Nueva mirada a los pequeños depredadores de la casa: las arañas

Una araña y un humano se encuentran. ¿Quién se asusta más?

Cuando vemos una araña es frecuente que el cuerpo se ponga en alerta. Esta reacción defensiva es natural, un instinto de conservación primitivo. Una vez repuestos del susto inicial, los latidos del corazón se van desacelerando y comienza la mejor parte, donde nuestro razonamiento se pone en acción. Si estamos en el campo generalmente nos retiramos, pero si estamos en casa ¿qué haremos con ellas? Surgen rápidos pensamientos casi inconscientes que determinan nuestra acción “las arañas pican” (realmente no pican, muerden, pero ese es otro tema) “si no la mato, me puede picar”. Pobre araña. Debemos hacerle un juicio justo, ya que somos la especie predominante. A veces el juicio no demora mucho y la solución más sencilla es buscar un zapato.

Pero también pueden surgir pensamientos de misericordia hacia estos animalitos. Es cierto que pueden mordernos y algunas pocas especies incluso infringir mucho daño, pero también, si investigamos más, aprenderemos que muchas arañas no son peligrosas y que hay motivos para su existencia en un ecosistema, alimentándose de moscas, mosquitos, hormigas y otros insectos aún más molestos que las arañas. Además, reflexionaremos que en tamaño e inteligencia nosotros llevamos la ventaja. Es donde nuestra corteza cerebral —que en la prehistoria nos permitió tallar la mejor punta de sílex o trabajar en equipo— hoy puede trabajar dentro de una cultura que busca la inclusión de todos, buscar los derechos de todos, comprender a todos, y considerar también los derechos de las arañas. Así que es hora de darles una oportunidad. Si ya lo ha hecho, ¡felicitaciones!

Entonces… ¿qué hacer cuando vemos una araña en casa?

Primer paso: Démonos un tiempo para observarla y ver de qué especie se trata si nos es posible. Siempre es bueno conocer qué especies viven en nuestra zona, y cuáles son realmente peligrosas. Para lo segundo, podemos consultar con una institución de salud local. En algunas partes del mundo viven especies cuya mordedura requiere atención inmediata mediante la colocación de antídoto dentro de las primeras 24 horas. Se trata de las arañas del genero Loxosceles, las cuales pueden vivir en las casas y la puedes ver paseando por las paredes o el piso. Las especies peligrosas de ese género son las que viven en Sudamérica, pero su picadura es muy rara incluso en las zonas donde son frecuentes. Igualmente peligrosa es la viuda negra, pero a ésta le gusta más el jardín. En cambio, la picadura de la araña de patas largas (familia Pholcidae) solo causará dolor pero nada grave; y las pequeñas arañas saltarinas (familia Salticidae, la mayor familia de arañas) no muerden en absoluto, incluso pueden cogerse con las manos sin ningún temor, con cuidado de no dañarlas. Por su parte, los opiliones también tienen 8 patas pero no son arañas y no son en absoluto peligrosos. Se distinguen fácilmente porque los opiliones no tienen la típica cintura que tienen las arañas

Segundo paso: Si la araña no es muy peligrosa, lo ideal es dejarla allí si no te estorba. Pero si has decidido sacarla fuera de la casa y no quieres lastimarte ni lastimarla, hay muchas maneras de cogerla, mi preferida es la menos dañina para ella, que es hacerla subir a una hoja y así la transporto. Si la araña es veloz, requiere muchos reflejos de tu parte y no recomiendo este método si te da miedo. Otra forma es utilizando un vaso transparente (para que veas donde está) y una hoja de papel, o mejor aún, un cartón fino y firme. Se cubre la araña con el vaso con cuidado de que no se enganche ninguna pata, ya que la araña en afán de liberarse podría quedar mutilada. Luego deslizamos el cartón por debajo del vaso con suavidad dejando que el animalito suba. Ya tenemos la araña para transportarla fuera de casa y soltarla en un lugar que sea adecuado para ella. Recordemos que nuestra casa era su medioambiente, pero todo depende de las diferentes situaciones en que nos encontremos.

La mayoría de las arañas no te harán ningún daño

La mejor manera de alejar a los animalitos que no nos gustan de la casa, es mantener la casa sin desperdicios, ya que estos atraen a las presas de las arañas. Antes de usar insecticidas —que a la larga nos van a perjudicar también a nosotros— hay mil maneras de llevarnos en paz con insectos y arácnidos, los cuales han estado en el planeta muchos millones de años antes que nosotros.

Christian Mier y Terán Jibaja
Médico, ecologista y divulgador científico desde Perú
Instagram: @faunadelperu

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