Ciudades que quieren reducir su consumo de carne: Porqué y cómo

Dejar de comer carne ahorra muchísima agua, energía, árboles...Lo dicen científicos y ecologistas: evitar la carne y los productos lácteos es la forma más sencilla de reducir nuestro impacto ecológico. Para producir tanta carne son necesarias una ganadería y una agricultura intensivas que son muy dañinas para todos: contaminación por plaguicidas o por purines, pérdida de hábitats, excesivo consumo de agua… por no hablar del sufrimiento animal, especialmente a las hembras.

¿Qué es el Pacto de Milán?

El Pacto de Milán sobre política alimentaria urbana promueve una alimentación sostenible y ya ha sido firmado por 177 ciudades de todo el mundo (véase más abajo la lista de ciudades españolas). El Pacto establece 44 indicadores para medir si se avanza o se retrocede. Con esos indicadores medirán cosas tales como, por ejemplo:

  • si se promueven políticas alimentarias desde el ayuntamiento,
  • el número de ciudadanos con diabetes,
  • si hay programas para reducir el consumo de azúcar, sal y grasas,
  • si se fomentan los huertos urbanos,
  • la venta de productos locales,
  • la creación de compost con la basura orgánica,
  • el número de mercados municipales para fruta y verduras frescas,
  • si existen políticas para reducir el desperdicio de alimentos,
  • etc.
  • Además, hay un indicador (el nº 10) que establece que las ciudades deben medir su consumo medio de carne y pescado con objeto de determinar si se reduce y ver si se avanza hacia la sostenibilidad.

¿Por qué es tan importante comer menos carne y pescado?

Todos podríamos enumerar muchas acciones para conseguir ciudades sostenibles. Entre ellas, reducir el consumo de carne y pescado es algo imprescindible. Hay muchos argumentos para ello, que se suelen sintetizar en cuatro:

  • estas industrias generan graves daños ambientales,
  • propician comidas muy procesadas y con muchas grasas, que son poco saludables,
  • producen sufrimiento animal, absolutamente siempre, y
  • generan problemas a otros seres humanos (aunque sea indirectamente).

El Pacto de Milán habla de “carne” (meat), pero aclara que también se incluye el pescado, algo que es importante dados los problemas de la pesca (especialmente la pesca de arrastre) y del pescado de piscifactoría. Aunque es posible que el consumo de pescado tenga menos impacto ambiental que el consumo de otras carnes, está justificado hablar siempre de forma conjunta de los impactos de carne y pescado (pérdida de ecosistemas, contaminación, sobreexplotación, maltrato animal…). Si no se hiciera así podría ocurrir que el consumo de carne se sustituyera por pescado, generando la falsa sensación de sostenibilidad.

Sorprendentemente, el Pacto ni siquiera sugiere cómo conseguir esos objetivos sino que solo insta a medir el consumo de carne y pescado a través de encuestas. Pero solo hacer encuestas no ayudará a conseguir el objetivo. Tras la encuesta se debería informar sobre su finalidad, pero aún así, es insuficiente.

¿Cómo puede una ciudad reducir su consumo de carne?

Aunque no lo parezca, el gobierno municipal puede hacer mucho para esto. Además de hacer las encuestas informativas, sugerimos estas acciones:

  1. Un curioso vídeo sobre el consumo de carne, basado en MatrixCampañas de información: Hay muchos lugares donde centrar estas campañas (colegios, mercados, centros culturales, asociaciones de vecinos, en la calle…) y muchas formas de informar a la ciudadanía de que comer carne y pescado en exceso no es bueno (carteles, mesas informativas, documentales, charlas…).
  2. Fomentar los huertos urbanos: La gente que cultiva sus propias frutas y verduras tiende a consumir este tipo de alimentos más que antes. Los huertos se deben fomentar tanto en suelo municipal (huertos comunitarios o alquilados) como a nivel individual (en terrazas o balcones).
  3. No dar permisos a granjas de animales, especialmente las macrogranjas: Hasta la prensa internacional se ha hecho eco del problema ambiental de las macrogranjas en España, donde ya hay más cerdos que personas. Conceder licencias para estas instalaciones supone hacer ganar dinero a unos pocos a costa de daños ambientales que sufrimos todos. Por eso Greenpeace está recogiendo firmas para frenar la ganadería industrial. Hay formas de fomentar la economía rural que no destruyen la naturaleza (por ejemplo, fomentar el turismo sostenible o generar energía renovable como hizo el pueblo de Utrillas).
  4. Limitar las licencias de apertura para carnicerías, charcuterías y restaurantes donde la carne sea su comida principal: No se trata de prohibir la comida basura, pero sí de ponerle todas las trabas que sean posibles. En todas las ciudades del mundo proliferan hamburgueserías o shawarmas. Esa comida no es sana y, por tanto, poner unos límites a este tipo de establecimientos ayudaría mucho a reducir su número de clientes. También es posible obligar a estos establecimientos a poner carteles indicando los problemas de una dieta basada en carne, y más en el caso de carne procesada, esa en la que realmente el consumidor rara vez sabe (o pregunta) qué es lo que está realmente comiendo.
  5. Fomentar en los colegios comidas sanas, ecológicas, de procedencia LOCAL y bajas en carne y pescado: Se puede ayudar a los colegios para que mejoren sus dietas escolares e informen a padres y alumnos de lo que se está haciendo y del porqué. Prohibir todo tipo de comida frita es también algo necesario. No basta con promover dietas que reduzcan la obesidad, sino que el Pacto de Milán pide reducir carnes y pescados. La iniciativa Lunes sin carne lleva mucho tiempo fomentando un día para la concienciación con el lema “Si quieres cambiar el mundo, ¡comienza por tu plato!“. El objetivo es ampliar a dos días a la semana para 2020. Hay muchas experiencias donde los padres se implican en la calidad de la comida escolar.Símbolo V de producto alimenticio vegano
  6. Fomentar menús con opciones veganas: Eso se debe pedir urgentemente en bares y comedores situados en lugares públicos (museos, universidades, hospitales, residencias…). Pero también se puede solicitar que todos los restaurantes de la ciudad ofrezcan opciones veganas en sus cartas y menús (y las marquen con la típica V de vegano), y que se sumen a los “Lunes sin carne”. Las hamburguesas vegetarianas o veganas ya están presentes en muchos restaurantes y supermercados, además de ser muy fáciles de hacer.
  7. Ir migrando las fiestas insostenibles a fiestas más saludables: En muchas ciudades hay fiestas o eventos en los que se consume mucha carne por tradición (algunas tienen hasta su plato típico). Dado que la tradición no es un argumento suficiente para mantener o fomentar algo, hay que alentar productos sostenibles que sustituyan, al menos en parte, todos esos productos obtenidos de la explotación animal.
  8. Subir los impuestos a los mataderos, a los barcos de pesca y a todas las actividades que dependan directamente de la explotación animal: Si decidimos que fomentar la carne o el pescado es malo, habrá que gravar más ese tipo de actividades. El dinero, por supuesto, debe emplearse en mitigar los efectos de tan dañinas actividades. No te pierdas, si te atreves, este espeluznante vídeo sobre la actividad en los mataderos.
  9. Realizar y difundir estudios de contaminación en todos los alimentos, incluyendo carne y pescado: Aunque ya sabemos que todos los alimentos vegetales pueden estar contaminados por los pesticidas que usan los agricultores, también la contaminación en carne y pescado es muy peligrosa, pues sabemos que antibióticos y hormonas se cuelan en los músculos, y que muchos peces tienen una alta contaminación por mercurio (el atún o el pez espada, por ejemplo).
  10. Priorizar las mejores opciones: No todas las opciones de carne o pescado son igual de nocivas. Se puede instar a que se usen las opciones con menor impacto ambiental, tales como carnes de ave o pescado local, de pesca sostenible, y por supuesto que no procedan de la pesca de arrastre (la ley exige que toda venta de pescado exponga claramente el método de pesca y la procedencia geográfica). Esto puede ser un paso hacia la sostenibilidad.
  11. Firmar la Declaración “Dieta sana, planeta sano”: Es un compromiso público para fomentar una alimentación sana, donde predominen los alimentos de origen vegetal, ecológicos, locales y de temporada, así como reducir el desperdicio de alimentos. En España, Zaragoza por ejemplo ya se ha adherido a ese manifiesto.

Evidentemente, no todas estas medidas pueden ser llevadas a cabo de forma directa y unilateral por parte de cualquier consistorio, pero las ciudades firmantes del Pacto de Milán tienen la responsabilidad de actuar hasta donde sea posible e instar a gobiernos u organismos competentes a que trabajen en esta línea en aras de un mayor compromiso con la salud y el medioambiente.

Comamos menos carne y pescado, por el bien de “todo”

Resumiendo, cualquier cosa que hagamos para reducir el consumo de alimentos que procedan de los animales redundará en mayor salud de la naturaleza y menor sufrimiento animal. Pero además, también implicará una mayor generosidad hacia los que pasan hambre. El ser humano no es un depredador irracional como el león, sino que ha creado una maquinaria extraordinariamente cruel e impactante para generar carne barata, carne muy barata, con un alto coste, que no es solo ambiental.

Te gustará:

  1. La reducción del consumo de carne pisa fuerte en la 4ª reunión anual del Pacto de Milán, por Greenpeace.
  2. Comer Carne Destroza el Planeta (y a los Animales).
  3. Datos reveladores: La agricultura intensiva contamina todo, hasta nuestra comida; Pueblos fumigados con Glifosato, Clorpirifós, Lindano…
  4. EXAMEN: ¿Es tu ciudad sostenible?
  5. Política y urbanismo: La ideología influye en las ciudades.La ganadería industrial es uno de los peores crímenes de la historia
  6. El carnismo mata, por Ruth Toledano @ruthtoledano.
  7. Libro “Comerse el Mundo” de J. Riechmann (Resumen): Los 12 problemas del consumo de carne.

NOTA: Las ciudades españolas firmantes del Pacto de Milán son Bilbao, Ciudadela de Menorca, Córdoba, Dénia, Fuenlabrada, Godella, Granollers, Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, Málaga, Mieres, Navás, Oviedo, Pamplona, Rivas-Vaciamadrid, San Sebastián, Santiago de Compostela, Valencia, Villanueva de la Cañada, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza.

Impactos de los alimentos que proceden de los animales

Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (ver apartado de libros resumidos de Blogsostenible).
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