El papel de la universidad en el camino hacia la sostenibilidad

Las universidades pueden frenar el desastre climáticoQuienes venís siguiendo este blog ya sabréis que el rumbo que lleva actualmente nuestro mundo nos lleva a unas condiciones planetarias inhóspitas en relativamente pocos años.

Se nos dice que si queremos evitar que las proyecciones científicas se cumplan tenemos que empezar a actuar de forma urgente porque el tiempo se está agotando. Aun así, y a pesar de la contundencia de los datos científicos, parece que nadie quiere asumir la responsabilidad de ponerse manos a la obra.

  • Las empresas están muy cómodas en este modelo que, de momento, les sigue generando beneficios y se resisten a ceder este poder.
  • Los gobiernos no se atreven a lanzar políticas rupturistas que supondrían el enfrentamiento con grandes grupos de presión y que quizás no serían entendidas por la mayoría de la población y, por lo tanto, resultarían impopulares.
  • Y nos queda la ciudadanía, la mayoría de la cual ni siquiera es consciente de la situación crítica actual y de las consecuencias de los actuales modelos de vida (en parte comprensible dado el escaso o nulo eco mediático que tiene la crisis climática en los medios de comunicación masivos).

Por otra parte, nos resistimos a abandonar el estado de comodidad que el modelo económico actual nos vende a diario. Para su propio beneficio y conservación, ese modelo económico se ha encargado de convencer a las personas de que actuar de manera individual no sirve para nada. No obstante, queda una parte de la población que lucha de manera individual y colectiva para conseguir cambios y para dar visibilidad a los problemas a los que nos enfrentamos.

Tenemos, pues, a las empresas, a los gobiernos y a la ciudadanía. ¿Y las universidades? ¿Por qué no están haciendo nada para combatir las tremendas amenazas al planeta y al bienestar de sus habitantes?

Quizás es excesivo decir que no hacen nada, pero claramente sus actuaciones son insuficientes si las comparamos con la magnitud y la urgencia del problema. Estamos ante el mayor reto al que se ha enfrentado nunca la humanidad, nuestra propia existencia está amenazada, pero si te paseas por cualquiera de los campus universitarios, o trabajas en ellos, no te dará esa impresión. De hecho, en el campus parece que todo sigue igual que hace 40 años, cuando empezaba a aparecer la información científica sobre los impactos en el medioambiente de los modelos de vida de las sociedades opulentas.

La universidad tiene una responsabilidad ante la ciudadanía, a la que sirve. Y dispone de múltiples vías de actuación para cumplir con ella:

  • En la docencia. Integrando en los planes de estudios formación transversal sobre las nuevas condiciones en las que vivirán los futuros egresados y egresadas. Estas nuevas generaciones tienen que recibir la preparación suficiente para entender el nuevo mundo pero sobre todo, para transformarlo y para poder acompasar los niveles de vida con los ritmos y límites biofísicos del planeta. Como le oímos una vez a Yayo Herrerosomos una de las pocas generaciones que está educando a sus hijos en contra de su propia supervivencia”.
  • En la investigación. Todos los ámbitos de conocimiento pueden aportar nuevos avances hacia modelos de vida más sostenibles. Si el bienestar e incluso la vida de muchas especies, incluida la humana, están en peligro, lo lógico es que la investigación se ponga al servicio de esta prioridad, ¿qué puede haber más importante?
  • En la transferencia de conocimiento. La ciudadanía está en gran medida desinformada en cuanto a la situación actual, a las proyecciones futuras y, sobre todo, respecto al impacto de sus actuaciones a nivel personal en los escenarios que se esperan. Por eso es importante que haya un esfuerzo en divulgación y en la aplicación práctica de los avances aportados por la investigación.
  • En la propia gestión universitaria como ejemplo a seguir. El campus es como una mini-ciudad, por lo que se puede utilizar de laboratorio viviente para implantar medidas que, a la larga, tendrán que extenderse a la sociedad: practicar nuevos modelos de movilidad sostenible buscando maneras de desincentivar los vehículos motorizados y facilitar los desplazamientos en bicicleta o en transporte público; fomentar un nuevo modelo de alimentación ecológica, con menos carne y pescado, de proximidad y de temporada; transitar hacia modelos energéticos que no dependan de los combustibles fósiles; reducir la necesidades tanto de energía como de materiales; acabar con los envases de usar y tirar, etc.

Muchas universidades (ya van más de 7.000), a nivel nacional e internacional, están adelantándose a los gobiernos, que siguen sin responder adecuadamente, y han comenzado a declarar la emergencia climática y a trazar, en mayor o menor medida, propuestas para reducir nuestro impacto sobre el planeta.

Está por ver cómo se implementarán estas declaraciones y si al final no se quedarán en meros actos políticos, pero son un buen punto de partida para dar la voz de alarma y empezar a trabajar. Ese es el motivo por el que nos hemos propuesto que también nuestra universidad,  la Universitat Jaume I de Castelló, declare la emergencia climática (firma AQUÍ). Queremos que se sume a la decena de universidades públicas españolas que ya la han declarado o que están en proceso, y queremos que se tomen medidas contundentes para frenar la crisis climática y ecosocial.

La comunidad científica coincide en que estamos a tiempo para cambiar el rumbo y evitar el desastre. Pero insiste en que es imprescindible que se apliquen cambios urgentes y transformadores. La universidad tiene un gran potencial y es mucho lo que puede lograr. Pero, a la vez, si no actúa, el mensaje que estará lanzando es que aquí no pasa nada y que podemos seguir tranquilamente con nuestros actuales modelos de vida. Por eso, animamos a todas las comunidades universitarias (estudiantes, profesores, personal de administración…) y a la población en general a que pidan a las universidades que se sumen a las declaraciones y que se pongan en marcha, tanto en sus respectivas instituciones como generando sinergias entre todas las universidades, para luchar contra la crisis climática.

Confiemos en que estas declaraciones de emergencia climática tengan el poder de buscar y aplicar las vías de solución que necesitamos para preservar el planeta en condiciones de habitabilidad.

Miguel Martínez @miguelmartiram y Laura Agea @Laura__za,
miembros de Plataforma universitària per un futur habitable; Twitter: @UNIxFutur

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