El virus de la COVID-19 reduce la contaminación y salva más vidas de las que mata

Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta otras enfermedades (como MERS-CoV o SRAS-CoV). Se llaman coronavirus porque en la superficie del virus hay protuberancias o picos.

Recientemente ha provocado un gran revuelo una enfermedad provocada por un coronavirus que era desconocido. A la enfermedad se le ha puesto el nombre de COVID-19 (COronaVIrus Disease, enfermedad en inglés; el 19 procede de que la enfermedad se conoció en diciembre de 2019). El virus se transmitió a los humanos aparentemente al comer carne contagiada (transmisión zoonótica).

Al parecer, esta enfermedad es tan contagiosa como la gripe y el 82% de los contagiados son casos leves (algunos ni se enteran que tienen el virus). La tasa de mortalidad es menor al 2 ó 2.5% considerando solo los casos conocidos. Por tanto, la mortalidad es bastante más baja teniendo en cuenta que hay miles de casos no diagnosticados, estimándose menor al 1% según algunos expertos (0,7% fuera de Wuhan el epicentro del contagio). China se acerca a los 2.700 fallecidos (en unos 3 meses) y en el resto del mundo aún no son tan numerosos, aunque las cifras van cambiando día a día.

El coronavirus y la contaminación

La crisis del coronavirus ha ralentizado la economía China reduciendo un 25% sus emisiones de CO2. Por otra parte, más de 108.000 chinos mueren al año solo por la contaminación de las fábricas que producen para la UE y EEUU. La contaminación de China no se queda en China y se calcula que es responsable de más de 64.800 muertes prematuras al año en otras regiones; 3.100 muertes solo en Europa occidental.

Es decir, podemos sintetizar que la contaminación producida en China mata al menos a 170.000 personas al año, lo que equivale a unas 14.000 vidas al mes, lo cual es mínimo de cinco veces más que todos los fallecidos por el famoso coronavirus hasta el momento. Si hacemos los cálculos solo por mes, nos sale que la contaminación de China provoca 15 veces más muertes que el coronavirus (con los datos actuales: 14000/(2700/3 meses)).

Suponiendo que reducir la contaminación produzca una reducción proporcional en el número de fallecidos, podemos decir que, de seguir así, el coronavirus salvaría más de 3.500 personas cada mes (14000*0,25).

Empresas altamente contaminantes como Coca-cola y Apple ya han anunciado que el coronavirus bajará sus ventas. Malas noticias para ellos, pero no para el planeta.

La contaminación no asusta tanto como un virus

Greenpeace denuncia que la contaminación por combustibles fósiles mata a 4,5 millones de personas al año en el mundo. Los médicos sostienen que los gases contaminantes matan a más de 10.000 personas al año en España, que las partículas en suspensión de las zonas urbanas acortan en 8,6 meses la vida de los europeos y que hay una relación muy clara entre la intensidad del tráfico y los ingresos hospitalarios. ¿Por qué no asusta la contaminación atmosférica?

No decimos que no sea necesario tomar medidas contra el coronavirus. Lo que queremos resaltar es que:

  1. Los datos de mortalidad de la contaminación son mucho más alarmantes que los del coronavirus y no se está actuando contra ellos.
  2. Además de la mortalidad, hay que tener en cuenta la larga lista de enfermedades que produce y agrava la contaminación, así como los inmensos gastos sanitarios: contaminar nos está saliendo muy caro (y eso sin tener en cuenta los costos del cambio climático).
  3. Comprar productos de China sale barato, porque todos pagamos parte del precio, especialmente los chinos que se están comiendo la contaminación que implica producir productos para los países ricos.Mafalda: Lo urgente no deja tiempo para lo importante
  4. El coronavirus ha demostrado que se puede reducir el crecimiento económico sin generar tragedias. Las muertes, por coronavirus o por la contaminación, son la tragedia. La reducción de la contaminación es más positiva que negativa, aquí y en China.

Decía Mafalda que “lo urgente no deja tiempo para lo importante“. El problema es aún mayor cuando ni siquiera sabemos bien qué es importante y qué es urgente. ¿Y si respiramos hondo y nos tomamos un tiempo para decidir qué es importante y qué es urgente?

♦ Más sobre China y sobre un país con un rumbo opuesto, Costa Rica:

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¿Quién será líder de la liberación animal?

Todos los lácteos provocan maltrato animal

Todos los lácteos provocan maltrato animal: Lee 6 razones para no consumir lácteos.

La historia de la humanidad está llena de injusticias. Sin embargo, a veces surgen personajes que lideran a los oprimidos y los guían hacia la liberación, pagando incluso con su vida. Veamos unos ejemplos:

  • Ante la segregación racial de los afroamericanos en Estados Unidos, surgieron personajes como Martin Luther King (Nobel de la Paz) o Malcolm X (que eran de raza negra).
  • Ante el racismo del Apartheid en Sudáfrica, Nelson Mandela (Nobel de la Paz) abrió el camino a la libertad (y también era negro).
  • Ante la injusticia y los abusos de los británicos en la India, Mahatma Gandhi, un indio, ganó la batalla con la paz.
  • Ante la prohibición del voto femenino en España, Clara Campoamor protestó y consiguió el sufragio universal. En otros países también hubo lideresas, invariablemente mujeres, tales como por ejemplo, Christabel Pankhurst y Annie Kenney en Reino Unido, Alicia Moreau de Justo y Eva Duarte de Perón en Argentina o Elvia Carrillo Puerto en México.
  • Ante la degradación ambiental por parte de la petrolera Shell en la tierra de los Ogoni (Nigeria), Ken Saro-Wiwa se opuso hasta el extremo de ser ahorcado.
  • Ante la injusticia y discriminación de los indígenas en Guatemala y especialmente de las mujeres, una mujer indígena se reveló: Rigoberta Menchú (Nobel de la Paz).
  • Incluso, ante la esclavitud infantil en Pakistán, un niño protestó y por ello fue asesinado, Iqbal Masih.

Es decir, los movimientos de liberación de los oprimidos han sido en numerosas ocasiones liderados precisamente por individuos oprimidos. Las personas que sufren las injusticias encuentran la fuerza y los argumentos para protestar y para visibilizar las tropelías contra su gente.

Sin embargo, hay un tipo de injusticias en las que los oprimidos no van a levantar su voz. Ellos no tienen voz. Son suficientemente sumisos y no tienen sindicatos. Tienen sentimientos y saben comunicarse, pero no pueden hablar. Nos referimos, por supuesto, a los animales no humanos. Hay un hecho triste:

Ningún animal podrá protestar para exigir justicia

Utilizar animales y comer alimentos que proceden de ellos provoca, sistemáticamente maltrato animal y un alto impacto ambiental. Puede que haya excepciones, pero son tan raras que no tiene sentido detenerse en ellas. Así, siempre hay maltrato animal al comer carne o pescado, al consumir lácteos o huevos, al montar a caballo e incluso al tener casi cualquier tipo de mascota (porque suelen ser “fabricadas” en criaderos donde lo que importa es maximizar el beneficio y no el bienestar animal). Los animales se tratan como posesiones porque no pueden defenderse. Puede haber excepciones, pero son eso, excepciones.

Si los animales hablaran, aunque tuvieran un lenguaje reducido, no podríamos negar sus sentimientos. Los animales se comunican de mil formas distintas. Pero no hablan; y eso les condena a ser tratados, en muchos casos, como objetos.

En un relato animalista unos indígenas mantenían como ganado a miembros de otra raza pero les rompían las cuerdas vocales para que no pudieran hablar. Si hablaran podrían defender sus derechos y proclamar sus deseos. Descubrieron que es mejor que los oprimidos no hablen. ¿No estamos ignorando los deseos más evidentes de los animales porque no hablan y porque son extraordinariamente sumisos?

Mientras, la UE dedica decenas de millones de euros cada año a campañas para promover que los europeos coman carne, algo indefendible por cuestiones de clima, medioambiente y salud. El objetivo es transferir dinero público a empresas cárnicas que son muy poderosas, todavía.

Resumen de abusos para quien (no) se quiera enterar: Pincha en los enlaces (o no)

  • Comer carne y pescado: El maltrato animal es aquí evidente. Ya nadie duda de que los peces sufren al morir asfixiados. Aunque los animales de granja sean aturdidos antes de su sacrificio, se produce mucho maltrato en toda la cadena: separación de madres e hijos, embarazos forzados, hacinamiento, abuso de antibióticos, transporte en malas condiciones, estrés… y por supuesto la matanza.
  • Lácteos: Los lácteos no son éticos y tienen fácilmente sustitutos, como las leches vegetales. Aparte de aspectos ecológicos y humanos (contaminación de la ganadería industrial, envases de usar y tirar, injusticias, salud…), los lácteos provocan sistemáticamente maltrato animal: separación de madres e hijos, sacrificios cuando las hembras no dan suficiente leche, embarazos forzados para que den leche sin parar…
  • Huevos: Tienen una alta huella ecológica y maltrato animal. Y hay sustitutos muy baratos.
  • Montar a caballo y toda la hípica es maltrato animal: Los caballos son cosificados para que sean nuestro motor de transporte o para que nos permitan ganar medallas.
  • Zoos, acuarios, circos, laboratorios y granjas son cárceles que enloquecen a los animales. Es la conclusión a la que llegó Laurel Braitman tras investigar el bienestar animal, físico y psicológico.

Los niños merecen un trato digno, aunque no puedan exigirlo. Ningún animal va a exigir un trato digno, pero eso no significa que no lo merezcan. Entonces… ¿qué podemos nosotros hacer para darles voz? ¿Y para reducir su sufrimiento?

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Enumeremos las consecuencias de la crisis climática (que es una crisis ambiental) y algunas soluciones

Pincha en esta imagen para escuchar un PodCast que enumera las consecuencias del cambio climáticoLa crisis climática, el desastre climático, el calentamiento global o el cambio climático es algo que solo muy pocos tienen el descaro de negar. Los científicos no tienen dudas: el ser humano es culpable. La mayor duda es si los políticos han entendido lo que dice la ciencia. Sin embargo, como dijimos hace bastantes años, la crisis ambiental es aún más difícil de negar y, al fin y al cabo estamos hablando de lo mismo. Pero… ¿qué consecuencias tiene esto? ¿Por qué tenemos que actuar urgentemente? ¿Qué pasa si seguimos sin hacer algo decisivo?

Respondamos a esas preguntas de forma esquemática (aunque no exhaustiva):

  1. Aumento de temperaturas: Este es el efecto más intuitivo del calentamiento global. Las olas de calor serán más frecuentes y más graves. Sin duda, aumentarán las muertes por este motivo y cambiarán, entre otras cosas, los flujos turísticos.
  2. Meteorología más extrema: Aumento de tormentas, huracanes, sequías e inundaciones. Donde estos fenómenos eran raros, se verán con más frecuencia, y donde eran frecuentes serán más frecuentes y más inesperados. Esto implica más gastos en reparar los destrozos, aunque algunos alcaldes ya están proponiendo no arreglarlo todo, para evitar que se vuelva a romper. Adaptarse es más inteligente que oponerse a lo irremediable.
  3. Más enfermedades: Virus, animales y personas portadoras podrán infectar en latitudes donde ahora no llegan ciertas enfermedades como la malaria, el dengue o el chagas. Sin embargo, estamos ya viviendo en una “sopa química” y los científicos piden que se controlen los contaminantes. También hay muchas enfermedades físicas (enfermedades cardiorespiratorias…) y psicológicas (solastalgia, ecofatiga…). Las enfermedades de los animales están menos investigadas pero, por ejemplo, ya se ha demostrado que los quebrantahuesos están muriendo por la malaria aviar, una enfermedad transmitida por un mosquito, lo cual ha sido posible por el cambio climático.
  4. Cambios en los ecosistemas: Ese punto es, de hecho, un macropunto porque incluye varios apartados de gran importancia. Pensemos en que los ecosistemas realizan funciones esenciales para la vida (regulan lluvias, depuran el agua, permiten la vida…):
    1. Se reducen los glaciares: Solo en los Pirineos ya se han perdido el 80% de los glaciares y lo mismo está ocurriendo en todo el planeta desde el Himalaya a los Andes. Esto implica pérdida de reservas de agua dulce y pérdida de biodiversidad. Por ejemplo, las aves alpinas están muy amenazadas.
    2. Desertización: Un solo dato, en 2090 la península Ibérica será como el Sáhara. Casi todos los que nazcan hoy en España o Portugal, tendrán que emigrar, serán refugiados climáticos.
    3. Más incendios forestales y más grandes: La subida de un solo grado de media tiene fuertes implicaciones también en esto. Lo hemos visto en 2019 con los incendios en Australia, en Brasil o en Rusia. Devastadores incendios, difícil de extinguir, muchos de ellos provocados por el ser humano, pero también hay causas naturales (como los rayos secos).
    4. Pérdida de corales: Los arrecifes de coral se están muriendo y eso implica un daño inestimable en la base de la cadena alimentaria marina.
    5. Pérdida de biodiversidad: Este uno de los límites planetarios que hemos sobrepasado con mayor rotundidad. No sabemos donde está el límite para tener graves consecuencias, pero detener la pérdida de especies es algo esencial y muy urgente.
  5. Muchas ciudades se inundaránSube el nivel del mar: En unos 100 años el nivel ha subido 19 cm. (casi todo ha sido en los últimos años). De seguir así las implicaciones son importantes, aunque no lo aparente: pérdida de playas, inundación de ciudades costeras, desaparición de islas, pérdida de lugares turísticos, migraciones, pérdida de terrenos fértiles (como el Delta del Ebro, aunque en este caso también es culpa de la falta de sedimentos por la construcción de embalses)… En España, más de 200 mil hogares corren el riesgo de desaparecer. Un caso muy preocupante lo encontramos en las islas Marshall: La subida del nivel del mar amenaza un inmenso vertedero nuclear abandonado por EE.UU. Ese país no ha pagado ni siquiera indemnizaciones por las enfermedades ocasionadas.
  6. Reducción de recursos básicos: Muchos recursos escasearán por estas causas:
    1. sobreexplotación (pesca, minerales, agua…),
    2. contaminación o erosión (agua, tierra fértil…), o
    3. pérdida de productividad (agricultura, industria…).
  7. Especies desacopladas: Hay especies que se están adaptando al cambio climático, mientras otras no lo hacen. Las especies se han acoplado entre sí para funcionar rítmicamente. Por ejemplo, algunas flores salen cuando hay insectos que las polinicen. Si esas especies se desacoplan podría reducirse mucho la polinización, con todo lo que ello implica (menos frutos, menos semillas, menos nuevas plantas…). Entre animales también pasa, pues hay depredadores que dependen de sus presas. Sin presas se complica la supervivencia de depredadores, y sin depredadores las presas pueden proliferar hasta afectar gravemente a otras especies, o incluso su propia subsistencia. La naturaleza es compleja y aún no se sabe bien las implicaciones de cada especie en cada ecosistema. La crisis climática está generando cambios tan rápidos que muchas especies no pueden adaptarse, por lo que se complica su supervivencia (aparte de otras causas más directas).
  8. Más especies invasoras: El cambio climático permitiría que las especies viajen y encuentren condiciones adecuadas. Estas especies podrán convertirse en invasoras generando graves problemas. Algunas de las especies invasoras que ya estamos viendo incluyen medusas, mosquitos tigre o algas. Por ejemplo, un alga procedente de Asia amenaza la pesca en Cádiz.
  9. Más plagas: El cambio climático y todo lo anterior podría generar las condiciones idóneas para que proliferen especies indeseadas para el ser humano (picaduras, enfermedades, daños a la agricultura, ganadería o pesca…). Las plagas pueden ser de especies autóctonas o alóctonas. Una de ellas es la avispa asiática que devora a las abejas. Sin abejas, la polinización se ve mermada y dependemos de la polinización para miles de alimentos.
  10. Menos alimentos, más caros y menos nutritivos: Por todo lo anterior, es fácil esperar una menor producción de alimentos y por tanto, mayores precios si no se controla. Pensemos que algunas crisis alimentarias se han producido más por la especulación que por la escasez de alimentos, pero la escasez no ayuda. Más aún, algunos estudios señalan que alimentos como el trigo o el arroz serán menos nutritivos y que en nuestra comida encontraremos menos elementos esenciales como el zinc o el hierro. Los agricultores tienen que adaptarse al nuevo clima, pero esto implica una sucesión de cambios difíciles de programar y predecir (nuevos cultivos, menos agua, más riesgos…).
  11. Guerras por recursos: En un mundo más degradado, el surgimiento de guerras es más fácil que en el mundo “civilizado” actual. El curso de la Historia nos está llevando a un mundo más homogéneo, con más sensatez y más unidad, pero el rumbo podría cambiar. De hecho, la guerra de Siria empezó por unas malas cosechas por culpa del cambio climático. Miguel Eguiluz, de MSF, decía recientemente: “El cambio climático recrudece los conflictos en Nigeria”. Cuando el agua y la comida sean escasas… ¿seremos capaces de hacer un reparto justo y equitativo?
  12. Aumentan las migraciones: Con el tiempo, veremos más refugiados climáticos, aunque tal vez ni ellos sepan que están migrando por nuestra afición a quemar combustibles fósiles. Ya hay muchos refugiados climáticos incluso dentro de Estados Unidos.
  13. Riesgos en los suministros (agua, energía, fertilizantes químicos…): Por todo lo anterior, podemos esperar más cortes en los suministros y de mayor duración cada vez.
  14. Acidificación de los océanos: Este es uno de los nueve límites planetarios que aún no se ha sobrepasado (hemos sobrepasado 4 de los 9 procesos básicos de la Tierra). Detener la quema de carbón totalmente es básica para reducir la lluvia ácida. Afortunadamente, la quema de carbón se está reduciendo por motivos económicos (que no ambientales).La contaminación mata y nos mata
  15. Problemas por la contaminación: La contaminación adopta muchas formas en el moderno mundo industrializado (contaminación atmosférica, acústica, lumínica, de suelo, de agua…). Es fácil imaginar los ingentes problemas que esto provoca y de los que hemos hablado bastante en este blog (reducción de pesca, intoxicaciones, cánceres…). Por ejemplo, se estima que solo en España mueren unas 30.000 personas cada año por culpa exclusivamente de la contaminación del aire. La contaminación por ozono provoca unas 17.000 muertes al año en Europa, aparte de daños a la vegetación.
  16. Pérdida de puestos de trabajo y de riqueza: El actual ritmo de consumo y crecimiento económico es insostenible. Entonces, si somos incapaces de organizar un decrecimiento ordenado, nos llegará una corrección a la fuerza, porque toda la riqueza procede de la naturaleza, a la cual estamos agrediendo, sobreexplotando y contaminando. La pérdida de productividad industrial parece algo inevitable, salvo que consigamos producir más, contaminando y extrayendo menos.
  17. Colapso de toda nuestra civilización: Si todo lo anterior supera cierto límite nos exponemos a perder no solo grandes avances tecnológicos sino hasta los derechos humanos. La calidad de vida del Estado del Bienestar está seriamente amenazada, aunque esta amenaza no venga de golpe ni de forma inmediata.

La lista anterior es solo un resumen y no pretende asustar, sino concienciar. Todos podemos hacer mucho para algunos de los problemas comentados. Hay que ver en esto una oportunidad para mejorar, para enfrentarse a la crisis ambiental desde muchos frentes, con miles de soluciones como por ejemplo las siguientes:

El que no hace nada es porque no quiere. Hay alternativas. Sabemos lo que tenemos que hacer. Si no lo hacemos las consecuencias serán muy graves. Si somos conscientes de a qué nos enfrentamos podremos prepararnos mejor y frenar todo lo posible esta carrera hacia el abismo.

♦ Nota: Este artículo se debate en un podcast de Ampliando el debate con Jesús Nácher, Vicente Nácher y un servidor.

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Inconvenientes del césped artificial: ¿No prefieres ver tierra y plantas reales?

El césped artificial en las ciudades es una mala opciónEl plástico está en nuestra sangre y en nuestros alimentos. Los científicos no saben las implicaciones de esto. ¿Qué debemos hacer? Por lo pronto reducir todo el plástico de “usar y tirar” (es bastante fácil). También debemos reducir todo el plástico prescindible. Una de las aplicaciones más absurdas es usar césped artificial en parques, jardines o medianas. Por supuesto, para campos deportivos el tema es distinto.

En una ciudad, las únicas ventajas que tiene el césped artificial son: que queda “bonito” (para algunos) y que es (supuestamente) “barato“. Un análisis en profundidad puede hacer cambiar esos dos aspectos:

  1. El césped artificial tapa el suelo y evita que veamos la tierra. ¿Acaso el verde artificial es más “bonito” que los colores naturales? La apreciación estética requiere un mínimo de reflexión para que no sea superficial. Simplemente la tierra es bella. ¿Por qué las ciudades han de estar cubiertas de asfalto y de plástico verde?
  2. El césped artificial evita que crezcan plantas ruderales, que son naturales y cuyas flores son aprovechadas por las abejas y otros insectos. No hace falta decir el problema inmenso que tienen los insectos en general y las abejas en particular. Con razón podemos decir que la ciudad moderna destierra la naturaleza. Las ciudades deberían tener (por ley) islas de naturaleza salvaje, tierra libre, sin necesidad de que la jardinería se encargue de todo. Más barato y ecológico, imposible.
  3. El césped artificial almacena más calor que las plantas y que la tierra, por lo que aumenta el efecto isla de calor en las ciudades.
  4. El césped artificial no permite que el agua se filtre al suelo (o reduce mucho la infiltración). Esto puede generar problemas de sequedad en los árboles y plantas adyacentes, así como inundaciones y charcos en zonas cercanas si no hay un buen drenaje.
  5. El césped artificial está fabricado de fibras sintéticas derivadas del petróleo. Por tanto, usar ese producto favorece una de las industrias más contaminantes del planeta. Normalmente se fabrica con plásticos y otros materiales, algunos de ellos peligrosos, aunque la UE prohíbe que contenga materiales pesados (hierro, cromo, aluminio, cobre, magnesio…). El césped artificial no será nunca un elemento de jardinería ecológica.
  6. El césped artificial se degrada con el tiempo, generando microplásticos y contaminando ríos y mares. El césped artificial es ignífugo porque tiene productos químicos, pero una colilla por ejemplo puede derretir las fibras y acelerar el deterioro.
  7. El césped artificial evita que se pongan plantas reales, las cuales pueden ser muy baratas de mantener si se escogen plantas autóctonas y adaptadas al clima local. El césped natural es caro de mantener y en ciertos climas, como el mediterráneo, es realmente una mala opción. ¿Y si plantamos lo que vemos en el campo? Por ejemplo, en climas mediterráneos podemos plantar aulagas, tomillo, romero, algarrobos, pinos, alcornoques…
  8. El césped artificial reduce hasta un 60 % el número de gorriones en cuatro años, según un estudio científico. Es posible que otras aves urbanas (lavanderas, mirlos…) también se vean afectadas.
  9. ¿Qué consecuencias tiene todo lo anterior sobre la salud? No lo sabemos, pero sin duda, no son buenas.

En definitiva, un análisis tranquilo demuestra fácilmente que el césped artificial no es más bonito y no es más barato que dejar la tierra “desnuda” o con plantas autóctonas de bajo mantenimiento. Los ayuntamientos que usan el césped artificial lo hacen por ignorancia (suya y de sus ciudadanos). Hay que hacerles ver que se equivocan. Os animamos a mandar este artículo a los ayuntamientos obsesionados con el césped artificial.

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Condiciones necesarias para una movilidad sostenible en las ciudades: eliminemos privilegios del coche privado

Atascos: Un problema de fácil soluciónEl aire en las ciudades está sucio. El humo de los coches no solo aumenta la crisis climática y la lluvia ácida, sino que también enferma y mata a las personas. Los médicos conocen la correlación existente entre los niveles de contaminación y los ingresos hospitalarios. Nuestra salud depende más de nuestro código postal que de nuestro código genético.

¿Hasta qué punto tenemos derecho a contaminar? ¿Prevalece el derecho a moverse en coche por encima del derecho a respirar aire limpio? En España, el artículo 45 de la Constitución proclama el derecho a “disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo“. ¿Dónde se proclama el derecho a contaminar con los vehículos?

Las respuestas a esas preguntas son bastante evidentes. Por tanto, debemos acostumbrarnos a que en las ciudades haya menos vehículos privados. Tampoco es sostenible que sean vehículos eléctricos (coches, motos, patinetes…): los vehículos eléctricos privados no son sostenibles. Primero, producir su electricidad también contamina (incluso aunque sea con renovables, cosa que ni siquiera es normal aún) y segundo hay que tener en cuenta la contaminación de todos sus materiales (metales, baterías, plásticos…).

Solución: quitar privilegios al coche privado

La venta de coches debe reducirse (si somos inteligentes)Hasta que no existan coches compartidos, autoconducidos, eléctricos y alimentados con renovables, la única alternativa sostenible es usar el transporte público.

En general, hay que mejorar el transporte público, pero mucho más importante es limitar las ventajas del coche privado. Mientras el coche tenga privilegios, el transporte público no tendrá el éxito que debería. ¿Qué privilegios tiene el coche privado?

  1. Contaminar es gratis: Se pagan impuestos por circular y por la gasolina, pero no por contaminar. No se paga por el daño que provoca la contaminación (a personas, animales, ecosistemas…). No olvidemos la contaminación acústica.
  2. Aparcar es gratis o barato: La gente usa los aparcamientos porque son razonablemente baratos o gratis allá donde vaya.
  3. Es fácil aparcar cerca del destino: En las ciudades con peor tráfico, la gente aparca relativamente cerca de su destino (por eso compensa no usar transporte público). Los conductores se quejan del tráfico, del aparcamiento y de la contaminación, pero les compensa.

El transporte público no puede competir con esos tres privilegios. La solución por tanto es obvia: hay que reducir los privilegios al coche privado, por el medioambiente, es decir, por todas las personas (y animales). Digámoslo muy claro: mientras los coches privados tengan privilegios, no será efectivo mejorar el transporte público.

¿Cómo mejorar el transporte público?

Autobuses eléctricos: Gran idea si usan fuentes renovables y ecológicas.Hay muchas medidas para conseguir un transporte público eficiente y con aceptación entre los ciudadanos. Algunas de ellas son:

  1. Que sea barato: Hay muchos servicios públicos que son gratuitos, como las carreteras o los hospitales. Dado que un transporte público mejoraría la salud, sería rentable que fuera gratuito o muy barato.
  2. Facilitar el pago con diversos medios: tarjeta bancaria, efectivo… o con una tarjeta única para viajar en distintos transportes (interoperatividad).
  3. Permitir trasbordos gratuitos entre todos los medios de transporte.
  4. Poder montar la bicicleta (aunque sea en el exterior de los autobuses o en vagones específicos).
  5. Aumentar los carriles bus/taxi/moto/bici (pero bien hechos, no como en Málaga).
  6. Semaforización prioritaria para autobuses (para minimizar el tiempo de espera en los semáforos).
  7. Instaurar sistemas de bicicletas públicas usando el mismo sistema de pago que para el transporte público.
  8. Aparcamientos disuasorios baratos en las entradas a las ciudades. Si queremos reducir los coches del centro de las ciudades, aparcar cerca del centro debe ser caro.
  9. Peatonalización progresiva de calles.
  10. Crear zonas 30 (de velocidad máxima 30 km/h).
  11. Aumentar los autobuses eléctricos pero cargados con electricidad 100% renovable garantizada. Incluso, pueden llevar paneles solares en la parte superior. También pueden ser autobuses de hidrógeno, siempre que se haya obtenido de fuentes renovables (el hidrógeno es una buena forma de almacenar la energía renovable cuando se produce más de la que se consume).
  12. Creación de Autobuses de Tránsito Rápido (BRT): Son sistemas de transporte rápido con autobuses grandes, carriles exclusivos, pago fuera del autobús para ahorrar tiempo, acceso por todas las puertas…
  13. Facilidades para discapacitados.
  14. Transporte bajo demanda en zonas poco pobladas: Los ciudadanos pueden solicitar que el autobús vaya por su zona y un algoritmo le dirá al conductor la ruta óptima para atender todas las solicitudes. Si no hay mucha demanda, pueden usarse taxis en vez de autobuses.
  15. Incrementar el control para multar por exceso de velocidad, por paradas o aparcamientos indebidos, por ruido excesivo (especialmente en motos), etc.

¿En cuántas de estas medidas aprueba tu ciudad?

Conclusiones: un ejemplo en Málaga

En las cercanías de Málaga está el PTA (Parque Tecnológico de Andalucía), un lugar con muchas empresas y muchos trabajadores. En las horas de entrada y salida del trabajo los accesos se colapsaban. Había autobuses pero la gente no los usaba porque no eran eficientes, y no eran eficientes por culpa de tantos coches. La gente protestaba del mal funcionamiento de los autobuses por los atascos. ¿Qué hizo el Ayuntamiento para resolver el problema? Habilitó un carril extra para todo tipo de vehículos. Esto facilitó que más gente usara su coche, por lo que disminuyó el número de viajeros de los autobuses. Al haber más coches el colapso es idéntico o mayor.

Hace muchos años los científicos Nebel y Wrigth concluyeron que “es el tiempo, no la distancia, el factor limitante de los conductores”. Si aumentamos el tiempo en los trayectos en coche, los conductores se pasarán al autobús. Es muy simple.

Si la ciudad está diseñada para el coche, los ciudadanos usarán el coche, atascarán la ciudad y la llenarán de contaminación atmosférica, acústica y visual. Si la ciudad está bien diseñada, las zonas peatonales serán lugares agradables y los carriles bici estarán bien diseñados. Un ejemplo es Pontevedra, un paraíso sin coches, sin ruido y donde se oyen los pájaros. Para hacer más difícil la persistencia de los coches tenemos también que destruir autopistas o ponerles peaje, pero eso está fuera de las ciudades.

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Libro “En la espiral de la energía” de R. Fernández y L. González (Volumen I, resumen)

Resumen del libro Analizamos aquí la 2ª edición (2018) de una  obra que se convertirá, si no lo es ya, en un clásico del ecologismo. Los dos volúmenes son un resumen de la historia de la humanidad y de nuestra relación con la biosfera, prestando especial atención a la energía (generación, uso, almacenamiento…). Esto es importante porque “la energía marca uno de los límites de las organizaciones sociales posibles” y ha tenido y tiene un papel relevante en la evolución humana y en el tipo de sociedades. La energía y la complejidad de cualquier sistema (o sociedad) están íntimamente relacionadas.

Las energías renovables tienen múltiples ventajas, pero el mundo rico se basa en tecnologías complejas y, como dice el libro, “las tecnologías complejas son intrínsecamente insostenibles, (…) tienen impactos insoslayables sobre la vida (…) y no son universalizables”, por lo que también generan desigualdad. Para estos autores, todo esto produce “sociedades basadas en la dominación” y, además, “el capitalismo global es la forma culminante de la civilización dominadora y, a su vez, la que está generando su colapso”.

Este compendio se divide en cuatro partes: a) historia antes del uso masivo de combustibles fósiles (capítulos 1 a 4); b) historia basada en esos combustibles (cap. 5 y 6); c) el siglo XXI (cap. 7 y 8); y d) probables escenarios futuros de la humanidad (cap. 9). Las dos últimas partes se recogen en el Volumen II.

Veamos un resumen por capítulos. Pero atención, los propios autores advierten del error de calificar el texto como “pesimista” pues depende del punto de vista: “el colapso del sistema urbano-agro-industrial puede llegar a ser un alivio para partes importantes de la humanidad y, desde luego, para el resto de seres vivos”.

1. Paleolítico: sociedades opulentas, pacíficas y sostenibles

Las primeras sociedades humanas eran cazadoras-recolectoras, pero los autores prefieren llamarlas sociedades forrajeras porque el consumo de carne era inicialmente más bien carroñero (no cazaban) y bastante escaso: “alrededor del 80% de las calorías ingeridas pudieron ser de origen vegetal” según algunos estudios. Harari explica muy bien en su libro Sapiens lo que supuso para los humanos el salto de carroñeros a cazadores.

Hay bastante consenso en que, desde que el ser humano salió de África, allí donde llegaba, se extinguían algunas especies. Sin embargo, a nivel más particular esas sociedades convivían “en equilibrio con los ecosistemas” y eran sociedades opulentas porque necesitaban recursos que estaban suficientemente disponibles. Por otra parte, trabajaban entre 2 y 6 horas al día, aunque para ellos no era trabajar. “Para muchos pueblos forrajeros contemporáneos la palabra para designar trabajo y juego es la misma”. Comparemos esas 2-6 horas con las 6.75 horas de trabajo de las sociedades horticultoras, las 9 en las agrícolas y las 8-12 en las industriales. Ni siquiera los avances tecnológicos actuales han conseguido reducir mucho las horas de trabajo diarias (a pesar de las magníficas consecuencias que ello tendría).

En estas sociedades paleolíticas, “todos los integrantes del grupo dependían del colectivo” y “su economía se basaba en la donación y la reciprocidad”. Eran sociedades igualitarias, porque “todos los miembros se dedicaban a la consecución de los alimentos y bienes que necesitaban”, porque no tenían gran capacidad de acumulación (eran nómadas) y porque “no consideraban que la tierra les perteneciese”. No obstante, pudieron existir “microjerarquías” pero manteniendo un “peso social similar de los dos sexos”, aunque cada sexo fuera tomando roles cada vez más diferentes (hombres para la caza mayor, mujeres para recolectar y criar). Pudieron existir, sin duda, enfrentamientos aislados pero no guerras. No hay indicios de guerras, ni siquiera en pinturas rupestres.

La energía de nuestros ancestros

Para que una fuente energética pueda usarse hacen falta 3 requisitos: i) que existan los convertidores adecuados (tecnología); ii) que se pueda utilizar en el lugar en el que se necesita (o se transporta la energía o la industria); iii) que esté disponible en el momento en el que se necesite (o que se almacene). Pero en aquella época las necesidades energéticas eran mínimas y aquellas sociedades obtenían lo que necesitaban con facilidad, a pesar de que el cerebro humano requiere mucha energía. Pensemos que los vegetales tienen poca energía acumulada, pero los cereales, las legumbres y las semillas tienen más energía que la carne.

Una de las principales formas de energía de esta época es el fuego, utilizado de forma generalizada desde hace al menos 200.000 años. El fuego ha permitido comer más alimentos al poder cocinarlos, conservarlos mejor (ahumado, secado…) y reducir las enfermedades. El Homo sapiens “es la única especie capaz de apropiarse de energía externa (exosomática)”. Por supuesto, también usó la energía solar directa para iluminarse y calentarse, pero al ser fuentes de energía no almacenables de forma masiva, la acumulación de poder quedó limitada.

El consumo de energía en estas sociedades fue realmente mínimo si lo comparamos con sociedades posteriores. Eso supuso poner un límite a la capacidad de evolución. “Durante cientos de miles de años, no existió un impulso hacia el cambio: la supervivencia dependía, precisamente, de la estabilidad, del equilibrio”. Sin embargo, el control del fuego y el uso de herramientas “significaron pasos de muy difícil vuelta atrás (…). Este tipo de elecciones sin retorno serán comunes en la historia de la humanidad”. De hecho, Harari opina en su libro Sapiens que la agricultura es “el mayor fraude de la historia”, porque esclavizó al ser humano al cuidado de unas pocas plantas, empeorando su dieta y su calidad de vida, y encima de forma tan paulatina que imposibilitó deshacer el error.

2. La agricultura no implicó necesariamente el inicio de sociedades dominadoras

Hay dos grandes revoluciones energéticas que suelen pasar desapercibidas desde el punto de vista de la energía: el inicio de agricultura y ganadería por un lado y, por otro, el uso de animales de tiro y la explotación de la fuerza humana por parte de una minoría. Ambas permitieron transportar y almacenar energía para usarse cuando fuera deseada.

Como también sugiere Harari, la agricultura significó trabajar más y reducir la salud debido a comer alimentos menos variados, a enfermedades transmitidas por los animales, a contaminación del agua y a epidemias al concentrar la población. “La agricultura no fue inevitable, sino una elección en un contexto complicado” pues, al parecer,  la agricultura surgió en distintos lugares del mundo debido a un incremento de la población unido a cambios climáticos (sequías), pero “cuando las condiciones climáticas volvieron a los parámetros pretéritos, muchas de estas sociedades no retornaron las prácticas forrajeras que habían olvidado”.

Todo comenzó con las plantas más nutritivas y con los animales más dóciles. Las especies que se domesticaron obtuvieron beneficios (mutualismo) o no tuvieron desventajas significativas (comensalismo), como especie, porque como individuos la ganadería supuso el inicio de un maltrato animal sistemático (incluso para obtener huevos y lácteos). “La Revolución Agrícola no fue solo obra humana”, sino que colaboraron algunas especies vegetales y animales, que aumentaron (aún más) el sedentarismo y el crecimiento poblacional, con lo cual la vuelta a sociedades forrajeras fue imposible.

Los autores definen agricultura y ganadería como una mejora para el Homo sapiens en la forma de captar y almacenar energía para uso humano. Para ello, se deforestaron bosques, se desviaron cursos de agua, se erosionó la tierra… e incluso se modificaron especies hasta el punto de hacerlas dependientes del ser humano e inexistentes en la naturaleza (gallinas, vacas…). También se han reducido los bosques y se han alterado los ciclos naturales (por ejemplo, con el aumento de las plantaciones de arroz ha aumentado la emisión de metano). El ganado multiplicó la potencia de trabajo pero obligó a conseguir más alimento aún, para los animales. Más tarde, la metalurgia obligó a un mayor consumo de energía (talando árboles).

“La sedentarización también permitió una mayor acumulación de objetos, lo que potencialmente facilitó sociedades más desiguales“. En ese contexto surgió el comercio primero y el dinero después, lo cual mejoró la capacidad de cooperación humana, pero también se volvieron más dependientes de la climatología y ello pudo generar la percepción de una naturaleza “poco amigable”, lo cual generó con el tiempo abusos ambientales, de los que hoy conocemos su gravedad.

Los datos sugieren que las primeras sociedades agrarias continuaron siendo igualitarias entre individuos de todo género, que el trabajo debió ser colectivo y cooperativo, que los excedentes se gastaban en celebraciones que nivelaban el nivel económico y que las guerras siguieron siendo algo poco corriente.

3. Grandes poderes agrarios en un mar de ruralidad aestatal

Hace unos 6.000 años, las sociedades agrarias se empezaron a volver dominadoras, patriarcales, violentas y dando la espalda a la Naturaleza, creando ciudades y Estados. Todas esas características nacieron a la vez. “Las élites tuvieron a su disposición mayores fuentes de energía a través del esclavismo, la servidumbre y el uso de animales para el trabajo”. La desigualdad y el comercio (principalmente masculino), permitió mayor movilidad y la sensación de “menor dependencia del colectivo”. Poco a poco, la sociedad se fue haciendo más compleja y tomando más distancia con la naturaleza y con sus semejantes, lo que permitió una relación de dominación, la cual requiere distancia emocional respecto a lo dominado. Eso ocurrió principalmente en algunos hombres, mientras el resto de la comunidad (especialmente las mujeres) continuó con una identidad relacional, equitativa.

“Mientras las figuras de liderazgo anteriores redistribuían los recursos colectivos equitativamente, las nuevas redistribuían los recursos ajenos de forma desigual”. En este paso a sociedades jerárquicas también influyó la escasez en los recursos (por agotamiento, sequías…).

Una vez establecidas las primeras sociedades basadas en la dominación, se empezaron a expandir. Pero en el siglo XVII todavía la mitad de la superficie terrestre estaba habitada por pueblos igualitarios (Australia, gran parte de Norteamérica, Sudamérica y África…). Esos pueblos han sido más pacíficos y menos explotadores, pues la guerra es uno de los actos humanos que requiere de mayores cantidades de materia y energía.

Sociedades dominadoras: conquistar tierras y acumular riqueza

“Los gobernantes tienen la capacidad de coacción sistemática mediante herramientas militares, políticas, económicas e ideológicas”. Los Estados han tendido a aumentar sus fronteras y su población, que era vista como fuerza de trabajo (y aún hoy se ve así). La forma más rápida de incrementar el poder era conquistar nuevas tierras, que aportaran más energía al Estado.

Los Estados han sido posibles gracias a la posibilidad de acumular riqueza. Sin embargo, ha habido curiosas formas de evitarlo: en Egipto hubo una moneda que se oxidaba, es decir, que se devaluaba periódicamente, incitando así su uso y evitando el interés en acumularlo. En la Edad Media europea se aplicaba el cambio de moneda cada 5-6 años, con pérdidas del 25% para evitar la acumulación de dinero. Dado que acumular grandes cantidades de dinero perjudica a la sociedad, es justo que se pague por ello. La usura fue condenada por muchos concilios cristianos y era mal vista o estaba prohibida en India, China, por el judaísmo y por el Islam.

La base energética de los Estados agrarios fue la biomasa, pero los Estado dominadores necesitaron más energía. La consiguieron esclavizando o controlando animales y humanos. Por todo el planeta se ha cumplido que a mayor uso de animales de tiro, mayor desigualdad social. Pero atención, el control de humanos comenzó con el dominio de los hombres sobre las mujeres.

Los animales permitieron cultivar en tierras más áridas y aumentar la potencia disponible para trabajar, moverse o para hacer la guerra. De hecho, en América las formas de dominación fueron más lentas porque allí no había animales adecuados para la domesticación, por la extinción de la megafauna.

También se consiguió aumentar el trabajo gracias a otras formas de energía (hidráulica, eólica…) e inventos de ingeniería (molinos, mejoras en los barcos de vela, palancas, poleas…).

Muchas sociedades dominadoras colapsaron tras un éxito temporal (al menos 24, entre las que el libro estudia el Imperio romano y los Mayas). Las causas siempre son diversas, pero la expansión continua no es posible (Roma chocó con los persas, los bárbaros…), y no es sostenible basar la economía en bienes expoliados, en el trabajo esclavo y en abusar de la naturaleza. La fundición de plata del Imperio romano consumió más de 500 millones de árboles en 400 años, deforestando una superficie el doble del área de Portugal. En el colapso de Roma, también influyó un cambio climático que redujo la productividad agraria, guerras civiles e invasiones germánicas (que fueron más bien migraciones masivas).

El libro expone el caso de éxito de Papúa, uno de los lugares donde surgió la agricultura, pero donde no se cambió a una civilización dominadora (hasta que llegaron los europeos). Fueron capaces de evolucionar en equilibrio con el medioambiente y la población. Tenían mecanismos de control poblacional incluyendo la abstinencia, el infanticidio, plantas y dar el pecho durante dos años. Es evidente que una sociedad no puede crecer en población indefinidamente sin que ello genere problemas.

4. El inicio del capitalismo y sus características intrínsecas

Una transformación asombrosamente rápida de la humanidad vino de la mano del capitalismo. El libro expone porqué no nació el capitalismo en China o en los califatos islámicos. En Europa, las revueltas campesinas hirieron de muerte al sistema feudal. En respuesta a esta crisis, se empezó a desarrollar el capitalismo (siglos XV-XVI, aunque su madurez no llegó hasta el XIX). “La búsqueda de más energía fue una respuesta a la crisis del sistema feudal pero, a la vez, este incrementado flujo energético fue un motor clave en la transición al capitalismo”.

El capitalismo es un proceso “en el cual el dinero se utiliza para crear más dinero a través de la explotación de las personas y de la naturaleza. Como consecuencia de ello, el capitalismo genera una cooperación social y ecosistémica asimétrica, en la que una clase sale claramente beneficiada a costa del grueso de la población y del resto de seres vivos”. A través del capitalismo y de las políticas “la población perdió autosuficiencia”, viéndose muchos abocados a encontrar un trabajo asalariado y a trabajar para otros. Esta es mano de obra barata, pues procede de las personas más empobrecidas expulsadas del campo. Esto tuvo el efecto secundario del crecimiento de las ciudades.

“No hay capitalismo sin mercados internacionales”

En esos siglos, la principal partida de gasto de muchos países fue la guerra: en el siglo XVII, el gasto dedicado a guerras fue del 90% en el caso de Holanda y el gasto militar británico fue similar a principios del XIX. Para mejorar los rendimientos también se esclavizaron personas y se les robaron las tierras y los recursos (oro, plata…). Por poner dato, a comienzos del XVIII, España se había apropiado de 1/3 de las tierras comunales indígenas en América.

“No existe un único capitalismo, sino que es un sistema con múltiples caras” (véase nuestro capitalismo sensato) pero, resumiendo, la síntesis del capitalismo es la ampliación de la cantidad de dinero. Eso puede hacerse mediante la inversión de dinero (D) en maquinaria, materiales, energía y trabajo para producir mercancías y/o servicios (M) que, al venderse producen más dinero (D’). Eso se representa con la fórmula D-M-D’ y ahí “el dinero no es un medio de cambio, sino un fin en sí mismo. Cuando la circulación se ajusta a la fórmula M-D-M’, donde el dinero es un medio para conseguir el servicio o bien que se quiere, el sistema no es capitalista. Así, la finalidad de la economía dejó de ser la satisfacción de necesidades y deseos, lo que, en caso de ocurrir, fue un producto secundario de la reproducción del capital”.

Quien es capaz de cubrir más rápido el ciclo D-M-D’ aumenta su competitividad y, para ello, ayuda que exista disponibilidad permanente de fuerza de trabajo. La competencia obliga a las empresas a mejorar su rentabilidad y eso las incita a innovar. Para las empresas capitalistas lo importante es la plusvalía (la diferencia entre D y D’). Cuando existe plusvalía en una empresa, eso indica que sus trabajadores están cobrando menos que el valor que están creando con su trabajo.

El dinero que se guarda y no se invierte no es capital (si se deja en los bancos sí es capital). Para que el capitalismo tenga fácil esa creación de dinero se recurre a la explotación de las personas y de la naturaleza. El capitalismo aprovecha el “trabajo” de la naturaleza porque es algo imprescindible para la reproducción del capital. La naturaleza no es solo una fuente de recursos, “sino la matriz donde se desarrolla el capitalismo”.

Dentro del capitalismo hay “una ingente cantidad de trabajos de cuidados que en muchos casos no generan plusvalías”, y el grueso de esos trabajos los realizan las mujeres en los hogares. Además, todo el sistema capitalista necesita unos ecosistemas que puedan realizar sus funciones (depuración de agua, equilibrio climático, fertilización del suelo…). “Todos esos trabajos son imposibles de retribuir por el capital”: a principios del XXI el trabajo humano no pagado estaría en el 70-80% del PIB mundial y el de la biosfera en el 70-250%. Es decir, “mientras en las sociedades pretéritas la explotación de la naturaleza y las personas era optativa, en el capitalismo es inevitable para el sostén del sistema”.

Por otra parte, “quienes pueden movilizar las mayores cantidades de capital tienen las de ganar”, de forma que “el capitalismo tiende a acumular el capital en pocas manos, favoreciendo los monopolios” y “cuanto más feroz es la competencia, antes se llega al monopolio”.

El capitalismo no funciona pagando al contado, sino que funciona a través de contraer deudas para financiar la acumulación del capital. “Las deudas en el capitalismo significan traer una plusvalía que se supone que se va a generar en el futuro al presente”. Eso genera intereses que hacen que prestar dinero sea muy lucrativo, pero dado que es ganar dinero sin aportar apenas trabajo, la usura estuvo prohibida durante la Edad Media. “Cuando Enrique VIII de Inglaterra rompió con la Iglesia católica (1545), también lo hizo con la prohibición del cobro de intereses, al igual que lo harían la Iglesia protestante y la calvinista. Posteriormente, la Iglesia católica se olvidaría de la persecución de la usura, que había sido un pecado tan importante como el aborto ahora”.

En el sistema actual “no existe riqueza física real que respalde al dinero existente. Si este se quisiese hacer efectivo, el sistema, simplemente, colapsaría” (hay más deuda que dinero para pagarla). Si todo el mundo quisiese retirar su dinero del banco para guardarlo o para gastarlo, sería un caos económico. “La historia del capitalismo está plagada de rescates bancarios”, porque si quiebran los bancos quiebra el motor del sistema capitalista: el crédito y los medios de pago.

“El capitalismo genera las condiciones para sufrir crisis periódicas”

Fruto de la competencia, cada vez se tiene que invertir más con unos márgenes de beneficio menores. El sistema tiende a un crecimiento constante de la producción (del crecimiento económico, del PIB) pero el consumo de la clase trabajadora está limitado (si suben mucho los salarios baja la plusvalía). Además, “el imperialismo capitalista es inevitable”, crear nuevos mercados para crecer, como sea. Esta sobreproducción y sobreacumulación de capital requiere incrementar el consumo energético y material, lo cual choca con los límites ambientales y, por tanto, las crisis son inevitables. Ante una crisis económica, el capitalismo tiende a huir hacia adelante, acelerando su crecimiento.

Para mantener el incremento de producción y consumo, se hace imprescindible el crédito (traer dinero del futuro). Es decir, el capitalismo empuja a endeudarse cada vez más, lo que termina siendo insostenible (no se pueden pagar todas las deudas), y el sistema cae en crisis. La parte positiva de las crisis es que permiten el saneamiento del capitalismo, la eliminación de parte de la competencia y las deudas impagables.

El capitalismo incrementó la pobreza y la deuda ecológica

Por si fuera poco dramático, “el Estado capitalista no puede evitar la corrupción“, ya que los sobornos son económicamente rentables. Pero una de las cosas más tristes es que en este proceso el grueso de la población ha pasado a depender del mercado, lo cual es, en el fondo, una pérdida de libertad (como bien explica Harari).

“La monetización de la economía y la salarización de la población trajeron la aparición de la pobreza hasta puntos nunca antes conocidos. Por ello, el nacimiento del capitalismo estuvo acompañado por el del vagabundeo en las ciudades”, donde hay una mayor desestructuración social.

Se llama «deuda ecológica» a los daños ambientales generados por una sociedad sobre un territorio distinto al de esa sociedad. La deuda ecológica de las zonas ricas se incrementó a costa de la explotación ambiental de zonas cada vez más alejadas y que, además, no recibían una remuneración adecuada al trabajo y al daño ecológico. Es lo que Naredo y Valero llamaban la «regla del notario», que explicaban así: en la primera fase de construcción de una casa es cuando se producen los mayores impactos ambientales y, sin embargo, los salarios son comparativamente más bajos. Contrariamente, cuando la casa se inscribe en la notaría, los impactos bajan y los pagos se disparan. Es decir, para que unos ganen mucho otros tienen que ganar poco. Además, esos salarios serían imposibles sin el trabajo de cuidados de las mujeres para garantizar unos mínimos de vida. Se ha llamado «maldición de la abundancia de recursos naturales» a las consecuencias para algunos países de depender de la exportación de muy pocos productos primarios.

De la cooperación a la competitividad

Antes del capitalismo, el poder estaba directamente ligado a la tierra disponible, pero el capitalismo rompió esa correlación para cambiar la tierra por el capital que se podía movilizar. España sufrió esa ruptura durante la segunda mitad del siglo XVI, pues la industria se focalizó en Holanda e Inglaterra y “España se vino abajo porque era demasiado grande”. Estados más pequeños terminaron siendo más competitivos.

Durante los siglos XVI-XVIII las humanidades se fueron convirtiendo en conocimientos secundarios, y la concepción mecanicista de la naturaleza fue ganando terreno, gracias a Newton, Descartes o Bacon, por ejemplo. La ciencia se ha ido poniendo en manos de la industria cuya ética está subordinada al rendimiento económico. La ciencia, que tiene fama de objetiva y neutral, en realidad no lo es, porque la ciencia necesita quien pague (como denunció también Harari). La ciencia y la tecnología han sido las herramientas básicas de un progreso que ha mirado más por enriquecer a unos pocos que por hacer felices a la mayoría.

Con esa ética y esos principios, “la naturaleza se convirtió ya definitivamente no en un todo del que el ser humano forma parte, sino en un elemento del que extraer recursos, al que someter”. Esa desconexión entre el ser humano y la naturaleza se aprecia en cómo los banqueros pueden obtener poder “creando la ficción del crecimiento sin raíces físicas”. El capitalismo impuso su ritmo rápido para ser competitivos. “La inmediatez fue anulando a la profundidad, y lo urgente a lo importante. El resultado fue una creciente superficialidad y desorientación personal y social, que se convirtieron en el terreno propicio para el desarrollo de la sociedad de consumo”.

Estas sociedades fueron creando la ilusión del individuo como un ser autónomo e independiente, a la vez que alejaban los lugares de la explotación humana (y animal) de forma que fuera más difícil conectar el consumo cotidiano con sus implicaciones socioambientales. “Mientras las primeras sociedades humanas habían recompensado la cooperación, ahora lo que se incentivaba era la competitividad individualista”. Este individualismo lleva a una pérdida de sentido de la vida que muchos llenan con la posesión de objetos, pretendiendo que vales más si tienes más.

La libertad individual cobró un valor inédito en la historia, pero sobre todo en el plano económico. Esa libertad genera ruptura con los demás seres humanos y lo que Fromm decía que era el mayor temor del ser humano, el aislamiento.

Es cierto que “la cooperación es la respuesta humana más exitosa para la supervivencia” (Harari lo explicó magistralmente). El capitalismo ha conseguido encaminar gran parte de esa cooperación hacia la reproducción del capital.

Algunas injusticias

En los siglos XVI y XVII se acentuó la persecución y sometimiento de las mujeres. Según estos autores eso es “un elemento fundamental en los sistemas socioeconómicos basados en la propiedad privada”, para conseguir la transmisión padre-hijo y para conseguir una alta natalidad, convirtiendo a las mujeres en máquinas de producir trabajadores. Las luchas sociales habían sido alimentadas por la escasez de mano de obra fruto del descenso poblacional. El capitalismo necesita mano de obra lo más barata posible y se sostiene gracias a la gratuidad de las labores de cuidados realizadas por las mujeres.

Muchos pueblos se revelaron ante la usurpación de sus tierras, de sus derechos y ante la degradación del medio, pero el poder contestó con brutalidad en muchos casos. En América, Bartolomé de las Casas (1484-1566) “desarrolló el primer discurso crítico con la Modernidad, llegando a reconocer el deber de las poblaciones indígenas de guerrear contra los ejércitos españoles para defender su territorio. También argumentó contra la esclavitud de los/as indio/as”.

Durante estos siglos las ciudades crecieron de forma importante y, a la vez, creció la deforestación para cocinar, calefacción, metalurgia, construcción de barcos… Un barco de guerra holandés requería 2.000 robles de un siglo de edad (unas 20 ha de bosque). Por otra parte, los cultivos americanos (tomate, patata, maíz, girasol…) permitieron aumentar la productividad de las cosechas y así poder aumentar la población mundial. También se incrementó el uso de las energías eólica e hidráulica. Sin embargo, debemos tener en cuenta que a finales del siglo XVIII gran parte del globo no se articulaba en Estados y que las estructuras capitalistas aún no controlaban la producción mundial.

5. Carbón y tecnología permitieron a Europa dominar el mundo

Del capitalismo agrario anterior se saltó al capitalismo fosilista, fuertemente dependiente de los combustibles fósiles. Bertrand De Jouvenel diría que este salto fue la transición de usar las fuerzas del suelo (agua, aire, animales y humanos) a las fuerzas del subsuelo (carbón, petróleo…). La Revolución Industrial necesitó una fuente de energía concentrada y barata y la capacidad tecnológica de transformar calor en energía mecánica (la máquina de vapor).

Las máquinas de vapor se usaron inicialmente para bombear agua, en la industria textil… y posteriormente se fueron aplicando al transporte (ferrocarril, barcos de vapor…); y más adelante a la electrificación (luz, tranvías, motores…). Cada vez más, el transporte de mercancías, personas e información se convirtió en rápido y rentable. De hecho, el transporte ha sido central en la salida de las crisis, porque la forma de superar una crisis del capitalismo es expandir el sistema, es decir, expandir su propia insostenibilidad.

Las características de esta fase histórica son: crecimiento importante en el uso de energía y crecimiento demográfico (principalmente en las ciudades). Todo esto generó un sistema de enorme potencia y una disminución del porcentaje de población dedicada a la agricultura. Las tareas de cuidados siguieron siendo importantes (sirvientas, limpiabotas, basureros, cocineros…); lo que perdió importancia fue la fuerza física para pasar a valorarse más la capacidad intelectual.

De todas las estrategias usadas por el humano para conseguir energía (fuego, recolección, caza, agricultura, esclavitud, animales, energías renovables) los combustibles fósiles y las máquinas han sido los que más potencia, energía y versatilidad han proporcionado.

Igual que el paso a una sociedad agrícola conllevó más horas de trabajo, el salto a la sociedad industrial también trajo consigo jornadas más largas y más personas trabajando. Las máquinas podían funcionar todo el día y el invento de la iluminación permitió esas jornadas más largas. La mecanización propició el desempleo para muchas personas, lo cual permitió bajar los sueldos (especialmente a mujeres y niños).

Las fuentes de energía de la Revolución Industrial tenían localizaciones concretas y eran privadas. No eran como el sol o el viento que están en todas partes. Por otra parte, las tecnologías son complejas y caras, por lo que el acceso es más limitado y más insostenible (por su alto impacto ambiental). Esta transición generó desigualdad y marcó un punto de no retorno, pues “desengancharse de ese consumo energético requiere un gran cambio civilizatorio”.

También vinieron otras consecuencias, como el despoblamiento rural (los agricultores se convirtieron en empleados de las fábricas) y la necesidad de colonizar tierras para ampliar mercados: “las manufacturas inglesas se intercambiaban por esclavos/as africanos/as, que a su vez se llevaban a América a cambio de productos tropicales que acababan en las islas británicas”. El fin de la esclavitud fue una liberación relativa, pues los antiguos esclavos se convirtieron en jornaleros con pocas opciones más y, curiosamente, la población asalariada era más rentable que la esclavizada (los esclavos vivían 9 años más que los trabajadores libres, porque se invertía más en sus cuidados).

Las colonias generaron enormes beneficios para los países colonizadores, especialmente para sus élites, pero también aumentaron las desigualdades. En nombre del libre mercado se crearon guerras. Por ejemplo, China quiso cerrar sus fronteras al mercado de opio, pero Gran Bretaña le obligó por la fuerza a legalizar su venta (Guerras del Opio), pues eso generaba enormes beneficios a la corona británica y sus adláteres. El gasto militar y las muertes en las guerras aumentaron proporcionalmente. La colonización causó entre 50 y 60 millones de víctimas, la mitad en India.

En definitiva, el capitalismo requirió nuevos territorios y para ello se usó la fuerza, plasmada en forma de armamento, el cual necesitaba el uso masivo de energía. El control de nuevos mercados y recursos facilitaron el crecimiento. Por ejemplo, en Sudáfrica en 1936, el 70% de la población local negra solo había conseguido mantener el 7% de las tierras.

El patrón oro y las implicaciones del papel-moneda

En el siglo XVIII apareció el papel-moneda moderno, emitido por cualquier banco. El dinero inicialmente estaba respaldado por el oro que cada banco tenía guardado pero pronto se dieron cuenta que podían crear más dinero que el metal que lo respaldaba. Confiaban en que no se retiraría todo el dinero a la vez. El patrón oro dejó de existir en la práctica durante la I Guerra Mundial y con ello pudieron hacer frente al enorme gasto militar. El colapso del patrón oro en la década de 1930 fue el “fracaso total de la utopía liberal, del laissez faire (dejar hacer), del mercado autorregulador a escala estatal y mundial, en definitiva, de la sociedad de mercado capitalista sin restricciones” (liberalismo). El mercado no se regula por sí mismo de forma ideal. Eso es un mito del liberalismo que se derrumba porque los supuestos sobre los que se estructura el mercado ideal son imposibles (competencia perfecta, información total de los mercados presentes y futuros…).

Estados Unidos dispuso en la Constitución que la propiedad privada era inalienable, pero sin embargo no tuvieron pudor en arrebatar las tierras a los indígenas, masacrarlos y arrinconarlos en reservas. Gracias a eso su economía creció. También creció gracias a meterse en las dos Guerras Mundiales tras un fuerte desgaste de las potencias Europeas. Pensemos que la II Guerra Mundial tiene uno de sus motivos en la búsqueda de Alemania del dominio de los campos petroleros rumanos y soviéticos. El final de la guerra estuvo muy determinado por el agotamiento energético de Alemania.

La expansión demográfica

A partir del siglo XVIII la población se disparó. No se debió a los avances en la medicina sino a los avances en la producción agraria. Lo novedoso fue la implantación de prácticas eficientes más que nuevos conocimientos. En algunos casos, el incremento poblacional es una estrategia de la población empobrecida para sobrevivir: tener muchos hijos garantizaba mano de obra suficiente. El hambre provocó migraciones masivas a las tierras colonizadas (principalmente América).

El progreso y el dinero

La iluminación artificial cambió muchas cosas, como los horarios laborales y una desconexión de los ritmos naturales. El progreso se vio como algo bueno en sí mismo, sin importar que tuviese consecuencias negativas. Ese progreso permitió un incremento del conocimiento científico y de los bienes disponibles, así como ampliar la clase media.

Aún perdura hoy la idea de un crecimiento sin fin, ajenos a que la producción se sustenta en la extracción de recursos naturales y en la apropiación del trabajo ajeno (léase a B. De Jouvenel). Sin debate ni reflexión, se supuso que todo avance científico era bueno por naturaleza. Economistas como Smith o Ricardo pusieron el trabajo y el capital como la base para la creación de riqueza, relegando la tierra (la naturaleza) a un segundo lugar y sin nombrar siquiera a la energía.

Se puso todo el foco en la producción sin evaluar si lo producido era bueno o no. O sea, la producción genera beneficios monetarios, sin importar si se produce alimento o armamento. Ese es, de hecho, el gran error de usar aún hoy el PIB como medida del progreso, porque el PIB no mide el progreso sino el consumismo. Existen otras medidas alternativas más completas y sensatas (como el IPG) que no ignoran la degradación del planeta ni el trabajo no asalariado. El error de los economistas de esa época fue hacer sus cálculos para un ser humano conocido como Homo economicus con características irreales (insaciable, racional, ambicioso…).

Ese “progreso” hizo que la gente viera en la posesión de bienes un medio para obtener reconocimiento social. También implicó que la religión perdiera poder, además de por otros factores como el avance de la ciencia.

Antes del capitalismo también había ambición y avaricia, pero el capitalismo gratificó esos comportamientos penalizando los cooperativos. Otro elemento clave fue la veneración de la juventud. O sea, los economistas consideraban que el Homo economicus no necesitaba cuidados en su infancia, ni en su vejez. También se impuso la obligación moral de devolver las deudas, aunque los grandes capitales pueden funcionar sin tener que restituir esas deudas.

Resistencias al capitalismo

Al menos hubo resistencias al capitalismo en tres espacios: i) en el mundo agrario (con la Revolución Francesa como ejemplo claro); ii) en el mundo industrial (el movimiento obrero); y iii) en las colonias, contra la colonización y contra la esclavitud. También hubo movimientos de mujeres reclamando sus derechos (feminismo).

Hay que decir que las alternativas obreras no escaparon del mercado: los sindicatos no aspiraron  a la creación de economías alternativas. La introducción de máquinas fue fuertemente rechazada por los propios empleados pero al final se impusieron. Los principales sectores con conflictos laborales fueron la minería, los transportes y las manufacturas. Aún hoy, son las élites las que más beneficios sacan de las máquinas (robots…) y las clases bajas no tienen ni siquiera una reducción de la jornada laboral acorde a esos beneficios y a esa mejora en la productividad. Por ello, se ha propuesto, al menos, una microrreducción de la jornada laboral.

Por otra parte, el fascismo no fue de facto un movimiento anticapitalista, sino que desde sus orígenes se asoció a las clases elevadas contra los movimientos obreros, contra los extranjeros, contra el liberalismo y contra los intelectuales, así como con características propias (tradicionalismo, nacionalismo, racismo, machismo).

De Estados absolutistas a democracias parlamentarias

La primera democracia moderna fue Estados Unidos (1776), aunque solo votaban los hombres blancos con títulos de propiedad. Luego, el número de democracias parlamentarias fue aumentando: en 1850 eran 5 estados (7.5% de la población mundial) y en el año 2000 eran 87 estados (57,1%).

Para unificar cada estado se usó el sentimiento nacional y para ello, las guerras ayudaron: en la I Guerra Mundial el movimiento obrero se alineó con los intereses nacionales (más bien, de sus burguesías nacionales). Para crear ese sentimiento nacionalista se empleó la educación estatal (obligatoria). Pero para aplacar al movimiento obrero hicieron falta medidas “sociales”: la sanidad y las pensiones públicas se crearon a finales del siglo XIX. El Estado social dio un salto con la llegada al gobierno de partidos socialistas (UK, Francia, Alemania).

Los costes de ese Estado social se externalizaron, mayoritariamente en las colonias, lo que agravó aún más la deuda ecológica, social y económica contraída con ellas. Otro efecto fue la expansión del individualismo, al ser el Estado el que efectúa labores asistenciales, en vez de las familias o de las personas cercanas (efecto explicado muy bien en este libro de Harari).

El mayor control del Estado se materializó con un mayor control del cobro de impuestos, con información detallada de los ingresos de la población, con la creación de cuerpos de policía, con leyes para regular los comportamientos públicos tolerables y para regular el crecimiento de la población. Los Estados han fomentado el crecimiento de ciertos sectores de población pues repercutía en su poder fiscal y bélico. Por otra parte, también intentaron impedir el crecimiento poblacional de ciertos sectores incluso con esterilizaciones forzosas (como hizo el nazismo, por ejemplo). Es decir, los que abogan por un crecimiento de la población suelen esconder sentimientos de xenofobia, porque no están interesados en que crezca cualquier tipo de etnia.

“La naturaleza se explotó con la misma brutalidad que a los seres humanos. (…) El capitalismo había generado fuertes impactos ambientales desde su inicio, impactos que están en el corazón de su funcionamiento”. Pero la agresión empieza a ser realmente intensa con el uso de la fuerza de los combustibles fósiles. El impacto más claro fue en la contaminación del aire que mató a millones de personas, pero también se contaminaron el agua y el suelo.

Además, el consumo de combustibles fósiles implica consumir otros recursos (agua, minerales…). Otras implicaciones impactantes fueron la extensión de los monocultivos, la pérdida de bosques y la desigualdad entre países. La naturaleza se consideraba como un bien inagotable. El capitalismo socavó la autonomía de los pueblos, pero todo esto empeoraría con el uso masivo de petróleo.

6. La era trágica del petróleo

Los autores llaman así a la segunda mitad del siglo XX, cuando, entre otros hechos, se produce el desplazamiento del modelo agroindustrial de la agricultura solar por la petrolera, una explosión demográfica y urbana basada en transporte motorizado, surgen medios de comunicación de masas y estalla la crisis ambiental global.

Del carbón al petróleo

Petróleo y motor de explosión fueron el tándem equivalente al carbón y la máquina de vapor del siglo XIX. Desde 1961 se ha quemado el 90% de todo el petróleo utilizado por la humanidad (dato de 2012). Acoplados al petróleo también aumentó el empleo de gas natural, carbón, energía nuclear, hidráulica y, por supuesto, electricidad, que pasó a ser el principal vector energético. La electrificación fue un salto importante en la industrialización, al ser una energía transportable e instantánea. Además, al ser generada lejos del punto de consumo se hacen invisibles los impactos que provoca.

El salto en el consumo se muestra bien en este dato: “entre 1940 y 1990, la población estadounidense consumió más minerales y combustibles fósiles que toda la humanidad anterior”. Traduciendo los litros de petróleo a trabajo de fornidos trabajadores, de media cada persona usa 20 esclavos energéticos, pero la realidad es que la distribución es muy desigual: Europa llega a 45 por persona, mientras EEUU utiliza 120.

El petróleo desplazó el carbón en algunos usos, por sus características fisicoquímicas, pero también por otras cuestiones como el requerir menos mano de obra y evitar por eso las movilizaciones mineras que sí hubo en el sector del carbón.

La Megamáquina

Se denomina Megamáquina al complejo empresarial-burocrático-tecnológico que otorga gran fuerza a la clase dominante por la fusión de economía, política y técnica. Esto tiene algunas implicaciones importantes:

  • Crecimiento económico gracias al petróleo, lo cual permitió mayor concentración de poder (y de dinero). Ese crecimiento posibilitó crear dinero ligado indirectamente al petróleo barato.
  • Sociedades complejas y dependientes del petróleo. La sustitución de trabajo humano por el de las máquinas, el incremento poblacional y el acceso a energía barata hicieron que pocas personas se dedicasen a conseguir energía y muchas a utilizarla (justo lo contrario que en las economías agrarias). La tecnología es materia, energía y conocimientos condensados y ha creado dependencias de las que es muy difícil librarse. El sistema productivo depende de las máquinas.
  • Desconexión de causas y efectos y una naturalización de la dependencia de las máquinas.

Represión financiera: Multinacionales, el FMI y el BM

La creación de instituciones supraestatales para regir la economía es, en principio, una buena idea, pero el sistema derivó en abusos (algunos de ellos pueden leerse aquí, documentados por Naomi Klein). El incentivo al comercio mundial vino apoyado por dos factores decisivos: la rebaja arancelaria y el abaratamiento del trasporte. La consecuencia fue un aumento del consumo energético y de las emisiones de CO2.

Todo esto también facilitó la globalización y el auge de empresas multinacionales que deslocalizaban sus instalaciones buscando los menores impuestos, salarios y restricciones ambientales. Desde el principio, las multinacionales produjeron múltiples impactos, que pueden resumirse en: i) pérdida de soberanía local y estatal (soberanía alimentaria, energética, política); ii) inseguridad (intervenciones militares por intereses empresariales); iii) control de la economía (dinero público para infraestructuras interesantes para empresas, destrucción de la pequeña economía); iv) colonización cultural; v) impactos ambientales; vi) explotación laboral; vii) control del territorio (privatización, urbanización…); y viii) impactos sobre la salud (contaminación…). Para poner nombre a las multinacionales que abusan exageradamente sugerimos leer este artículo.

No todo fue malo, por supuesto. De esa época también hay éxitos de los movimientos sociales, un capitalismo de rostro humano en el que se internalizaron costes sociales (sanidad, pensiones…). Es el llamado Estado del Bienestar, pero que también trajo consigo la Sociedad de Consumo, apoyada por la producción en masa, la publicidad, el crédito, el aumento salarial de la clase media y la obsolescencia programada.

Por su parte, la descolonización vino acompañada de nuevas formas de control, principalmente por EEUU y URSS: gobiernos supeditados a sus intereses, uso de la violencia cuando lo consideraban necesario, endeudamiento de países pobres (ayudados por el BM) y succión de su riqueza. La globalización tiene el efecto de permitir que el dinero y las mercancías fluyan principalmente hacia las zonas ricas, pero las personas no pueden fluir de igual forma. La diferencia entre la renta per cápita de los países enriquecidos y los empobrecidos entre 1870 y 1989 se multiplicó por 6.

Cuando llegan trabajadores a los países ricos desde los pobres suelen ocupar puestos mal remunerados. Lo mismo ocurre aún con la mujer que sigue cobrando menos que el hombre por el mismo trabajo.

Las crisis energéticas y económicas

El keynesianismo y el neoliberalismo necesitan energía barata. Entre 1973 y 1980 el precio del petróleo se multiplicó por más de 5. Ello se debió a decisiones políticas, no porque la capacidad de extracción no pudiese satisfacer la demanda. Sin embargo, los Estados modernos necesitan del crecimiento económico para cuadrar sus cuentas. Cuando el crecimiento cayó y los costes no lo hicieron, la crisis estaba servida.

La creciente robotización, las nuevas tecnologías y la deslocalización generaron una rebaja en las condiciones laborales. Las empresas redujeron y están reduciendo sus plantillas (los bancos son un buen ejemplo), pero hay alternativas. La mayoría de la inversión en investigación energética se destinó a la energía nuclear y fósil (apenas el 13% fue destinado a renovables y eficiencia). Como decía Harari, la investigación está dirigida por intereses económicos.

Muchos países pobres se endeudaron y cuando subieron los tipos de interés fueron incapaces de pagar la deuda. Algunos países anunciaron que no pagarían (México fue el primero). Entonces, el BM (Banco Mundial) y el FMI (Fondo Monetario Internacional) idearon los Planes de Ajuste Estructural (PAE), un mecanismo para imponer medidas a los países endeudados, a favor de las grandes potencias. Los PAE obligaron a: i) producir para la exportación; ii) devaluar sus monedas para abaratar las exportaciones, el trabajo…; iii) acatar las reglas comerciales; iv) eliminar restricciones a la inversión extranjera; v) pagar la deuda destinando gran parte de los presupuestos; vi) reducir el gasto social; vii) privatizar empresas y recursos; y viii) desregular ciertos sectores (beneficiando a empresas normalmente extranjeras).

Todas esas medidas son lo que Naomi Klein contó en su libo La doctrina del shock (terapia de choque) y se aplicaron en algunos países para hacer cambios importantes aprovechando una fuerte represión de la población o una conmoción (guerra, desastre natural…). “El modelo económico de Friedman puede imponerse parcialmente en democracia, pero para llevar a cabo su verdadera visión necesita condiciones políticas autoritarias”. Allí donde se aplicaron, se generó un “desastre político, social y ambiental, así como una redistribución de la propiedad”, en beneficio del gran capital.

En el comercio internacional se agudizó el sometimiento, aplicando la regla del notario: la producción más contaminante y la menos lucrativa se sitúa en los países pobres. La especulación con materias primas se hace en los países ricos pero afecta más a los pobres, porque el comercio mundial no es una suma positiva en la que todos ganan. De hecho, suele ser una resta en la que pierden todos los países, pues se sostiene por la degradación del entorno en países lejanos o en el propio país.

Las multinacionales penetraron en muchos países imponiendo sus normas, usando la protección arancelaria para sus intereses. La liberalización del comercio y las subvenciones consiguieron hundir ciertos sectores en los países pobres. Incluso, la OMC y el BM crearon mecanismos (como el CIADI) para que las empresas puedan denunciar a los Estados que estorban sus intereses. En España hay un caso reciente: el bufete que contrató a Sáenz de Santamaría gana pleitos a España por las leyes anti renovables que aprobó el gobierno cuando ella era vicepresidenta.

El fenómeno de las puertas giratorias es un mecanismo empleado para que las empresas impongan sus leyes neoliberales. El neoliberalismo ha ganado terreno en muchos países como lo demuestran los resultados electorales y la participación de la “clase media” en la especulación financiera (invirtiendo en bolsa, en inmuebles o en planes de pensiones).

La globalización neoliberal

¿Cómo se reprodujo el dinero? Hubo unas estrategias básicas:

  1. Aumento de la explotación humana (reducir sueldos, aumentar jornada laboral, impuestos regresivos…).
  2. Hacer crecer las deudas (es un truco para reproducir dinero fácilmente). Es una estrategia usada para aumentar el consumo y revitalizar la economía, pero si se supera el límite sobreviene una crisis. El mismo BM ha financiado la construcción de infraestructuras de alto impacto ambiental que endeudan a los países. En muchos casos los estados se endeudan para promover el gasto público, incluyendo gasto militar desorbitado (keynesianismo bélico).
  3. Conquistar nuevos mercados y mercantilizarlo todo, además de privatizarlo. Como explicó Harari, los espacios donde antes actuaba la tribu o la familia, fueron ocupados por el mercado o el Estado (sanidad, pensiones, educación…).
  4. Incrementar la explotación de la naturaleza.

Las empresas se dieron cuenta de que era mejor subcontratar servicios y evadir impuestos en paraísos fiscales. El poder de las multinacionales ha crecido enormemente. Por ejemplo, las empresas que más contaminan con plástico no permitirían leyes que eviten esa contaminación. En España, Ecoembes aglutina esas empresas y su funcionamiento es una estafa sin que ningún gobierno se escandalice.

El dinero se basa en la confianza y dado que la confianza en EEUU es alta, ese país puede fabricar dólares y comprar mercancías por todo el mundo a cambio de papeles (o registros contables electrónicos). La inflación se controló porque el dólar es la moneda con la que se compra la principal mercancía del planeta, el petróleo.

El libro enumera diversos mecanismos para ganar dinero, como son la especulación (comprar bajo y vender alto es una forma de ganar dinero sin aportar nada a la sociedad). Otro ejemplo son las operaciones LBO, operaciones de compra de empresas con muchas deudas y venderlas tras fusionarlas, reestructurarlas o sacarlas a bolsa. También hay trucos para hacer trampas haciendo operaciones especulativas con ordenadores. “El poder no solo reside en quien tiene dinero, sino también en quien consigue que se lo presten, aparenta tenerlo y puede crearlo”.

La bolsa es un espacio regulado y con cierta transparencia pero, a pesar de ello, la especulación es inmensa. Sin embargo, el grueso de las operaciones financieras se realizan en la sombra (operaciones OTC). Los paraísos fiscales facilitan operaciones ilegales garantizando secreto bancario y una baja o nula tributación. Además, su existencia obliga a los Estados a desregular y a reducir sus impuestos porque si no hacen intentarán poner su dinero aún más en los paraísos fiscales o en estados sin muchas trabas (laborales, ambientales…). Por su parte, las multinacionales juegan a un doble juego: intentan escapar de las reglas fiscales sin renunciar a las ayudas públicas.

También tenemos las agencias de calificación, empresas que miden la fiabilidad de otras empresas y gobiernos. Las empresas pagan para que las valoren, lo que genera evidentes conflictos de intereses. La evaluación de un país puede condicionar mucho el precio que ese país paga por su financiación, lo cual ha permitido “jugadas especulativas perfectas”.

Se puede afirmar que los mercados financieros permiten operaciones de suma cero (solo hay beneficios en un sitio si hay pérdidas en otro), que el sistema incluye crisis periódicas inevitables, y que las desigualdades y la degradación ambiental son motores básicos del sistema y de los procesos migratorios. La desigualdad aumenta entre países y entre los ciudadanos de casi todos los países. También hay que citar la corrupción, que empobrece aún más a todos.

Pero no todo es negativo: la esperanza de vida y el acceso a la educación han aumentado, y la pobreza extrema ha disminuido en términos globales. Además el “socialismo real”, la URSS, entró en grave crisis por múltiples motivos (el accidente de Chernóbil, la guerra de Afganistán, la represión interna, las desigualdades, la seducción del capitalismo, el pico del petróleo de los ochenta…). La caída de la URSS supuso aplicar la terapia de choque (mira aquí algunos datos) e influyó mucho en países como Cuba, el cual se vio obligado a aplicar recortes. Unos efectos positivos fueron el impulso cubano a las bicicletas y a la agricultura ecológica o semiecológica, más intensiva en trabajo y menos en pesticidas, especialmente en las ciudades (huertos urbanos). Más aún, La Habana es una de las pocas ciudades que se acercó al cierre de los ciclos de la materia (compostaje…), pero posteriormente se volvió a incentivar la agricultura industrial.

Agricultura industrial, agricultura petrodependiente

Durante la segunda mitad del siglo XX la productividad agrícola se multiplicó por 3-4, pero de forma muy desigual. Las claves de la llamada Revolución Verde fueron la fuerte dependencia de combustibles fósiles (mecanización, fertilizantes y pesticidas), el incremento de tierras agrarias y del regadío, y el uso de variedades híbridas estandarizadas.

Por el contrario, la agricultura tradicional se adaptaba a las condiciones locales y usaba la diversificación para garantizar la suficiencia alimentaria. Los riesgos derivados de la uniformidad (agotamiento del suelo, plagas…) podían parchearse utilizando más cantidades de agrotóxicos. “El objetivo de la agricultura (industrial) dejó de ser la seguridad alimentaria, para pasar a ser la de maximizar el beneficio”.

Esto hizo que el campesinado pasara a ser fuertemente dependiente, pero permitió ahorrar costes de mano de obra, evitar el barbecho y separar la agricultura de la ganadería. Al utilizar fertilizantes sintéticos, los excrementos de la ganadería intensiva se han convertido en contaminantes. En los países ricos se puede hablar de “agricultura sin campesinado, altamente industrializada, que utiliza mano de obra inmigrante en condiciones de hiperexplotación”. Además, en esos países el despilfarro de alimentos es altísimo.

Las subvenciones agrarias (como la PAC en Europa) han sido destinadas a abaratar la alimentación, sin importar ni la calidad ni el medioambiente. La despoblación del campo ha facilitado la mano de obra a los sectores industriales y de servicios de las ciudades. Los subsidios han tirado los precios (a veces por debajo del coste de producción), lo que ha generado pérdidas en los agricultores de regiones empobrecidas (véase el caso de la leche). Se ha “obligado” a que los Estados pobres se especialicen en producir materias primas, con menor valor, a costa de perder su soberanía alimentaria. A cambio, “un puñado de empresas controlan la producción y la comercialización” (con consecuencias nefastas).

Las técnicas modernas tienen graves consecuencias como son, por ejemplo:

  • acidificación y salinización de las tierras (especialmente donde se abusa del regadío),
  • aumento en el consumo de agua,
  • pérdida de biodiversidad (los plaguicidas matan más especies buenas o neutras que malas),
  • contaminación de la comida, del suelo y del agua,
  • eutroficación por los abonos,
  • pérdida de variedades locales bien adaptadas,
  • aumento de emisiones de GEI (pérdida de bosques, fabricación de abonos, uso de energía, distribución de alimentos a largas distancias…),
  • cultivos transgénicos, que tienen una problemática particular (abuso de agrotóxicos, contaminación genética, patentes biológicas…).

“La agricultura ha dejado de ser una fuente energética para convertirse en un vector energético para que los cuerpos humanos puedan metabolizar los combustibles fósiles”. Estamos convirtiendo petróleo en comida perdiendo mucha energía en el proceso y generando graves impactos ambientales. “Estos impactos se agravan por dietas crecientemente carnívoras” (sin considerar el maltrato animal que ello conlleva, incluso al consumir huevos o productos lácteos).

Aun así, la agricultura campesina sobrevivió porque es más un estilo de vida que un negocio, propiciando el comercio local, controlando sus semillas, usando menos maquinaria, etc.

La energía fósil permitió el Boom demográfico y la urbanización

El crecimiento demográfico de la segunda mitad del siglo XX no tuvo precedentes y “no se volverá a repetir”. Las causas principales fueron la mejora en la alimentación, la higiene (depuración de agua…) y, en menor medida, la medicina moderna. Esas tres causas necesitan energía fósil (barata). Los países ricos tienen menor crecimiento porque los hijos se ven como un “gasto” y no trabajan hasta que no tienen bastantes años (y cuando lo hacen suele ser para ellos, no para la familia). La ciencia ha determinado que la superpoblación es uno de los mayores problemas ambientales. Por otra parte, la escolarización femenina también ha influido sustancialmente.

Las migraciones en esa época también fueron mayores que en cualquier otro momento de la historia. Especialmente, las migraciones del campo a la ciudad fomentaron un crecimiento en la urbanización mundial, creando megaciudades, en las que casi siempre hay barrios de miseria y gentrificación. Las ciudades tienen un alto impacto ambiental por muchos factores (su excesiva iluminación, por ejemplo) a pesar de que sabemos qué hacer para que una ciudad sea sostenible.

Las grandes infraestructuras han beneficiado actores privados a costa de endeudar a los Estados y de reforzar la industria de la construcción. Endeudarse para tener una casa y un coche también ha sido visto como una forma de atemperar las luchas.

Los autores hacen esta tajante afirmación: “Esta es la era (efímera) de la hipermovilidad, en la que las distancias que recorre una parte importante de la población, y sobre todo las mercancías, se han disparado gracias al petróleo”. A pesar de la evidente contaminación e insostenibilidad, el uso del vehículo privado y del avión no ha dejado de crecer, incluso con el apoyo estatal (para coches y aviones), lo que ha generalizado un turismo poco sostenible.

El coche ha permitido separar los lugares donde se vive, donde se trabaja, donde se compra y hasta donde la gente se divierte. El coche ha cambiado la forma de configurar la ciudad, haciéndola más contaminada y poco sostenible (véase el caso de Málaga). Además, está generando un autentico “drama humano” al unir las tasas de mortalidad y enfermedad que provoca la contaminación y los accidentes. El transporte más ecológico, el tren convencional (no el de alta velocidad), ha sido el gran perdedor en esta carrera por la comodidad. La construcción de carreteras y autovías fracciona el territorio y supone una inmensa pérdida de biodiversidad.

El libro resalta el surgimiento de una indignación y una crisis social que genera “explosiones del desorden“, por el desempleo, el patriarcado o la disminución de la “clase media” debida a las políticas neoliberales. Esas revueltas han sido contestadas con medidas represoras contra la población mayoritaria, mientras se evita controlar la delincuencia de altos vuelos (como el fraude o los paraísos fiscales).

La sociedad de la imagen: la TV como “arma de distracción masiva”

La radio, la televisión, internet, el cine, el deporte como espectáculo… han convertido al siglo XX en el siglo de la imagen, por encima de la escritura o el sonido. Es decir, predomina “la información menos estructurada y más espectacular”. A pesar de la sobreabundancia de información, los medios de comunicación se usan para influir en la gente y “todo ello no se hubiera podido producir sin energía eléctrica”. “La televisión posibilitó arrinconar todavía más la cultura popular” y hacer crecer la sociedad de consumo, gracias a la publicidad. Algunas de sus características son: constante generación de nuevos deseos, exaltación de las marcas por encima de los productos, obsolescencia (física y psicológica), productos de “usar y tirar“…

La televisión, junto con los vídeos o series de Internet, consiguen engañar al cerebro: mezclan ficción y realidad; y el sistema nervioso no diferencia entre imágenes reales y virtuales. Además, hay cierta adicción a esa forma de pasar el tiempo sin apenas moverse ni influir en nada, más bien dejándose influir. Los videojuegos, por su parte, “han mostrado la irrelevancia de la acción” (de esa acción). Incluso los informativos, favorecen unas cosas frente a otras: informar del acontecimiento frente a sus causas, las malas noticias frente a las esperanzadoras, el consumo frente a la austeridad…

“La publicidad induce una autoimagen negativa en las personas para alimentar el consumismo” y “las personas materialistas tienen una mayor probabilidad de sufrir desórdenes psicológicos”.

Internet, por supuesto, tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, el conformar “la mayor fuente de información al alcance humano que jamás haya existido”. Por otra parte, la globalización ha permitido proyectar con más fuerza los valores e intereses de los países ricos. Google, Facebook o Twitter han permitido más libertad de expresión, “más democracia, pero también más ruido y dificultad para gestionar la información”. Hay más emisores, pero no necesariamente más pluralidad. Internet también ha supuesto nuevas formas de control de la población y también de mecanismos para enfrentarse al sistema, como lo demuestran el movimiento antiglobalización, el indignado o el caso Wikileaks. No obstante, no debemos olvidar que “las potencialidades son mayores para las grandes corporaciones que para la ciudadanía”.

Junto con el poder de la imagen, se usa también la palabra manipulada para engañar a la ciudadanía. Así, se habla de “guerras humanitarias”, de “crecimiento sostenible” o de “inversión en infraestructuras“. Se ha conseguido convertir en casi sinónimos las palabras progreso y crecimiento (económico). Dado que el crecimiento se mide con el PIB, cualquier cosa que suba el PIB es buena porque produce crecimiento. En cambio, la medida del progreso se ha eliminado (aunque existen interesantes medidas como el IPG u otras). No importa  que para incrementar el PIB se aumente la degradación ambiental.

Se ha conseguido inculcar en la ciudadanía que el desarrollo (crecimiento) de los países ricos permite resolver los problemas ambientales, pero desarrollo sostenible” se ha convertido en un oxímoron porque se impone el desarrollo sobre la sostenibilidad. Las medidas neoliberales no han funcionado. Se ha pretendido mercantilizar las funciones ecosistémicas: “Quien contamina paga” y “Quien conserva cobra” (esto último ha tenido buenos resultados en Costa Rica). “Bajo el paraguas del mito del desarrollo llegaron a legitimarse invasiones por medio de las intervenciones humanitarias”. Cuando se afirma que el crecimiento es esencial para el desarrollo se está obligando a destrozar el medioambiente, normalmente para el enriquecimiento de unas élites. De ahí que se considere un escándalo la pobreza, pero no la riqueza, como si no estuvieran relacionados. En definitiva, el desarrollo esconde una triple falacia: que es bueno, que es posible para todos y que es factible en un planeta limitado.

El modo de vida altamente insostenible y basado en la explotación ajena hace que actos aparentemente nimios de consumo (encender el aire acondicionado, comprar una camiseta) tengan fuertes impactos (cambio climático, trabajo infantil). Esto facilita el derrumbe moral, la sensación de la incapacidad de actuar éticamente” (aunque eso sea quizás lo único que podemos controlar totalmente). No interesa que se sepa que para construir cualquier aparato electrónico hay que extraer, procesar y transportar unas 1.000 veces su peso en materiales, con unos impactos ecológicos elevados, con residuos contaminantes y una altísima demanda de energía eléctrica. Leer un periódico on line o colgar un vídeo tiene un coste energético por el que no se paga. Se suponía que las TIC ahorrarían papel pero el efecto rebote ha hecho que se consuma más aún, así como todo tipo de materiales que nos dicen que son reciclables pero no nos dicen que su reciclado es tan caro que no compensa.

El Estado social/liberal

Tras la II Guerra Mundial se van consolidando Estados sociales: el gasto central dejó de ser el militar y fue el social, se abolió la pena de muerte en muchos países… Así, se vivió un periodo de tranquilidad y prosperidad material sin precedentes coincidiendo con la etapa de mayor crecimiento del consumo energético per cápita de crudo, sin olvidar la explotación de la naturaleza, del trabajo de cuidados de las mujeres, y de los países empobrecidos.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) nace en 1945 en un clima posbélico y permitió la negociación de las tensiones sin recurrir al enfrentamiento armado entre Estados permitiendo avances como la Declaración sobre Derechos Humanos (1948).

Por otra parte, las medidas liberales aumentan la libertad de las empresas mientras que los Estados pierden “capacidad de decisión real sobre aspectos fundamentales que rigen la vida de la ciudadanía”. Un ejemplo son los tratados de libre comercio (como TLCAN, o TTIP) que instauran libertad de mercado y de movimiento para mercancías y servicios, pero no para las personas (una globalización a medias). Para evitar las migraciones se han levantado múltiples vallas, pero las migraciones no son solo por causas económicas y políticas, sino, cada vez más ambientales (en 2013, 22 millones de personas tuvieron que desplazarse por desastres naturales, tres veces más que por conflictos y el doble que 40 años atrás).

También, las competencias en los Estados se han ido descentralizando, perdiendo el Estado aún más poder, lo cual se une a otras pérdidas (la capacidad de crear dinero, empresas privatizadas…). Todo esto obliga a los Estados a pedir dinero prestado (a diario), lo cual no es sostenible ni deseable, por no hablar de los casos de corrupción.

A pesar de todo eso, los países centrales gozaron de “estabilidad” al desactivarse conflictos sociales (pactos empresas/sindicatos, aumento del nivel de consumo, individualismo…). También hubo movimientos reivindicativos, como la Revolución del 68, tal vez el más internacional, que se atrevió a criticar la sociedad de consumo. Hubo también otros movimientos anteriores y posteriores a ese, tales como los de lucha por los derechos civiles y por los derechos humanos, movimientos antiguerra, revolución sexual, feminismo, movimiento hippy, movimiento ecologista, Teología de la Liberación (comprometida con los más marginados), movimiento LGTBIQ (por los derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales y movimiento Queer, que afirma que la identidad sexual es una construcción social y, por tanto, no hay roles biológicos en la naturaleza humana), nuevas espiritualidades (algunas de origen oriental), movimientos indígenas (como el nuevo zapatismo de México: antidesarrollista y en defensa de la Pachamama), movimientos antiglobalización contra los desmanes de empresas transnacionales

También hay que citar lo que los autores llaman antimovimientos sociales, tales como el fascismo o diversos fundamentalismos religiosos. Suelen tener en común su desprecio al feminismo, al movimiento homosexual y a los inmigrantes.

Siglo XX: Capitaloceno, más que Antropoceno

El Holoceno es la etapa histórica cuyo comienzo coincide con el inicio de la agricultura (los últimos 12.000 años). En los últimos años, una única especie ha acaparado los recursos del planeta y ha generado cambios tan profundos que procede cambiar de era geológica (cambios en el clima, en la composición del agua, en los ecosistemas, en los paisajes, en la biodiversidad…). La nueva era se ha llamado Antropoceno, pero los autores piensan que debería llamarse Capitaloceno, porque “la mayoría de la historia de la humanidad no ha sido la de la depredación de la naturaleza. Ha sido el capitalismo el que ha implicado un cambio cualitativo y estructural”.

En palabras de Daly, en el siglo XX se pasó de un mundo con abundancia de recursos y sumideros a otro descrito por la escasez y la saturación. La producción mundial se multiplicó por más de 50, la población se disparó, al igual que ocurrió con el consumo de todo tipo de recursos no renovables (materiales y energéticos). Los autores advierten que “las personas más enriquecidas son las principales responsables de este ecocidio (…): desde el comienzo del Capitaloceno el consumo de unas pocas personas es responsable de unas 3 veces más impacto ambiental que el crecimiento demográfico”. En 2010, el 10% más enriquecido acabaraba el 40% de la energía y el 27% de los materiales. Por citar algo más, los ricos viajan más en avión o, incluso, tienen su propio avión (aunque los vuelos low cost han generalizado esos lujos a costa de serios daños).

También se menciona el consumo excesivo de las ciudades y del transporte motorizado, aprovechando el poder de las economías ricas para extraer materiales de las zonas empobrecidas y llevar allí los residuos. La industria solo recicla el 6% de los materiales que extrae del planeta. Particularmente, la industria química lanza al mercado sustancias tóxicas sin evaluar su impacto. “El principio de precaución brilla por su ausencia” y los accidentes industriales son frecuentes (en la industria química, en centrales nucleares, vertidos de crudo…).

El consumo de agua se multiplicó por 10 en el siglo XX, principalmente por la agricultura industrial de regadío. También hay que citar las actividades de ocio (campos de golf, piscinas…) y la importación de agua desde otros países en forma de mercancías y alimentos (huella hídrica). Para agravar más el tema, la depuración de aguas residuales solo se hace en unas cuantas ciudades y de forma parcial (determinados contaminantes no se eliminan), lo que provoca serios problemas (eutroficación entre otros, como ocurrió en el colapso del mar Menor en España). Los autores también estudian el alto impacto ambiental de las presas y los problemas de privatizar el agua.

Resumiendo, la contaminación se intensificó, primero por zonas pero luego globalmente. Aquí algunos problemas significativos:

  • La lluvia ácida afectó gravemente a bosques, tierras, lagos y ciudades.
  • La capa de ozono estaba reduciéndose, pero afortunadamente el Protocolo de Montreal sirvió para tomar medidas, siendo un ejemplo de que se pueden hacer las cosas bien.
  • Los GEI (Gases de Efecto Invernadero) se dispararon y no se hizo prácticamente nada a pesar de algunas cumbres mundiales.
  • Revolución Verde: La agricultura industrial “consume bastante más energía que la que produce, en contraste con la agricultura tradicional”. Los problemas son enormes (agotamiento, erosión, eutroficación, pérdida de biodiversidad…), especialmente agravados por los monocultivos y los transgénicos.
  • Deforestación: “Desde 1950 la deforestación con maquinaria se cebó de forma prioritaria en las selvas tropicales”, para producir soja y aceite de palma, como dos buenos ejemplos de consecuencias desastrosas: pérdida de biodiversidad, de lluvias y de suelo fértil… Las plantaciones arbóreas artificiales (de eucaliptos para la industria papelera por ejemplo) no son bosques sino monocultivos. A esto hay que sumar el troceamiento de territorio forestal por las carreteras, lo cual dificulta la supervivencia de muchas especies.
  • Pesca esquilmada: “El 80% de las poblaciones mundiales de peces se encuentran sobreexplotadas”. La producción de pescado ha seguido aumentando por la acuicultura, lo cual tiene importantes impactos socioambientales. También se usan técnicas de pesca muy agresivas, como la pesca de arrastre, que conlleva una alta mortalidad de todo lo que viva en el fondo marino.
  • Turismo lejano y abusivo: La afluencia masiva de turistas añade presión a muchos territorios frágiles. El turismo responsable debe cumplir normas evidentes, como no viajar en avión.
  • La Sexta Extinción de especies ya está en marcha: El ritmo se calcula unas 10 veces superior a la de las 5 grandes extinciones previas. Pero esta es la única provocada por una especie descontrolada. Las especies invasoras son también culpa del ser humano (casi siempre).
  • Los límites planetarios: Hemos sobrepasado 4 de los 9 procesos básicos de la Tierra. Antes de la Revolución Industrial la concentración de CO2 era de 280 ppm. Actualmente supera 400 ppm y debería reducirse urgentemente a 350 ppm. El ser humano ha trastocado los ciclos de algunos elementos importantes (como el nitrógeno o el fósforo). A la biosfera le costaría más de 1,5 años generar aquello que la humanidad consume en 1 año (véanse los informes Planeta Vivo). El ser humano está agotando las reservas del planeta y cuando se agoten no podremos pedir préstamos.

“El problema no se ve porque no se quiere ver”, sostienen estos autores. “Es más cómodo no encarar los profundos cambios vitales que implica el Capitaloceno. (…) Se ha repetido machaconamente que el crecimiento económico posibilita, gracias a la tecnología, caminar hacia una mayor sostenibilidad medioambiental, al tiempo que acabar con la pobreza”. Sin embargo, parece que todo eso es falso, que la tecnología ha generado unos problemas que la tecnología no puede resolver salvo reduciendo su uso en bastantes aplicaciones. Los que no ven los problemas es porque los impactos se han alejado y ocultado, no salen en los anuncios de publicidad.

Tenemos conocimientos cientíticos para conocer lo que está pasando, pero no se toman medidas para evitarlo. “En el siglo XXI, lo «invisible» se hará claramente visible”. En el Volumen II se hablará más aún de la degradación ambiental como factor determinante de la Crisis Global.

En el Volumen II de esta obra (cuyo resumen también publicaremos en Blogsostenible) se trata la situación del siglo XXI (capítulos 7 y 8) y se analizan posibles futuros de la humanidad (capítulo 9).

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Los productos nocivos para la salud o el medioambiente deben indicarlo en su embalaje con etiquetas claras

La comida basura no se vendería si nadie la comprara. Igualmente, si nadie comprara a empresas que dañan el medioambiente, que defraudan, o que maltratan animales o personas, esas empresas no existirían. Sin embargo, empresas así existen.

Obviamente, los consumidores tienen una responsabilidad ineludible. No obstante, la responsabilidad del gobierno es mucho mayor. Primero porque tienen más poder, y segundo porque el trabajo del gobierno es cuidar de su gente. Esa es su obligación. Para eso les pagamos. No lo olvidemos.

Las fotos y advertencias en las cajetillas de tabaco han evitado que mucha gente fume. ¿Por qué no extender ese mecanismo a otros productos?

El caso de Chile

Etiquetas obligatorias en los alimentos de chileDesde 2016, en Chile es obligatorio etiquetar los alimentos nocivos. Hay cuatro etiquetas que deben estar claramente visibles en el embalaje:

  • Alto en azúcares
  • Alto en calorías
  • Alto en grasas saturadas
  • Alto en sodio (sal)

Los productos con alguna de estas etiquetas no pueden venderse en colegios y los profesores alientan a los niños para que no consuman esos productos.

Esos alimentos tampoco pueden anunciarse en TV, ni en webs infantiles, ni en cines, ni en radio… También se han aumentado los impuestos: las bebidas con alto contenido azucarado ahora tienen un impuesto del 18%, una de las tasas más altas del mundo.

Por supuesto, el gobierno chileno recibió presiones de las empresas, pero finalmente se preocupó más por la obesidad y por la salud de su pueblo. Gracias a eso, los ciudadanos empezaron a cambiar sus hábitos de consumo, pero además, las empresas también cambiaron. Por ejemplo, las empresas de bebidas o de cereales han cambiado sus fórmulas para evitar tener que poner alguna de esas cuatro etiquetas. Así por ejemplo, todas las bebidas de la empresa Coca-cola tienen menos azúcar en Chile que en Europa. ¿Sabías que el azúcar es un alimento adictivo además de nocivo?

¿Tendrá esta medida influencia en la diabetes y en la hipertensión de Chile? Todos los expertos están convencidos de que sí. Por tanto, esa medida es beneficiosa, no coarta la libertad de nadie, ni hace daño a nadie (salvo a las empresas que no se preocupan de la salud).

El caso del planeta

No es cierto que no haya dinero para afrontar la crisis ambiental. Lo que no hay es voluntad. Téngase en cuenta que el precio de no actuar es superior: lo estamos pagando con nuestro dinero y con nuestra salud.

Eliminar paraísos fiscales (o controlar el fraude un poco al menos), además de poner impuestos adecuados permitiría al gobierno recaudar mucho dinero sin apenas afectar a las clases medias o bajas.

Deberíamos etiquetar los productos alimenticios con las etiquetas que usa Chile para advertir de productos poco sanos. Pero además, también debemos etiquetar los productos que implican graves daños al medioambiente, bien por su forma de producción, o bien porque viajen más de (pongamos) mil kilómetros desde nuestras fronteras.

Ya hay métodos para calcular la huella del transporte, la huella ecológica, la huella de emisiones, o la huella hídrica. Los productos deben indicar al menos algunos de esos valores, así como ingredientes conflictivos (como el aceite de palma). La minúscula letra de “ingredientes” es insuficiente. Primero porque no se puede apenas leer (menos aún a partir de cierta edad), segundo, porque los ingredientes indeseables quedan ocultos bajo nombres poco conocidos, y tercero, porque los ciudadanos pagamos al gobierno para que vele por la salud pública.

Lo que proponemos implica un gasto extra para las empresas, pero tenemos derecho a protegernos de sus malas prácticas. Las empresas más afectadas son multinacionales que no se van a arruinar. El caso de Chile lo demuestra.

¿Y si etiquetamos también aquellos productos que implican maltrato animal? ¿O acaso preferimos no saberlo? Téngase en cuenta que maltratar animales implica también maltratar nuestro medioambiente.

Es cierto que el consumidor tiene su parte de responsabilidad, pero el gobierno tiene una responsabilidad aún mayor. Tenemos que exigir medidas adecuadas. Las grandes empresas, esas que cotizan en bolsa, solo van a ser éticas si se les obliga. Por desgracia, aún no se valora adecuadamente la RSE.

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#Rebajas y #Consumismo. Compra menos para ahorrar dinero y daños ambientales: ¿Es malo comprar barato?

Lo que compras tiene su huella ambiental: ¿La conoces?

Lo que compras tiene su huella ambiental: ¿La conoces?

Las empresas saben que rebajando los precios durante un tiempo limitado las ventas crecen. Por eso hay periodos de rebajas, el Black Friday, el Cyber Monday, etc. En muchos casos, las tiendas suben los precio para poder rebajarlos esos días. En otros casos, se fabrican productos de peor calidad para venderlos a precio rebajado. La gama de estafas es amplia.

Las rebajas en los precios no se hacen para que compremos más barato sino para que compremos más cantidad. Las rebajas no se hacen para que los ciudadanos vivan mejor, sino para dar salida a productos que, de otra forma, no se venderían. La gente que compra en rebajas suele decir que compra barato lo que se iba a comprar de todas formas. Sin embargo, las tiendas saben que en la mayoría de los casos, eso es falso y que la gente compra lo que no necesita solo porque está “más barato”.

Ninguna tienda rebajaría el precio si vendiera sus productos al precio original. Es decir, si rebajan el precio es porque saben que en caso contrario, no venden. De hecho, a veces es tan difícil vender productos rebajados que los grandes almacenes tiran centenares de productos cada año. Por ejemplo, la multinacional Amazon de venta en Internet fue descubierta destruyendo multitud de productos que no conseguía vender. Tras ese escándalo empezó (solo en algunos países) una campaña de donación de algunos productos, pero realmente es imposible de controlar si lo dona todo o solo una mínima parte para quedar bien.

Comprar por Internet puede ser muy cómodo pero no es ecológico: multiplica los transportes (con todos sus efectos contaminantes), destruye el comercio local, genera mayores ingresos a las empresas más grandes (aumenta la desigualdad), dispara el consumo de embalajes, multiplica las compras compulsivas e innecesarias… Tener una tienda abierta todo el día en nuestra propia casa fomenta el consumismo más que el consumo responsable. Tal vez, la única compra responsable en Internet es si compras directamente al productor, el cual te manda el producto desde menos de unos mil kilómetros.

Entonces… ¿tenemos que dejar de comprar en rebajas? Obviamente no es eso lo que estamos diciendo. Lo que se propone desde el ecologismo y desde el consumo responsable es pensar bien antes de comprar. Tenemos que ser conscientes de que cada compra que evitamos ayuda a reducir el impacto ambiental de la industria. Durante la fabricación de algunos productos se genera más basura y emisiones tóxicas (minería, ensamblaje…) que cuando se usan esos productos (en toda su vida). Es decir, lejos de nuestra vista y lejos de la publicidad hay daños ambientales que quieren ocultar y que solo ven aquellos que quieren verlos.

Por ejemplo, unos pantalones han requerido miles de litros de agua para regar sus materias primas, gasolina para transportes, electricidad para producirlos, tintes para darles color (que acaban en los ríos y mares)… y si son baratos, posiblemente han abusado de las personas que los hacen (normalmente mujeres). Sabiendo todo eso… ¿cuántos pantalones necesitamos si tenemos en cuenta que solo tenemos un cuerpo y una vida?

Usar la ropa aunque esté vieja reduce el impacto de la segunda industria más contaminante del planeta. Más aún, cada vez más gente se une a la moda ecológica de NO planchar.

♦ Te gustará también:

  1. Elogio de la procrastinación (o contra el vicio de comprar).
  2. Libro “Ecos… lógicos, para entender la Ecología” por Joaquín Araújo (Resumen).
  3. Libro “Vivir (bien) con Menos” de Linz, Riechmann y Sempere (Resumen).
  4. Libros “Comerse el Mundo” y “Tiempo para la Vida” de Jorge Riechmann (Resúmenes).
  5. Artículos sobre decrecimiento.
  6. Sobre consumo responsable:

 

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Premio Blogsostenible para proyectos ambientales/animalistas (BASES)

Este año, Blogsostenible cumple 10 años y queremos hacer un esfuerzo para celebrarlo.

Se convoca el primer premio Blogsostenible para pequeños proyectos ambientales y/o animalistas, dotado con hasta 1000 euros, bajo las siguientes

BASES de los Premios Ambientales Blogsostenible

  1. Solicitantes: Podrá optar al premio cualquier organización, persona particular mayor de edad o grupo de personas lideradas por una de ellas mayor de edad.
  2. Premios: Consistirá en hasta 1000 euros para llevar a cabo un proyecto ambiental o animalista. La entrega del premio no se hará de forma completa en un único momento, sino que podrá hacerse en dos o más partes según el proyecto vaya avanzando y se vaya demostrando su progreso. El premio podrá repartirse entre distintos proyectos ganadores.
  3. Hay que enviar un resumen del proyecto en un documento PDF de UNA PÁGINA dejando muy claro lo siguiente:
    • Objetivo del proyecto: Indicar qué se pretende y el presupuesto necesario (que puede ser menor al máximo de 1000€).
    • Datos del solicitante. Hay que indicar dirección física postal, correo electrónico y un teléfono de contacto de la persona que lidera el proyecto. Si se tienen redes sociales, indicar todas ellas.
    • Fases del proyecto, indicando a qué se destinarán los fondos que se concedan, su cuantía y el plazo para cada fase. Se valorará que el proyecto se presente de forma compacta y no como parte de un proyecto más grande del que dependa su éxito. O sea, no importa que sea parte de un proyecto mayor, siempre que el éxito de la parte presentada no dependa del éxito del proyecto completo. Si se solicita el premio completo (1000€), entonces el proyecto deberá dividirse al menos en dos fases, mostrando las cuantías necesarias y la duración de cada una de ellas. Se valorará que cada fase sea independiente, pues podría concederse el premio solo para una fase.
    • Lugar del proyecto. Se valorará que sea en un lugar lo más cercano posible a Málaga y nunca fuera de la Península Ibérica. Queremos visitar el proyecto y no viajaremos en avión, por motivos ambientales bien conocidos.
    • Otros: Se tendrán en cuenta aspectos tales como otros medios que ya se tengan para el desarrollo del proyecto, impacto real en la sociedad/planeta, experiencia anterior, o la originalidad del proyecto presentado.
    • Ideas: Se admiten todo tipo de proyectos ambientales y/o animalistas, desde la creación de contenidos para internet (vídeos, webs…), hasta campañas de concienciación, plantar árboles, o construir algo (nidos…).
    • Restricción: No se admitirán propuestas de familiares (hasta tercer grado) de los miembros del jurado.
  4. Propuestas: Se enviarán exclusivamente por correo electrónico con el Asunto  «PREMIO AMBIENTAL Blogsostenible 2020», antes del 29 de Febrero de 2020. La dirección de envío es: 
  5. El proyecto o proyectos ganadores se comprometen a:
    • Efectuar el proyecto siguiendo las directrices indicadas en la solicitud, salvo causa de fuerza mayor. Se debe pedir siempre permiso por correo electrónico para cualquier modificación. El proyecto debe estar terminado antes del 1 de Diciembre de 2020.
    • Cualquier sobrecoste debe ser asumido por los ganadores del proyecto, pues si el proyecto no se termina se puede pedir la devolución del premio.
    • Cumplir la legislación vigente y conseguir los permisos que sean precisos.
    • Divulgar entre sus seguidores/redes sociales que han conseguido el premio y a qué lo van a destinar, así como informar públicamente del avance del proyecto y de su finalización.
    • Entregar las facturas que sean requeridas de forma diligente.
    • Escribir al menos un artículo explicando el proyecto: desarrollo, problemas encontrados, éxito o impacto positivo conseguido, inconvenientes, líneas de actuación futuras, etc. El artículo debe estar terminado y enviado antes del 10 de Diciembre de 2020. Los editores se reservan el derecho a publicarlo o no, pudiendo hacer cambios menores al mismo.
    • Se valorará que en la solicitud se incluya el compromiso de efectuar un vídeo sobre el proyecto, que podremos publicar en nuestro canal de YouTube, en Instagram o en otras plataformas.
    • Todo el material intelectual generado será de difusión libre, sin derechos de autor.
  6. El jurado estará formado por el equipo que formamos Blogsostenible y quienes se designen para esta labor. La decisión no se podrá apelar y el jurado podrá optar por conceder el premio a varios proyectos siempre y cuando la división del premio tenga sentido en dichos proyectos. De ahí la conveniencia de dividir el proyecto en fases.
    • El jurado podrá dirigirse al solicitante para requerir más información, si fuera necesario.
    • Se podrá ampliar la fecha para la solicitudes o dejar el premio desierto.
    • Se reserva el derecho a hacer los cambios que se estimen convenientes, siempre velando por el mayor compromiso ambiental/animalista.
    • El proyecto o proyectos ganadores serán informados por correo electrónico y todo seránpublicado en este mismo artículo.
  7. Si quieres colaborar patrocinando este o futuros premios, contacta con nosotros. Seguro que recibimos ideas interesantes que se quedarán sin efectuar por falta de un puñado de euros. ¿Te animas?

Proyectos ganadores

Aquí indicaremos el proyecto o proyectos ganadores y los datos de su avance conforme vaya avanzando.

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El medioambiente se hunde: Medidas superficiales no son suficientes

El mar Menor es un ejemplo de lo que está pasando a escala mundial: Hace años que sabemos los problemas, sabemos las soluciones y, en cambio, nadie hace nada. La muerte de peces expresa la muerte del planeta.

El mar Menor es un ejemplo de lo que está pasando a escala mundial: Hace años que sabemos los problemas y las soluciones. En cambio, nadie hace nada. La muerte de peces representa la muerte del planeta.

Las noticias sobre desastres o problemas ambientales y de salud son ya diarias y muy graves. No es raro que unos caigan en la ecoansiedad y otros en la protesta constante. Por citar unos ejemplos, tenemos…

También hay, por otra parte, buenas noticias que inspiran a caminar en la buena dirección. Las buenas noticias nos parecen pocas y de alcance limitado. Por tanto, necesitamos medidas contundentes. Tan contundentes que solo un gobierno plenamente consciente de la realidad será capaz de liderar. No es cierto que la ciudadanía no quiera cambios radicales. Las recientes manifestaciones por el Planeta y durante la COP25 demuestran que la comunidad internacional, y los españoles en particular, estamos dispuestos a aceptar cambios sustanciales, incluso aunque sean incómodos o caros para el bolsillo.

En España, una reciente encuesta mostró que el 84% de la población no cree que los compromisos actuales para luchar contra el cambio climático sean suficientes para limitar “los peores impactos” y que el 83% se muestra de acuerdo con la afirmación “España debe tener objetivos de reducción de emisiones para todos sus sectores económicos, aunque ello suponga mayores costes para las empresas y para los consumidores durante algunos años”. Además, el 82% se declara “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con reducir las emisiones aunque suponga usar cada vez menos el coche.

Necesitamos medidas decisivas y los gobiernos no están entendiendo lo que queremos ni lo que necesitamos. ¿Qué tipo de medidas serían necesarias? Para empezar, una fiscalidad verde que obligue a pagar más al que más contamina. Además, esos impuestos deben subir cada año.

Los derrotistas que dicen que es imposible aplicar medidas radicales se equivocan. El ser humano ha sido capaz de contaminar el planeta y tenemos que ser capaces de detener este proceso.

Los políticos que no son capaces de afrontar el problema deben echarse a un lado y dejar que otros lideren el cambio. El Green New Deal es un llamamiento a adoptar políticas sostenibles: es posible hacerlo y, además, es rentable siguiendo lo que dicen los científicos y no los empresarios o los gobiernos actuales. Aunque, por supuesto, siempre se puede pervertir. El científico Antonio M. Turiel dice que: “El Green New Deal es un fiasco total. No tiene ningún sentido, no aborda en absoluto los problemas reales que tenemos. (…) No se puede mantener el capitalismo tal y como lo hemos entendido en las últimas décadas”.

Ejemplos de medidas ejemplares

Echa un vistazo a los vídeos de nuestro canalNecesitamos líderes fuertes, que sepan adoptar y argumentar medidas drásticas pero necesarias (es decir, que sepan liderar).

Veamos algunos ejemplos de este tipo de medidas. Si alguien no entiende alguna de las siguientes medidas, tal vez es porque aún no ha entendido la gravedad del problema al que nos enfrentamos. No es un problema solo del clima. Es un problema de “colapso ambiental” de la biosfera.

  1. Envases de usar y tirar: Dado que no se pueden prohibir de forma inmediata, se puede establecer un impuesto por cada producto de usar y tirar. Ese impuesto irá creciendo año tras año, de forma que las empresas perciban que les interesa pasarse, cuanto antes a los envases reutilizables. Una propuesta completa está en este vídeo.
  2. Aviones: Tampoco se pueden prohibir, pero sí se pueden prohibir los vuelos de menos de dos horas siempre que haya alternativas ferroviarias, eliminar totalmente las subvenciones y conseguir que viajar en tren no sea más caro que en avión. Tal vez mucha gente ignora lo que contamina viajar en avión. Viajar en avión es la prueba de lo barato que es contaminar.
  3. Macrogranjas: La contaminación de estas industrias es exagerada. Hasta el punto de que ni ellas mismas saben qué hacer con tantos purines, dándose casos como el de Santomera (Murcia), donde una granja con varias condenas por vertidos aprovechó las lluvias torrenciales para hacer más vertidos intentando que con las lluvias no se notara. Las emisiones de metano también deben contarse como impacto ambiental.
  4. Lo que comemos impacta demasiado: Ya hay informes científicos suficientes que advierten del error que supone comer tanta cantidad de carne y pescado como la que se consume actualmente. El impacto es terrible y urge reducir esa cantidad. Hay muchas ideas para eso, pero para que tengan efecto hay que aplicarlas. No se puede permitir que en ciertos sitios no haya menús veganos, y donde haya un menú se deben exigir varios días de comida vegana exclusivamente (colegios, hospitales, universidades…).
  5. Reducir la jornada laboral: ¿Qué tiene que ver esto con el medioambiente? Pues mucho. Gastar menos y trabajar menos horas son dos actos que reducen, en general, el impacto ambiental. Por supuesto, depende de cada tipo de trabajo, pero en general trabajamos más de lo que necesitamos para comer y vivir tranquilamente. El resto del dinero lo empleamos en generar daños ambientales (viajes, compras innecesarias…). Una economía sostenible requiere trabajar menos horas y, por supuesto, ganar menos dinero, especialmente en los puestos mejor remunerados y respetando siempre el salario mínimo. Además de reducir las compras innecesarias, eso conseguirá también repartir mejor el trabajo y reducir la desigualdad, lo cual es un grave problema social. Ya hay partidos que piden una reducción a las 34 horas semanales, pero cada empresa puede facilitar a sus empleados al menos una microrreducción.
  6. Transporte sostenible: Hay que reducir más y más el espacio a los coches privados en las ciudades. Cuando se hace, la gente descubre que sin coches se vive mejor (menos ruido, menos humo, más salud, más espacio…) y también que se puede llegar a los sitios sin coche privado. Un ejemplo lo tenemos en Pontevedra, un paraíso sin coches.
  7. Energía sostenible: Las renovables son ya más baratas que las energías sucias. Y lo han conseguido a pesar de que para las energías sucias sigue siendo gratis contaminar o, incluso, están subvencionadas directa o indirectamente (como las subvenciones de los vuelos low cost). No podemos dedicar dinero público a lo que contamina sino, más bien, gravar con impuestos crecientes todo lo contaminante. Debemos tomarnos en serio la reducción y la eficiencia energética: desde reducir el número de farolas y las horas de encendido, hasta hacer lo mismo con las luces navideñas.
  8. Reforestar, frenar la desertización y la pérdida de hábitats: Los árboles son una de las mejores herramientas y, en vez de usarlos, muchas ciudades están talándolos (Málaga, Sevilla…). Hay que plantar más y, sobre todo, dejar a la naturaleza su espacio, dejar de ocupar espacios en zonas naturales. Las ciudades no pueden crecer indefinidamente ocupando la costa, la montaña, los bosques e, incluso, los ríos.
  9. Consumo: Exigir productos de fácil reciclado y alta duración, así como multar y denunciar la obsolescencia programada. Dado que el consumo es una de las principales causas del daño ambiental global se debe poner una tasa ecológica a la publicidad, al menos para productos costosos ambientalmente (coches, joyas, artículos de lujo, productos cárnicos o procedentes de pesca no sostenible…).
  10. Natalidad, un grave riesgo: La superpoblación es un problema, pero no por el hecho de ser muchos, sino por ser demasiado ambiciosos. En el actual punto de la Historia, cualquier política que fomente la natalidad debe ser evitada, o bien, estar muy bien justificada (vientres de alquiler, ayudas a las familias numerosas, fecundación in vitro…). Los científicos han dicho claramente que la mejor manera de reducir nuestro impacto ambiental es tener menos hijos (y también menos animales de granja y menos mascotas).

Aquí tienes más ideas para, entre todos y todas, construir ciudades sostenibles, fomentar universidades verdes, librarnos del plástico… o reducir la crisis ambiental. Decimos “entre todos y todas” porque no podemos esperar a que los políticos resuelvan el problema, pero tampoco podemos dejar de exigirles medidas sensatas, urgentes y contundentes.

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