, he encontrado más felicidad que en los países ricos. Stephen Hawking dijo que el cambio climático, la superpoblación y las epidemias complicarán la supervivencia en la Tierra, y muchos otros científicos, como Carl Sagan, ya habían avisado antes de lo mismo.
—¿Hizo usted algún descubrimiento en esa línea?
—Sí, todo está en mis publicaciones, pero a nadie le importó. No escucharon a Hawking, ni a Sagan, aún menos me iban a escuchar a mí.
—¿Qué descubrió exactamente? —pregunté con avidez.
—Te lo contaré si quieres. ¿Conoces la teoría de que la biodiversidad es como los remaches de un avión?
—No, ni idea.
—Es una metáfora utilizada ampliamente entre ecologistas y biólogos, difundida, por ejemplo, por los científicos Nebel y Wrigth. En esta metáfora se compara la pérdida de biodiversidad, es decir, la pérdida de especies, con la pérdida de los remaches de un avión en pleno vuelo. ¿Cuántos remaches podemos quitar sin que caiga el avión? Cada especie es como un remache, y si quitamos muchos remaches, el avión se desarma y cae. Se estima que se pierden miles de especies cada año por distintos motivos: pérdida de hábitats por construcciones humanas y por la ganadería y agricultura industriales, cambio climático, acidificación del océano, alteración de los ciclos del nitrógeno y del fósforo, especies exóticas invasoras, tráfico ilegal de vida silvestre… Si no recuerdo mal, se perdían unas 150 especies cada día… y puede que ahora sean más.

En ningún momento perdió su aire tranquilo, pero la tristeza iba invadiendo su semblante. Tras una pausa, continuó:

—No nos damos cuenta de que nuestra vida depende de esa biodiversidad. Dependemos de bacterias que ni siquiera la ciencia ha dado nombre aún, y según mis investigaciones, llegué a la conclusión de que el avión se cae, pues ya hemos quitado demasiados remaches.

—–  FIN  —–


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Indignación en España por la pérdida de dinero público

Los ricos defraudan con billetes de 500Lo peor que puede pasar en España (peor que la corrupción) es que nos acostumbremos a las salvajadas de los políticos y empresarios más ruines del país. Datos tenemos para aburrir, pero en vez de hacer una lista de la corrupción en España, vamos a comentar algunos datos, sintetizado y analizando tres puntos clave por donde se va nuestro dinero legalmente. Saquen la calculadora y vayan sumando:

1. Los bancos tradicionales nos roban, pero no pasa nada (son bancos)

Para superar la crisis, el gobierno prestó dinero a los bancos y nos aseguró a todos los ciudadanos que se recuperaría todo: “que no cueste un euro al contribuyente“, fueron las palabras precisas de Soraya Sáenz de Santamaría. Todo mentira. Ahora ya sabemos que los bancos se han quedado 60.000 millones que no van a devolver. La palabra de nuestro gobierno no vale nada.

Si no pagas la hipoteca al banco, te vas a la calle, desahuciado y sin casa (y puede que hasta con deudas). Pero si los bancos no pagan sus deudas, no pasa nada, porque son bancos (empresas privadas con privilegios desmedidos). El gobierno que permitimos que gobierne puede hacer lo que quiera con tu dinero, hasta regalarlo a los que son parcialmente culpables de la crisis.

También podemos sumar los 11.500 millones perdidos por el Estado en el caso Catalunya Banc, a favor de BBVA.

El invento de las cláusulas suelo era el timo perfecto para estafar a la gente. Tras muchos recursos y sentencias, algunos bancos están devolviendo el dinero, pero a veces los clientes tienen que denunciar ante los tribunales si quieren recuperar lo que les corresponde. Es obvio, que estas cosas ocurrirían menos si la gente exigiera algo de ética a sus bancos.

2. Las grandes fortunas no pagan sus impuestos, pero no pasa nada (son ricos)El gobierno nos engaña, pero como es el gobierno, le creemos

El gobierno volvió a engañarnos con su “Amnistía Fiscal”. Nos dijo que íbamos a conseguir mucho dinero de los defraudadores, pero también fue mentira. Los que defraudaron no pagaron ni ese 10% que anunció el gobierno: no llegó ni al 3% (unos 1.200 millones), cuando en realidad deberíamos haber recuperado al menos 8.000 millones (considerando un 20% de los 40.000 millones regularizados, que es lo mínimo que paga cualquier trabajador español). De nada sirvió que el Tribunal Constitucional dijera que la Amnistía Fiscal es nula, porque su sentencia es la que fue nula y no sirvió para nada: Ninguno de los que se acogieron a esa Amnistía Fiscal pagará nunca todo lo que debe. Estamos en España y lo que diga el Constitucional sirve, o no sirve, dependiendo de a quien afecte.

Cristóbal Montoro, el ministro artífice de la Amnistía Fiscal, ha sido reprobado por el Congreso (y van dos ministros reprobados en la legislatura). Además, está implicado en varios casos de posible prevaricación porque su consultora asesoraba a empresas que se aprovechaban de los cambios legislativos.

Pero sigan sumando: 15.600 millones de euros es lo que deben los morosos de Hacienda, unas 4.855 personas que no pagan sus impuestos (pero que tampoco defraudan como otros). En cabeza están empresas como Reyal Urbis, Nozar, Grupo Prasa, Banreal, Aifos… pero hay también gente ilustre, como Mario Conde, Dani Pedrosa, Lorenzo Sanz… y curiosidades como la del Aeropuerto de Ciudad Real o el grupo Intereconomía.

No nos olvidemos de los que defraudan usando paraísos fiscales, como las empresas del IBEX, la familia Pujol o Amancio Ortega. Para limpiar su imagen, este último ha donado dinero a los hospitales, lo cual está muy bien, pero ¿por qué no dona dinero a Hacienda para que ponga más inspectores? Ni Amancio Ortega ni este gobierno tienen interés en que haya muchos inspectores: Hacienda pierde 9 inspectores al mes desde que gobierna Rajoy, y eso explica los 90.000 millones al año que se pierden por fraude fiscal.

3. Grandes empresas saquean lo público, pero no pasa nada (son el futuro laboral de políticos de Puertas Giratorias)Puertas giratorias: Pasar de político a empresario sin cuarentena es peligroso para la salud de la economía.

La política energética es, quizás, la que más indignación genera entre los ecologistas, pues los recientes ministros del ramo, Nadal o Soria (lean esos enlaces si aún no están suficientemente indignados). Ambos tienen demostrada incompetencia para el puesto, y generan severos daños ambientales beneficiando a las grandes compañías eléctricas, a costa de los ciudadanos: más de 3.000 millones deberían devolver las grandes compañías eléctricas por los pagos por capacidad, por ser ayudas ilegales según el Derecho de la UE, y otros 3.400 millones deberían devolver por lo cobrado de más por los CTC.

Y sigan sumando: 1.700 millones de nuestro dinero han ido a parar a ACS por el caso Castor, el ejemplo más claro de cómo una mala gestión (del gas), la acabamos pagando todos. Si sale bien, los beneficios son para la empresa y si sale mal, lo pagamos entre todos. Esto no pasa para todas las empresas. Sólo para bancos, eléctricas y grandes constructoras, que, por supuesto, son amigos de los que mandan.

El tren AVE representa muy bien el tipo de progreso de España en el que priman la imagen y los beneficios para una minoría, mientras los daños quedan sin reparar y muy silenciados. Decía López de Uralde que destinamos a luchar contra el cambio climático el coste de 1 kilómetro de AVE y no olvidemos que mientras el AVE es un transporte de minorías, el cambio climático lo sufrimos todos (y lo sufriremos más aún).

Hasta nuestro patrimonio natural más protegido, nuestros Parques Nacionales, están al servicio de intereses privados como el de los cazadores (está permitido cazar en Parques Nacionales hasta 2020), el de los agricultores ilegales (agricultores de Doñana o Murcia con sus pozos ilegales), o el de empresas privadas como Gas Natural, que quiere construir un almacén de gas en Doñana, con el visto bueno de los gobernantes.

Concluyendo

Sumando sólo las cantidades citadas de dinero perdido (sin contar las que los bancos han usurpado a sus clientes directamente), tenemos que España ha perdido recientemente MÁS DE 190.000 MILLONES DE EUROS (se incluyen los 90.000 estimados en fraude fiscal anual).

Compare esa cifra con las cantidades totales dedicadas en los Presupuestos Generales del Estado 2017 para Sanidad (unos 4.000 millones), investigación (unos 6.000 millones) o cooperación (512 millones, la cuarta parte que en 2011). Resulta llamativo y totalmente desconocido que, en esos presupuestos, también encontramos 900.000 euros en subvenciones para fundaciones dependientes de partidos políticos, mientras que para ONG sólo quedan 150.000 euros.

Si España no perdiera tanto dinero público, podríamos aumentar 19 veces los presupuestos en sanidad e investigación, en vez de recortarlos, y no tendríamos que pedir préstamos para pagar las pensiones. Cuando alguien diga que no hay dinero, muéstrenle estos datos.

Ante tanta injusticia no es raro que la indignación sea el mayor activo español. El movimiento 15M, ligeramente dormido, podría estar cogiendo fuerza si el gobierno (el que sea) no pone fin a tanta iniquidad.

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Política y urbanismo: La ideología influye en las ciudades

Nuestra ideología nos influye más allá de nuestra propia conscienciaNuestra ideología impregna nuestros actos, casi siempre más allá de nuestra propia conciencia. En el fondo, una ideología es una “escala de valores” que nos dice lo que se supone que es más importante.

Suele pensarse que el ser humano es racional, que piensa antes de actuar y que evalúa sus pensamientos antes de validarlos. No siempre es así, ni siquiera entre la gente mejor formada. Por ejemplo, economistas de la talla de Georgescu-Roegen o del premio Nobel Sen, critican que, en demasiadas ocasiones, la economía no estudia al ser humano real, sino a una simplificación del mismo (el Homo oeconomicus), el cual se mueve mecánicamente por intereses egoístas y al margen del contexto social y cultural. Romper con esa simplificación, le costó a Georgescu-Roegen ser ignorado por sus colegas y tal vez por eso no consiguió el premio Nobel. Pero Georgescu-Roegen tenía razón: el ser humano no se mueve exclusivamente por intereses egoístas, sino que se rige continuamente (aunque de desigual manera) por su “escala de valores”, o sea, por su ideología.

¿Sabían los faraones que la construcción de sus grandiosas pirámides requería mano de obra esclava y mucho sufrimiento? Por supuesto que lo sabían, pero en su escala de valores la construcción de su monumento funerario estaba por encima del sufrimiento de los esclavos. Esa ideología de los faraones tiene, aún hoy, efecto en el modelo de país turístico que es Egipto.

¿Cómo se puede clasificar la ideología de una persona?

El diagrama de Nolan no divide la ideología en la clásica y ambigua izquierda y derecha, sino que utiliza dos dimensiones o tipos de libertad, pudiendo representar la ideología de una persona por un punto en un espacio cartesiano que usa esas dos dimensiones, las cuales son:

Posición aproximada de los partidos políticos españoles en el diagrama de Nolan, el cual representa la ideología según dos dimensiones o libertades: la libertad personal y la económica.

Posición aproximada de los partidos políticos españoles en el diagrama de Nolan.

  1. Dimensión social o libertad personal: Se deben valorar aquí aspectos tales como la libertad de expresión, la legalización de las drogas, el derecho a la intimidad, o cómo controlar la discriminación, la inmigración y el deterioro ambiental.
  2. Dimensión o libertad económica: En esta dimensión hay que valorar, por ejemplo, qué inversión debe hacer el Estado en hospitales o en reducir la desigualdad, así como la forma de establecer los impuestos, las pensiones, el control de los aranceles aduaneros y hasta dónde el Estado debe controlar a las empresas y el tipo de contratos que hacen.

En el gráfico adjunto se muestra que en las cuatro esquinas del diagrama encontramos las figuras de “progresista”, “conservador”, “liberal” y “totalitario”. Como puede verse, un “totalitario” restringe todo tipo de libertades (aunque ello suponga sacrificar derechos básicos), mientras que un liberal permite todo tipo de libertades (aunque ello suponga perjudicar a los más débiles o a los que no tienen voz, como los animales o la Naturaleza).

Hoy en día tenemos claro que el crecimiento económico no puede mantenerse indefinidamente. A pesar de esta evidencia, muchos liberales hablan de crecimiento sin poner límite a ese crecimiento y sin evaluar la “calidad” de ese crecimiento. Por poner un ejemplo, construir cosas genera empleo pero no es lo mismo construir colegios que tanques. Para medir esa “calidad es mejor usar el IPG que usar el obsoleto PIB.

La ideología influye en la ciudad: Ejemplos

Veamos algunos ejemplos de cómo la ideología influye en el desarrollo de una ciudad. Supongamos el caso real de una ciudad (Málaga), con una zona libre en la que tenemos dos opciones: Crear un bosque urbano que sirva como pulmón o construir edificios que harían que la economía se moviera más.

Un “progresista” valoraría especialmente las bondades en salud y disfrute a corto y largo plazo de una zona verde, mientras que un “conservador” valoraría más la creación de puestos de trabajo. Por otra parte, un “liberal” dejaría que el mercado decidiera qué es lo más rentable y, si nadie paga por usar una zona verde, eso sería para él una señal clara de que nadie quiere zonas verdes. Finalmente, el “totalitario” haría lo que a él le pareciera mejor según su propia opinión o interés personal.

Alejándose de estas cuatro posturas extremas, lo que habría que valorar en ambas opciones es, al menos, lo siguiente y para la mayor cantidad de población posible:

  • Las mejoras y ahorros en salud.
  • La calidad de vida (su cercanía a otras zonas verdes…).
  • Los posibles inconvenientes a largo plazo (contaminación, ruido…).
  • La creación de empleo, pero no solo la cantidad de empleo, sino también su calidad y permanencia a largo plazo. No bastaría con mirar el empleo potencial, sino que habría que evaluar de forma realista si ese empleo se materializará o si sólo se traspasará de un lugar a otro. Por ejemplo, un gran centro comercial crea empleo, pero también lo destruye, ya que la gente deja de comprar en otros sitios. Si además, ese centro acoge principalmente a grandes multinacionales, habría que valorar si eso beneficia a nuestra sociedad y al planeta.

Otro ejemplo frecuente lo tenemos cuando hay alguna industria cuya actividad es nociva para la salud, como es el caso de la cementera de Málaga, o la empresa plástica que atemoriza con cáncer a un pueblo murciano. La ideología será clave para valorar las ventajas de tener este tipo de empresa minusvalorando sus daños, o bien, todo lo contrario.

Finalmente, un ejemplo al que se enfrentan todas las ciudades: controlar el tráfico y su contaminación. Algunas ciudades valoran más la libertad de movimiento individual e invierten millones en facilitarla, incluso aunque ello suponga incumplir la legislación anticontaminación y poner en peligro la salud de los ciudadanos. Otras ciudades, en cambio, han decidido poner trabas al vehículo privado y facilitar el transporte público y el no contaminante (bicicleta, caminar…), anteponiendo el derecho a respirar aire limpio al derecho a moverse en coche privado.

Por encima de la ideología suelen dominar los sentimientos y los intereses personales, cuando lo que debería dominar es “la razón”, los datos, la solidaridad y la empatía hacia los más vulnerables. ¿Seremos capaces de exigirlo así a nuestros gobernantes?

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NOTA: Este artículo se sometió al concurso de ensayo de AVAPOL en 2017.
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Máquinas y robots nos quitan el empleo pero mejoran nuestra vida

En 1948, Norbert Wiener, considerado padre de la cibernética, advirtió ya el conflicto entre tecnología y empleo, sugiriendo indemnizar a los ciudadanos [14]. Recientemente, Paul Mason decía que en 30 años “entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo en el comercio y en trabajos de oficina” [11]. Otros informes reflejan cifras similares [1, 3, 9]. En todo caso, es obvio que en el mundo actual el trabajo se está automatizando y gran parte del que no se puede automatizar se lleva a países con una regulación laboral o ambiental menos exigente o donde la mano de obra y los impuestos son más baratos.

Las máquinas en general (ordenadores, robots, máquinas industriales o agrícolas…)  aumentan la productividad en todos los sectores, e inevitablemente, se pierden empleos. Si seguimos así, viviremos en una sociedad en la que hay que trabajar poco, pero en la que la miseria y el desempleo socavarán la calidad de vida y la convivencia pacífica. ¿Sabremos adaptarnos para conseguir las ventajas y evitar los inconvenientes de la automatización?

La informática se aplica a todo pero destruye más empleo del que crea

La mecanización agrícola acabó con muchos puestos de trabajo en el campo pero creó muchos otros en las ciudades. Sin embargo, en la actualidad se supone que sólo los robots destruirán 3,5 empleos por cada uno que consigan crear.

En España, por ejemplo, hay algunos datos preocupantes que podrían estar relacionados entre sí: es el país de la OCDE con más desigualdad entre ricos y pobres y, por otro lado, el sector de la banca lleva ocho años echando a 200 empleados a la semana. Obviamente, la banca no es un sector en crisis, por lo que los recortes son principalmente debidos a la automatización: las operaciones se hacen por Internet con coste casi cero para la banca.

Cientos de profesionales ven cada día cómo sus trabajos son realizados por robots o por empresas de Internet con muy pocos ordenadores y empleados. Ejemplos de esto son agencias de viajes, editoriales o el sector del taxi, sustituidos por simples webs o Apps, telefonistas sustituidos por programas para chatear (bots), u obreros industriales reemplazados en todos los sectores, como los robots albañiles (que ponen más del doble de ladrillos por hora que el mejor albañil). También se pierden empleos por la obsolescencia programada y por la bajada de precios, debida en parte también a la automatización (ese es el caso de relojeros, zapateros o reparadores de electrodomésticos).

En la docencia, por ejemplo, si los profesores publican en Internet vídeos de sus clases, los alumnos podrían cursar las asignaturas desde sus casas, repitiendo el vídeo cuantas veces quieran. Así, podrían ir al centro de estudios sólo para clases prácticas (o simplemente para socializar y jugar, en el caso de los más pequeños). Hasta las dudas podrían resolverse por chat o videoconferencia. Además de un simple vídeo pueden usarse otros mecanismos informáticos que captan mejor la atención del alumno (programas con animaciones, documentales, ejercicios o juegos). Por otro lado, esos cambios conllevarían que con menos profesores se podría atender a una mayor cantidad de alumnos.

El avance más descomunal, de hecho, no está en las máquinas (hardware), sino en el software, usando técnicas de “Inteligencia Artificial“: sistemas expertos, reconocimiento facial o de voz, coches autoconducidos… El oxímoron “Inteligencia Artificial” incluye un conjunto de técnicas que imitan el comportamiento humano. No es propiamente inteligencia, pero lo parece y en muchos casos funciona mejor que la inteligencia humana. Ello es debido, entre otros factores, a la gran memoria y velocidad de cálculo de los procesadores electrónicos y también a una objetividad de la que a veces los humanos carecen. Incluso, hay técnicas en las que el objetivo no es decirle a la máquina lo que tiene que hacer, sino dejar que lo descubra y que aprenda por sí misma (machine learning). Aunque hay mucho por hacer, los avances en esta materia son espectaculares (toma de decisiones en medicina o en economía, comprensión de textos… y muchas más).

Opciones para evitar lo peor

Cambios como los anteriores pueden no percibirse como algo brusco. Sin embargo, esos cambios llevan a Mason a afirmar que el capitalismo está a punto de desaparecer como lo conocemos, lo cual puede provocar, según él, el caos o, al menos, el fin del trabajo en su forma actual.

Ahora y siempre, para conseguir empleo es importante la formación, pero actualmente no sólo tienen valor los conocimientos, sino que vale mucho más la creatividad, la especialización y la capacidad de aprender nuevas cosas en un mundo tan cambiante (son los llamados «nómadas del conocimiento» o knowmads). Pero aunque consigamos para el futuro una sociedad mejor formada, el problema de la automatización no se resuelve, pues en el futuro harán falta menos personas para trabajar. Si no hacemos nada, la automatización podrá beneficiar a la sociedad, pero aún así, muchos perderán sus empleos, con todo lo que ello implica.

Si estamos de acuerdo en que una sociedad desigual no beneficia a la mayoría y es fuente de injusticias, entonces algo hay que hacer. Autores como Keynes, McAfee o Meyer han hecho propuestas en este sentido:

  1. Fomentar el trabajo a tiempo parcial, para repartir mejor el empleo existente.
  2. Reducir la jornada laboral, por ejemplo, a cuatro días semanales para compensar la reducción en el trabajo disponible [6]. Keynes pronosticó 15 horas semanales para 2030 [1].
  3. Instaurar una Renta Básica Universal [6, 7] (aunque sea muy básica) que complemente los salarios (bajos por trabajar pocas horas o nulos) y controlando que esto no haga descender los salarios [1]. Podría justificarse esta renta en el hecho de que todo ciudadano de un país tiene derecho a poseer los recursos naturales y económicos públicos. Donde se ha probado, se ha demostrado que no desincentiva trabajar. Próximamente se va a probar en Barcelona y otras ciudades europeas [4].
  4. Tratar a ordenadores y robots como empleados de las empresas y que paguen impuestos (o sea, que no sea tan rentable usar máquinas a costa de despedir empleados).
  5. Convertir al Estado en “empleador de última instancia para evitar desempleados de larga duración [12].
  6. Dar valor a tareas ahora no remuneradas, como voluntariado, cuidado de niños o de mayores, etc. Estas actividades podrían pagarse con algún tipo de beneficio.
  7. Evitar la deslocalización y el abuso de las multinacionales de los países ricos exigiéndoles el mismo comportamiento legal y ético en todos los países en los que actúen [8] (respetando las leyes ambientales y de seguridad laboral, como si estuvieran en su propio país).
  8. Evaluar el impacto de cada tecnología, pues es evidente que no vamos a renunciar a todos los avances tecnológicos, pero tampoco debemos asumirlos todos, pues algunos tienen impactos muy considerables.

Conclusiones

Bertrand De Jouvenel dijo [2]: “Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizar trabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados”. Tal vez, si reducimos el número de horas que un humano puede trabajar, entonces, el trabajo humano tendrá más valor.

Que la tecnología destruye puestos de trabajo, lo recordó hasta el Papa Francisco [5]. Pero nuestra sociedad ensalza el trabajo remunerado tanto como la tecnología, y cuando son, aparentemente opuestos, nos negamos a elegir entre uno u otro. Nadie debería quejarse de que las máquinas trabajen, si lo hacen mejor, más barato, sin cansarse y disponibles a cualquier hora, pero tenemos que establecer mecanismos para que esas ventajas generen beneficios para todos y nos permita una sociedad más equitativa.

Hasta la generación de electricidad con renovables requiere menos puestos de trabajo por cada megavatio [10], lo cual es otra gran ventaja de una sociedad renovada.

La tecnología pone en nuestras manos un gran poder, y ello implica una gran responsabilidad, pero… ¿estamos siendo suficientemente responsables? ¿Somos responsables siquiera en conseguir de forma ética los materiales con los que construimos nuestras máquinas? (pensemos en el coltán, por ejemplo).

Si no hacemos nada, se consumará, como dijo Marta Tafalla [13], nuestro fracaso como ser racional.

Referencias

  1. Lidia Brum, “Robots y Trabajo” (CC.OO. Perspectiva, 2017).
  2. Bertrand De Jouvenel, “La Civilización de la Potencia: De la Economía política a la Ecología política” (1976). Libro resumido en resumelibros.tk.
  3. David Fernández, “La inteligencia artificial obliga a redefinir la economía“: La productividad podría aumentar el 40%, mientras se pierden el 47% de los empleos (El País, 2017).
  4. Sergi Franch, “La Unión Europea elige Barcelona para testar cuatro modelos de Renta Básica con 1.000 vecinos” (Eldiario.es, 2017).
  5. Papa Francisco, encíclica “Laudato Si” (2015). Libro resumido en resumelibros.tk.
  6. José Galindo, “¿Qué Pasaría si en los Países Ricos Trabajáramos Menos? (Hacia una Economía Sostenible)” (Blogsostenible, 2011).
  7. José Galindo, “Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral” (Blogsostenible, 2015).
  8. José Galindo, “Lista de empresas que deben ser multadas y boicoteadas” (Blogsostenible, 2017).
  9. José Galindo, “¿Qué fuente de energía requiere menos empleo? (Empleos por Megavatio)” (Blogsostenible, 2017).
  10. Gary Marcos, “Will a robot take your job?” (The New Yorker, 2012): En 90 años desaparecerán el 70% de los empleos.
  11. Paul Mason, “Postcapitalism: a guide to our future” (Allen Lane, 2015).
  12. Henning Meyer, “No hace falta una renta básica: cinco medidas para afrontar la amenaza del desempleo tecnológico” (Ctxt, 2017).
  13. Marta Tafalla, “Crisis ecológica, conocimiento y finitud: Fracaso del ser humano como ser racional” (Blogsostenible, 2016).
  14. Norbert Wiener, “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine” (The MIT Press, 1948).

NOTA: Este artículo ha sido publicado algo más breve en Crónicas del Intangible, un espacio de divulgación sobre software y ciencias de la computación (blogs de EL PAIS, ??-6-2017).

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