Una Navidad diferente, sin oro, ni incienso, ni litio

Hay quién dice que este año 2020 ha sido un año sin primavera y que, encima, ahora también nos quitan la Navidad. No culpemos al 2020, porque los culpables somos los humanos.

Los que vemos el vaso medio lleno creemos que esta primavera ha sido diferente, pero nadie nos la ha quitado. El confinamiento fue un pequeño respiro para la naturaleza. El COVID-19 es una desgracia inmensa, pero no podemos decir que sea una desgracia inesperada. Los expertos dicen que vendrán más pandemias si no cambiamos nuestra forma de mirar y tratar a la naturaleza. Gracias al coronavirus podemos (y debemos) aprender mucho. ¿Queremos aprenderlo o preferimos pensar que el mundo es como no es?

Sin duda, estas navidades serán diferentes, pero podemos aprovechar para aprender y para practicar el respeto a los demás, especialmente a los mayores y a los más vulnerables. Respetar a los demás es respetar la distancia, usar las mascarillas, pero también atenderlos para que no se sientan solos a pesar de todo. Esta Navidad, daremos menos besos y abrazos pero nadie nos puede quitar el cariño.

¿Qué Navidad queremos?

La Navidad tradicional no era perfecta. Cuando alguien se atreve a decir que no le gusta la Navidad, rápidamente es señalado como “el raro“. Ser raro no es condenable. Lo censurable es ser “normal” en una sociedad en la que lo normal es no respetar ni al prójimo ni, menos aún, a lo que nos da la vida con su vida, la biosfera.

No somos pocos a los que no nos gusta la Navidad por el nivel de despilfarro que siempre ha habido. Mucha gente ya está cambiando —por obligación o por conciencia— pero hay cambios importantes que hay que impulsar:

  1. Menos luces y menos adornos. Ahorrando en iluminación, las ciudades pueden invertir más en sanidad o educación. Ya hay localidades que lo están haciendo. También tenemos que evitar usar árboles vivos y poner a trabajar nuestra imaginación.
  2. Reduzcamos los regalos, especialmente los de alto impacto ambiental y los fácilmente prescindibles.
    • Eliminemos regalos con oro o con litio, por su alto impacto. No regales ni compres joyas, ni tecnología. El principal uso del litio en la actualidad es para la fabricación de baterías para aparatos tecnológicos. Por eso, debemos alargar todo lo posible la vida de teléfonos, ordenadores… y cualquier cosa con pilas. ¿En serio es necesario un cepillo de dientes eléctrico?
    • Los regalos navideños deberían ser solo para los niños y solo de sus padres. Nos vemos envueltos en una espiral de compromisos difícil de salir. Es comprensible, pero también criticable.
    • Unos regalos son mejores que otros. Escoge regalos útiles, culturales y ecológicos, como por ejemplo, comida vegana y ecológica, libros, o experiencias culturales (visitas a museos, por ejemplo).
  3. Cuida en qué te gastas lo que ahorras por consumir menos. El conocido como efecto rebote afirma que lo que se ahorra por ser ecológicos o eficientes suele emplearse en actividades poco ecológicas. Por eso, debemos pensar antes de consumir. Proponemos estas ideas: hacernos socios de otra ONG, comprar productos ecológicos, e invertir en cultura.

Celebremos de otra forma para crecer y madurar

Está muy bien celebrar, reunirse, ver a familia y amigos. Cualquier excusa es buena para esto. Sin embargo, estas navidades nos toca aprender a celebrar de otra forma y a disfrutar más de los que tenemos más cerca, ahorrando viajes y contaminación. Ser felices con poco es una lección que siempre será útil.

♦ Más cosas para completar:

Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor de libros como "Salvemos Nuestro Planeta", "El buscador de lo inefable" y "Relatos Ecoanimalistas"; ademas de publicar regularmente en dos blogs: 1) blogsostenible.wordpress.com y 2) historiasincontables.wordpress.com
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4 respuestas a Una Navidad diferente, sin oro, ni incienso, ni litio

  1. Irene dijo:

    Como siempre muy acertadas las recomendaciones
    Gracias

  2. Abraham dijo:

    El árbol de navidad, si procede de restos de poda, no lo veo tan mal. Cuando terminas de usarlo va a vertedero donde lo compostan para uso de parques y jardines.
    Nosotros, por comodidad más que otra cosa, tenemos uno de plástico que esperamos que nos dure muchas navidades.

    Completamente de acuerdo en que son los padres los que tienen que hacer de ayudantes de los reyes o de santa klaus, y con un límite de edad (más o menos hasta que sean capaces de convertirse ellos en ayudantes también). Que se metan abuelos, tíos, primos y hermanos es intrusismo profesional.

  3. Pepe Galindo dijo:

  4. Pingback: La honestidad en Navidad – Historias Incontables

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