¿Sabemos lo que hay detrás de todo lo que compramos?

Alodia Pérez Muñoz @alodiaperez, de Amigos de la Tierra

Montaña de resíduosPor supuesto, siempre sabemos lo que compramos, ya sea un pantalón nuevo, un filete para comer o un ordenador. Pero ¿sabemos lo que implican estas compras? Es decir, ¿sabemos qué materiales se han necesitado para su construcción y de dónde provienen, qué superficie de suelo se ha usado para obtener las materias primas, el agua, la huella de carbono…? ¿Sabemos qué implica todo ésto y dónde se generan los impactos de nuestro consumo?

La respuesta es que no siempre lo sabemos. Ni nosotros/as como ciudadanía, ni los dirigentes públicos locales, autonómicos, estatales y ni siquiera los europeos. No existen mecanismos eficaces de medición de los recursos consumidos, y mucho menos de aquellos que se consumen fuera de nuestras fronteras, pero que se destinan a producir bienes para ser consumidos dentro de esas fronteras.

Para Europa, el consumo de productos y servicios agrícolas requiere 269 millones de hectáreas, y esta cifra supone un 43% más de la superficie agrícola europea (Fuente: informe huella del suelo). Es un claro indicio de que Europa consume más suelo del que le pertenece (huella ecológica). A estos números hay que sumar los consumos de otro tipo de productos no agrícolas, como textiles, productos eléctricos y electrónicos, muebles, etc.Los tóxicos envenenan a los trabajadores y a los consumidores.

El desconocimiento de los impactos de nuestro consumo favorece (entre otros factores) el incremento del consumo, principal protagonista de estas próximas fechas navideñas. Es necesario que las administraciones públicas pongan en marcha herramientas de cálculo de la totalidad de los recursos consumidos en Europa (contabilizando el agua, suelo, materiales y huella de carbono), para poder decidir con argumentos sólidos los límites de un consumo sostenible y hagan campañas y normativas que regulen el sobreconsumo y eviten comprometer la calidad de vida de las generaciones futuras.

Es necesario asumir la corresponsabilidad a todos los niveles:

  • Las administraciones públicas deberían tener las herramientas adecuadas para poder determinar los límites del consumo, promoviendo el uso de productos de segunda mano, los servicios de reparación, alquiler, intercambio, etc. (alargascencia).
  • Las empresas también deben asumir su parte de responsabilidad (RSE), y evitar basar su estrategia mercantil en la venta masiva de productos poco duraderos y difíciles de reparar. Con esta obsolescencia programada los costes ambientales se externalizan y la empresa obtiene unos beneficios netos que no le corresponden.
  • Por último, la ciudadanía debería tener la información adecuada sobre su compra de productos y el impacto social y ambiental que se genera en su fabricación. Una ciudadanía informada tiene una mayor capacidad de decisión y, por tanto, una mayor responsabilidad en avanzar hacia la sostenibilidad.

Más información:

  1. Alargascencia: Web de Amigos de la Tierra con establecimientos donde reparar, intercambiar, alquilar y prestar.
  2. Podcast medioambiental sobre Población, tecnología y contaminación (con la participación de Alodia Pérez y Pepe Galindo, entre otros).
  3. Guía de consumo responsable de Aulaga, y lo que es el consumo solidario.
  4. Obsolescencia Programada: Consumir, desechar y destruir.
  5. ¿Por qué Debemos CONSUMIR MENOS? (el mejor documental ecologista y humanitario).
  6. ¿De Dónde Viene y a Dónde Va lo que Usamos?
  7. Medidas alternativas al PIB: el Crecimiento Económico no implica Crecer en Bienestar.
  8. Publicidad, un Segundo Cerebro: Las 2 columnas del Consumo Responsable.
  9. Carro de Combate, Consumir es un Acto Político: Un libro para ir de compras responsables.
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2 respuestas a ¿Sabemos lo que hay detrás de todo lo que compramos?

  1. Beamspot dijo:

    Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo con el concepto. Sin embargo, creo que hay que destacar dos grandes ‘peros’:

    1º Es probable que las cosas reparadas salgan más caras que ‘nuevas’. Eso tiene implicaciones tanto laborales (desplazamientos de mano de obra de ciertos tipos y/o lugares a otros tipos y/o lugares), que no tiene porqué ser malo (ese es un detalle importante), como económicas (que aunque suban los precios/costes, tampoco tiene porqué ser malo). Hasta cierto punto, esto podría implicar relocalización, pero impactaría la economía, y no a corto plazo (que es lo que interesa a muchos políticos, pues sería malo a corto, y mejor a largo).

    2º Este es el meollo: ¿alguien se ha planteado que, de hacerlo, muchas cosas se vendrían abajo? Estoy pensando, con conocimiento de causa, que muchas de las tecnologías actuales, sobre todo la electrónica, pero las baterías y la mayoría de cosas eléctricas, especialmente las renovables, pasarían de ser ‘muy verdes’ a ser ‘muy negras’, y no sólo por el consumo de derivados del petróleo, si no por las contaminaciones asociadas, y que, convenientemente, nadie recuerda o sabe.

    Si el cambio cultural es difícil, los choques emocionales que implicarían ciertos cambios lo hacen imposible. Por eso, la única manera que vamos a tener como sociedad de cambiar, es por la fuerza, y eso está siendo muy desagradable.

  2. Juanjo dijo:

    Estimado Beampost, aunque sea redundante dar la razón en estos lares, opino al igual que tu, que el gran problema para los cambios reales es el choque emocional que nuestra conciencia sufre al interiorizar la realidad del sistema y que para hacer nuestra cotidianidad manejable y asumible nos autoengañamos buscando pequeñas grandes soluciones que al final suelen no ser más que parches por dónde al final sale el aire de la rueda (valga la metáfora). Creo que las teorías sobre los condicionantes de nuestras respuestas como especie ante las amenazas, nos imposibilitan ir un poco más allá, y cambiar el modelo social nos va a resultar doloroso y duro de digerir y aceptar.
    Enhorabuena por tus instructivas entradas sobre el coche eléctrico
    Un saludo balear

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