No desprecies el sol: Situación del autoconsumo y porqué debemos fomentarlo en España

Paneles solares para autoconsumo: Energía limpia y barataEl gobierno de España desprecia el sol. No hagamos nosotros lo mismo. La ley debe cambiar pronto, pero incluso aunque no cambie, merece la pena instalar unos pocos paneles solares pues no hay “Impuesto al Sol” para menos de 10 Kw.

Sin duda, el nuevo panorama político hará cambiar la ley para favorecer el autoconsumo solar. El actual gobierno de España es contrario al autoconsumo solar, porque es una fuente de energía cuya materia prima es GRATIS y ACCESIBLE para todos. Aprovechar el sol tiene inmensas ventajas para España (aunque no sea rentable para sus amigos de las grandes eléctricas), como son: mayor eficiencia de la red eléctrica (el 14% de la energía se pierde en su transporte), menores costos en generar la energía y en crear y mantener redes de transporte, menor dependencia de energías fósiles exteriores, menor contaminación, más salud…

¿Qué implica poner paneles solares en mi vivienda o negocio?

La instalación de paneles solares es muy sencilla.La instalación de paneles solares es muy simple y relativamente barata (depende de cuánta potencia queramos instalar). Si tienes tejado o un espacio soleado, poner unos paneles es fácil y empezarás a ahorrar electricidad desde el primer día. Los paneles solares producen electricidad y la inyectan en tu instalación eléctrica para que la consuma tu casa, sin depender del suministro exterior.

Si en algún momento produces más de la que necesitas, puedes almacenarla en baterías pero éstas son costosas y poco rentables en general, salvo que vivas aislado de la red eléctrica. Con una instalación sin baterías, si hay un día soleado y estás fuera de casa, es posible que los paneles solares produzcan en algún momento más electricidad de la que consume el hogar. Con la ley actual, ese exceso se vierte a la red en forma de regalo. Cuando esté aprobado el Balance Neto (debería estarlo pronto) la energía que se vierta podrá ser recuperada más tarde cuando el hogar la necesite (de noche, por ejemplo). El Balance Neto está aprobado en países como Alemania, Holanda, Portugal, Grecia, Italia, Dinamarca, Japón, Australia, Estados Unidos, Canadá y México, entre otros. En España no.Paneles solares, microinversor y cables, es todo lo necesario para una instalación de autoconsumo solar

¿Merece la pena instalar paneles solares?

El autoconsumo solar ya es rentable para una casa o negocio. El Balance Neto sólo hará que los paneles solares sean más rentables aún.

El famoso “Impuesto al Sol” es una barbaridad ética y ambiental. Pero la ley NO establece ningún “Impuesto al Sol” para instalaciones pequeñas, de menos de 10 Kw. Por tanto, el que quiera poner unos pocos paneles no tiene más que pagar lo siguiente:

  • Paneles, microinversor e instalación: El precio depende de la potencia que se desee instalar, pero los precios han bajado muchísimo en poco tiempo. El microinversor se instala entre los paneles y la red eléctrica. La instalación es sencilla para alguien con mínimos conocimientos de electricidad.
  • Verificación: En una instalación legalizada, la empresa de distribución eléctrica (no la comercializadora de electricidad) ha de verificar la instalación y configurar el contador eléctrico. En esto se tardan 10 minutos pero cobran unos 200 euros.
  • Otros temas: La empresa instaladora puede cobrar algo si se encarga del papeleo para registrar la instalación (y puede ser dinero bien empleado porque el sistema está pensado para que no sea fácil). Algunos ayuntamientos exigen pagar un permiso de obra. Suele ser un permiso reducido, ya que instalar un panel solar es lo más alejado al concepto de “obra” que se pueda imaginar. También puede haber subvenciones, dependiendo del momento y del lugar donde vivas. Normalmente, las empresas instaladoras saben si hay alguna convocatoria abierta y se encargan de todo el papeleo.

La garantía suele ser de 25 años al 80% (es decir, que tus paneles seguirán produciendo un 80% de su potencia, en el año 2042). Tienes más información sobre el autoconsumo y los trámites en la web del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital.

¿Qué pasa si no legalizo mi instalación?

La ley es tan absurda que contempla multas de hasta 60 millones (el doble de lo que se penaliza un escape nuclear). La instalación es tan simple que la mayoría de las pequeñas instalaciones no están registradas y nadie ha sido multado. No obstante, lo correcto es registrar nuestra instalación para que el sistema eléctrico cuente con ella (para predicciones de consumo, por ejemplo).

Por otra parte, los nuevos contadores, mal llamados “inteligentes”, pueden contar erróneamente como energía consumida de la red la energía que te sobre de tu instalación. O sea, si el contador no está bien configurado puede que pagues por la energía que regales. Esto lo hacen para penalizar las instalaciones no registradas, y para evitar que se instalen paneles (si instalas muchos paneles, será más fácil que te sobre electricidad en algún momento). Si tienes un contador antiguo, cuando regales electricidad solar el contador intentará ir hacia atrás, pero un mecanismo se lo impedirá. En ese caso no pagarás por lo que regales.

Otras soluciones son instalar menos potencia solar de la que gaste tu vivienda en el menor momento del día, o usar sistemas de “inyección cero” (mecanismos que evitan que la electricidad salga de la vivienda: desconectando la instalación solar cuando no haya suficiente consumo en el hogar o aprovechándola para otros fines, como calentar agua).

Entender el contador de tu casa

Contador con la lectura del consumo (código 1.18.1)Si el contador es tipo Enel (los más habituales) podrás ver estos códigos en el display:

  • Código 1.18.1: Cuando se visualiza este código, a la derecha se muestran los kilovatios hora consumidos (energía activa). Ese valor es el que aparece en la factura y es el que se usa para saber cuánto se ha consumido cada mes. Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria (2.0DHA y 2.1DHA), este código muestra el consumo en el periodo caro (punta o P1)
  • Código 1.18.2: Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria este código muestra el consumo en el periodo barato (valle o P2). En el display se visualizan alternativamente este código y el anterior.Código 1.28.1 para ver la energía vertida a la red por una instalación de autoconsumo eléctrico.
  • Código 1.28.1 (y 1.28.2 si tienes Discriminación Horaria): Si exportas energía activa, este código te dirá cuánta energía ha salido de tu instalación. Pero este código no se muestra directamente, sino que hay que usar el botón amarillo que hay junto al display del contador. Hay que dar una pulsación larga, una corta, dos largas y varias cortas:

Display en reposo → PL (Pulsación larga) hasta que aparece el texto: “Modo de lectura”  → PC (Pulsación Corta): “L1 CTTO1” → PL: “Actual” → PL: “1.18.1” → Luego, dar varias PC hasta llegar al código “1.28.1” (y el siguiente será el 1.28.2, si procede).

Ver nota al final para más detalles de los códigos del contador.

¿Por qué el gobierno no fomenta el autoconsumo?

El ministro de energía Álvaro Nadal ha cometido ya demasiadas barbaridades, como por ejemplo, apoyar el “Impuesto al sol” o afirmar que los españoles se tendrán que acostumbrar a pagar más por la electricidad. Es sorprendente que el ministro prefiera que los ciudadanos nos acostumbremos a pagar más, en vez de hacer políticas que reduzcan el precio de la electricidad, tales como favorecer las renovables y recuperar para el Estado las hidroeléctricas (las cuales cobran un 600% más que sus costes usando un recurso público como es el agua).

Nadal y su ministerio presentaron un informe sobre autoconsumo incompleto, sin rigor y claramente falto de objetividad. En palabras de Frederic Andreu, el informe de la Secretaria de Estado de Energía “intenta de manera desvergonzada demostrar el sobrecoste económico que el autoconsumo supone para las arcas del Estado”. Otros estudios concluyen que el gobierno miente por más de 200 millones de euros.

La triste realidad es que el gobierno no tiene como prioridad defender los derechos de los ciudadanos, ni reducir la contaminación. Resulta evidente que este gobierno está más interesado en que las empresas eléctricas ganen mucho. Las puertas giratorias giran a favor de los miembros del gobierno y de sus amigos, que se van colocando en empresas energéticas. Pero la gente está cansada de todo eso. El clamor del pueblo por el Balance Neto y por las renovables dará sus frutos.

Te puede interesar:

NOTAS:

  • Los tres números de los códigos del contador significan, respectivamente: Contrato (por si hubiera varios), Concepto y Periodo (habrá dos en caso de discriminación horaria). Además de los dos conceptos comentados, hay otros muchos tales como el exceso de potencia (12), maxímetro (16), energía reactiva (58), potencia contratata (135)…
  • Este artículo se publicó originalmente en El Salmon Contracorriente, y tuvo algunos comentarios interesantes.
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Necesitamos “Parar para pensar”

Cierto día, estando en Blanes, decidí salir a pasear. Me salí de este pueblecito gerundense dispuesto a caminar. Andando desprevenido me hallé por un camino desconocido. No sabía bien donde iba, pero sin pensarlo, decidí continuar, por investigar. El camino se fue estrechando entre la vegetación, hasta convertirse en un sendero sin dirección. Un precioso acantilado apareció a mi lado. El sendero se fue empinando y las rocas y los arbustos lo ocultaban junto a árboles robustos. La inclinación había aumentado, hasta que resbalé y casi caí por el peligroso acantilado.

Esa es la imagen grabada que me viene cuando veo la evolución de nuestra sociedad industrializada: La investigación y la curiosidad nos ha llevado a magníficos lugares, a cotas realmente maravillosas y singulares (en calidad de vida o nivel tecnológico). Pero también estamos a punto de caer por un empinado acantilado:

Cuando sabemos que caminamos por un camino peligroso, lo más sensato es parar para pensar. Es urgente hacer un paréntesis por un momento para discurrir por donde vamos, a donde vamos y dónde queremos ir. Esta reflexión debería inundarlo todo: ciencia, investigación, política, arte, educación… desde la agricultura, hasta cualquier evento cultural. Si todos los sectores dedicaran unos días a reflexionar, tal vez podríamos evaluar, si como sociedad, avanzamos bien o mal, y detallar qué podemos hacer para mejorar. Podemos avanzar mucho tecnológicamente, pero no podemos avanzar como sociedad mientras haya tantos problemas pendientes, siendo éstos tan graves y algunos con peligro inminente.

Necesitamos esa visión global y esa humildad de gran talla que reclamaba Marta Tafalla. Pero para ello tenemos que parar para pensar.

No sólo nos estamos jugando que el futuro de las siguientes generaciones no sea escoria, sino nuestro propio futuro inmediato y nuestro honor en la Historia. Sin embargo, nada nos hace pensar que vayamos a parar para pensar.

El Papa Francisco, un ecologista que pretende que todos ahorremos recursos naturalesLeonardo DiCaprio, un ecologista consagradoEs cierto que estamos viendo que muchas voces se van uniendo a esta petición: desde famosos como Leonardo DiCaprio, hasta el propio Papa Francisco, pero no es suficiente porque la gente corriente sigue tolerando que las cosas se hagan mal. Incluso hay protestas cuando las cosas se hacen bien. Por ejemplo, restringir el tráfico en cualquier ciudad es, a veces, visto como una gran amenaza (véase aquí como se quejaba Esperanza Aguirre de las restricciones de tráfico en Madrid). Sin embargo, la mayor amenaza es la contaminación invisible, que nos mata. Lo sabemos, estamos muy seguros, pero como sociedad no nos importa, porque nos comportamos como adolescentes inmaduros.

Todo adolescente necesita normas y necesita que le obliguen a cumplirlas, quiera o no quiera. Si hacer eso es ya difícil con un adolescente… ¿Quién podrá hacerlo a nivel nacional o incluso más global?

Lo dicho, necesitamos parar para pensar.

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Libro “De cómo los animales viven y mueren” de Javier Ruiz (Resumen)

Los cerdos no quieren ser nuestra comida.Los animales forman parte de nuestra vida. Nosotros mismos somos un animal más. En algunos aspectos somos más evolucionados que los demás animales y en otros menos. En este libro (Diversa, 2016), Javier Ruiz (@jaruiz_) nos invita a reflexionar sobre algo que permanece oculto en nuestra sociedad. Mientras en las cajas de tabaco hay fotos de tumores o pulmones podridos, en los envases de hamburguesas o salchichas no hay fotos de los mataderos. En los anuncios de carne no se dice cómo vivieron ni cómo murieron los animales cuyos músculos venden envasados en atractivos colores. Es una reflexión necesaria porque es real y porque es ocultada sistemáticamente.

Javier Ruiz empieza haciendo un repaso histórico, concluyendo que, de forma general, en todas las culturas el consumo de carne siempre ha sido un complemento minoritario en la dieta. Es en el siglo XX cuando se extiende el consumo diario de carne o pescado en los países ricos. Hay muchos datos que indican que ese consumo de carne/pescado es insostenible (cfr. Riechmann, 2005) y, sin embargo, se ha exportado como modelo de bienestar a pesar de las enormes cantidades de agua y de energía que requiere. Gracias a los frigoríficos se puede consumir carne muy lejos de donde se sacrifica. Mientras, “el ciudadano no quiere pensar ni saber de dónde sale toda la carne” (55 kilos al año por persona en España).

Aceptando la realidad

“Eres un esclavo de la costumbre, de las multinacionales y de los mercados financieros”. Así de tajante nos habla el autor, asegurando que no hay ética en las cadenas de producción que consiguen, por ejemplo, la baratísima ropa de Zara o Primark. Y aunque no queramos verlo el autor nos lo dice muy claro: “Te estás comiendo la carne de animales que sufren” (aunque pertenezcas a la única especie que puede, hasta cierto punto, abandonar los límites de la cadena alimentaria).

Los carnistas (comedores habituales de carne, término adaptado del carnist empleado por Melanie Joy) alegan que los animales se matan unos a otros para comer, pero ellos no tienen un modelo ético. También hay animales que matan a sus crías y no por ello lo vemos ético en humanos. Es cierto que nuestros ancestros cazaron para vivir, pero eso tampoco sirve como argumento para defender lo que es o no correcto ahora. Y matar para vivir no es extrapolable a matar por otros motivos, que Ruiz los concreta en tres:

  1. Tradición (aunque la tradición no sirve para justificar nada, se usa para justificar cualquier cosa);
  2. Desinformación (los publicistas saben que mucha gente se cree lo que dice la publicidad);
  3. Falta de interés (es cómodo no averiguar lo que hay detrás de lo que usamos).

Unos datos curiosos para reflexionar

  • El 90% del pescado se usa para alimentar ganado en forma de piensos, siendo las vacas el mayor predador marino de la Tierra, lo que hace que comer ternera sea un atentado contra la biodiversidad marina.
  • Un kilo de carne de res requiere 50.000 litros de agua.
  • El ganado es responsable del 18% de todas las emisiones mundiales de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
  • Si los ciudadanos de EE.UU., Reino Unido, España y Brasil dejaran de comer carne en una comida a la semana, se ahorraría tanta contaminación como la que emiten 3,7 millones de coches.
  • Los animales hacinados sufren, se dañan entre ellos y enferman. Por eso se les medica en exceso, a las gallinas se les corta el pico y a los cerdos la cola (sin anestesia, por supuesto). Los medicamentos llegan al ser humano a través de la carne contaminada.
  • Los mataderos son sitios tan desagradables que nadie quiere verlos: Paul McCartney decía que si se difundiera lo que ocurre allí, todos seríamos vegetarianos.
  • Las culturas que no ingieren muchas proteínas de origen animal desarrollan menos enfermedades a medio plazo como el cáncer, la hipertensión y las afecciones cardiovasculares.
  • La pesca de arrastre es tan dañina que “sería como cazar a un jabalí talando cien árboles, matando a sus crías y, de paso, ejecutando a veinte o treinta aves que pasaban por allí”.
  • Está demostrado que los peces heridos no solo sienten dolor, sino que experimentan también terror y emiten sonidos al ser capturados.
  • Nunca antes en la historia de la humanidad se han consumido por persona y año, más de 60 kilos de carne (cadáveres, como los llama el autor) y en EE.UU. se duplica esa cifra.
  • “Hoy se crían, se despellejan y se despluman animales por moda; hace 10.000 años, por necesidad”.
  • Los gansos son “desplumados hasta 4 y 5 veces en sus cortas vidas”, para rellenar almohadas, nórdicos y abrigos.

Cómo viven y mueren “nuestros” animales

“Hace muchas décadas que lo que hacemos dejó de ser natural” y “quizá por eso lo escondemos entre paredes (…) donde solo unos pocos de nosotros matan”. Por tanto, “no podemos comer carne o pescado diariamente, y no debemos hacerlo si queremos vivir en armonía con la naturaleza”.

“Si somos lo que comemos somos sufrimiento, y miedo a la muerte, y a la tortura”, dice el autor, porque eso es lo que hacemos a los animales que ingerimos. Y resume su objetivo en palabras simples: “Esto trata sobre ser bueno con la naturaleza, y entonces la naturaleza puede –y solo puede–, que sea buena con nosotros; pero los sacrificios a gran escala (…) nos roban la dignidad como seres”. El autor sostiene que el sufrimiento es extremo y afirma: “No existen pruebas fiables sobre si el consumo de carne animal es necesario para nuestra supervivencia, pero sé que no quiero comer carne de granja industrial”.

El autor resalta las “condiciones deplorables” que tienen los animales en zoológicos, circos, acuarios, laboratorios o granjas, incluyendo las granjas peleteras. Está demostrado que las malas condiciones de vida llevan a los animales a la locura y provocan un sufrimiento atroz. Aunque los zoos tienen cierta utilidad científica, educativa y de conservación, no está justificado el maltrato físico y psicológico. Mucho peor es el caso de los circos, pues tienen como objetivo principal ganar dinero. Por fortuna, cientos de municipios españoles están prohibiendo los circos con animales.

En los laboratorios también se maltrata a los animales con fines médicos, pero también hay maltrato en la industria militar, cosmética y tabaquera. Se usan animales para testar productos de consumo diario o medicamentos, pero está demostrado que las conclusiones pueden ser erróneas al ser aplicados en humanos (caso, por ejemplo de la talidomida, medicamento que ha generado miles de malformaciones en humanos y que fue probado en animales, por no hablar de otros abusos de las farmacéuticas). El motivo es claro: “La experimentación con animales es más rentable económicamente” que otras alternativas.

Ante la existencia de sustitutos sintéticos, la industria peletera se queda sin ningún argumento para defender el dolor que causa. La vida de un visón es muy dura hasta que acaba convertido en un abrigo. Por no hablar de otros animales como martas, focas, mapaches, zorros, ardillas, ocelotes, nutrias, marmotas, lobos, linces o chinchillas (hace falta matar más de un centenar de chinchillas para confeccionar un único abrigo). “No existe defensa posible para creer que las prácticas de la industria peletera son aceptables si se realizan con un visón o un zorro, pero son inmorales si la víctima es un perro”.

El libro también habla de la diferencia entre perreras y protectoras. Mientras en las primeras se sacrifican a los animales si no se les encuentra dueño, en las segundas no. Pero en vez de criminalizar a las perreras, Javier Ruiz resalta que “si no se abandonasen animales, entonces, no habría perreras” y pide una ley conjunta y sensata que acabe con el actual lio de leyes, que se obligue a identificar con microchip a todos los animales y que los criadores deban identificar a quién venden cada animal. Por desgracia, los perros que no venden los criadores son enviados a las perreras. Y para agravar más el problema del abandono de perros en España, los cazadores abandonan miles de perros (galgos principalmente) cuando ya no los quieren para la caza.

Respecto a la caza y la pesca, el autor sostiene que matar por diversión es especismo y “egoísmo exacerbado”. Sólo la considera admisible si es para control de especies (para evitar plagas) y siempre como última solución y acompañada de políticas educativas y ambientales. Tampoco considera ética la tauromaquia incluso aunque desapareciera la raza del toro de lidia, pues lo importante es evitar que nazcan para sufrir.

Su sufrimiento depende de nosotros

Como un animal más que somos (ya lo dijo Darwin), el libro repasa de forma rápida nuestro ecosistema social y económico y nuestro consumo irracional, que llega hasta la esclavitud infantil (como hace Nestlé), y cita las palabras del ex presidente de Uruguay, Pepe Mújica, criticando la obsolescencia programada y la imposibilidad de generalizar en todo el mundo el modelo consumista de los países ricos. Para el autor hay una “crisis de valores” que asocia erróneamente felicidad a riqueza material.

Pero mientras esto ocurre, un 10% de la población mundial muere de hambre y vemos pobreza también en los países ricos, como por ejemplo “en cualquier esquina de una ciudad como Barcelona, donde al pobre se le mira con incomprensión y falta de humanidad”. Ruiz sostiene que permitimos que se torture a nuestra comida, como permitimos que se salven bancos, y cada vez que lo hacemos se “asientan las bases para que vuelva a ocurrir”.

Respecto al vegetarianismo, el autor resalta que en nuestra sociedad “son los vegetarianos quienes son antisistema, o deben explicar su decisión”, mientras que los carnistas se mantienen dentro del sistema y no tienen que dar explicaciones sobre su alimentación (a pesar del enorme daño ambiental y sufrimiento animal que producen). En palabras de Joy: “Tanto «feminista» como «vegetariano» nos evocan imágenes de un conjunto de personas que tienen creencias concretas, alguien que no es como todos los demás”.

El autor nos advierte de que “cambiamos el mundo cada día, y lo hacemos tanto a mejor como a peor”. Y sigue: “Si hay algo verdaderamente egoísta es escoger lo sencillo frente a lo mejor”. Javier Ruiz no pretende criminalizar a los carnistas sino favorecer la reflexión y aporta un dato muy claro: “no necesitamos tanta carne para sobrevivir”. Pero además, sugiere tres puntos para reflexionar:

  1. No hay necesidad: Es posible vivir sin carne ni pescado (millones de personas lo demuestran día a día). El debate sobre la vitamina B12 se zanja consumiendo huevos y queso ocasionalmente, y las proteínas de origen vegetal son muy comunes: legumbres, arroz, cereales, frutos secos… Además, a muchos animales de granja se les administra suplementos de B12, por lo que es más eficaz consumir esos suplementos directamente que hacerlo a través de la carne (el 90% de los suplementos de B12 son para el ganado).Un cerdo es más inteligente que muchos perros.
  2. El sistema esconde la realidad: Debemos hallar “el modo de que cualquiera pueda ver cómo y de qué manera se produce la carne”, porque “cuando un sistema es invisible, su ética también lo es”. El sistema pone distancia entre el animal vivo (un cerdo) cuyo bienestar interesa a la sociedad, y la carne de consumo (el cadáver despiezado) cuyo origen e historia se esconde en los mataderos.
  3. La producción de carne es insostenible: Los daños ambientales son inmensos (producción de gases como CO2 o metano, contaminación por purines, sobre consumo de agua…). Por ello, la ganadería industrial y la industria cárnica no aprobarían el más laxo control de sostenibilidad.

Aprendamos de ellos y con ellos

El autor resalta la capacidad de los animales para disfrutar el presente y que muchos filósofos y culturas promueven, por ejemplo con el carpe diem latino, o el hakuna matata del suajili. Y acaba el libro explicando el ubuntu, una voz africana que resalta la importancia del bienestar de la comunidad para el bienestar propio y que puede traducirse como «yo soy porque nosotros somos». Ubuntu da importancia a lo global de lo que formamos parte: “nos gusta ser parte de la naturaleza”, parte de algo más grande que nosotros mismos.

Resulta enternecedor cuando, poniéndose en la piel de sus perros, Javier Ruiz afirma que ellos no entienden dónde va a veces sin ellos, pues desde la lógica de un perro, su dueño debería quedarse siempre con ellos, o bien ellos ir con él.

Te gustará, sin duda, leer también esto:

  1. Otros libros resumidos de temáticas variadas (ecología, economía, pedagogía, psicología, globalización, ética, filosofía…).
  2. Comer Carne Destroza el Planeta (y a los Animales).
  3. Libro “Comerse el Mundo” de Jorge Riechmann (Resumen).
  4. Charla eTalks “Los secretos del marketing de comida” (vídeo recomendado).
  5. Cuento: «El Toro de la Vega» (argumentos a favor de los toros y su justificación real).
  6. Libro “La elefanta que no sabía que era una elefanta” de L. Braitman (Resumen con ejemplos sobre psicología animal).
  7. Cuatro Razones para Ser Vegetariano.
  8. Carro de Combate, Consumir es un Acto Político: Un libro para ir de compras responsables.
  9. Chocolate de Comercio Justo o Injusto: Nestlé boicoteada.
  10. Gran discurso del ex Terrorista Pepe Mújica, cuando era presidente de Uruguay.
  11. Tres asuntos animalistas: cascabeles para gatos, esterilización, y distintos albergues para animales, por Javier Ruiz.
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Demasiadas farolas y mal colocadas: El caso de Málaga (despilfarro y contaminación lumínica)

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.

Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.

Diseñar una ciudad no es tarea para políticos, aunque tengan buenas intenciones. Hay que contar con información técnica, especialmente cuando el sentido común es escaso. Ya hemos comentado el caso del diseño de los carriles bici en Málaga, un desastre que, aunque va mejorando con parches, consigue que muchos ciclistas prefieran no usar los carriles bici.

Otro tema, pendiente en muchas ciudades, es estudiar la iluminación urbana y la contaminación lumínica. Pensemos que una de cada tres personas del mundo no ha visto nunca la Vía Láctea por la contaminación lumínica (en EE.UU. son aún menos). En esto también, Málaga es paradigma de lo que no se debe hacer, incumpliendo todos los puntos que se enumeran a continuación (ver galería de fotos más abajo):

  1. Demasiada iluminación: Para ver si hay demasiada iluminación debemos aplicar la “regla del libro“, según la cual decimos que hay demasiada iluminación si de noche podemos leer un libro en la calle con comodidad. Es absurdo iluminar una ciudad para que pueda leerse un libro en todas sus calles a cualquier hora de la noche. Más que absurdo, es innecesario, caro y extremadamente contaminante. El problema se eleva hasta el éxtasis del despilfarro con motivo de la Navidad.
  2. Las farolas son sólo para la noche: Algo que es elemental, pero sin embargo muchas ciudades encienden y apagan mal las farolas. Málaga es un ejemplo extremo pues todo el año se ven farolas encendidas cuando ya ha amanecido y mucho antes de que anochezca.
  3. Las farolas no deben estar encendidas toda la noche: En zonas de poco tránsito no tiene sentido mantener todas las farolas encendidas toda la noche. Apagarlas (aunque fuera la mitad) de 1 a 6 de la madrugada ahorraría muchos megavatios-hora de energía, pero sobre todo ahorraría contaminación y gastos sanitarios.Ejemplos de luminarias urbanas buenas y malas para la contaminación lumínica
  4. Las farolas deben iluminar el suelo: La luz que se lanza al cielo no vuelve y nos impide ver las estrellas, además de ocasionar problemas de insomnio y graves efectos a la fauna. Esa es la contaminación lumínica. El tipo de farola es importante. Así, mientras hay modelos que permiten que la luz escape al cielo y que deberían estar prohibidos, también hay otros tipos de farolas que dirigen bien la luz al suelo, utilizan sólo energía solar o incorporan bombillas LED (que dicen que consumen menos de la mitad que las de sodio, aunque hay que tener en cuenta otras consideraciones).
  5. Poner farolas más altas que los árboles no ilumina el suelo: Puede parecer elemental pero muchos “diseñadores urbanos” no piensan que las farolas deben estar por debajo de los árboles. Gastamos demasiado dinero en iluminar las copas de los árboles (no se pierdan las fotos más abajo).
  6. Las farolas no deben estorbar: Tanto si vas caminando, en silla de ruedas, con un carro de bebé o con el carrito de la compra, una farola no debería estorbar. Si estorba, el fallo es de la persona que decidió colocarla ahí. Observe que las farolas nunca entorpecen el tránsito de coches (los reyes de la ciudad), pero sí estorban en aceras y carriles bici.
  7. ¿De verdad hay que iluminar tanto las circunvalaciones de las ciudades? En las autoescuelas se enseña que los conductores deben adecuar su velocidad a las condiciones existentes (tipo de vía, estado de la calzada, iluminación…). Pagamos demasiado dinero para que los coches puedan correr más de noche.

Luciérnagas, en peligro de extinción por la contaminación lumínicaLa contaminación lumínica es algo poco reconocido por los ayuntamientos, pero generan muchos gastos e inconvenientes. Por ejemplo, las luciérnagas están desapareciendo por la urbanización excesiva.

Algunos cambios hacia lo que necesitamos no dependen de los políticos, sino de la sociedad. Los políticos que emanan de esta sociedad están tan faltos de conciencia como la sociedad que les permite gobernar. Así pues, tenemos que hacer una autocrítica como sociedad, pero también debemos exigir que los políticos se tomen la molestia de intentar hacer las cosas bien, y no hacerlas sin pensar, cosa que queda clara en las siguientes fotos sobre iluminación urbana en Málaga… ¿En tu ciudad se hace mejor? (Déjanos un comentario).

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Libro “Esto lo cambia todo” de Naomi Klein (Resumen): El capitalismo contra el clima

Libro de Naomi Klein.

Este artículo es largo, pero merece la pena leerlo hasta el final.

Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros que han conseguido cambiar la percepción de la sociedad. Sus anteriores libros son “No logo” (1999) y “La doctrina del shock” (2007).

En “Esto lo cambia todo” (2015) se propone hablar de un tema incómodo y que muchos eluden (como corrobora Leonardo DiCaprio en su documental “Before the flood“, verlo entero aquí). Naomi Klein expone los mitos y las realidades del Cambio Climático, sin caer en tópicos ni en la desesperación, ofreciendo datos, caminos y opciones que debemos transitar.

Naomi Klein reconoce que ella misma negó el cambio climático cuando “sabía que estaba pasando”. No lo negaba como Donald Trump diciendo que mientras exista el invierno el cambio climático es mentira. Pero lo ignoraba, como mucha gente, mirando para otro lado sin querer ser consciente de la realidad o confiando en milagros tecnológicos o políticos. “El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica intermitente por motivos perfectamente racionales. Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará. Y no andamos desencaminados”: “El cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo”. Esto implica “cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.

Naomi Klein, libro resumido Naomi Klein constata que es posible que la lucha contra el cambio climático requiera invertir dinero, pero el dinero se puede conseguir. Como muestra, resalta que las autoridades sacaron “billones de dólares hasta de debajo de las piedras” para salvar la banca y han hecho “pagar a la ciudadanía la factura dejada por los bancos” que ocasionaron la crisis. “El cambio climático, sin embargo, no ha sido nunca tratado como una crisis por nuestros dirigentes”, pero “si un número suficiente de todos nosotros dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis (…) no hay duda de que lo será y de que la clase política tendrá que responder”, porque “no basta con que lo mitiguemos o nos adaptemos a él. Podemos aprovechar esto para reactivar economías locales, “recuperar nuestras democracias de las garras de la corrosiva influencia de las grandes empresas”, “recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro enfermo sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano”, respetar los derechos indígenas y las migraciones climáticas, y “poner fin a los hoy grotescos niveles de desigualdad existentes”:

“La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas”.

Muchas veces se han aprovechado las crisis para imponer medidas que enriquecen a una reducida élite (España es un claro ejemplo): suprimiendo regulaciones, recortando gasto social, forzando privatizaciones, regulando a favor de ciertas empresas, limitando los derechos civiles (la “ley mordaza” en España), regalando dinero a los bancos, etc. El cambio climático es una crisis que podría aprovecharse, una vez más, para beneficiar a los ricos “en vez de para incentivar soluciones motivadoras (…) que mejoren espectacularmente la vida de las personas”: “El cambio climático representa una oportunidad histórica”.

Naomi Klein critica a la ONU porque, a pesar de tener la misión de prevenir que se alcancen en el mundo niveles peligrosos de cambio climático, no solo no ha realizado progresos, sino que ha permitido que se retroceda. Tal vez, lo mejor que ha conseguido es que se hable del cambio climático. Lo peor que puede ocurrir es que se ignoren los problemas: olas de calor brutales, sequías, inundaciones, plagas, huracanes, incendios, aumento del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, contaminación atmosférica, lluvia ácida, enfermedades viajeras, pérdidas de cosechas… problemas que se unen a otros como las pesquerías diezmadas o el aumento mundial de la demanda de carne. Klein afirma que ante un panorama así “cuesta ciertamente imaginar qué quedaría sobre lo que sustentar una sociedad pacífica y ordenada”.

La climatóloga Lonnie G. Thompson dijo: “Casi todos los científicos y científicas del clima estamos ya convencidos de que el calentamiento global representa un peligro inminente para la civilización“. Lo curioso es que “disponemos de las herramientas técnicas para desengancharnos de los combustibles fósiles” y aunque, haya que tomar medidas extraordinarias, el ser humano es capaz de hacerlo. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se redujo el uso de automóviles por placer en el Reino Unido. También en EE.UU. y Canadá aumentó el uso del transporte público y se cultivaron los llamados “huertos de la victoria”. Y aún hoy sacrificamos nuestro bienestar cuando nos lo piden en nombre de la austeridad y del crecimiento económico (reducción de pensiones, aumento de la edad de jubilación, pérdida de derechos laborales, reducción de las prestaciones públicas… o cosas como salvar las autopistas en España).

“Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe –y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana– son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”. Y esto se demuestra en lo que llama los “tres pilares de las políticas de esta nueva era“: “privatización del sector público, desregulación del sector privado y reducción de la presión fiscal a las empresas” (o permitir que defrauden en paraísos fiscales).

Todo esto demuestra que “nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, pero “podemos transformar nuestra economía”. Estamos ante una “dura elección: permitir que las alteraciones del clima lo cambien todo en nuestro mundo o modificar la práctica totalidad de nuestra economía”. La autora dice que “el cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) y el capitalismo la está ganando”: Más que esperar nuevas tecnologías, “tenemos que pensar de manera distinta” y aplicar las tecnologías que ya tenemos.

Los alces de Canadá están muriendo envenenados por beber agua contaminada por las toxinas de las arenas bituminosas de la industria de las energías sucias (Shell). Este es sólo un ejemplo de los millones que se podrían poner. Si queremos preservar nuestro planeta “tendremos que renunciar a ciertos lujos”. Ello conllevaría la desaparición de industrias enteras. Veremos desastres “hagamos lo que hagamos”. Aún así no es demasiado tarde para evitar lo peor.

Psicología del cambio climático

Diversos estudios sostienen que la ideología o «cosmovisión» personal influye en la opinión sobre el cambio climático más que ninguna otra cosa (más que la edad, la etnia, el nivel educativo o la afiliación a un partido). Así, las personas con cosmovisiones «igualitaristas» (caracterizadas por la inclinación hacia la acción colectiva y la preocupación por la desigualdad y la justicia social) aceptan el consenso científico sobre el cambio climático. Por el contrario, las personas que tienen visiones del mundo «jerárquicas» e «individualistas» (marcadas por su oposición a la ayuda a las minorías y a la pobreza, apoyo fuerte a la empresa privada y convencidos de que todos tenemos más o menos lo que nos merecemos) rechazan ese mismo consenso científico.

Dan Kahan, profesor en Yale, llama «cognición cultural» al proceso por el que, con independencia de nuestras ideologías políticas, aceptamos una información nueva sólo si confirma nuestra visión, pero si supone una amenaza a nuestro sistema de creencias, entonces nuestro cerebro se pone de inmediato a producir “anticuerpos intelectuales destinados a repeler esa invasión”. Es decir, “siempre es más fácil negar la realidad que permitir que se haga añicos nuestra visión del mundo”. Y resulta que “algo tiene la cuestión del cambio climático que hace que ciertas personas se sientan muy amenazadas”.

Ejemplo de esto es que en las regiones más dependientes de la extracción de combustibles fósiles se niega más el cambio climático (independientemente de la ideología política, tanto en EE.UU. como en Canadá). Los mismos científicos sufren este efecto: Mientras el 97% de los científicos opina que una causa importante del cambio climático somos los humanos, ese porcentaje cae al 47% entre los científicos que se dedican a estudiar formaciones naturales para extraer sus recursos. “Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad nos resulta demasiado costosa (emocional, intelectual o económicamente)”.

Upton Sinclair dijo: «¡Qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda!».

Los negacionistas tienen razón en algo

El negacionismo climático (liderado por el Instituto Hertland, Koch Industries y Exxon-Mobil), sabe que admitir el cambio climático supone aceptar también que hay que planificar nuestras sociedades de otra forma, y eso implica que no podemos dejar las cosas a la libertad del mercado (como propugna el liberalismo). “Muchos negacionistas reconocen con toda franqueza que su desconfianza ante las tesis científicas sobre el tema creció a partir de un temor muy profundo a las catastróficas implicaciones políticas que tendría para ellos el hecho de que el cambio climático fuese real”. El cambio climático no supone el fin del mundo, pero reducir las emisiones como sugiere la ciencia sí sería “el fin de su mundo”. Y para algunos conservadores supone también una amenaza a su absurda creencia de que el hombre está aquí para someter y dominar el planeta (desmentida por el Papa Francisco por ejemplo) o de que que nuestras diferencias con otros animales no son sólo cuestión de grado (desmentido por múltiples evidencias y hasta por Darwin).

Lo curioso es que los negacionistas, como el Instituto Heartland, “están completamente equivocados en lo que respecta a la versión científica de los hechos, pero en lo referente a las consecuencias políticas y económicas de esos resultados científicos (…) no podrían tener los ojos más abiertos”. Casi todos los científicos que presentan sus trabajos en el Instituto Heartland están descaradamente “empapados en dólares del sector de los combustibles fósiles”. Algunos incluso, en vez de negarlo, buscan ventajas al cambio climático como afirmar que vendrán momentos muy duros para países que son amenazas para EE.UU.

Como también dijo Carl Sagan, las compañías de seguros están realmente asustadas con el cambio climático. Tienen hasta equipos de climatólogos para prepararse para los desastres. Sin embargo, no han presionado apenas para que se pongan en práctica políticas climáticas agresivas.

El cambio climático, que debería unirnos a la humanidad, podría también dividirnos más aún. “La razón real por la que no estamos reaccionando a la altura de lo que exige el momento climático actual es que las acciones requeridas para ello ponen directamente en cuestión nuestro paradigma económico dominante (capitalismo desregulado combinado con la austeridad en el sector público)”.

Promover el comercio local debe ser prioritario

En muchos países se están promoviendo acuerdos comerciales que impiden el desarrollo de la industria local. Este libro denuncia que la OMC ha interferido en muchas ocasiones para evitar acciones contra el cambio climático (en Canadá, por ejemplo) para favorecer los intereses del comercio. También se critica que la OMC nunca ha hecho nada para que las compañías de combustibles fósiles reciban menos subvenciones o que paguen algo por “el privilegio de tratar nuestra atmósfera compartida como un vertedero gratuito de sus residuos” (que muera gente parece ser irrelevante).

Klein apunta a unos culpables claros: “Si los países ricos consumiesen menos, todo el mundo estaría más seguro”. Y señala al sector alimentario como uno de los sectores clave, pues representa entre un 19 y un 29% de las emisiones mundiales de GEI (Gases de Efecto Invernadero). No es justo que los países sean sólo responsables de la contaminación que generan dentro de sus propias fronteras y no de la que se produce al fabricar bienes que se fabrican para llevarlos a su territorio. Además, la contaminación de los buques portacontenedores no se atribuyen formalmente a ningún país. “Cuando China se convirtió en la fábrica del mundo también pasó a ser la chimenea del mundo”. No hay control para que las multinacionales no abusen de la mano de obra en los países más pobres, ni los contaminen o exploten sus recursos naturales: “Cuando las fábricas se marcharon hacia China, también se volvieron acusadamente más sucias”. “La explotación de los trabajadores y la del planeta forman, por lo que parece, un pack de oferta: dos por el precio de uno”.

El consumo genera daños ambientalesIlana Solomon, analista para el Sierra Club, decía que tenemos que “reflexionar sobre qué estamos comprando y cómo lo estamos haciendo, y sobre cómo se produce lo que compramos”. Pero Klein sugiere que “el hecho de que el clima de la Tierra cambie hasta extremos caóticos y desastrosos es más fácil de aceptar que la idea de transformar la lógica fundamental del capitalismo, fundado sobre el crecimiento”. Si esperamos que la tecnología lo arregle todo avanzaremos poco y tarde. Lo urgente es “consumir menos, desde ya”, pero para los políticos resulta difícil animar a la población a consumir menos. Aunque hay mucha gente que intenta reducir su consumo, no podemos permitir que todo dependa de un grupo de urbanitas concienciados. Necesitamos que las opciones bajas en carbono sean accesibles para todos, transportes públicos baratos, viviendas asequibles y de elevada eficiencia, fomento de la bicicleta… y todas las clásicas demandas ecologistas que hasta el Papa Francisco ha apoyado tan claramente. Y resulta gratificante que esas políticas, además de reducir los GEI, fomenten el fortalecimiento de las comunidades locales, aire y agua más limpios, reducción de la desigualdad, etc.

Klein también pide una “reordenación” del PIB, para que no sea una medida tan nefasta del desarrollo de un país. También propone: aumentar los “impuestos sobre el lujo” (ya que los ricos consumen y contaminan más), jornadas laborales más cortas, una renta básica (para compensar el hecho de que “el sistema no puede facilitar puestos de trabajo para todos”), “regulación estricta de la actividad empresarial”, “dar marcha atrás en privatizaciones de empresas y servicios fundamentales” y garantizar “que todo el mundo tiene cubiertas sus necesidades básicas: sanidad, educación, alimento y agua limpia”. En definitiva, “las medidas que debemos tomar (…) chocan frontalmente a todos los niveles con la ortodoxia económica”.

Defendiendo lo público se cuida del bien común

Más de 200 regiones en Alemania (como Hamburgo) han decidido devolver al control municipal sus redes de electricidad, gas y calefacción. Resulta interesante constatar que “existe una relación clara y manifiesta entre la propiedad pública y la facilidad de las comunidades locales para abandonar la energía sucia”. Pero además, es que esa energía sucia, que beneficia sólo a empresas privadas, es muy inestable en precio y suministro.

Privar de recursos al sector público (la mal llamada “austeridad”) choca con la realidad del calentamiento climático y la toma de decisiones importantes para todos, especialmente para los más vulnerables. En EE.UU., es común el “racismo medioambiental”, por el que las industrias tóxicas instalan sus fábricas y sus almacenes de residuos contaminantes en zonas donde viven personas de color.

Klein, se hace eco del dramático caso de España y su ataque a las energías renovables, y propone soluciones interesantes a nivel mundial para acabar con la excusa de que no hay dinero: la tasa Tobin, el cierre de los paraísos fiscales, poner impuesto a los milmillonarios (del 1% como propuso la ONU), recortes en presupuestos militares, impuestos sobre el CO2 y acabar con las subvenciones a los combustibles fósiles y nucleares.

Ya en 1979, el presidente estadounidense Jimmy Carter, instó a los americanos a reducir su consumismo: «Cualquier acto de ahorro de energía es algo más que de sentido común: yo os digo que es un acto de patriotismo». Sin embargo, algunos consideran que ese discurso fue una de las razones por las que Carter perdió las siguientes elecciones ante Reagan. Hoy, posiblemente, “cualquier político que pida al electorado que se sacrifique para resolver una crisis medioambiental se estará embarcando en una misión suicida”. Pero el problema no es económico: “el problema es que nuestra clase política no tiene voluntad alguna de buscar el dinero”.

El cambio necesario

El libro nos cuenta casos como el de una fábrica de recambios para coches de Ontario que, cuando cerró por la crisis, fue reabierta por los empleados para producir equipos de energía solar. A los que dicen que esta conversión es cara hay que decirles que más caro será no hacerla. Además, Klein dice que los bancos que fueron rescatados deberían ser los encargados de financiar ese tipo de cambios, para devolver el favor a la ciudadanía.

Esa transición necesaria será un gran generador de empleo si se hace bien. Se trata de generar empleo sostenible aunque a veces sea necesario nacionalizar servicios básicos. Un sondeo británico reveló que una mayoría apoya la nacionalización de la energía y el ferrocarril. Pone el ejemplo de Alemania, donde la mitad de las instalaciones de energía renovable están en manos de agricultores, organizaciones ciudadanas y unas 900 cooperativas energéticas. También Dinamarca va en esa línea. España también.

La agricultura es un sector esencial, y no sólo por sus altas emisiones contaminantes, sino porque puede contribuir a disminuir la pobreza y ayudar a la autosuficiencia, además de que “los métodos agroecológicos superan en rendimiento al uso de fertilizantes químicos” en entornos desfavorables. Pero el hambre lo provoca la pobreza y no la falta de comida.Degradación por la minería de las arenas bituminosas en Canadá

También se repasa el desastre del fracking o de las arenas bituminosas, que en Alberta están destrozando grandes extensiones: “La tierra, despellejada viva”, emitiendo además entre 3 y 4 más GEI (especialmente metano y CO2) que el petróleo convencional. Por tanto, concluye que “la necesidad de que recortemos nuestras emisiones radicalmente no es compatible con la continuidad de una de las más lucrativas industrias del mundo” (la de los combustibles fósiles). Aunque el estado de Noruega es propietario de una de las empresas que está desgarrando el área de las arenas bituminosas de Alberta, también hace cosas bien: Estocolmo tiene un 74% de residentes que van a sus trabajos a pie, en bicicleta o en transporte público.

Critica también el fenómeno de las Puertas Giratorias (que no sólo ocurre en España, sino también en EE.UU., Reino Unido…) y el “capitalismo desregulado”. El “libre comercio (…) ha sido exactamente la carrera hacia el abismo que tantos alertaban que seria”. Pero Klein levanta una bandera de optimismo: “El cambio climático confronta lo que el planeta necesita para mantener la estabilidad con lo que nuestro modelo económico necesita para sostenerse a sí mismo”. Miya Yoshitani dijo también: “Estamos todos unidos en esta batalla, que no es una batalla solamente para conseguir una reducción de las partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino también por transformar nuestras economías y reconstruir un mundo que queremos hoy”. Pensemos también que “las migraciones humanas están cada vez más vinculadas al clima”.

Klein también critica a la ciudadanía en general cuando dice, por ejemplo, que los manifestantes que salen a las calles para protestar por los fallos del sistema, olvidan el cambio climático, cuando éste “podría representar el verdadero golpe de gracia para esas estructuras que denuncian”. La misma crítica va también para políticos como Alexis Tsipras que, a pesar de ser de izquierdas, no aprovechan el cambio climático para impulsar sus demandas.

Extractivismo: Extraer recursos de la Naturaleza como si fuera infinita

Isla de Nauru, destrozada ambientalmenteEn el siglo XVIII se empezó “a tratar la atmósfera como si fuera un vertedero”, pero no es sólo de la atmósfera de lo que hemos abusado. Klein cuenta el dramático caso de la isla de Nauru donde sus minas de fosfato de calcio han sido explotadas como abono, hasta destrozar la isla y hacerla prácticamente yerma. Luego, se convirtió en paraíso fiscal. “Pocos lugares en la Tierra encarnan más gráficamente que Nauru los resultados suicidas de haber basado nuestras economías en la extracción contaminante”. Por último, Nauru cobra para que Australia lleve allí a sus inmigrantes y sobrevivan en tan mal estado que ha sido denunciado por Amnistía Internacional.

Francis Bacon dio permiso para “acosar a la naturaleza” y James Watt inventó la máquina de vapor que aumentó el poder para hacerlo. Pero ya hoy eso debería estar superado. Los combustibles fósiles destruyen la vida en todas partes. “Cuando se deja en su sitio, el carbón es muy útil, porque mantiene capturado no solo el carbono que las plantas sustrajeron del aire millones de años atrás, sino también toda clase de toxinas adicionales”. Y por eso Klein pide que dejemos de ser “una sociedad de ladrones de tumbas”.

El Club de Roma publicó “Los límites del crecimiento” (1972) y sus advertencias se están cumpliendo casi completamente, pero donde más acertó fue en los límites de los “sumideros”. Es decir, el ser humano no ha encontrado cómo ampliar la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación.Pollo de las Praderas de Attwater (Tympanuchus cupido attwateri)

Klein critica a algunas organizaciones ecologistas en EEUU que realmente no están interesadas en la conservación de la biodiversidad y cita varios casos, como el de la organización Nature Conservancy que, por ejemplo, extrajo petróleo de una zona que custodiaba para la conservación del pollo de las praderas de Attwater, llevándolo a su extinción en dichos terrenos. También denuncia, como hizo Galeano, que en este «mundo al revés» “el sector de los combustibles fósiles son invitados a las cumbres del clima de la ONU en calidad de «socios» clave”. Es cierto que EE.UU. y casi todos los países han aprobado muchas leyes ambientales, pero la realidad demuestra que no han sido suficientes. Algunas empresas gastan más dinero en promocionar el Día de la Tierra que en reformar sus actividades a fondo. Por otra parte, el comercio internacional de derechos de emisiones ha sido un fracaso estrepitoso y así lo demuestran algunos de los ejemplos que se incluyen en el libro, como una empresa india cuyo 93% de ingresos procedía de la venta de créditos de carbono, empresas que fabrican potentes gases GEI para luego cobrar por reducirlos, campesinos e indígenas que no pueden usar los bosques porque son sumideros de carbono, bosques que permiten que se contamine más en otra parte, técnicas para que las empresas que contaminan ganen más, etc.

Soluciones demasiado simples: La «ignorancia arrogante» (hibris)

Muchos millonarios se han propuesto salvar el planeta, como Jeremy Grantham, Warren Buffett, Michael Boomberg, Bill Gates, Tom Steyer y T. Boone Pickens. Pero todos ellos lo han hecho de forma superficial e interesada, incluso invirtiendo en el sector del petróleo a la vez. Un caso paradigmático es el de Richard Branson, magnate de las aerolíneas Virgin, que anunció que dedicaría sus beneficios a la lucha contra el cambio climático, pero cuyo objetivo parece ser más bien retrasar las medidas regulatorias anti-cambio climático. Su éxito consiste en haber conseguido que vuele más gente que antes, y con la conciencia tranquila pensando que dicha compañía hace algo para mitigar el cambio climático. ¿Será Leonardo DiCaprio otro farsante?

Para Klein, pensar que el capitalismo, y solo el capitalismo, puede salvar al mundo es claramente absurdo, y esos bienintencionados magnates sólo están explotando nuestra infundada creencia de que la tecnología va a salvarnos del gran problema que ella misma ha creado.

La geoingeniería pretende dar soluciones simples para el gran problema del cambio climático, incluyendo ideas tan extrañas o descabelladas como fertilizar los océanos para que asuman más carbono, recubrir desiertos con sábanas blancas, poner espejos en órbita, tapar el sol (GRS/SRM) echando, por ejemplo, gases sulfurosos en la atmósfera (Opción Pinatubo)… Pero es imposible validar esas ideas, ni probarlas, ni implementarlas a la escala necesaria. Además, esas ideas no contribuyen a cambiar la causa raíz, sino que se limitan a tratar un único síntoma, sin tener en cuenta los efectos secundarios: acidificación de océanos, la imprevisible reacción de la biosfera… y hasta cambios climáticos peores que sin GRS, como la alteración de precipitaciones que arriesgarían el alimento de millones de humanos. Por otra parte, esas soluciones harían ganar mucho dinero a algunos de esos ideólogos. Entre los detractores están, por citar algunos, Greenpeace, Sallie Chisholm, Alan Robock, o Vandana Shiva, quien afirma que los métodos agroecológicos permitirían capturar grandes cantidades de carbono, reducirían las emisiones y potenciarían la seguridad alimentaria.

Blockadia: Los pueblos bloqueando grandes compañías fósiles

Las compañías de combustibles fósiles o las empresas mineras se están encontrando cada vez con más oposición a todos sus proyectos (almacenamiento de gas, prospecciones, extracciones, fracking, minas de uranio, de oro, de cobre…). En muchos casos, esta oposición es de pueblos que no se dejan sobornar porque defienden su forma de vida tradicional, que al ser ajena a la extracción no depende de esos sucios negocios.

Esta férrea oposición a las compañías extractivas se ha visto y se está viendo por todo el planeta. El libro repasa algunos casos en Grecia, Rumanía, Canadá, Reino Unido, Rusia (contando el caso de los activistas de Greenpeace detenidos), Australia, China, EE.UU., Francia… aunque uno de sus mayores orígenes fue en Nigeria contra la empresa Shell, en la que se llegaron a ahorcar legalmente a los ecologistas que se opusieron. Aún hoy, en el delta del Níger, se vierte cada año  una marea negra como la del Exxon Valdez, envenenando peces, animales terrestres y personas. Ante tanta injusticia, el vandalismo contra los oleoductos no cesa. El pueblo ogoni y el ijaw no dejan de sufrir las consecuencias de un gobierno corrupto y una empresa extranjera, Shell, que se lleva sus recursos naturales porque en los países ricos siguen repostando en sus gasolineras sin enterarse de las consecuencias.Pato petroleado por un vertido en Canadá

Un caso muy llamativo es el del oleoducto Keystone XL entre Canadá y EE.UU., para dar salida a las altamente contaminantes arenas bituminosas de Alberta. Miles de aves han muerto allí al posarse en las inmensas balsas de desecho tóxico. Tantas aves mueren que se ven obligados a disparar unos cañonazos cada pocos minutos para espantar a las pobres aves migratorias que buscan lo que otrora fue un bosque. Por supuesto, esas balsas no son perfectas y tienen escapes y filtraciones. “Los médicos tienen miedo cuando se trata de diagnosticar afecciones relacionadas con la industria del petróleo y el gas”, declara un médico canadiense de la zona. Esas balsas proceden del inmenso consumo de agua que requiere este tipo de minería (2.3 barriles de agua por cada barril de petróleo, mientras que el crudo convencional requiere hasta 0.3 barriles). El fracking requiere aún más cantidad de agua y una vez utilizada queda tóxica y radiactiva.

La industria extractiva nunca ha sido segura y siempre ha precisado zonas de sacrificio para contaminarlas, cuando no se trata de contaminar la atmósfera. Los que sufren más la contaminación son, no por casualidad, los más pobres. Pero resulta que “ahora todos estamos en la zona de sacrificio” y los riesgos de hoy son “sustancialmente más elevados” que los de antes, debido a que ya sólo quedan los yacimientos más costosos, más profundos y en zonas más valiosas. El desastre de BP en el golfo de México (más de tres meses manando petróleo) o el vertido por la rotura de un oleoducto en Michigan (el mayor vertido en tierra de EE.UU.) son pruebas de ello y de que las industrias fósiles prefieren ganar más dinero a costa de aumentar los riesgos para otros, sostiene Naomi Klein, quien también denuncia la corrupción en EE.UU. a la hora de controlar a este tipo de industrias.

En algunas zonas, las empresas que envenenan consiguen más poder, ya que los únicos empleos son precisamente en la industria que envenena sus tierras (y hasta esos empleos son de mala calidad, aunque estén bien pagados). Pero en otras zonas, donde hay más diversidad empresarial y laboral, hay “personas dispuestas a pelear muy duro por proteger modos de vida que consideran intrínsecamente incompatibles con la extracción tóxica”. Klein dice que “cuando aquello por lo que se lucha es una identidad, una cultura, un lugar querido […] nada pueden ofrecer las empresas como contrapartida”.

Los éxitos son insuficientes, pero muy importantes. Francia, por ejemplo, gracias a las protestas ha aprobado una moratoria nacional contra la fracturación hidráulica o fracking. También hay moratorias en Bulgaria, Países Bajos, Chequia, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU. Además, este último país ha descendido su producción eléctrica con carbón por la presión ciudadana, entre otros motivos. Costa Rica ha prohibido la minería a cielo abierto en todo el país. India tiene centrales térmicas a medio construir porque se paralizó su construcción ante las protestas. En China también se han paralizado centrales de carbón por las protestas, pues allí la contaminación es espectacular y supone un experimento de lo que ocurre cuando es el progreso lo que más importa: Pekín alcanza a veces los 671 microgramos de partículas en suspensión (las PM2.5) cuando la OMS fija el límite máximo en 25. Las actividades al aire libre se suspenden si se superan los 450.

Otra batalla con gran éxito es la de la desinversión, apoyada por la organización 350.org, por la que se pretende que todo tipo de organizaciones y fondos de inversión dejen de apoyar a las industrias de los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha anunciado que no apoyará más proyectos de prospección o extracción de carbón y hay miles de organizaciones más que ya están retirando su apoyo y su dinero a las industrias sucias.

A veces, cuando una empresa no puede extraer el combustible por un cambio en la legislación, alega cláusulas de protección de los inversores de acuerdos de libre comercio. Pero estas demandas tienen el poder que los gobiernos quieran, pues ninguna empresa puede interferir en la libertad de un pueblo en defender su territorio de la degradación ambiental. El problema no son los acuerdos comerciales sino los gobiernos que no defienden correctamente el bien común. No obstante, Klein afirma que esos acuerdos comerciales tienen hoy mayor debate público que antes, como lo demuestra el caso del TTIP en Europa. Pero hay que estar muy atentos, porque si nos descuidamos, los intereses del capital financiero y de la industria energética estarán por delante del bien común: Un claro ejemplo es España, donde los bancos son empresas privilegiadas y las industrias energéticas dictan las leyes.

Cuando fallan los gobiernos nacionales y los organismos internacionales, muchos ayuntamientos se deciden a actuar en la acción climática. Son las llamadas «comunidades de transición» nacidas en Totnes (Reino Unido), que pretenden actuar en lo local para conseguir un cambio hacia economías de bajo carbono.

¿Derechos para los pueblos indígenas?

En Canadá y en otros muchos países, los indígenas no han cedido nunca sus tierras para su explotación petrolera. Como mucho, han aceptado compartirlas mientras no se socaven sus derechos a vivir, pescar, recolectar… pero no se puede compartir “si una de las partes se dedica a alterar irrevocablemente y a envenenar esa tierra compartida“.

Algunos de los pueblos indígenas amenazados por la sed de petróleo son los haida, los nez percé, los cheyenes, los lummi, los ogoni, los ijaw, los lakota, los tunebos, los chipewyan (ayudados por el rockero Neil Young del acoso de Shell), los tsilhquot’in, los cree del lago Beaver (“las personas más marginadas de mi país”, Canadá, en palabras de Klein)… Muchos pueblos indígenas carecen de recursos para que se respeten sus derechos, aunque los tengan claramente otorgados. En 2007 se firmó la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y los únicos países que votaron inicialmente en contra fueron Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, aceptaron esa declaración que proclama que los «pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente», así como a la reparación de las tierras confiscadas, ocupadas o dañadas. Que la incidencia de cáncer suba en todas las tribus canadienses afectadas por las arenas bituminosas no parece hacer desistir a la petrolera Shell.

“Mientras los abogados argumentan y debaten en los tribunales sobre las complejidades de la titularidad de la propiedad de la tierra, las sierras mecánicas siguen talando árboles que son cuatro veces más viejos que nuestros países, y los fluidos tóxicos de la fracturación hidráulica continúan filtrándose hacia las aguas subterráneas”.

Las energías renovables son “no extractivas” en dos sentidos: El veneno y el carbono no se extraen del subsuelo y el dinero no se extrae de la comunidad (las petroleras extraen recursos de un sitio y extraen el dinero de otro).

Ecuador (y los cheyenes de norteamérica) ha pedido ser compensado por mantener sus combustibles fósiles en el subsuelo porque «la manera más directa de reducir emisiones de CO2 es dejando los combustibles fósiles en el subsuelo donde ya están» (en palabras de Esperanza Martínez, de Acción Ecológica). Esto es lo que se conoce como «deuda climática» reconocida (al menos indirectamente) en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático indicando que hay unas «responsabilidades comunes pero diferenciadas» ya que los países que más han contaminado deben ser los primeros en reducir sus emisiones.

Al hablar de «deuda climática» muchos habitantes de los países ricos argumentan que no son responsables de lo que hicieron sus antepasados. Sunita Narain, directora general del Centre for Science and Environment, responde claramente: «Vuestra riqueza actual guarda relación con cómo la sociedad ha explotado la naturaleza» (ya dijo De Jouvenel que nuestra riqueza procede de explotar la Naturaleza). Naomi Klein concluye: “Los países ricos no solo tienen que ayudar al Sur Global a encaminarse por una senda económica de bajas emisiones porque eso sea lo correcto, sino que necesitamos hacerlo así porque de ello depende nuestra supervivencia colectiva”. Y por supuesto, añade que igual que haber sufrido un atraco no da derecho a atracar, tampoco hay fundado derecho a contaminar por parte de los países pobres. Por tanto, es evidente que los ricos deben ayudar a los pobres a conseguir un desarrollo más limpio. Esto traerá mayor bienestar y empleo, lo que evitaría las enormes tasas de inmigración que hay y que, si no lo remediamos, habrá.

Conclusiones

Naomi Klein asegura que no se tienen en consideración suficientemente los efectos de tanta contaminación sobre la fertilidad y sobre los animales no adultos, incluyendo niños. Por ejemplo, en zonas de fracking aumentan las probabilidades de problemas cardíacos en bebés, abortos involuntarios, altos niveles de PCB… El caso de Mossville es tristemente famoso por el “racismo medioambiental”: La población pobre debe soportar altos niveles de contaminación de las industrias petroquímicas con frecuentes vertidos y explosiones. En Mossville son frecuentes las enfermedades respiratorias, el cáncer, defectos de nacimiento y las histerectomías en mujeres.

El informe de BP antes del desastre del golfo de México es de risa: por ejemplo, suponía que los moluscos sobrevivirían a un desastre huyendo o que supondría poco estrés para los mamíferos. El desastre demostró que nada puede restituir lo perdido: millones de larvas y los bebés de delfín murieron… La acidificación de los océanos hace que las larvas de ostras no puedan formar sus caparazones y mueran, y herbicidas como la atrazina afecta directamente a la esterilidad en anfibios, junto con defectos congénitos y abortos espontáneos en humanos, sin contar la amenaza sobre las abejas.

Pero sabemos hacer las cosas mejor. Ecuador, por ejemplo, en su constitución de 2008 reconoció a la naturaleza o Pachamama el derecho a que se respeten su existencia y sus ciclos vitales (art. 71). En las luchas contra el extractivismo hay un arma secreta: la unión heterogénea hace una gran fuerza: indígenas y no indígenas, jóvenes y mayores… todos unidos en una causa común.

Los cambios que hacen falta son importantes, pero tenemos experiencia. Los cambios sociales de los siglos XIX y XX, por ejemplo, supusieron un cambio profundo en la cultura dominante (cambios en los derechos civiles, de las mujeres, de los homosexuales, de grupos étnicos como el caso del apartheid de Sudáfrica o el racismo en EE.UU., pero también la instauración de la Seguridad Social o el seguro de desempleo). La abolición de la esclavitud obligó a ciertas élites a renunciar a prácticas que les resultaban muy lucrativas (tanto como la extracción de combustibles fósiles hoy en día). Pensemos por ejemplo, que en el siglo XVIII los negocios más lucrativos del imperio británico se basaban en la esclavitud (plantaciones de azúcar del Caribe, compra/venta de esclavos…) y en EE.UU. “la esclavitud fue el eje sobre el que giró la revolución mercantil”.

Naomi Klein es consciente de que hay que cambiar la cosmovisión global, lo que nos decimos del mundo y de nosotros. Y eso no es fácil, pero es posible y para ello propone no aspirar simplemente a cambiar leyes, sino a modificar pautas de pensamiento. Por ejemplo, dice que pedir un impuesto sobre el carbono puede ser menos útil que reivindicar una renta mínima garantizada, porque ésto segundo  abre el debate sobre los valores y “sobre lo que nos debemos unos a otros sobre la base de nuestra condición humana”. Y sentencia que tendremos que comenzar a creer de nuevo que los seres humanos no somos irremediablemente egoístas y codiciosos (que es la imagen de nosotros mismos que se nos ha vendido).

Muchas veces se plantea si frenar a las compañías de combustibles fósiles tiene influencia en el PIB, pero lo importante es pensar si el crecimiento económico tiene alguna importancia cuando el planeta esté convulsionado. Son las compañías las que tienen que demostrar que sus acciones y sus técnicas son seguras. Y nosotros debemos exigirlo, porque “nadie va a venir a salvarnos de esta crisis” y “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes”.

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Por una auditoría del sector eléctrico en España: El ministro Nadal sigue la senda de Soria

Alvaro Nadal, ministro copia del anterior inepto J.M. SoriaAnte la desastrosa política energética de España, nuestras propuestas son: hacer una transición energética que tenga más energía renovable y sin centrales nucleares (a partir de 2024), bajar la parte fija de la factura de la luz para fomentar el ahorro y la eficiencia, y sobre todo, hacer una auditoría del sector eléctrico, para que dejen de engañarnos.

Con el anterior ministro, el Sr. Soria, estuvimos atentos a sus ocurrencias y necedades hasta su dimisión, y recopilamos una buena lista de hechos escandalosos. Ahora, el ministro de Energía, Álvaro Nadal, no va por mejor camino. Estos titulares nos dicen que no hay mucho interés por su parte en hacer bien las cosas, sino en mantener todo lo que pueda un modelo insostenible:

  1. Álvaro Nadal fue nombrado “rey del enchufe” ya antes (y después) de ser nombrado ministro (y no fue por sus altos conocimientos en electricidad).
  2. Nadal presume de un doctorado en Harvard que no tiene, lo cual dice mucho de su talla moral.
  3. Nadal defiende el impuesto al sol y ha sido nombrado “portavoz de las eléctricas“. Mientras, Europa pretende desmontar ese impuesto tan injusto y absurdo sobre el autoconsumo de energía solar.
  4. El Instituto Internacional del Derecho y Medio Ambiente denuncia la actitud irresponsable del ministro de Energía, al no pretender cerrar las centrales de carbón de forma urgente. Reino Unido, Francia y Alemania ya están trabajando para ello.Electricidad renovable en tu casa o en tu empresa.
  5. Nadal se reafirma en que el autoconsumo de energía solar es insolidario, aunque reconoce que se reducirían pérdidas en la red de transporte (no olvidemos que cada ciudadano paga de media un 18% más en el término de energía de su factura eléctrica debido a estas pérdidas). Como bien le contesta Frederic Andreu, si el autoconsumo es insolidario, la eficiencia energética también, porque ambas consiguen gastar menos electricidad de la red. Andreu también propone tratar a la electricidad como a las carreteras, pasando costes fijos a los presupuestos del Estado (al menos parcialmente).
  6. Varapalo del Tribunal Supremo al Gobierno al desestimar el recurso de Álvaro Nadal contra la sentencia del bono social.
  7. Equo denuncia la hipocresía del ministro Nadal al plantear su pacto de Estado sobre energía.
  8. Nadal y su ministerio presentan un informe sobre autoconsumo incompleto, sin rigor y claramente falto de objetividad: El informe  de la Secretaria de Estado de Energía “intenta de manera desvergonzada demostrar el sobrecoste económico que el autoconsumo supone para las arcas del Estado” (en palabras de Frederic Andreu). El gobierno miente por más de 200 millones de euros.
  9. Numerosas asociaciones piden cambios al Ministro Nadal: Básicamente, las peticiones son que España cumpla con los objetivos del Acuerdo de París, que defina la transición energética y que facilite el autoconsumo sin “impuesto al sol”. Los firmantes son asociaciones de consumidores, organizaciones sociales, asociaciones de renovables y las principales ONG ecologistas.
  10. El Gobierno vetará cualquier medida que haga bajar el precio de la luz porque recaudaría menos impuestos: Por demencial que parezca así lo dice el gobierno y es totalmente falso, como explica Jorge Morales. Este experto en el sector eléctrico concluye que “en un país con una altísima dependencia energética del exterior (…) reducir las facturas energéticas utilizando para ello fuentes renovables debería ser objetivo prioritario de cualquier gobierno“. La organización ecologista Greenpeace también opina lo mismo y advierte a Nadal de sus malas políticas.
  11. Equo dice que sube el precio de la luz en invierno por la mala regulación, y no por una fatalidad o unas sospechosas manipulaciones, como dice el ministro.
  12. El PP se queda sólo defendiendo el absurdo Impuesto al Sol (aprobado por el ya dimitido ex ministro Soria y que el Sr. Nadal también apoya con entusiasmo).Las puertas giratorias encarecen los gastos a los ciudadanos y enriquecen a los amigos del gobierno (a cambio de favores).
  13. Con Nadal sigue la corrupción por Puertas Giratorias: Greenpeace denuncia que Arsenio Fernández de Mesa (político ex director de la Guardia Civil) haya sido nombrado como consejero de Red Eléctrica (ganando 175.000 euros) y tilda la justificación de Nadal como “burla a la inteligencia”.
  14. Pésima gestión del gobierno respecto a las hidroeléctricas: En 2016, las 800 centrales hidroeléctricas españolas cubrieron la séptima parte de la demanda. Son centrales ya amortizadas y que usan agua pública de forma gratuita, por lo que las empresas que tienen la concesión sacan muchos beneficios sin gastos ni riesgos. Cuando caduquen estas concesiones (este año caducan seis) las hidroeléctricas deberían pasar al estado y ello permitiría abaratar el recibo de la luz. No tiene sentido regalar dinero público a las grandes empresas eléctricas, salvo que el gobierno espere recibir algo a cambio.
  15. Nadal dice abiertamente que los españoles se tendrán que acostumbrar a precios más altos: En vez de favorecer las renovables y recuperar las hidroeléctricas, lo cual bajaría el precio de la electricidad, el ministro prefiere que los ciudadanos nos acostumbremos a pagar más.
  16. Álvaro Nadal asegura que “No podemos prescindir ni de la nuclear ni del carbón“: Deja claro su apuesta por las energías más sucias a largo plazo.
  17. Rapapolvo de Bruselas a España por sus excesivas subvenciones a los combustibles fósiles: Mientras el ministro calla, el informe dice que “España es uno de los Estados miembros que más uso hace de las subvenciones a los combustibles fósiles”, como el carbón local.
  18. Portugal denuncia a España por el almacén nuclear de Almaraz: El Gobierno español se negó a realizar el estudio medioambiental conjunto. El Ejecutivo luso elevó una queja a la Comisión Europea, la primera entre ambos países en 30 años, y gracias ha eso se paraliza temporalmente el almacén nuclear de Almaraz.
  19. Nadal vuelve a la carga contra las renovables y acusa a la prensa de ser tendenciosa: El diputado de Compromís lo pone contra las cuerdas, pero el ministro miente y evita sus preguntas.
  20. Nadal recorta 600 millones a las renovables con tres informes de la CNMC en contra: “Con una retribución 10 euros por megawatio-hora inferior a lo que marca el mercado, los inversores tendrán prácticamente imposible alcanzar la rentabilidad razonable” (42,62 €/megawatio-hora).

Como hicimos con el ex ministro Soria, el ministro Alvaro Nadal también se merece ser observado de cerca, porque puede ocasionar mucho daño a nuestra sociedad (si le dejamos). En este artículo iremos añadiendo puntos a la lista anterior cuando sea oportuno. Y esperamos que los siguientes sean positivos, porque por ahora, parece que sigue el mismo camino que su predecesor. Es sospechoso que, siempre, los que gobiernan no quieran hacer una auditoría de costes del sector eléctrico.

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Sr. Rajoy: Llega el frío también para los refugiados. ¿Y si acogemos al menos a los niños?

Hakim y el frío de los niños de Siria

Hakim y el frío de los niños de Siria

Cuando tienes frío en tu casa te abrigas o pones la calefacción. Imagina lo que es tener frío y no poder ir a tu casa, ni poder abrigarte, ni tener una simple estufa. Ha llegado el frío también a los campamentos de refugiados, y los gobiernos europeos, como hicieron en verano, siguen intentando ignorar el problema.

La guerra es siempre dramática pero tenemos el deber moral de ayudar a los civiles que huyen. Pensemos en los miles de niños que se han perdido en su huida de la guerra: Save the Children dice que “cada hora desaparece un niño refugiado“. El 20% de los refugiados son niños, y de ellos, el 90% viajan solos. Y de ellos… el 100% está ahora sin hogar.

Rajoy maltrata a los inmigrantes igual que a los españolesEspaña es un país solidario y la gente corriente haríamos mucho más si nuestro gobierno lo facilitara. ¿Acaso no podríamos acoger en nuestros hogares al menos a los niños que viajan solos? Muchas familias y ayuntamientos se ofrecerían a ello si nuestro gobierno, en vez de poner trabas a los refugiados, lo permitiera.

Mariano Rajoy impone dificultades para acoger a los refugiados, como también denunciaron las alcaldesas de Madrid y Barcelona, ciudades que acogerían refugiados si el gobierno central lo permitiese.

Por su parte, el rey de España Felipe VI tampoco ha hecho nada al respecto, aunque sí ha tenido tiempo para involucrarse en el “negocio ilegal” de venta de armas a Arabia Saudí, como han denunciado Greenpeace y Amnistía Internacional (que hasta está recogiendo firmas contra esto). La Casa Real española, callada también ante los abusos y la corrupción de las eléctricas, podría acoger refugiados como hizo el Papa Francisco, pero si no lo hace, al menos debería presionar a nuestro gobierno para que se comporte con un mínimo de espíritu humano (cristiano también, si se desea).

Comete un delito el que, en caso de accidente, no ayuda a las víctimas “cuando pudiere hacerlo”. En nuestro mundo «al revés», no pasa nada si no ayudas a cientos de refugiados pudiendo hacerlo y habiéndose comprometido a hacerlo.

Los ciudadanos corrientes, mientras pensamos algo más que hacer, podemos asociarnos a algunas de las ONG que trabajan sobre el terreno: Save the Children, Médicos Sin Fronteras, ACNUR, UNICEF, Proactiva Open Arms… y no parar de presionar a los que mandan: No olvidemos que ellos mandan porque les dejamos mandar.

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¿Qué fuente de energía requiere menos empleo? (Empleos por Megavatio)

Empleo en energía solar y otras renovables.Es tan evidente que las energías renovables crean empleo como que también lo destruyen. Es muy complicado medir con precisión cuánto empleo crean o destruyen. En este artículo recopilamos unos cuantos datos sobre este tema, dejando a un lado cosas más importantes aún, como son las ventajas de las renovables (menor contaminación, más salud, menor dependencia exterior, más baratas, recursos inagotables, menos riesgos…). Al final, nos planteamos si es realmente bueno crear empleo.

Intentaremos centrarnos aquí en las tareas de operación y mantenimiento (O&M) de diferentes fuentes de energía, y no en las tareas de fabricación, construcción e instalación (MCI), ya que la construcción de centrales genera empleo temporal (sólo durante la construcción), mientras que las tareas de O&M son a largo plazo. Y nos interesaremos en la cantidad de empleos necesarios para fabricar cada unidad de energía (emplearemos el megavatio, MW).

Un estudio de Greenpeace concluyó que si en España se cierran los 7 reactores nucleares y se sustituyen por energía renovable se perderían 6.800 empleos. Esto se debe a que no hay que gestionar combustible nuclear ya que el recurso energético de las renovables es gratis. Las renovables son más eficientes que la energía nuclear, con menos riesgo y más baratas.

Por otra parte, un estudio de ISTAS-COO apuntaba a que se podrían crear unos 80.000 empleos si se impulsara el autoconsumo solar y la generación eléctrica distribuida (a pesar de la injusta legislación española). También, un informe de la Agencia Internacional de la Energía (IRENA) sostiene que las energías renovables dan más trabajo que todos los combustibles fósiles juntos.

El coste de la energía solar está bajando y actualmente está por debajo de los 10 céntimos de euro/kWh en muchos lugares del mundo, lo que la hace competitiva frente al precio minorista y de ahí su éxito en todo el mundo, salvo en España por su bloqueo político. Que la fabricación de paneles solares transfiera empleos a China demuestra que la creación de empleo puede diseminarse por el mundo también en el caso de las renovables.

Por su parte, las centrales de carbón en España no cumplen la ley, están contaminando más de lo permitido y provocan más de 1.500 muertes al año. El carbón supone en España el 10% de la potencia total instalada en el país, pero es responsable del 70% de las emisiones de dióxido de carbono de todo el sector productor de electricidad.

 Por citar un ejemplo, la térmica almeriense de Carboneras es una de las industrias más contaminantes de España y se estima que causa 177 muertes al año.

La siguiente tabla resume los empleos para O&M por cada MW según dos informes: un informe del IDAE (2011, Tabla 7.6) para España, y el informe internacional de IRENA (2013, Tabla 2.2). Este último incluye varias fuentes con datos muy variados para distintos tipos de energía, por lo que incluimos la media (agrupando datos de distintas regiones y uniendo eólica terrestre y marina, e hidroeléctrica grande y pequeña):

Origen Empleos por MW (empleos/MW instalados) según IDAE Empleos por MW, según IRENA
Hidráulico 0,007 (189 / 26.248) 0,91
Eólica 0,12 (2.316 /19.144) 0,35
Solar termoeléctrico 0,12 (28 / 232)
Biogás 0,27 (43 / 160)
Solar fotovoltaico 0,37 (1.274 /3.442) 0,48
Biomasa 2,54 (1.261 / 497) 5,51
Incineración de residuos 15,12 (1.436 / 95)

Para comparar, damos unos datos de un informe de CAES (en empleos/MWp): 0,29 para Carbón, 0,89 para Geotérmica, 0,06 para Gas, 1,15 para Nuclear, 0,65 para Solar fotovoltaica y 0,24 para Eólica. Ignoramos si se incluyen ahí, en el caso de las energías fósiles, los empleos en la extracción y transporte de combustibles y el transporte y depósito de los residuos. Otro informe de Greenpeace extrae resumidamente estos datos (aquí incluyen los empleos del fuel): 3,2 para Carbón (que puede bajar a 0,25 según ciertas circunstancias), 0,74 para Geotérmica, 0,47 para Gas, 0,33 para Nuclear, 0,40 para Solar fotovoltaica y 0.40 para Eólica (en tierra).

Conclusión

Aunque la generación de empleo es, en general, algo bueno en cualquier sociedad, no es sensato hacerlo de cualquier manera. En particular, en el sector eléctrico lo ideal sería generar grandes cantidades de energía con pocos empleos y las renovables parecen responder a esa demanda, ya que no requieren operaciones de minería (de carbón, petróleo, gas, uranio…), ni de transporte de combustibles, ni de eliminación de desechos (cenizas de la combustión, cementerios nucleares…).

Podemos concluir que no es simple calcular el número de empleos por unidad de energía generada por cada tipo de energía pues depende de muchas variables (desde cuestiones técnicas hasta geográficas y humanas). Dependiendo de lo que uno pretenda demostrar se pueden “cocinar” los datos convenientemente (ver nota final). Pero tanto la energía solar fotovoltaica como la eólica tienen índices muy favorables, precios muy competitivos y bajísima contaminación.

Muchas veces se ha dicho que las renovables generan mucho empleo y eso será cierto durante la necesaria transición a una economía de bajo carbono. Una vez hecha esa transición, es posible que se ganen empleos pero también es posible que se pierdan. Lo importante es que tendremos una economía más verde y más saludable. Poco importará si se pierden empleos en el sector de la medicina o la farmacia por tener mejor salud. Y no olvidemos que los combustibles fósiles generan muchas enfermedades.

¿Es malo que se pierdan empleos? No, no es malo si aprovechamos las ventajas. Si se pierden empleos gracias a una sociedad más eficiente, más robotizada y más informatizada, debemos aprovechar para reducir la jornada laboral y dedicar más tiempo al ocio (de bajo impacto, por supuesto). Perder empleos no tiene que ser algo negativo si la sociedad es suficientemente inteligente.

Podrá interesarte:

  1. Renewable energy and jobs (PDF, 2013), por IRENA (Agencia Internacional de Energía Renovable).
  2. Dejemos a las renovables crear empleo, de la Fundación Renovables.
  3. Las energías renovables dan más trabajo que el carbón, el petróleo y el gas juntos.
  4. Las centrales de carbón en España no cumplen la ley.
  5. Empleo asociado al impulso de las energías renovables (PDF, 2011), por IDAE.
  6. Energías renovables y generación de empleo presente y futuro (PDF, 2007), por ISTAS.
  7. El cambio de modelo energético nos dará trabajo, por Sergio de Otto.

NOTA FINAL: No es simple calcular el número de empleos por MW generado para cada tipo de origen (solar, carbón, nuclear…). Prueba de ello es que el informe de IRENA muestra datos bastante dispares según distintos estudios. En España, no hay datos sobre esto ni en el INE, ni en el Ministerio de Industria (aunque éste tiene otras estadísticas sobre energía). La complejidad de obtener datos de forma fiable se debe, entre otras cuestiones, al hecho de que no es fácil calcular cuántos empleados de cada empresa se dedican exactamente a O&M y/o a CMI. Tal vez lo más justo sería contabilizar las horas de trabajo globales (juntando CMI y O&M). Además, los datos pueden variar mucho por regiones geográficas o empresas, incluso dentro del mismo tipo energético. También habría que tener en cuenta el empleo indirecto, en el cual las renovables generan menos empleo según James Conca. Por último, también depende del porcentaje de uso de cada central eléctrica y por eso los cálculos pueden hacerse respecto a la potencia instalada (MWp, peak MW) o respecto a la potencia media generada (MWa, average MW).

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Garoña, punta de lanza de la energía nuclear

Por Daniel Senderos Oraá, @danielsenderos

Todos conocemos de sobra la equivocada política energética del actual gobierno, que apuesta concienzudamente por las energías sucias en detrimento de las energías renovables.

En particular, el gobierno del Partido Popular (con su actual ministro Nadal) está llevando a cabo una apuesta sin precedentes por la energía nuclear totalmente contraria a la de la mayoría de países de la Unión Europea, que se posicionan claramente por una transición energética hacia un modelo más limpio, sostenible y respetuoso con el medio ambiente y los ciudadanos.

Mientras en el resto de Europa, países como Alemania apuestan por el apagón nuclear para el año 2022, o Francia, país nuclear por excelencia, aprueba una Ley de Transición Energética que reduce el peso de la energía nuclear a favor de la energía verde, en España se está usando Garoña como punta de lanza para prolongar la vida útil del parque nuclear estatal de 40 a 60 años (el Plan General de Residuos considera 40 como la edad máxima).

Breve historia de Garoña

La Central Nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) comenzó a construirse en septiembre de 1966 y finalizó en noviembre de 1970, incorporándose al sistema eléctrico nacional el 2 de marzo de 1971. Finalmente, el 16 de diciembre de 2012 se produjo la parada del reactor y el desacoplamiento de la red eléctrica para proceder al vaciado del combustible de la central. Esta decisión se tomó por la dirección de la empresa en base a criterios económicos tras cuarenta y dos años de actividad.

Garoña ha llegado al cumplimiento estipulado de su vida útil. No obstante, los propietarios de la misma han solicitado una prórroga para alargar su vida útil hasta los 60 años, alegando para ello que la motivación de su cierre fue económica y no por cuestiones de seguridad.

La Ley 15/2012 de 27 de diciembre, de medidas fiscales para la sostenibilidad energética supone un aumento de los costes de Garoña en más de un 30%, tanto que el Ministerio de Industria, Energía y Turismo aprobó la Orden IET/1302/2013 por la que se declaraba el “cese definitivo” de la explotación de la central nuclear de Garoña (BOE 164, de 10 de julio). A través de diversas enmiendas, el Grupo Parlamentario Popular consiguió satisfacer la pretensión de la empresa titular de la central –una vez más, la única a la que se podían aplicar en ese momento las disposiciones transitorias– incluyendo un importante ahorro impositivo que podría hacer rentable su explotación.

Otro nuevo capítulo en este serial fue la aprobación del Real Decreto 102/2014 para la gestión responsable y segura del combustible nuclear gastado y los residuos radiactivos, que abría nuevamente la posibilidad de su reapertura. A través de una disposición transitoria a un Reglamento aprobado en 1999, se establecía una distinción entre cierre por circunstancias de seguridad radiológica u otras de naturaleza económica.

Reabrir Garoña permite extender la vida de las demás nucleares

Es de sobra conocido que Garoña ofrece un aporte insignificante al sistema eléctrico español, que no se ha resentido en ningún momento tras el cese de la planta y ha seguido funcionando con total normalidad. No solamente se ha demostrado que Garoña es innecesaria para el sistema eléctrico español sino que, además de ser una central más que amortizada y obsoleta, supone un freno a las renovables y un auténtico riesgo para la ciudadanía y municipios cercanos. No debemos olvidar que Garoña es una central hermana de Fukushima.

El objetivo del gobierno es una apuesta sin precedentes por la energía nuclear, modificando leyes “ad hoc”, eliminando la exigencia de una evaluación de impacto ambiental (que sería exigible si fuera una nueva autorización para la central pero no necesaria para una renovación) y favoreciendo así intereses privados en contra del interés general de los ciudadanos. Del mismo modo, las presiones que han denunciado los técnicos del CSN son ya más que conocidas, y todo para prolongar la vida útil del parque nuclear estatal sin ningún tipo de debate, tanto político como social, en un tema tan sensible como éste. Sabiendo que el informe del Consejo de Seguridad Nacional no es vinculante, la decisión final sobre el futuro de Garoña está supeditada a la decisión política del Partido Popular.

Conclusiones

Como ya se ha dicho, España va contracorriente en materia de energía, pero lo que debemos hacer es cerrar todas las centrales nucleares antes de 2024 (al cumplimiento de su vida útil de 40 años). Debemos comenzar con el desmantelamiento definitivo de Garoña y con un plan de reactivación de la comarca.

Creo que ya va siendo hora de que España se tome en serio la transición energética hacia un modelo más limpio, sostenible y respetuoso con el medio ambiente y los ciudadanos y deje aparcada esa apuesta sin precedentes por la energía nuclear que, sin duda, nos aboca a un futuro inseguro y totalmente descolgado de la política ambiental europea.

Más información:

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Pastel de patata, champiñones y verduras

Pastel de patatas, champiñones y verduras.

◊ Ingredientes (6 personas aprox.):

  • 6 patatas grandes.
  • 500 gr. de champiñones.
  • 1 berenjena grande.
  • 4 cebollas grandes.
  • 3 dientes de ajo.
  • Sal y aceite de oliva.
  • Opcional: queso rallado, orégano y otras especias, seitán y pasas.

Preparación:

  1. Lavar las patatas y cocerlas enteras, con su piel.
  2. Mientras cuecen, en una sartén grande poner un chorreón de aceite y sofreír la cebolla y el ajo partidos en tiras finas.
  3. Cuando la cebolla esté trasparente, antes de dorarse, echar los champiñones (previamente lavados y partidos en láminas finas) y la berenjena (partida a cuadritos de 1 cm. aproximadamente). Si se usa seitán, usar menos verduras y añadirlo picado con la berenjena. Remover bien hasta que esté en el punto deseado. Salpimentar al gusto, y usar las especias deseadas y las pasas.
  4. Pelar las patatas y triturarlas con un tenedor hasta hacer un puré más o menos homogéneo. Añadir sal y aceite de oliva al gusto, con moderación. Puede añadirse un chorrito de leche (vegetal preferentemente) para que sea más cremoso.
  5. En una bandeja honda de pirex poner una capa de entre 1 y 2 cm. de puré de patatas. En otra capa, añadir todo el sofrito de los champiñones y verduras. Acabar con otra capa de puré de patatas.
  6. Si en el momento de servir no está suficientemente caliente se puede calentar en horno normal o microondas. Se puede añadir una capa de queso rallado y orégano, y gratinar.

Por Estela Berzal M. (animalista en Facebook, y Twitter @StellaMarber).

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