Félix Rodríguez de la Fuente: un visionario apasionado de los animales, del hombre y de la Tierra

Félix fue un naturalista español de fama internacional. Falleció en 1980 en un extraño accidente aéreo justo el día en el que cumplía 52 años. Félix era consciente de que el discurrir de la humanidad iba por mal camino y pretendía un cambio de paradigma profundo. Eso asustaba en su época tanto como hoy. De hecho, es uno de los argumentos por el que dicen que molestaba a ciertos intereses que podrían estar detrás de su muerte.

Félix criticaba el desarrollismo, desde la construcción sin límite de infraestructuras, hasta las centrales nucleares. En definitiva, se oponía a todo lo que destruía y destruye la naturaleza. Era un declarado amante de las tribus primitivas porque comprobó que eran pueblos felices, sin aburrimiento, ni angustia, ni frustración, incluso aunque pasaran hambre y sed. Decía que el hombre del paleolítico tenía un profundo respeto por la naturaleza mientras que los pueblos pastores y agricultores perdieron el respeto a la Tierra y se convirtieron en la “primera especie realmente infractora de las leyes ecológicas del planeta“. Más recientemente, Harari lo explicó con detalle en su libro “Sapiens“.

Félix fue la gran voz de la conciencia ecologista en España. Avisó del “cáncer” que es el ser humano para el planeta advirtiéndonos de que “estamos envenenando las aguas, estamos intoxicando la atmósfera, estamos talando los últimos bosques, acabando con las especies animales, nos estamos matando a nosotros mismos con los productos químicos con los que queremos matar a las plagas“.

Félix consiguió que en 1966 se protegieran en España todas las aves rapaces nocturnas y diurnas, algo que ningún país había hecho. Otras muchas especies también están en deuda con Félix: el lince, el lobo, el oso pardo, el buitre leonado… Trabajó incansablemente para que se conservaran zonas tan importantes como Doñana o las Tablas de Daimiel.

Félix cambió la imagen que España tenía del lobo ibérico. Antes se pensaba que el lobo era una alimaña peligrosa que había que exterminar. De hecho, el lobo ya se había extinguido en Francia, Alemania, Suiza… Gracias a Félix hoy el lobo está protegido en buena parte de España (como lo está en todo Portugal). Solo algunos cazadores siguen viendo al lobo como un trofeo. Félix vivió en un contexto en el que el lobo era un enemigo y, sin embargo, no se dejó convencer por todo lo que le habían enseñado pastores y cazadores. Siendo niño ya espantó a un lobo antes de ser tiroteado en una de las batidas que hacían contra los lobos. Se enamoró hasta de sus aullidos.

Félix sabía la importancia de la educación ambiental y consiguió algo inconcebible para la época: educación ambiental en televisión para los colegios dentro del espacio “Televisión escolar”. A través de la radio y de todos sus programas, su voz y su mensaje calaban en toda la población pero especialmente en los niños, hasta el punto que aún hoy algunos nos reconocemos amantes de la naturaleza gracias a Félix. Pero él no hablaba a los niños, sino que hablaba a los corazones y, como sabemos, los niños tienen su corazón más abierto y menos encadenado.

Su obra de mayor repercusión fue el programa televisivo “El hombre y la Tierra”, 124 episodios dedicados a la biodiversidad principalmente en España. La serie se difundió por todo el mundo y se tradujo a multitud de idiomas, incluso al ruso y al japonés. Félix sabía que para amar algo hay que conocerlo y puso todo su empeño en que conociéramos las maravillas de la naturaleza. Cuando conoces la vida del lobo, del águila real, del lirón careto, del alcaudón, del quebrantahuesos… es imposible no amarlos a todos.

Félix llamó a nuestra sociedad la “civilización de la basura” para resaltar el crecimiento en la generación de residuos. En este vídeo tan estremecedor Félix resalta los muchos tipos de basura, desde coches viejos hasta el plástico, los envases sin retorno y los químicos que están hasta en la sangre humana. Félix no dijo que recicláramos sino que produjéramos menos basura. Sin duda, Félix se habría estremecido al ver en qué hemos convertido el planeta. Y aún seguimos caminando en la mala dirección con Ecoembes engañándonos a casi todos.

Félix creció en un pequeño pueblo de Burgos. Allí estuvo sin escolarizar hasta tener más de diez años. Eso le permitió entrar en contacto con la naturaleza desde su tierna infancia, algo que le acompañaría toda su vida. A su muerte se levantaron medio centenar de estatuas y monumentos en su honor, algunas por suscripción popular, incluso por niños que donaron sus ahorros para que la figura de Félix no se olvidara. Sirvan estas líneas como homenaje a un ser único, inmortal y por el que deberíamos hoy dejarnos guiar. Desde la muerte de Félix el respeto ambiental ha empeorado, pero sin él todo hubiera sido aún peor.

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Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (ver apartado de libros resumidos de Blogsostenible).
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