Verdades incuestionables, ¿O no? – ¿Podría el consumismo acabar con la crisis?

Por Mª Luisa Toribio, @MLuisaToribio, autora del blog Un viaje hacia el activismo: Un “viaje en globo” para descubrir que otro mundo está en marcha y animar a la participación, apoyando iniciativas en defensa del medio ambiente y los derechos humanos.

Chiste Explotación Infantil en CalzadoHay “verdades” establecidas que se repiten con convicción. Parecen incuestionables. Activar el consumo –así, sin más– como una de las soluciones para salir de la crisis es una de ellas. El día en que volvamos a ejercer el papel de entusiastas consumidores y consumidoras que nos ha sido asignado, la máquina estará de nuevo en funcionamiento y la pesadilla de la crisis se acercará a su fin.

Este planteamiento –simplista donde los haya– implica no entender la profundidad de la crisis que estamos viviendo; que no es sólo económica, sino también social, de derechos humanos y, sobre todo, aunque cueste más verlo, ecológica.

Veamos un ejemplo. Vayamos a uno esos grandes y luminosos centros comerciales, modernos espacios de ocio para toda la familia. ¡Cuántas tiendas de ropa y cuántas marcas conocidas! El consumo (comprar aquello que necesitamos) convertido en consumismo (sociedad de consumo) encuentra en la ropa una de sus mejores expresiones.

Cada nueva estación nos trae un cambio de temporada… y de moda. ¡A renovar el vestuario! Es un buen método para mantener el sistema en marcha. ¿O no? Hagamos un alto para reflexionar. ¿Quién ha confeccionado la ropa que las grandes marcas nos muestran en sus escaparates? ¿Se ha generado, quizás, empleo estable y de calidad?

Durante las últimas décadas, la confección de las prendas de vestir se ha trasladado a Bangladesh, a China, la India, al norte de África… en busca de mano de obra barata (y legislaciones ambientales permisivas). La Campaña Ropa Limpia lleva años denunciando condiciones extremas de explotación laboral y graves abusos de los derechos humanos en los talleres donde se cose para las marcas de ropa y prendas deportivas.

¿Y de qué está hecha la ropa? Es difícil –muy difícil– encontrar prendas de algodón ecológico, que habrían fomentado una agricultura respetuosa con la naturaleza y generadora de empleo y desarrollo en el entorno rural. Las prendas son sintéticas (hechas con derivados del petróleo, por ejemplo) o de algodón no ecológico en cuyo cultivo se emplean grandes cantidades de pesticidas tóxicos. Y muy probablemente sea transgénico: en torno al 70 % del algodón que se cultiva en el mundo lo es (un modelo agrícola que desplaza de sus tierras a los campesinos y campesinas de países empobrecidos, fomentando el acaparamiento de tierras y los monocultivos para la exportación, en lugar de la producción local para alimentarse).

Y los tintes ¿son quizás naturales? Pues tampoco. La industria textil emplea un buen número de sustancias tóxicas para el lavado y teñido de los tejidos; o como fungicidas, antiadherentes, antimanchas, retardantes de llama, … Os invito a conocer de la mano de Greenpeace el cóctel tóxico que contamina nuestra ropa y los ríos y ciudades próximos a las fábricas.

El modelo de distribución y venta también tiene su miga. Si la ropa se cose en el otro extremo del mundo, hay un trasiego continuo de tejidos y prendas de aquí para allá, con el consiguiente uso de combustible (emisiones de CO2 y cambio climático); y la proliferación de grandes centros comerciales ha ido en detrimento del pequeño comercio.

Para cerrar el círculo, este continuo cambio de vestuario provoca ingentes cantidades de residuos textiles, convirtiendo con rapidez recursos en basura.

Y este ha sido tan sólo un ejemplo. De manera que, en lugar de ensalzar el consumo como una varita mágica anticrisis, hablemos de producción limpia (sin sustancias tóxicas) en todos los sectores, de agricultura ecológica, energías renovables, pesca sostenible, derechos laborales, respeto a la dignidad de las personas, consumo responsable, comercio justo, comercio de proximidad, redes y mercados de economía social, grupos y cooperativas de consumo

Realidades todas ellas que ya existen, que se expanden, se entrecruzan y se complementan; caminos por los que sí encontraremos la salida. Porque de esta crisis global no saldremos volviendo a lo de antes, sino impulsando cambios de fondo. ¡Manos a la obra, que hay mucho por hacer!

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3 respuestas a Verdades incuestionables, ¿O no? – ¿Podría el consumismo acabar con la crisis?

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