Somos picudos rojos

El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) es un escarabajo comestible, consumido en el África subsahariana. En su fase de larva, perfora galerías de más de un metro de longitud en los troncos de algunas plantas. Sus favoritas son la palmera datilera, la palmera canaria y el palmito. Si la invasión es grave, las plantas mueren y los humanos hablan de «plaga» y de «especie invasora». No suelen hablar de «irresponsabilidad».

El picudo rojo no se preocupa por la muerte de las plantas que le dan la vida. Son insectos que no ofrecen nada a cambio de comerse estas plantas (son parásitos). Si se les deja, cada hembra puede generar mil descendientes en un año. Acabarían con todas las plantas que les dan la vida. Si se les deja, ellos acabarían con su sustento; acabarían colapsando.

Nos comportamos como picudos rojos

Es bastante evidente el paralelismo entre los Rhynchophorus ferrugineus y los Homo sapiens. Aparte del número de extremidades y otras evidentes diferencias anatómicas, hay una diferencia particularmente inquietante entre estas dos especies. Los picudos rojos actúan por instinto. Ellos no planifican sus ataques, ni estudian las consecuencias, ni son conscientes de su desarrollo insostenible.

El ser humano está arrasando lo que le permite vivir, lo cual no es solo un puñado de plantas, sino tierras y mares: un único planeta. El ser humano (en conjunto) planifica sus ataques, estudia sus consecuencias y es consciente de su desarrollo insostenible.

Mientras las élites gobernantes no quieran establecer límites al crecimiento ni límites a la destrucción, el futuro de la humanidad se acerca a un colapso que parece inminente y —de alguna forma— dramático. Los ricos son un cáncer para el planeta.

El Homo sapiens no es una especie estrictamente exótica, pero sí es una especie claramente invasora, una plaga. Si hubiera una especie superior que fuera especista, sin duda nos fumigaría, deseando nuestra extinción, como se hace con los picudos rojos, insectos que, por cierto, se propagaron por culpa de un comercio internacional absurdo y sin control. ¿En serio España necesitaba traer palmeras de Egipto?

Según el diccionario de la RAE, un significado de la palabra humano es «comprensivo, sensible a los infortunios ajenos». Resulta inquietante que seamos la especie menos humana de todos los homínidos (familia de primates que incluye 8 especies vivas, entre los que están humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos).

Como dijo el Dr. Oscar Gavira: «Las medidas de control de especies exóticas no representan una solución del problema, porque el verdadero problema es un estilo de vida insostenible basado en el transporte a larga distancia. Las especies exóticas son bioindicadores de este modelo de desarrollo».

Por su parte, el Dr. Mario Alonso Puig dejó claro que una sociedad puede educar para que el cerebro entienda su entorno de forma que nos comprometamos a respetarlo: «El desarrollo del hemisferio izquierdo del cerebro supuso que tuviéramos que pagar un peaje muy alto y fue nuestro alejamiento de la naturaleza. (…) Hemos de entender que el cerebro es enormemente plástico y maleable y que la cultura en la que vivimos puede favorecer más el dominio de uno de los hemisferios o incluso favorecer que trabajen de una forma más integrada».

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🏭Otra estafa verde: capturar carbono para seguir contaminando

Hace años que se habla de esto. Pensábamos que el tema se olvidaría en cuanto se viera que es algo sin sentido. Sin embargo, obsesivamente se sigue proponiendo la «captura de carbono» como un método de geoingeniería para luchar contra el cambio climático. Lo llaman CAC (Captura y Almacenamiento de Carbono).

El único método para capturar carbono que funciona y que es viable es plantar árboles y, sobre todo conservar los que ya tenemos, especialmente los bosques. Sin embargo, los que hablan de capturar carbono se refieren a tecnologías complejas y caras que aún no son viables y que tienen peligros evidentes.

Hablan de capturar carbono del aire y enterrarlo en cuevas subterráneas. La idea sería válida si fuera fácil y barata; y si no hubiera riesgo de que el CO2 enterrado se escapara por alguna fisura. Otras ideas son manipular bacterias o conseguir materiales mágicos que absorban CO2.

Se puede investigar en eso, pero no proponerlo como algo viable, porque hoy no es viable. No podemos contar con falsas soluciones o con hipótesis que podrán —o no— estar disponibles en el futuro. A pesar de las evidencias, quieren gastar 215.000 millones de euros en esta década, dinero que podría emplearse de forma mucho más eficiente.

La explicación de esta obsesión es doble. Por una parte conseguir dinero público dedicado hipotéticamente a investigar ese asunto y, por otra, frenar los esfuerzos para reducir las emisiones. El tecno-optimisno es uno de nuestro mayores enemigos.

La CAC es otra estafa verde para engañar a la población

Los que proponen estas opciones pretenden seguir contaminando y ocultan cuestiones importantes:

  1. Aunque el carbono (el CO2) es el gas que lleva el peso del cambio climático, hay muchos otros GEI (Gases de Efecto Invernadero), además de otros contaminantes (PM2.5, PM10…) que son también muy perjudiciales. Por ejemplo, el metano es un gas de alto efecto invernadero. Para reducirlo lo más simple es evitar comer carne, especialmente carne vacuna.
  2. Deberíamos reducir urgentemente las emisiones de todos los GEI y no tenemos tiempo para confiar en que en un hipotético futuro tendremos maravillosas tecnologías que nos permitirán seguir contaminando. Para reducir las emisiones de carbono lo más efectivo es reducir el consumo de energía, algo de lo que se habla poco. Se habla más de la transición energética que de la reducción energética.
  3. Confiar en tecnologías que no existen nos frena desarrollar las que sí existen, como las renovables o la movilidad sostenible.
  4. El carbono capturado podría contaminar acuíferos y volver a la atmósfera, perdiendo las ventajas que se hubieran conseguido al capturarlo.
  5. El proceso de captura de carbono, transporte y vigilancia requiere un aumento del consumo de energía, lo cual genera mayores problemas, incluso aunque esa energía fuera renovable.
  6. Empresas contaminantes están recibiendo ayudas para investigar en CAC, aunque finalmente podrían estar dedicando el dinero a otra cosa. En todo caso, hay áreas de investigación más prometedoras y más sostenibles que dedicarse a pensar en cómo seguir contaminando.

Conclusión: no demos facilidades a los contaminadores

Se pueden y se deben plantar árboles, pero que esto no sirva para justificar que las grandes empresas contaminantes (los big polluters) sigan contaminando como si no hubiera emergencia climática. Que no nos engañen con la CAC como con el reciclaje o el coche eléctrico.

Se puede y se debe investigar en lo que se crea interesante, pero no podemos confiar en la tecnología cuando es precisamente la tecnología la que nos ha llevado a la crisis ambiental actual. No hay soluciones mágicas que nos permitan seguir viviendo como si no pasara nada. Vamos muy mal de tiempo. Empecemos a aplicar las soluciones que sabemos que funcionan.

♠ Sobre la CAC:

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¿Y si quitamos las papeleras de las ciudades?

Es fácil ver que las papeleras de las ciudades se usan mal. Muy mal. Cantidades ingentes de materiales reciclables pasan por las papeleras para acabar en vertederos.

Imaginemos que las papeleras se retiran. Todas las papeleras, de todas las ciudades. La ciudadanía se preguntaría qué ha pasado. Unos se guardarían sus residuos para tirarlos donde puedan, incluso buscando los contenedores de reciclaje. Obsérvese que usamos la palabra residuos, no basura. Otros usarían el suelo como si fuera su basurero particular. Muy posiblemente la ciudad se volvería más sucia. Algunos no notarían nada. Otros se escandalizarían. Muy pocos buscarían soluciones en la educación.

¿Por qué las papeleras estorban ante nuestra crisis ambiental?

  1. Las papeleras reducen el reciclaje de materiales. Las papeleras son una invitación a tirar ahí todo lo que nos estorba. Y eso es un boicot a la recogida selectiva de residuos, incluyendo el compostaje (contenedor marrón que aún apenas existe).
  2. Las papeleras simplifican la vida a la ciudadanía, pero inhiben el ser responsables de sus propios residuos.
  3. La ausencia de papeleras obligaría a un mayor control y a una mayor responsabilidad. Por ejemplo, multando a los que ensucien la vía pública.
  4. También sería imperativo mejorar la educación ambiental. Sin papeleras, veríamos muy razonable educar a toda la ciudadanía a usar los contenedores de reciclaje y, sobre todo, a REDUCIR la generación de residuos. Reducir es lo más ecológico.
  5. Sin papeleras seríamos más conscientes del problema de los residuos, aunque solo fuera de una pequeña parte del problema. También se entendería mejor la necesidad de reutilizar los envases (y todo tipo de productos).
  6. Sin papeleras, necesitaríamos más contenedores de reciclaje, porque los que hay son claramente insuficientes para reciclar todos los residuos. Ni siquiera hay contenedores suficientes para reciclar lo que Ecoembes dice que se recicla. Por eso sabemos que Ecoembes miente.

Hay que ser muy inconsciente para no darse cuenta de que esta propuesta es muy conflictiva. Escuece demasiado en una sociedad acostumbrada a tirar residuos y olvidarse de ellos, como si las papeleras, los contenedores o el váter fueran agujeros mágicos donde todo desaparece. Pero no desaparece. Y los problemas siguen, quieras verlos o no.

Las medidas más raras, pueden ser las más necesarias. Lo que hoy es impensable, mañana será lo normal. Lo importante es plantearnos las ventajas y los inconvenientes de las papeleras en las calles y cambiar lo que sea pertinente. La situación no nos permite seguir haciendo lo de siempre. Nuestra propuesta puede probarse solo en un barrio (y no se debe medir solo la suciedad…).

¿Qué hacemos con lo que no se puede reciclar? Lo inteligente sería dejar de fabricarlo. Pero mientras, ayuda pensar un poco en lo estúpido que es fabricar —Y COMPRAR— esos productos.

Eliminar las papeleras de la ciudad es algo que nos molesta porque buscamos la máxima comodidad, pero tal vez es algo necesario para despertarnos de nuestros sueños infantiles. Los residuos no desaparecen. De hecho, solo crecen. Si queremos una sociedad sensata e inteligente tenemos que decrecer. En residuos, también.

♦ Sobre residuos, hay mucho que decir:

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Libro Hay alguien en mi plato, de Barbara J. King (@plazayvaldes)

La escritora y científica estadounidense Barbara J. King nos invita a comer con conciencia en este libro (2021, de su edición en español). En primera persona, nos narra sus vivencias personales e investigando el comportamiento animal. También es autora del libro Cómo viven el duelo los animales.

Nuestra sociedad está acostumbrada a comer animales y establece un muro entre un chuletón (al punto) y el animal del que procede. Se acepta que el animal tenga sentimientos, pero cuando está en nuestro plato solo es comida. Plaza y Valdés donará todos los beneficios de este libro a la ONG Igualdad Animal.

King trabajó como científica en Nairobi. Allí fue a restaurantes donde servían carne de animales exóticos. Se sorprendió a sí misma por cómo era capaz de devorar los mismos animales que disfrutaba observándolos en libertad. Reconoce que ese recuerdo le incomoda y que hay conexiones que nos unen a los animales. Tenemos muchos parecidos entre nosotros y ellos: sintiencia, capacidad de aprender, pensamiento y personalidad. La autora advierte de que «un marco de referencia antropocéntrico es demasiado limitado, precisamente porque detecta y recompensa preferiblemente aquello que los humanos consideramos inteligente». Es obvio que nos estamos perdiendo muchas cosas por falta de investigación y por nuestro punto de vista sesgado.

La ONU recomienda consumir menos proteínas animales y aumentar los alimentos vegetales (hay consistentes motivos para ello). El ganado consume «más de la mitad de todas las cosechas del mundo y precisan una cantidad de agua asombrosa». El libro estudia algunos de los animales que se consideran comida:

1. Insectos y arácnidos

Es una comida extraña en países occidentales, pero la autora nos informa que la crema de cacahuete puede llevar hasta 30 fragmentos de insecto por cada 100 grs. y el chocolate, el doble.

Algunos piensan que los insectos son casi como robots que se basan en su instinto, pero no es así. Estudios recientes demuestran que los insectos pueden aprender, recordar, pensar y comunicarse de formas complejas: algunas avispas reconocen el rostro de sus congéneres, las moscas de la fruta toman decisiones pensando, y la danza de las abejas es un sistema de comunicación extraordinario. Un estudio ha demostrado que las experiencias de juventud pueden alterar la personalidad de los grillos. El problema es que evaluamos a los animales bajo la lupa de nuestros conocimientos de humanos y su personalidad puede tener otros factores distintos a las paridades humanas: valiente/cobarde, agresivo/pacífico, introvertido/extrovertido, etc.

No es fácil demostrar si los insectos sienten placer o dolor. Sin embargo, ambos aspectos son básicos en la evolución y ayudan a llevar una vida más duradera, por lo que es difícil imaginar que estos animales no sientan ni placer ni dolor. En EE.UU. hay una granja de grillos para consumo humano y están tan convencidos de que sufren que, para sacrificarlos, bajan la temperatura hasta su letargo. Es posible que no sientan cuando son sacrificados, pero morir por frío no parece que sea muy agradable.

Comer insectos es ambientalmente mejor que comer mamíferos o aves, porque son más eficientes, emiten menos gases, requieren menos tierra y menos agua y hay un menor riesgo de transmitir infecciones zoonóticas (como la COVID-19).

2. Pulpos

Son los invertebrados más inteligentes del planeta (que se sepa y evaluando bajo el punto de vista del humano). Las más recientes investigaciones demuestran que «los pulpos piensan, trazan estrategias, evalúan lo que los rodea y expresan su estado anímico en función de esa evaluación de un modo tan visible e impactante que incluso los vertebrados terrestres podemos entenderlos». Los pulpos pueden usar herramientas, «resuelven problemas estratégicamente» y cuando están en un laboratorio reconocen con claridad a los investigadores.

En muchas culturas son vistos solo como comida, incluso para comerselos vivos (a pesar de que hay personas que han muerto de asfixia por ello). Los brazos del pulpo tienen gran capacidad de recopilar datos. Es como si incorporaran parte del cerebro. El pulpo tiene tres corazones y asombrosas capacidades. Por ejemplo, puede estrujar su cuerpo para pasar por aperturas considerablemente pequeñas, puede cambiar de color para camuflarse y para comunicarse y puede aprender de sus congéneres. También se han encontrado pulpos diferentes en cuanto a su personalidad. Respecto a las capacidades cognitivas los científicos afirman que no hay diferencia con algunos de los cefalópodos, primos del pulpo: la sepia (o jibia) y el calamar (los nautilus no se citan).

La autora recuerda un tierno vídeo viral de un niño brasileño que se mostraba incrédulo con solo pensar que la comida que le servía su madre era un animal muerto, un pulpo troceado. Al final, el niño convence a la madre para comerse solo las patatas.

«La Unión Europea declaró que los cefalópodos deben recibir un trato humano cuando se utilicen para una investigación científica, convirtiéndolos en los únicos invertebrados que reciben esta protección». En Estados Unidos, un grupo de biólogos sometieron a cinco pulpos a lesiones de aplastamiento de los tentáculos, llegando incluso a la amputación. Científicamente, no se puede concluir que los pulpos sintieron dolor, pero se documentó que los pulpos contrajeron la zona lesionada y la mantuvieron cerca del cuerpo, envolviendo incluso el miembro dañado con los tentáculos adyacentes. ¿No es un claro signo de sufrimiento?

En otro experimento compararon el comportamiento de pulpos en acuarios pequeños y aburridos y en acuarios grandes enriquecidos con entretenimientos. «Los observadores detectaron un gran estrés en el acuario empobrecido: en él, los pulpos se comían sus propios brazos«. El estrés también se ha documentado en otros animales, como los cetáceos encerrados en acuarios.

También se ha demostrado que los pulpos simpatizan con humanos, llegando a acariciarse mutuamente. ¿No es una prueba de que sienten placer ante las caricias y el contacto amigable? La naturalista Sy Montgomery, autora del libro El alma de un pulpo, reconoce problemas éticos inherentes a capturar pulpos en sus hogares naturales para confinarlos y exhibirlos con el fin de entretenernos y educarnos.

3. Peces

Los peces son inteligentes, aprenden, tienen distintas personalidades (valientes, prudentes, juguetones…) y saben comunicarse. El 50% de las especies emiten algún sonido para comunicarse, y suben el volumen si hay ruido ambiental.

El libro nos cuenta cómo los meros hacen gestos a las morenas y a los peces Napoleón para indicarles dónde hay presas ocultas de forma que uno de ellos aumente sus posibilidades de comer. Y lo mismo hacen algunas truchas para cazar con sus amigos pulpos. Estos gestos referenciales (sin tocar) se creía que era algo exclusivo de primates y de cuervos.

Los peces limpiadores eliminan parásitos a otros peces y distinguen entre sus clientes habituales y los ocasionales. Atienden antes a los que están en tránsito porque los residentes creen que volverán, aunque podrían irse a otros peces limpiadores (a la competencia). A veces muerden a sus clientes y estos se quejan con movimientos bruscos, pero ellos les intentan tranquilizar acariciando su aleta dorsal para intentar que no se vayan. Curiosamente, distinguen entre peces depredadores y los que no lo son, mordiendo con mayor frecuencia a los no depredadores.

También hay peces que usan herramientas. Por ejemplo, se vio a un pez lábrido payaso usar piedras como yunque para abrir almejas. No somos tan diferentes de los peces. Las articulaciones de nuestra mano aparecieron por primera vez en las aletas de peces como Tiktaalik.

Peces, moluscos y crustáceos suponen el 6,5% de las proteínas consumidas por los humanos, por lo que no parece complicado prescindir de este tipo de alimentos. Por otra parte, los mares están muy contaminados. Por ejemplo, se han encontrado niveles alarmantes de mercurio en atunes, pez espada y lubinas entre otros (el mercurio se acumula en los peces carnívoros).

Peor suerte viven los peces de piscifactorias, como son casi todos los salmones que se venden. A la enorme contaminación de esas industrias, se une el maltrato animal por hacinar peces en tanques muy pequeños, donde se rozan, se hacen heridas y se infectan de parásitos. Por si fuera poco, las dos últimas semanas antes de la matanza, los salmones dejan de ser alimentados para que sus estómagos estén vacíos cuando los sacrifican. Además, el sistema de aturdimiento deja de usarse cuando falla. Las piscifactorías no fabrican pescado sostenible, porque son carnívoros y para que ellos vivan hay que matar a muchos peces salvajes de otras especies, como las anchoas, por ejemplo, cuyas poblaciones están bajando alarmantemente.

Los casos más terribles de sufrimiento y daños al medio ambiente no son las prácticas tradicionales sino la pesca comercial a gran escala (como denunció De Jouvenel). La pesca de arrastre destaca por su enorme poder destructivo. Se ha prohibido en muy pocas zonas y se sigue usando a gran escala.

La autora se pregunta qué sentirán los peces cuando se encuentran con depredadores (humanos o no), y sugiere investigar el comportamiento de los supervivientes, para descubrir, por ejemplo, sus aprendizajes. Se han visto casos que inducen a pensar que los peces sienten empatía. Por ejemplo, peces de acuario que se ayudan entre ellos, incluso siendo de especies distintas.

Se ha demostrado que los peces sienten dolor. Sin embargo, muchos siguen pensando que como no son mamíferos ni aves, no es tan relevante si sufren o no. Lo curioso es que en mamíferos y aves sigue sin ser relevante el hecho de que sepamos fehacientemente que sufren por culpa de los humanos que los ingieren. El consejo de Michael Pollan es comer poco y vegetales en su mayor parte.

4. Pollos

Una conclusión inesperada es que «la supuesta diferencia existente entre la capacidad para razonar de los mamíferos y las aves es ilusoria».

«Los pollos distinguen entre más de un centenar de caras de otros animales de su especie, y reconocen a individuos tras meses de separación». Además, razonan para decidir la mejor opción entre varias posibles, se comunican entre ellos (por ejemplo, la madre llama a sus pollitos) y se ayudan. Se han visto casos de gallos que cubren con las alas a su pareja cuando llueve, o gallinas que ayudan a una compañera ciega. También se comunican con los humanos. En cierta ocasión unas gallinas dieron la voz de alarma a un humano, cuando una de ellas cayó accidentalmente a la piscina. Se puede concluir que los pollos pueden «percibir la perspectiva que otro ser tiene del mundo».

Las gallinas pueden hacer varias cosas a la vez gracias al cerebro lateralizado de las aves (igual que el nuestro). Por ejemplo, pueden buscar comida y permanecer alerta ante posibles depredadores.

Hace años notaron que las gallinas no podían encerrarse, porque la falta de luz solar y de vitamina D, les provocaba debilidad en las patas. La solución fue fortalecer el pienso con vitamina D, algo que facilitó las macrogranjas actuales, las cuales pueden llegar a albergar diez millones de aves. Tras esas cárceles, «el animal se transforma en un objeto y el sabor adquiere una importancia capital». En Estados Unidos, el día de la Superbowl se consumen 1.250 millones de alitas de pollo, a pesar de que «la carne de pollo ha perdido su tradicional reputación», debido a que son una «fuente colosal de gérmenes», tanto en los gallineros, como en la carne que se vende. Se han encontrado muchas bacterias perjudiciales (como campylobacter). Por otra parte, en los mataderos se han documentado multitud de irregularidades en el cumplimiento de las leyes para reducir el sufrimiento. Por ejemplo, se sabe que es frecuente encontrar pollos que son «escaldados vivos».

También son recurrentes los escándalos en las granjas de gallinas ponedoras, por ejemplo cuando se habla de cómo se deshacen de los pollitos macho. Estados Unidos sacrifica 272 millones de pollitos cada año. Uno de los métodos es triturarlos vivos con cuchillas giratorias. Luego, se usan para alimentar mascotas, haciendo que tener mascota genere maltrato a otros animales. También se concluye que comer huevos sí produce maltrato animal. Por todo esto, se instauró el 4 de mayo como Día Internacional por el Respeto a los Pollos.

5. Cabras

Las mascotas son animales vivos que algunos los ven como «modas». En Estados Unidos se ha generalizado tener cabras enanas nigerianas. Sin duda, peor es lo que hacen en Afganistán: destripan una cabra, le cortan la cabeza, cosen sus restos y se usa en un extraño deporte llamado buzkashi. Si te parece maltrato animal en el deporte, te recordamos que muchos balones (de fútbol, béisbol…) están hechos de cuero de vaca y que los deportes con caballos siempre los maltratan (especialmente en los entrenamientos).

Se ha constatado que las cabras pueden comunicarse con animales que no son de su misma especie y que mantienen relaciones de amistad (con burros, llamas…). También son atentas entre ellas, aunque a veces no aprenden de sus semejantes, tal vez porque, como los perros, aprenden más de los seres humanos que de animales de su especie.

Las cabras «sobresalen en tareas que requieren un pensamiento avanzado y memoria a largo plazo, y muestran claras respuestas emocionales al modo en que se las trata». Y concluye: «las cabras son inteligentes y expresan lo que sienten acerca de lo que les ocurre».

6. Vacas

Muchas de nuestras sociedades adoran el sabor de estos animales y de los lácteos (leche, queso, helado, yogur…). En la industria bovina, «ningún bebé se queda con su madre» y el ciclo es constante: inseminación, embarazo, parto y separación del bebé. Se ha demostrado que esa separación les causa a ambos mucho dolor y problemas cognitivos. Se llaman mutuamente con mugidos intentando reencontrarse. El dolor emocional afecta a los terneros en la misma medida que el dolor físico (por ejemplo, cuando les cortan los cuernos).

El libro analiza una granja de leche ecológica y el proceso es, en todo lo dicho, idéntico. En esta granja, las vacas viven 8 o 9 años, cuando en Inglaterra la media es de 6. Ahora bien, una vaca puede llegar a vivir más de 20 años. Es decir, en las granjas ecológicas la vida de las vacas se reduce a menos de la mitad y los terneros macho se sacrifican a los dos años y medio, porque no dan leche.

Para los que conocen a las vacas es fácil percibir que ellas «sienten alegría y tristeza en distintos momentos de sus vidas» y que cada una tiene su propia personalidad. Ellas reconocen a los humanos como seres individuales y diferentes. En el libro Farmageddon: The true cost of cheap meat, Philip Lymbery dice que las vaquerías industriales son «fábricas lácteas en las cuales los animales no son más que máquinas que enseguida se rompen y se sustituyen». En el proceso, también enferman los humanos. Los desechos fecales contaminan el aire y el agua. En el entorno de las granjas los niños tienen asma tres veces más que la media y la esperanza de vida en adultos es una década menos (datos de EE.UU.).

Las vacas son alimentadas con productos que no son lo que comerían de forma natural: maíz, soja, harinas de pescado… siendo la producción de ese alimento una de las mayores causas de contaminación, deforestación y pérdida de biodiversidad terrestre y marina.

La autora sostiene que «comer carne fue esencial para la trayectoria evolutiva del ser humano», pero eso no implica que no existan alternativas mejores en las sociedades actuales. Tal vez podamos cambiar nuestra visión de estos animales si tenemos en cuenta la enorme huella ambiental que producimos en la ganadería, además de que las vacas son seres curiosos que quieren vivir sus vidas.

7. Cerdos

Son tan inteligentes que se les compara con niños de tres años y están siempre en las listas de los diez animales más listos. King dice que es erróneo comparar especies diferentes. Sin embargo, se sabe que los cerdos tienen unas habilidades cognitivas especiales, mejor que las de perros y que las de niños de tres años. Dependiendo de su crianza y educación, se han encontrado cerdos calificados de encantadores, inteligentes, juguetones, astutos, amables, alegres, sociables, cariñosos… No todos tienen que ser iguales, obviamente.

La lista de horrores sufridos por los animales antes de llegar a los refugios es excesivamente larga. Una cuidadora de un refugio, al recibir a una cerda maltratada dijo: «Parecía la superviviente de un bombardeo». Con tiempo, la cerda se repuso y pasó a ser más sociable. En otro caso, dos cerdas venían de acuarios, donde además de esclavizar cetáceos para divertir al público, también las tenían, hasta que ellas dejaron de colaborar. En el refugio eran inseparables. Cuando una de ellas murió, la otra «lloró muchísimo su ausencia».

En otra de las historias que nos cuenta, una pareja convivió unas semanas con una cerda y bastó esa convivencia para cuestionarse sus hábitos alimenticios. Se dieron cuenta que no podían cocinar más beicon ni nada de cerdo.

«El furor de los productos derivados del cerdo es, sin ninguna duda, la mayor obsesión alimenticia global». En Estados Unidos, el 97% de los cerdos viven en granjas de cría intensiva (macrogranjas) y tienen inmensas lagunas en las que almacenar las aguas residuales con estiércol. Algo similar pasa en España, China…

8. Chimpancés

Los chimpancés y los bonobos son los animales más cercanos a los humanos. Son animales sociales, con tradiciones, muestran compasión y cooperación (también agresividad) y utilizan herramientas (hasta 26 herramientas diferentes en algunas culturas). Los chimpancés no solo aprenden unos de otros, sino que los mayores enseñan a los jóvenes, por lo que la muerte de un adulto es una pérdida para su sociedad.

En algunas culturas los chimpancés se comen, lo cual «no se aleja demasiado del canibalismo». Al enterarse de la muerte a manos de los furtivos de un chimpancé , un biólogo se refirió a ella como una absurda y criminal manera de acabar con una vida «para una sola comida». En Costa de Marfil se prohibió la caza y el comercio de carne salvaje, pero las leyes no siempre se cumplen. La pobreza y la desigualdad impulsan la caza furtiva, para comidas de ricos o por supuestas propiedades mágicas. El libro denuncia que hasta en Europa hay tráfico de carne de chimpancé. Todo este comercio amenaza la cultura de los chimpancés y sus redes de aprendizaje social intergeneracional.

Solo en la cuenca del río Congo se captan al año 5 millones de toneladas de animales salvajes (antílopes, pangolines, murciélagos…). En África hay 13 refugios que albergan 800 chimpancés. La mayoría llegan allí tras quedarse huérfanos por el comercio de carne salvaje o de mascotas exóticas. En los países ricos aún se ven chimpancés en laboratorios, circos, zoológicos o en la industria cinematográfica o publicitaria. No se deben utilizar animales para intereses humanos (ni siquiera los caballos, por muy acostumbrados que estemos). El libro describe los horrores que sufrió Tom, un chimpancé torturado por un laboratorio para investigación. Hoy se sabe que los resultados de investigar con animales no son extrapolables a los humanos.

¿Debemos comer animales?

Cada uno tiene que responderse a sí mismo, pero la autora nos pide que usemos nuestra inteligencia para reconocer la de los animales y tomar conciencia de su sintiencia. Ella no propone el veganismo como única opción. Alaba el flexitarianismo (dieta reducetariana) y a todos los que dan pasos hacia una dieta basada en vegetales. Los beneficios de esa dieta son numerosos, y el único déficit es el de la vitamina B12 que es lo único esencial que se encuentra en carne, lácteos y huevos. Pero tengamos en cuenta que la B12 la producen bacterias y hay pastillas fáciles de conseguir en farmacias. Al ganado industrial le dan las pastillas, para evitar que tengan carencias nutricionales, debido a su vida nada natural.

Hoy día ya se sabe que los animales sienten dolor. El dolor es dolor, aunque no podamos saber si sienten dolor como nosotros los humanos. Sabemos que no todos los humanos sienten el dolor de la misma forma.

En unas culturas se comen a los perros, mientras que en otras están protegidos: «hemos entrenado nuestro cerebro para prestar una atención especial a algunos animales y no a otros». Una investigación concluyó que los animales que vemos inteligentes son más difíciles de elegir como alimento. Por eso, algunos no quieren saber que los animales que se comen son realmente inteligentes. Es paradójico que haya tantas personas que consideran que no se debe herir a esos animales, pero aún así, se comen sus músculos solo por el sabor, aunque sería fácil de sustituir.

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El volcán de La Palma nos enseña a escuchar a los científicos

Cuando vamos al médico, la mayoría de nosotros nos fiamos del diagnóstico y del tratamiento. Confiamos en que el personal médico lo forman científicos o científicas que están al día de los mejores tratamientos posibles con los medios que cuentan. Algo similar ha pasado en el volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma. La labor de los científicos ha sido esencial para decidir cuándo evacuar cada zona; para predecir el camino de las coladas; y también para calcular con antelación la contaminación atmosférica y para medirla.

Es frecuente que el personal científico sea escuchado y que se sigan sus recomendaciones. ¿Por qué en el caso de la crisis ambiental no se escucha a la ciencia? Ante los desastres que los científicos ven y predicen se les saltan las lágrimas. Han expuesto las causas, las consecuencias y las soluciones, tanto en artículos científicos, como en informes, charlas, vídeos y hasta en redes sociales. La ciencia ha cumplido con su obligación. Sin embargo, ni los líderes están haciendo su trabajo eficientemente, ni la población les exige que lo hagan. La ciencia queda aparcada a la espera de un futuro incierto para unos, y muy inquietante para los que estudian los problemas ambientales.

¿Por qué no se obedece a la ciencia cuando se pronuncia sobre la crisis ambiental?

Hay varias razones posibles. Por ejemplo, estas:

  1. Las consecuencias se ven lejos o sin trascendencia. En el caso del volcán de La Palma, todos hemos visto las coladas comiéndose casas y derribando todo a su paso. Desconfiar de la ciencia hubiera sido un suicidio y se hubiera comprobado en un corto espacio de tiempo. Las consecuencias del cambio climático son mucho más dramáticas, aunque tal vez no tan evidentes. Algunos aún no quieren ver la relación entre causa y efecto, porque les obligaría moralmente a actuar.
    • La realidad es que las consecuencias ya están ocurriendo y cada vez las veremos y sentiremos más y peor. Actuar para evitarlo no es hacer algo un día, sino un camino diario.
  2. Sentimiento de impotencia o «mejor no pensarlo». Algunos pueden estar aturdidos ante la gravedad de lo que se nos viene encima y prefieren mirar para otro lado (técnica conocida como del avestruz). Otros pueden sentir que es imposible evitar el colapso y, por tanto, más vale disfrutar de la música mientras nos hundimos (técnica Titanic).
    • La realidad es que nos irá mejor si obedecemos a la ciencia y seguimos sus indicaciones. Es posible evitar lo peor del colapso y merece la pena hacerlo. Ya llegamos tarde para evitar un colapso ligero, pero tenemos aún tiempo para evitar un auténtico desastre global. Todo ayuda, desde decisiones simples a las más importantes, pasando por las más complejas.
  3. Comodidad. Es más cómodo no hacer nada que implicarse en serio. Algunos se implican superficialmente (por ejemplo, separando sus residuos y apagando las luces cuando no las usan) y se creen que con eso es suficiente. A la vista está que no es suficiente. Hay mucho por hacer, y es fácil.
    • La realidad es que necesitamos un compromiso importante por parte de todos, especialmente por parte de los políticos gobernantes y de los ricos del planeta. A nivel mundial, podemos afirmar que son personas ricas las pertenecientes a clases medias-bajas de los países ricos. Por supuesto, las grandes fortunas suelen contaminar bastante más y aunque tienen más responsabilidad, haríamos mal en esperar que la asuman.
  4. Falsa sensación de seguridad o miedo a empobrecerse. Algunos se sienten seguros por vivir en cierta región, o por tener suficiente dinero. Es la técnica del «a mí no me tocará»: mi casa no se inundará, no tendré que emigrar, no moriré de hambre, ni de calor, ni por enfermedades ambientales fácilmente evitables, etc. Como dijo Naomi Klein, Esto lo cambia todo.
  5. Esperamos a que legislen los gobiernos. Gran parte de las personas que usan coches y aviones saben que no deberían usarlos, pero esperan a que los gobiernos tomen medidas contundentes, cosa que no hacen.
    • La realidad es que los gobiernos no tomarán medidas suficientes mientras no haya una masa crítica de personas exigiéndolas activamente. No basta con pensar ecológicamente. Hay que movilizarse: manifestaciones, escribir cartas al gobierno, difundir en redes sociales, actuar coherentemente, comprar poco y con conciencia, etc.

Como vemos, hay argumentos insustanciales suficientes para el que quiera ignorar el colapso ambiental. ¿Cuál es tu preferido? En el futuro tendremos bastantes argumentos irrefutables para lamentar dolorosamente nuestra inacción actual. Ya será tarde.

¿Se equivocan los científicos?

Los científicos a veces se equivocan, o incluso su opinión puede estar sesgada por quien les paga. Es el caso —descarado— de esas cátedras universitarias pagadas por empresas con evidentes intereses en que los resultados de la investigación les sean favorables. No obstante, en el caso de la crisis ambiental y el cambio climático, hay consenso científico y no hay intereses en exagerar lo que nos puede llegar a pasar. No son futurólogos. Son científicos los que están clamando acción y el 99,9% coinciden en que el cambio climático está causado por el ser humano y, por tanto, podemos (y debemos) actuar.

Greta Thunberg y esos jóvenes que protestan en las calles están pidiendo —literalmente a gritos— algo tan simple como que se escuche a la ciencia. ¿Obedeceremos a la juventud, la cual solo quiere un futuro?

♦ Más sobre la ciencia:

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20 medidas todavía extrañas —pero eficientes— para evitar lo peor del colapso

Si vas a leer este artículo es porque te interesa aprender cómo mejorar nuestra sociedad.

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¿Quieres aumentar la conciencia ecologista o animalista de tu entorno?

Para evitar el colapso hay medidas necesarias y prohibidas.Ante el colapso inminente e inevitable de nuestro sistema económico, tenemos la obligación de intentar que el golpe sea lo menor posible. Necesitamos medidas contundentes y creativas. Un error ahora aumentará la catástrofe considerablemente.

Aquí vamos a proponer unas medidas urgentes y necesarias de las que poco, o nada, se ha hablado. Evitamos incluir medidas que ya se han propuesto cientos o miles de veces (aquí hay algunas).

Estés de acuerdo o no, te agradecemos su difusión para generar algo que es imprescindible: el debate ambiental.

Vayamos a la raíz de los problemas

  1. Control de los fitosanitarios que usan los agricultores. Si los coches tienen que pasar un control de humos en la ITV, ¿por qué los agricultores pueden contaminar alegremente sin control? Los pesticidas son altamente peligrosos, probablemente más que los humos de los coches. Un control adecuado hubiera evitado la tragedia del Mar Menor, pero lo mismo que ocurrió en esa laguna, está ocurriendo, por ejemplo, en todo el Mediterráneo. Debemos evitarlo.
  2. Obligar a plantar diez árboles por estudiante en cada curso oficial (primaria, secundaria, bachillerato, FP, universidad…). Esa plantación sería necesaria para poder avanzar de curso. Ideas similares ya se están aplicando en países como Filipinas.
  3. Obligar a hacer un curso breve para poder entrar en cualquier área protegida, especialmente los Parques Nacionales. El curso podría ser de dos horas y dedicado al parque que corresponda. Esto reduciría la presión turística de las zonas naturales, generaría empleo, además de aumentar la tan necesaria educación ambiental. Por supuesto, el curso podría tener una validez de por vida, pero solo para la zona protegida para la que se hizo el curso. Si uno viaja para conocer, la mejor manera es participar en cursos educativos.
  4. No construir más infraestructuras de altísimo impacto ambiental: aeropuertos, autopistas, puertos marinos, líneas de tren de alta velocidad, líneas eléctricas, etc. Infraestructuras así deben estar sobradamente justificadas tanto a nivel ambiental como económico.
  5. Cerrar aeropuertos que no tengan suficiente utilidad. Se pueden convertir en viveros en los que fomentar la plantación de bosques que limpien lo que ensucian los aviones.
  6. Investigar y evitar los contratos precarios en el sector turístico, así como poner una tasa máxima de contratos temporales por empresa. Siendo este sector uno de los más contaminantes —además de una industria no esencial— debemos exigir que sea más responsable. Crean demasiado empleo precario y temporal. Juegan con eso para amenazar con despidos masivos ante cualquier incidente (como una pandemia). También hay una gran discriminación femenina en el turismo. Reducir la cantidad de viajes es fundamental para reducir la presión en los lugares turísticos y la contaminación por el transporte (especialmente de aviones y coches). Las famosas «ecotasas» deben implantarse universalmente.
  7. No dar ayudas públicas a grandes empresas (multinacionales) sin estar condicionadas a mejoras en su respeto ambiental y laboral. En este aspecto, destacamos especialmente las industrias petroleras, cárnicas, pesqueras y turísticas.
  8. Prohibir que las ciudades crezcan en extensión, al menos mientras tengan una alta tasa de viviendas vacías, casas abandonados o solares baldíos. Si se construye fuera de los límites de la ciudad, debe prohibirse la urbanización dispersa y con piscinas.
  9. Prohibir los envases de usar y tirar: plásticos, latas y tetra-brik. Esto no es una excentricidad de un ecologismo insensato y excesivo. Es algo radical, pero sensato y necesario. El impacto ambiental del agua embotellada es hasta 3.500 veces mayor que el del agua del grifo. El impacto de otras bebidas es aún peor. No hay que prohibir los envases de un día para otro, pero sí establecer un mecanismo —como este— para que desaparezcan esos envases en máximo tres años. Es posible y fácil. Hace apenas unas décadas, vivíamos sin envases de usar y tirar. De hecho, hay que prohibir todos los plásticos de usar y tirar: los residuos de invernaderos están plastificando el fondo marino y ya estamos —literalmente— comiendo plástico. De ahí la necesidad urgente del siguiente punto.
  10. Exigir que los plásticos de los invernaderos tengan una marca que identifique al propietario. Esta marca debe estar impresa en el plástico de forma indeleble y debe repetirse al menos cada metro de distancia. Así, si aparece plástico abandonado ilegalmente se sabrá quién es el propietario de ese plástico y se podrá multar convenientemente. Esto ha de ser considerado delito ambiental y no una simple infracción administrativa, como es actualmente. Sabemos que los plásticos no son lo único que abandonan los agricultores. También hay gomas de riego, cuerdas, semilleros, mosquiteras, sacos y botes de fitosanitarios… Pero si se le obliga con fuertes multas a tratar adecuadamente los plásticos, es posible que aumente su conciencia ambiental y, de paso, deje de tirar ilegalmente otras basuras. Otra opción, que podría servir para todo tipo de residuos susceptibles de ser abandonados, es imponer una tasa tipo SDDR. Es decir, el agricultor pagaría un precio extra, recuperando ese dinero al devolver el producto usado cuando no lo quiera.
  11. Prohibir totalmente la pirotecnia. Los que no están a favor de esto es, sencillamente, porque no se han parado a pensar, ni han leído nada sobre el problema. Si no te gusta explotar petardos en tu casa, el planeta es la casa de todos. Escoger pirotecnia sin ruido solo resuelve uno de los problemas, pero hay que pensar globalmente en un escenario de crisis ambiental grave. Si alguien no lo entiende, estamos cometiendo un error en educación ambiental.
  12. Apagar pueblos y ciudades casi completamente gran parte de la noche: Es absurdo tener todas las calles encendidas, toda la noche. En muchos pueblos de Francia se están apagando todas las luces entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana. No es solo el ahorro económico y en emisiones. Es también por respeto a los animales, esos seres que no hablan, pero que también existen y sienten. Está demostrado que es un error pensar que la luz da seguridad. Los crímenes también se cometen de día. Aquí también metemos apagar la Navidad (solo de luces y de adornos excesivos), porque no somos más felices destrozando el medioambiente.
  13. Prohibir la caza deportiva, en todos los territorios, para todas las especies. No podemos evaluar especie por especie, interacción por interacción. La naturaleza no es tan simple como nos gustaría. Cada vez que una especie es vulnerable, ya es tarde para protegerla. Hay que actuar antes y la caza es terriblemente nociva para la naturaleza (y hasta para la salud mental). Los cazadores usan argumentos pueriles y superficiales, desmentidos por la ciencia y por la lógica. Ya hay países que han prohibido totalmente la caza por diversión. Hay que hacerlo. Si os parece algo excesivamente radical, no sigáis leyendo.
  14. Prohibir los coches privados. Da igual que sean eléctricos. También son insostenibles. La movilidad sostenible no se consigue con medidas tibias. Si de verdad pensamos que el problema climático es grave, tenemos que actuar urgente y radicalmente. Se podrían mantener los coches compartidos, de alquiler, taxis y demás opciones que, en tal caso, serían más baratos. Además, se fomentaría la conducción automática.
  15. Instaurar un comité científico que evalúe los desastres ambientales de ciertos políticos. Si el personaje político suspende por mayoría absoluta, sería cesado en su cargo. No es admisible mantener en el poder a políticos —siempre son hombres— que desprecian el medioambiente descaradamente. Ejemplos sobran, pero podemos citar a Francisco de la Torre, alcalde de Málaga con una larga lista de barbaridades ambientales, o Fernando López Miras, presidente de la Región de Murcia, con su asesinato del Mar Menor, sus pozos ilegales, sus quemas agrícolas que intoxican a los ciudadanos, etc.
  16. Darle la vuelta a los espacios protegidos. Es decir, en vez de proteger los espacios demostradamente valiosos, debemos proteger todo el espacio nacional, menos las zonas que explícitamente se indiquen. En vez de usar figuras como Parque Nacional, Parque Natural, Paraje Natural… usaríamos figuras como Parque Nacional Desprotegido. No es un chiste. Desgraciadamente, muchas zonas valiosas son destrozadas porque nadie ha estudiado ni propuesto su protección.
  17. Detener los parques eólicos en ciertas épocas. Los aerogeneradores matan fauna salvaje masivamente. Cada molino eólico podría estar matando a tres animales cada día. Solo se tienen datos de las aves grandes, porque las pequeñas se las llevan los depredadores y se descomponen de forma más rápida. También mueren miles de murciélagos, pero no sabemos cuántos, porque no hay datos fiables. Dependiendo de la zona, es necesario detener los parques en época de migraciones, de cortejo o cría. Cada parque debe certificar de forma objetiva su situación y establecer sus épocas de parada. Hay cientos de parques eólicos mal estudiados y mal instalados. Esta muerte de avifauna se suma a la de otras infraestructuras, como el tren de alta velocidad, edificios acristalados o líneas eléctricas.
  18. Prohibir la publicidad y los patrocinios de empresas sucias. Lo ha pedido Greenpeace y sería una forma de frenar su poder y su capacidad para lavar su imagen (greenwashing). Las petroleras están mintiendo una y otra vez y retrasan las medidas que hay que tomar. Se gastan más dinero en publicidad que en reducir su contaminación. Es fácil controlar su publicidad y sus patrocinios de museos. Un poco más difícil puede ser revisar sus patrocinios en cátedras con dudosos objetivos de investigación. Las tabaqueras mintieron durante años y ahora que sabemos el efecto de fumar, la sociedad se ha protegido de la comunicación de estas empresas. Lo mismo hay que hacer con empresas como las siguientes, como pide Greenpeace:
  19. Que se deje de usar el PIB para medir el progreso de un país. Es una medida engañosa que mide incorrectamente y engaña a la ciudadanía. El país puede ir muy mal, aunque crezca el PIB. Debemos usar otras medidas, como el IPG. Esto lo han pedido numerosos economistas desde hace años, como De Jouvenel.
  20. Dejar de generar dinero prestándolo con interés. Esto obliga a un imposible crecimiento económico indefinido. No es razonable que nuestro sistema económico dependa de pedir dinero prestado constantemente, de forma que, actualmente, hay más deuda que dinero para pagarla. Es decir, hay muchas deudas que no se pagarán nunca, lo cual demuestra lo absurdo del sistema económico. El colapso económico será menor si hacemos las cosas mejor.

Este artículo se iba a llamar originariamente «utopías necesarias», pero se decidió cambiar el título porque no son utopías, sino horizontes realistas e imprescindibles. Si esas medidas no nos gustan, nos tienen que gustar. De lo contrario colapsaremos dramáticamente. Por ahora, estamos eligiendo el peor colapso posible.

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Yogur y carne, alimentos de alto impacto ambiental y animal, aunque sean ecológicos o de ganadería extensiva

Este artículo se inspira en una papelera. Una papelera que estaba llena de plásticos. No es un caso aislado. Si ojeas las papeleras de la ciudad las verás llenas de material reciclable: botellas, latas, bolsas… Mi papelera tenía una curiosidad. Albergaba siete o diez, envases de yogur. No los conté. Eran demasiados.

La publicidad funciona, aunque mienta. La inconsciente ciudadanía quiere creerse esos bonitos anuncios de vacas felices regalando su leche a cariñosos granjeros que las llaman por su nombre. También prefiere pensar que el reciclaje es ecológico.

La Fundación Española de la Nutrición (FEN) recomendaba la ingesta de CINCO lácteos al día. Años más tarde, sus anuncios solo recomiendan TRES lácteos al día. Lo de cinco era exagerado. Pero… ¿quién financia la FEN? Un vistazo a su web les hace perder toda credibilidad. Los que pagan esos «estudios» son las empresas más contaminantes del planeta. Vemos empresas interesadas en que se consuman lácteos en envases de usar y tirar, tales como Puleva, Pascual o Nestlé. La FEN tiene otros socios sospechosamente interesados en estudios alimenticios a medida: Coca-cola, Pepsi, McDonalds, Campofrío…

Esas empresas no pagan para que la FEN difunda resultados de una investigación científica objetiva. Las empresas pagan para que nos engañen. La realidad científica no tiene que reflejarse en la publicidad.

Tampoco hace falta ser científico para percatarse del infierno que suponen las granjas de animales en las industrias actuales. No hay vacas felices que regalen su leche. El concepto de granja ecológica y de bienestar animal no es viable. Y si lo fuera, no verías sus anuncios en TV. Lo rentable es tratar a los animales como si fueran máquinas insensibles. Los animales de granja huirían si pudieran.

Los que consideran que comer carne y lácteos es algo esencial en su vida, se agarran a la ganadería extensiva como salvación. Los estudios científicos indican que la ganadería extensiva tiene un nivel de emisiones de carbono superior a la intensiva. Toda ganadería (extensiva o intensiva) es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad. Otros estudios reflejan que:

Digámoslo muy claro:

Es mejor comer de forma vegana aunque nuestros alimentos procedan de lejanos países y se hayan producido en las peores condiciones ambientales.

En otras palabras, si el mundo adoptara una dieta basada en plantas las tierras de agricultura podrían reducirse de cuatro mil millones de hectáreas a solo mil. Otros estudios ofrecen resultados similares. RECORDEMOS ESTE DATO: El 85% de las tierras de cultivo se utilizan para alimentar ganado y solo produce el 32% de las calorías. Esto implica que solo el 15% restante de tierras se usa para cultivar plantas para consumo humano directo y eso supone el 68% de las calorías. Liberar tierras de agricultura (rewilding) supone un respiro a la naturaleza (reducir pesticidas, reducir consumo de agua, etc.). Dejando de comer chuletones al punto, podemos reverdecer el planeta azul.

Hay al menos cuatro argumentos para comer menos carne y otros seis para rechazar los lácteos. No hace falta ser científico para entenderlos. Solo hace falta tener un poco de sensibilidad ambiental y animal. Mientras haya indiferencia, seguirán muriendo vacas porque no dan suficiente leche.

♣ Sobre comida con conciencia:

 

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Libro Viajeros de las estrellas, de José Luis Sabater (resumen)

Este pequeño libro (Mandala, 2021) abre una nueva visión sobre el origen y destino de la humanidad. Dependemos de los microorganismos para poder vivir. De hecho, procedemos de bacterias y virus. La biodiversidad es una de las cuatro reglas básicas de la vida y los virus ayudan a la creación de nuevas especies.

El libro es un resumen de las investigaciones del profesor Máximo Sandín quien —en el prólogo— nos insta a no conformarnos con lo que nos han dicho de la naturaleza (que es cruel, peligrosa…). Tenemos que mirar con otros ojos para darnos cuenta masivamente que solo respetando la naturaleza, nos respetamos a nosotros mismos.

Distintos cataclismos han provocado extinciones masivas de especies. La sexta de esas extinciones es la que estamos provocando actualmente los seres humanos. Las causas son conocidas: cambio climático, contaminación global, caza, monocultivos, ganadería intensiva, etc. Por supuesto, hay organismos que han sobrevivido (por ahora) a algunas de esas extinciones, como son, por ejemplo, medusas, tiburones o cocodrilos.

Bacterias y virus, aliados de los humanos

Los virus pueden modificar el material genético, facilitando que la vida fluya, siendo protagonistas en la diferenciación entre especies, es decir, en la biodiversidad que nos permite vivir a los humanos. Los virus no son considerados seres vivos y no son tan malvados como algunos piensan. Están presentes en cualquier lugar, siendo capaces de sobrevivir bajo las condiciones más duras. Se calcula que hay cientos de miles de millones de virus mientras que «solo unas decenas son causantes de enfermedades y siempre porque las condiciones ambientales provocan su alteración». «En periodos de gran estrés ambiental generalmente se deprime el sistema inmunitario, lo que facilita la inserción de los virus en los cromosomas».

Cada célula humana de una persona tiene la misma secuencia de ADN (información genética), pero la respuesta de estas células es distinta según el entorno. Es decir, el estilo de vida condiciona el comportamiento de cada célula según su ADN. Esto tiene implicaciones tan importantes como que no es verdad que haya un gen concreto para una característica concreta (calvicie, longevidad, virtudes, defectos…). Generalmente, las enfermedades están asociadas a malos hábitos (alimentación, sedentarismo…) o a agentes externos (contaminación, radiaciones…). Por tanto, interesa más investigar primero la causa de las enfermedades y luego los fármacos (aunque eso vaya en contra de los intereses de las empresas farmacéuticas).

Todo esto implica que la manipulación genética artificial y la inserción de material genético de una especie en otra (transgénicos) son actividades de alto riesgo, tal y como indicó Jeremy Rifkin, entre muchos otros.

Cooperación y respeto

Darwin y el neodarwinismo han hecho importantes aportaciones para la ciencia, pero hoy tenemos datos que no encajan en ese modelo (simbiosis, transferencia horizontal de ADN… o la cooperación que investigaron científicas como Lynn Margulis).

¿Hay competencia en la naturaleza? Por supuesto que sí, pero hay mucha más cooperación y respeto. El ser humano debe aprender de la naturaleza. De lo contrario esta sociedad tecnológica colapsará. Por ahora, estamos escogiendo el peor camino.

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Residuos: un monstruo que no queremos enterrar ni quemar

Félix Rodríguez de la Fuente nos definió como la «civilización de la basura». Producimos basura a un ritmo tan alarmante que no podemos gestionar. Sabemos lo que tendríamos que hacer, pero no lo hacemos.

En España, más de la mitad de los residuos domésticos se entierran en basureros. Algunos creen que la basura desaparece. Pero no desaparece. Toneladas de residuos de los países ricos llegan al tercer mundo o se queman de forma misteriosa, incluso en los mismos centros de reciclaje. Las empresas de reciclaje cobran por reciclar, pero no siempre reciclan.

Si el basurero no está bien sellado, liberará productos tóxicos y se contaminarán acuíferos, tierras y mares. También se liberan contaminantes a la atmósfera. Tarde o temprano los productos tóxicos pueden liberarse, aunque el vertedero sea perfecto. Nuestra sociedad no piensa a largo plazo.

Que no te engañen con el reciclaje

Muchos ecologistas piden un sistema SDDR para evitar los envases abandonados. El SDDR es un sistema estupendo, si se usa para reutilizar envases (como se hacía hace unas décadas cuando te daban dinero al devolver el envase).

El SDDR no es ecológico si se usa para reciclar, porque el reciclaje no funciona. Y no funciona porque no es rentable. Si fuera rentable no veríamos botellas y tetrabricks abandonados.

La solución a la que caminar es simple: cerrar los basureros, abrir plantas de compostaje y obligar a que todo lo que se ponga a la venta tenga su ciclo de reutilización y reciclaje ya cerrado y bien organizado. Enterrar residuos sin tratar es una pérdida de recursos y un riesgo de contaminación.

Se ha demostrado que poner impuestos sobre los residuos que llegan al vertedero reduce la cantidad de basura. Y eso ocurre en todos los países donde se ha hecho: Dinamarca, Noruega, Francia, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Suecia, Finlandia… Los diez vertederos más grandes de España reciben entre 300.000 y 820.000 toneladas de basura anuales. Tres de ellos pertenecen a la Comunidad de Madrid: Pinto, Las Dehesas y Colmenar Viejo. Y en esas cifras no se contabiliza todo. Muchos residuos llegan a los vertederos tras pasar por distintos recorridos, como puntos limpios (que también arden con frecuencia).

Todo arde. En vez de compostarse, los restos agrícolas y de poda también se queman (ilegalmente en muchos casos, como en Murcia). La chatarra también se quema, habiendo casos —como Ceuta o Málaga— con incendios casi diarios. Las autoridades ya han normalizado el problema y en vez de poner solución, incrementan las dotaciones de bomberos.

El vidrio no se quema —porque no arde— pero en vez de reutilizarse (que sería lo inteligente), acaba en vertederos o, en el mejor caso, se recicla generando contaminación. El reciclaje nunca es totalmente limpio. Nunca.

España va con retraso en el tratamiento de residuos y podría ser multada por la UE. Los movimientos ecologistas han hecho sus propuestas, entre las que destaca que los costes reales del problema recaigan en las empresas productoras, sean de los productos que sean: cápsulas de café, botellas, maquinillas de afeitar, colchones o lo que sea. Hay normas en Europa para que las empresas que venden plásticos paguen por limpiar dondequiera que acaben. Pero la ley no se cumple.

La solución es simple

  1. Todos los productos de usar y tirar deben ser gravados, de tal forma que se incentiven alternativas para la reutilización con un sistema SDDR. Aquí se incluye todo: desde envoltorios de caramelos hasta plásticos de invernaderos.
  2. Los impuestos a los envases de usar y tirar deben crecer cada año.
  3. Los envases de vidrio deben ser obligatoriamente retornables para su reutilización, reduciendo el reciclaje a lo imprescindible.
  4. Es urgente tratar bien cada residuo y compostar los restos orgánicos, potenciando el compostaje en casa.

Pero todo esto requiere un ingrediente esencial: educación ambiental. Este es el único camino ecológico. Y es imperioso caminarlo.

♦ NOTA IMPORTANTE: Hasta el 28 de octubre de 2021 está a información pública la futura Ley de Envases y cualquiera puede presentar sus alegaciones. Aquí tienes el texto propuesto y el documento para hacer tales alegaciones. Solo tienes que rellenarlo y enviarlo por mail. Si te gusta nuestra propuesta, puedes copiar y pegar para enviársela, y también hacer tus propias aportaciones.

♦ Más información:

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Libro Entre pinos y sembrados, de Víctor Quero @pinosysembrados (reseña)

Pasear por la naturaleza es siempre un disfrute, pero si uno va acompañado de un guía naturalista, el placer aumenta. Aprendemos a mirar… y veremos lo que antes estaba oculto.

Este libro (Tundra, 2020), escrito por el naturalista y bloguero Víctor Quero García, es como pasear por el campo sin salir de tu casa. Uno respira los aromas que evocan las palabras en la memoria. Brotan ganas de comerse el campo con los ojos, de rebuscar todo lo que nos cuenta el libro y que antes ignorábamos.

Es un libro ideal para jóvenes naturalistas, para amantes de la naturaleza o para educadores que quieran inculcar el amor por lo vivo. No es un manual. Es un relato en forma de diálogo entre un padre y un hijo, en el que se van transmitiendo —palabra a palabra— respeto y saberes, como la importancia de conocer los animales y plantas locales (para evitar que nuestros jóvenes conozcan mejor las marcas de coches o de ropa).

El primer capítulo nos cuenta por qué los zorros (los machos aparentemente) ponen sus deposiciones en alto, en una piedra o sobre una planta. Marcan su territorio. También aprenderemos a rastrear a un jabalí (haya o no huellas en el suelo), a buscar nidos de pájaros carpinteros en los pinos donde haya hongos yesqueros, o a descubrir si una piña ha sido roída por un ratón o por una ardilla.

En otro capítulo, titulado La utilidad de los árboles, nos enseña la diferencia entre árboles caducifolios, perennifolios y marcescentes. Si los árboles dieran gominolas o WIFI —dice el autor— todos querrían plantar árboles. Es una pena que los árboles den cosas más valiosas y no haya apenas interés en plantar bosques. Los árboles son salud y tienen ventajas que mucha gente ignora. Aquí te dejamos una breve guía para plantar árboles.

También aprenderemos a distinguir águilas de milanos, y milanos negros de milanos reales. En otra conversación se cuenta el orden en el que devoran un cadáver los carroñeros (cuervos, buitres…) y los descomponedores (hongos, escarabajos, moscas, bacterias…), y de dónde viene el nombre del quebrantahuesos. El libro nos enseña las diferencias entre conejos y liebres, y no solo físicamente, sino también en su forma de vivir. Mientras los conejos hacen madrigueras subterráneas, las liebres duermen en la superficie, protegidas por algún arbusto (encamadas). Una explicación es que las crías de las liebres no requieren tanta atención como las de los conejos.

Hacer de detectives es algo que suele entusiasmar a los menores. El libro nos enseña cómo descubrir qué ha pasado, si encontramos las plumas de un ave en la naturaleza, o cómo averiguar qué especie hace una madriguera según lo que veamos alrededor, huellas u otros indicios de presencia. Las huellas del tejón son apasionantes, así como la diferencia entre las huellas de zorro y de perro. El autor también ilustra maravillosamente la diferencia entre hábitat y ecosistema o la curiosa forma de comer caracoles del zorzal.

¿Qué hacer si vemos un animal en peligro por cruzar lentamente una carretera? Podemos ayudarle a cruzar a donde iba (y nunca ponerlo en el lado del que venía, pues es muy posible que vuelva a querer cruzar). Si lo cogemos, es mejor hacerlo con guantes, para no contagiar enfermedades (zoonosis).

¿Por qué hay zorros en los parques eólicos? Ellos saben —sin duda mejor que nosotros— que allí mueren muchas aves al chocar con las aspas. El problema es muy grave, pero no se puede medir, porque las aves pequeñas que son derribadas, se las llevan depredadores como zorros, jinetas, garduñas… Por este motivo, solo quedan en el terreno las aves grandes, cuya muerte es solo una parte del problema. Las renovables no siempre son ecológicas.

Aprenderás también a distinguir, entre otras cosas, cuernas de cuernos, abejas de avispas y libélulas de caballitos del diablo (estos dos últimos son insectos odonatos y se distinguen bien si están en reposo, por la postura de sus alas: abiertas para las libélulas y plegadas hacia atrás para los zigópteros). Por cierto, las abejas y las avispas no pican si las dejas tranquilas. Solo pican para defenderse. En el caso de las avispas, solo pican las hembras (como los mosquitos). Los machos pueden morder, pero no picar. Si te pican, el remedio más inmediato es aplicar calor (p.e. una piedra al sol).

Algunas curiosidades sorprendentes:

  • Cornejas y urracas —que son córvidos— se defienden en grupo cuando llega un azor, poniéndolo en peligro. Es algo que muy pocas aves hacen.
  • Aposematismo: método de defensa de los animales que ahuyenta a posibles depredadores por tener rasgos llamativos: colores especiales (salamandras, avispas…), olores repulsivos (mofeta…) o sonidos (serpiente de cascabel…).Patas de las aves, estructura y tipos
  • Huellas zigodáctilas: aquellas que tienen las aves con dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás. Lo normal es tener tres dedos hacia adelante y uno hacia atrás (anisodáctilas). Son propias de los pájaros carpinteros (con huella en forma de X) y de las rapaces nocturnas (buhos, con huella en forma de K).
  • El halcón peregrino es el animal más rápido del mundo. Puede alcanzar 350 Km/h cayendo en picado.
  • Los bichos bola son muy frecuentes en España y son de la familia de los crustáceos, como las gambas. Solo hay dos crustáceos de tierra.
  • Los nidos de los aviones son un cuarto de esfera, pegados a la pared y al techo, pero los de las golondrinas, nunca se pegan al techo y quedan abiertos totalmente por arriba. Los vencejos no hacen nidos, crían en agujeros, por ejemplo bajo las tejas. Estas 3 aves insectívoras están protegidas, al igual que sus nidos que no pueden destruirse ni aunque estén vacíos. También se pueden distinguir por su silueta al volar.
  • El Tapetum lucidum es una especie de espejo que tienen algunos vertebrados nocturnos en los ojos. Sirve para reflejar la luz y poder ver mejor. Es lo que hace que brillen mucho sus ojos en la oscuridad. Lo tienen, por ejemplo, perros, caballos, cetáceos, cocodrilos y bóvidos.

    Libro resumido sobre medioambiente, ecología, naturaleza, animales, huellas, aves, mamíferos...

    Si te ha gustado este libro, mira esta lista de otros libros resumidos que te gustarán también.

  • Una forma de controlar las poblaciones en la naturaleza son las epidemias. En el caso del zorro, un animal casi sin depredadores, una enfermedad típica es la sarna, por la que se le cae el pelo. De hecho, la palabra alopecia viene del griego alopex (zorro).
  • Mirlos y estorninos ponen huevos azules. Los estorninos imitan los cantos de otras aves y por ello se les llama políglotas.

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