Los productos nocivos para la salud o el medioambiente deben indicarlo en su embalaje con etiquetas claras

La comida basura no se vendería si nadie la comprara. Igualmente, si nadie comprara a empresas que dañan el medioambiente, que defraudan, o que maltratan animales o personas, esas empresas no existirían. Sin embargo, empresas así existen.

Obviamente, los consumidores tienen una responsabilidad ineludible. No obstante, la responsabilidad del gobierno es mucho mayor. Primero porque tienen más poder, y segundo porque el trabajo del gobierno es cuidar de su gente. Esa es su obligación. Para eso les pagamos. No lo olvidemos.

Las fotos y advertencias en las cajetillas de tabaco han evitado que mucha gente fume. ¿Por qué no extender ese mecanismo a otros productos?

El caso de Chile

Etiquetas obligatorias en los alimentos de chileDesde 2016, en Chile es obligatorio etiquetar los alimentos nocivos. Hay cuatro etiquetas que deben estar claramente visibles en el embalaje:

  • Alto en azúcares
  • Alto en calorías
  • Alto en grasas saturadas
  • Alto en sodio (sal)

Los productos con alguna de estas etiquetas no pueden venderse en colegios y los profesores alientan a los niños para que no consuman esos productos.

Esos alimentos tampoco pueden anunciarse en TV, ni en webs infantiles, ni en cines, ni en radio… También se han aumentado los impuestos: las bebidas con alto contenido azucarado ahora tienen un impuesto del 18%, una de las tasas más altas del mundo.

Por supuesto, el gobierno chileno recibió presiones de las empresas, pero finalmente se preocupó más por la obesidad y por la salud de su pueblo. Gracias a eso, los ciudadanos empezaron a cambiar sus hábitos de consumo, pero además, las empresas también cambiaron. Por ejemplo, las empresas de bebidas o de cereales han cambiado sus fórmulas para evitar tener que poner alguna de esas cuatro etiquetas. Así por ejemplo, todas las bebidas de la empresa Coca-cola tienen menos azúcar en Chile que en Europa. ¿Sabías que el azúcar es un alimento adictivo además de nocivo?

¿Tendrá esta medida influencia en la diabetes y en la hipertensión de Chile? Todos los expertos están convencidos de que sí. Por tanto, esa medida es beneficiosa, no coarta la libertad de nadie, ni hace daño a nadie (salvo a las empresas que no se preocupan de la salud).

El caso del planeta

No es cierto que no haya dinero para afrontar la crisis ambiental. Lo que no hay es voluntad. Téngase en cuenta que el precio de no actuar es superior: lo estamos pagando con nuestro dinero y con nuestra salud.

Eliminar paraísos fiscales (o controlar el fraude un poco al menos), además de poner impuestos adecuados permitiría al gobierno recaudar mucho dinero sin apenas afectar a las clases medias o bajas.

Deberíamos etiquetar los productos alimenticios con las etiquetas que usa Chile para advertir de productos poco sanos. Pero además, también debemos etiquetar los productos que implican graves daños al medioambiente, bien por su forma de producción, o bien porque viajen más de (pongamos) mil kilómetros desde nuestras fronteras.

Ya hay métodos para calcular la huella del transporte, la huella ecológica, la huella de emisiones, o la huella hídrica. Los productos deben indicar al menos algunos de esos valores, así como ingredientes conflictivos (como el aceite de palma). La minúscula letra de “ingredientes” es insuficiente. Primero porque no se puede apenas leer (menos aún a partir de cierta edad), segundo, porque los ingredientes indeseables quedan ocultos bajo nombres poco conocidos, y tercero, porque los ciudadanos pagamos al gobierno para que vele por la salud pública.

Lo que proponemos implica un gasto extra para las empresas, pero tenemos derecho a protegernos de sus malas prácticas. Las empresas más afectadas son multinacionales que no se van a arruinar. El caso de Chile lo demuestra.

¿Y si etiquetamos también aquellos productos que implican maltrato animal? ¿O acaso preferimos no saberlo? Téngase en cuenta que maltratar animales implica también maltratar nuestro medioambiente.

Es cierto que el consumidor tiene su parte de responsabilidad, pero el gobierno tiene una responsabilidad aún mayor. Tenemos que exigir medidas adecuadas. Las grandes empresas, esas que cotizan en bolsa, solo van a ser éticas si se les obliga. Por desgracia, aún no se valora adecuadamente la RSE.

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Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (ver apartado de libros resumidos de Blogsostenible).
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