ECOLOGÍA Y RELIGIÓN

1. Mono pensativoCuando un amigo me planteó la posibilidad de escribir sobre ambos temas de manera conjunta, cosa que, por cierto, ya se ha hecho en este mismo blog, lo primero que pensé fue que escribir sobre ecología y religión era algo así como mezclar el tocino con la velocidad.

Ahora, sin embargo, pienso que ambos temas –aún siendo diferentes- se explican entre sí, más aún, cada uno de ellos supone algo así como un test para el otro. Me explico.

2. círculos sostenibilidadLo primero que descubrí es que hay básicamente dos formas de ser ecologista (o dos razones para serlo), de la misma forma que no hay básicamente más que dos formas de practicar una religión (sea cual sea la religión que uno practique).

Uno puede ser ecologista por “economía” o puede serlo porque considera la naturaleza como algo que debe ser respetado por sí mismo.

3. Carretera de circunvalación

Aclaro que, cuando hablo de economía, no hablo de dinero, sino de “economizar” los recursos disponibles. En este sentido van, por ejemplo, los esfuerzos por minimizar la “huella ecológica”. Sabemos que los recursos son limitados: si unos los despilfarran, otros (en el presente o en el futuro) carecerán de ellos. Cuando esta perspectiva “económica” se centra en las consecuencias de nuestros actos sobre las generaciones futuras, recibe el nombre de “sostenibilidad”. Por otra parte, dado que no tenemos un término específico para referirnos a las consecuencias sincrónicas de nuestro consumismo, podríamos utilizar el término genérico de “solidaridad” para explicar las consecuencias mundiales de cualquier decisión por muy reducida o local que pueda parecer.

Por otra parte, aún cuando4. Oveja con cordero las razones para ser vegetariano o aún vegano pueden ser muy diversas y el hecho de que comer carne sea un lujo en un mundo hambriento no es ni mucho menos una razón baladí, hay sin embargo muchas personas cuya principal razón de ser vegetarianas o veganas es por respeto a la naturaleza en general y a los animales en particular.

Ambas concepciones del ecologismo no sólo no son contradictorias, sino que se refuerzan la una a la otra. Pero parten de principios muy diferentes y pueden subsistir con una cierta independencia.

Algo parecido sucede con la religión. Hoy en día muchas personas en España se declaran, por ejemplo, católicas y alguien pensará que, para bien o para mal, con una palabra ya está dicho todo. Nada más lejos de la realidad. Se puede practicar una religión, se puede hacer incluso con la mayor seriedad, rigor y compromiso, sin tener experiencia alguna de la transcendencia. ¿Qué une a las personas que practican una religión? Podríamos decir que la fe. Pero, ¿qué es la fe? Creer unas verdades que de suyo no son evidentes o que incluso pueden resultar inverosímiles, eso puede ser fe, pero en la vida estamos constantemente creyendo las cosas que nos dicen, porque de otra manera sería imposible vivir. ¿Podríamos acaso llamar fe a lo que hacemos cuando, por ejemplo, en un viaje nos dejamos guiar por el GPS? Está claro entonces que la fe tiene algún componente más allá del mero creer lo que nos dicen.

Y aquí es donde nos encontramos básicamente dos tipos de creyentes: los que ponen el centro en el hombre y los que ponen el centro en Dios.

La primera manera de ser creyente no se refiere a tener una actitud más compasiva con el ser humano o más preocupada con la cuestión social. Esto puede venir después. La forma antropocéntrica de la fe es aquella que se sustenta sobre el sentimiento de pertenencia. Y hay que decir que el sentimiento de pertenencia es fundamental en la socialización del ser humano. El ser humano necesita saber quién es, y para ello necesita tener una familia, unos amigos, unos vecinos, unos compañeros… Pero, ¿qué es el sentimiento de pertenencia? Más concretamente, en el contexto que nos ocupa, ¿pertenencia a qué? 5. Al corro de la patataEn la práctica religiosa, este sentimiento de pertenencia puede ser a un pequeño grupo de referencia. Es lo que se suele denominar con el nombre de “comunidad”. Lo que dicha “comunidad” comparte es muy variado y va desde compartir la vida (vivienda, trabajo, espiritualidad, oración…), a compartir poco más que unas reuniones periódicas y unas parecidas circunstancias personales (grupos de jóvenes, grupos de matrimonios…). Para muchas personas lo fundamental es tener un grupo de referencia. Esto es algo que humanamente da mucha seguridad. Saber que tenemos “nuestro lugar”.

6.JMJPero este sentimiento de pertenencia también puede ser mucho más multitudinario. Es lo que pasa, por ejemplo, con las jornadas mundiales de la juventud que se organizan alrededor del Papa. Aunque sea de una forma puntual y de corta duración, miles de personas se sienten unidas alrededor de un líder religioso. Esto da lugar a una seña de identidad en forma de emoción compartida más allá de unos contenidos de fe que puede que existan, pero que no son verbalizados y, por ello, no necesariamente compartidos.

MujerMuertaNoche BuenaLa segunda manera de ser creyente no es contradictoria con lo anterior –aunque proporciona una libertad de la que no dispone la otra– y no significa en modo alguno una despreocupación por lo humano. Vivir la fe de un modo teocéntrico lleva consigo el reconocimiento de la propia pequeñez. Ojo, que no estoy hablando de un sentimiento de culpa. Más bien todo lo contrario. Sentirse uno pequeño significa ser consciente de que no somos el ombligo del universo, significa por ello valorar las cosas pequeñas, percibir en ellas a Dios. Y, aunque pueda parecer contradictorio, justamente ésa es la visión trascendente de la religión.

Una fe fundamentada en la transcendencia de Dios es una fe que considera a Dios como el “Totalmente Otro” y esto produce en el ser humano un efecto singular. De una parte, el hombre se siente “creatura”, es decir, formando parte de la creación o, lo que es lo mismo, de la naturaleza. Y esto, 8. Selva amazónicaal mismo tiempo, nos desapega de la naturaleza. Cuando estaba buscando fotos para ilustrar este artículo, he encontrado muchos dibujos en los que se representa al mundo en las manos de un hombre…. y, sin embargo, no he podido conseguir ninguno en el que apareciera un hombre pequeñito y sumergido en el mundo. Esto me ha parecido muy significativo. El hombre que piensa que la naturaleza es suya, no puede pensar sino que está en sus manos respetarla o no.

Y aquí es do9. Gallina con perritonde la relación entre ecología y religión se hace patente. Empezando por lo más evidente: si Dios lo ha creado todo, yo no puedo usar (y mucho menos abusar) de las cosas a mi antojo. Si yo soy una criatura entre las criaturas, necesito usar de las cosas, pero lo haré 10. Cordero mamando de vacasabiendo que no soy dueña de nada. A decir verdad, ni siquiera soy dueña de mi propia vida. Las cosas no son “mías”. Por el mero hecho de existir, yo estoy utilizando las cosas, mi subsistencia requiere que me sirva de las cosas. Pero no son mías, no puedo hacer con ellas lo que quiera.

Esta forma de ser religioso lleva también a verle a todo un sentido. Mej11. Átomoor dicho, lleva a saber que todo tiene un sentido, una finalidad. Sea cual sea el grado de consciencia que en un momento dado podamos tener del sentido de la creación, de la historia y de nuestra propia vida, esta forma de ser religioso lleva a ver la naturaleza y la historia 12. Luz entre árbolescomo un todo donde no existen los hechos aislados o sin consecuencias.

Recíprocamente pienso también que quien se preocupa por el resto de la humanidad (presente o futura) y quienes aman a la naturaleza están más cerca de conocer al Autor de la misma.

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Acerca de María Ángeles Navarro Girón

Cuando alguien te indique el camino, mírale las botas. Esto quiere decir que: En la vida espiritual, no te fíes de quien te indica el camino con el dedo y sin despeinarse. Sigue más bien al que está dispuesto a caminar delante de ti, al que viene sudoroso y con las botas destrozadas del camino.
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3 respuestas a ECOLOGÍA Y RELIGIÓN

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