Las excepciones en las normas de protección animal: eutanasia o maltrato (lo cuenta @LexMerche)

Mª Mercedes Ortolá Seguí, @LexMerche
Especialista en Derecho Animal y Medio Ambiente.

Click aquí para entender por qué hay que PROHIBIR LA CAZA, de todas las especies en todos los territoriosLa finalidad  de todas las normas de protección animal es proteger a los animales, pero eso está lejos de la realidad en pleno siglo XXI. En primer lugar porque las leyes únicamente van dirigidas a la protección de los animales que viven en el entorno humano, olvidándose de un número importante de especies. Me refiero concretamente a los animales silvestres y los marinos, que quedan fuera de toda norma que tipifica el abuso o maltrato hacia ellos, tanto a nivel penal como administrativo. En segundo lugar, las normas de protección animal recogen excepciones explícitas, que permiten el maltrato y la muerte de animales. Desde la Dirección General de los Derechos de los Animales (Gobierno de España) se quiere aprobar una nueva ley y todo apunta a que seguirán cometiéndose esos dos errores.

Cuando se aprobó el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (en adelante TFUE) se incluyó en su artículo 13 el reconocimiento de los animales como seres sensibles, sin distinguir entre especies. En el contexto del artículo deja entrever que el reconocimiento va dirigido a todos los animales, con independencia de su hábitat.

Luego, tenemos las normas administrativas y penales que regulan la protección y bienestar animal, pero estableciendo diferentes excepciones. Hablamos de tradiciones mal llamadas culturales (como la tauromaquia). Durante siglos han existido tanto movimientos para prohibirlas como sectores que las consideran arte, estos últimos con el apoyo evidente de una derecha rancia y aburrida que propugna unos valores carentes de toda ética, y que defiende otras actividades tan absurdas y salvajes como la caza.

Tanto en una como en otra actividad (tauromaquia y caza), no se castiga el maltrato que sufren los animales, porque forma parte de las tradiciones culturales dentro de nuestro país. Únicamente se tipifica el delito contra la fauna o los recursos naturales, pero no la crueldad que se dirige hacia esos animales, especialmente cuando se utilizan trampas o sustancias para la caza que pueden producir graves sufrimientos y una muerte lenta, añadiendo además el furtivismo, muy arraigado dentro de nuestras fronteras, y que incluso algunas administraciones como la valenciana, se atrevió a contravenir no solo modificando su ley de caza, sino aprobando un Decreto para su práctica, en contra de lo establecido en la normativa europea, para permitir determinadas artes de caza prohibidas, tanto en el ámbito penal como administrativo.

Es evidente que la excepción contenida en el art. 13 del TFUE (respetando al mismo tiempo las disposiciones legales o administrativas y las costumbres de los Estados miembros relativas, en particular, a ritos religiosos, tradiciones culturales y patrimonio regional) les da un juego increíble a los defensores de estas prácticas, y que se ha trasladado a las normas administrativas y penales en cuanto hacen referencia al maltrato o abuso, aunque claramente —y entre líneas— se puede observar que las propias normas reconocen que existe maltrato aunque lo excepcionen.

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No se puede excepcionar el maltrato bajo ningún concepto, escudándose en el arraigo de su práctica durante siglos. Al excepcionarse la aplicación de la norma resulta difícil enjuiciar determinados delitos. Cuando se refiere a las tradiciones o a la actividad cinegética, se da un elevado valor a las costumbres de dichas prácticas sin contar con las víctimas humanas que se producen cada año por los efectos colaterales. Durante 2020 hubo más de 600 víctimas, dato que muestra que la tradición está por encima de todo, incluso de la propia razón.

No podemos obviar que un animal, viva donde viva, tiene el mismo derecho a ser protegido que los que viven con el hombre. Es decir, existen animales de primera, a los que la norma penal y administrativa se aplica cuando sufren cualquier maltrato, y animales de segunda, entre los que se encuentran los animales silvestres y marinos, los cuales quedan fuera de cualquier ámbito normativo en caso de maltrato. Por ejemplo, las aves que viven en nuestras ciudades carecen de protección suficiente. Los propios ayuntamientos destruyen sus nidos, a veces mediante talas salvajes sin ningún tipo de consecuencia jurídica. También, cuando molestan las palomas se autoriza su eliminación porque simplemente se las considera plagas. Algo similar ocurre con las cotorras, que han sido capturadas y gaseadas por considerarse acientíficamente como aves invasoras. Aquí no existe maltrato legal porque quedan fuera de la protección, simplemente porque resulta más barato y es una excepción.

Otras de las excepciones que se han observado en los últimos años han sido tenidas en cuenta por algunos ayuntamientos, los cuales han permitido la matanza de gatos silvestres o de perros abandonados, para satisfacer en cierto modo los instintos más bajos de aquellos que practican la actividad cinegética, en la que se aprovecha cualquier circunstancia para acabar con todo lo que se mueve. Estas excepciones los dejan fuera de protección penal, aún tratándose de animales abandonados por sus propietarios que han acabado asilvestrados. La propia administración local, al no aplicar las normas de protección animal aunque sean deficientes, provoca que se sigan abandonando y maltratando, y por ende, esa propia administración autoriza su matanza mediante la caza para acabar con una supuesta “plaga” que ha sido provocada artificialmente. También ocurre con los jabalíes, cuya caza se permite aunque sea fuera de temporada cuando se adentran en poblaciones debido a que no encuentran alimento en las zonas naturales y se ven obligados a buscar en las zonas urbanas.

España queda muy lejos de otras normativas europeas, permitiendo que el negocio de los animales sea muy floreciente para algunos, no solo por la cría —actividad totalmente fuera de control—, sino que además, existe una economía sumergida, especialmente en los “campos de exterminio” en los que los animales son eliminados sin un control exhaustivo por parte de los ayuntamientos que contratan sus servicios. Este tipo de centros no solo se dedican a la recogida de animales abandonados y a eutanasiarlos, sino que muchos de ellos, bien en la misma empresa o mediante otra sociedad vinculada también poseen criadero. El negocio les sales redondo, con el permiso de la administración. Estos centros se acogen a las excepciones que otorgan las diferentes leyes de protección animal dentro de las comunidades autónomas, en las que una vez transcurrido el plazo establecido, los animales serán eutanasiados, estén sanos o no. Lo importante es hacer sitio para el siguiente animal abandonado dentro del círculo vicioso del mercado de la cría, compraventa y sacrificio de animales de compañía.

Lo más interesante que he podido encontrar dentro de las diferentes normas de protección animal ha sido no solo la regulación para la protección de los animales silvestres dentro de sus fronteras, sino el trato a los animales de la industria de la pesca, los grandes olvidados en cuanto al maltrato. Los peces sufren al olvidarse de ellos en todas las leyes. En el ámbito de la pesca muchos peces mueren por aplastamiento o agonizan por asfixia tras una o dos horas desde que son extraídos del agua. Cuando se refiere a animales silvestres, se protegen determinadas zonas incluso en épocas de migración de aves, o se prohíben ciertas  actividades que puedan causar molestias a animales de zonas naturales y protegidas, especialmente en época de cría. España, hasta hace bien poco, permitía la caza en Parques Nacionales con la connivencia del PP, que aprobó una moratoria para que la actividad cinegética se practicara en zonas protegidas, dado que algunas de estas zonas se encuentran en manos privadas de grandes terratenientes y son consideradas cotos de caza. Pero aún así, el PP solicitó una nueva prórroga para que se pudiera seguir cazando en dichos espacios protegidos, siempre amparándose en la farsa del control poblacional de los animales silvestres.

Son muchas las excepciones que se encuentran a lo largo de toda la normativa de protección animal. En la de experimentación, por ejemplo, la utilización de primates está permitida cuando son descendientes de otros primates criados en cautividad. Aquellos con los que tenemos la mayor similitud genética sufren las mayores atrocidades en los laboratorios. También se usan animales capturados en la naturaleza, salvajes, asilvestrados o vagabundos cuando otros países lo prohíben taxativamente.

Si nos adentramos en las leyes de protección animal autonómicas todas ellas poseen excepciones en cuanto al maltrato animal. La mayoría de ellas incluyen el texto “… sin perjuicio de las excepciones señaladas, se prohíbe…”. Entre ellas están la utilización de animales en festejos, salvo excepciones; la cría y mantenimiento de animales en la oscuridad, salvo excepciones; el sacrificio de animales en el matadero, salvo excepciones; maltratar o agredir animales, o someterlos a cualquier práctica, salvo excepciones; el uso de animales en festejos o espectáculos que les cause sufrimiento, salvo excepciones, etc. En este aspecto Asturias, por ejemplo, en su ley de protección animal excepciona de forma clara y concisa determinadas prácticas (art. 2) de maltrato animal, como los festejos populares o el tiro de pichón, al igual que la norma balear en su (art. 5), o la de Castilla-La Mancha, que excepciona la alimentación de determinados animales con otros animales vivos (art. 5.q), o Cataluña, cuyas excepciones abarcan a la captura incluso de aves protegidas cuando lo considere necesario, como control de poblaciones de animales (art. 9), o el uso de armas de fuego para acabar con la vida de perros, gatos o hurones (art.19 y disposición adicional tercera, 2). Galicia también excepciona la utilización de armas para abatir animales (art. 8.u) si considera su peligrosidad, al igual que Madrid en el apartado que regula la eutanasia (art. 17.2) sin especificar lo que considera peligrosidad, así como también la Ley Foral de Navarra en los mismos términos que las dos anteriores, añadiendo además a las especies cinegéticas en temporada de caza.

Quedan por tanto fuera del ámbito de la protección animal los festejos así como las clases con reses vivas en las escuelas taurinas andaluzas (art. 2). Paradójicamente, la ley aragonesa en su Exposición de Motivos indica que son necesarias “limitaciones y prohibiciones para evitar en un espectáculo con animales el trato cruel, inadecuado o antinatural para con los animales…”. Se prohíben las peleas de animales, aunque se permiten los espectáculos taurinos (art. 33), añadiendo además que se prohibirán aquellos que no se desarrollen conforme a sus normas reguladoras (como también hacen otras comunidades como Castilla-La Mancha, Valencia o el País Vasco). ¿Cómo se puede tener tal cinismo en afirmar que algunas prohibiciones son necesarias para evitar que se produzca un trato cruel a los animales cuando se permiten festejos evidentemente crueles?

Lamentablemente, las excepciones existentes en la normativa de protección animal no son para protegerlos ante el hombre, sino todo lo contrario, ya que en la mayoría de los casos se permite, de una forma u otra, acabar con la vida de los animales en cualquier contexto. Quedan excepcionadas de la protección las fiestas populares, porque forman parte de un torpe acervo social para acallar a unas masas que necesitan sentirse superiores ante un indefenso animal, ya sea a través de los festejos, cada vez más impopulares, como a través de la caza, o permitiendo la eliminación de mal llamadas “plagas” que crea el propio hombre.

La eliminación de animales abandonados mediante la eutanasia es otra de las excepciones más graves que contienen las diferentes normativas de protección animal. En este caso es la propia administración quien autoriza la muerte de miles de animales cada año, empleando partidas presupuestarias que provienen de los impuestos para acabar con la vida de estos animales. Las empresas dedicadas a la recogida de animales solo están interesadas en las ganancias a costa del sufrimiento de inocentes. El problema surge por la dejadez por parte de los ayuntamientos, permitiendo que se crie y abandone sin ningún tipo de control. En el mejor de los casos algún que otro animal puede ser recogido o adoptado por particulares.

En lo que se refiere a la tauromaquia, solo el hecho de separar a un animal de sus iguales para someterlo a un gentío que extrae sus peores instintos, deja ver la poca sensibilidad y empatía de aquellos que a través de una cartera política son indiferentes ante el sufrimiento de un ser vivo. Afortunadamente, tanto la tauromaquia como la caza son negocios que van disminuyendo año tras año.

El maltrato y la crueldad no pueden ser excepcionados bajo ningún concepto en ninguna norma de protección animal. No pueden existir animales de primera y animales de segunda. Durante siglos el hombre blanco se consideró superior a otras razas, sometiéndolas a la esclavitud, entre otros abusos. De la misma forma, no podemos permitir mediante excepciones abusos a los animales. Las excepciones en las normas de protección y bienestar animal mayoritariamente significan tortura, sadismo y muerte.

♦ Sobre los animales, lecturas que te van a encantar:

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3 respuestas a Las excepciones en las normas de protección animal: eutanasia o maltrato (lo cuenta @LexMerche)

  1. Pepe Galindo dijo:

  2. María dijo:

    No entiendo mucho de leyes pero solo por empatía y sentido común comparto todo lo escrito.

  3. Pingback: Buenas noticias ambientales y animalistas en 2021 (semestre 2) | BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos… aportando soluciones

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