La moderna esclavitud del azúcar

 Campos de caña de azúcar en Kalasin (Tailandia), foto de Laura VilladiegoPor Nazaret Castro y Laura Villadiego, del proyecto Carro de Combate contra el trabajo esclavo.

Cuando se piensa en la esclavitud, a menudo nos viene a la cabeza la imagen de los grandes barcos que durante siglos transportaron desde África a millones de personas para trabajar en los campos del Nuevo Mundo. Eran el sustento del sistema colonialista, que necesitaba una mano de obra barata y extensiva para exprimir todas las riquezas de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón. Muchos de esos esclavos acabaron en las plantaciones de unos grandes tallos que probablemente nunca habían visto antes y que proporcionaban un dulce jugo: la caña de azúcar.

El azúcar ha sido uno de los productos que más ha impulsado el sistema esclavista a lo largo de la historia. Esta perversa relación no comenzó, sin embargo, con la colonización de América, sino varios siglos antes, en el mar Mediterráneo.

La caña es originaria del Pacífico. Se cree que fueron los pueblos originarios de la isla de Nueva Guinea los primeros en domesticar la caña de azúcar, que después pasó al Sudeste asiático: polinesios y asiáticos sólo usaban el jugo de la caña para beberlo. Sólo más tarde, en la India, se descubrió la técnica para convertir el jugo de caña en los dulces cristales con los que hoy nos endulzamos el café. Fue Alejandro Magno quien llevó a Grecia la preciada planta, que comenzó a comerciarse como un producto de lujo, y que se empleaba también por sus propiedades medicinales.Campo de cañas de azúcar... ¿es ético consumir azúcar?

Los europeos, atraídos por su dulzor, comenzaron a cultivarla en las zonas más meridionales del continente hacia el siglo VII después de Cristo. Pero cultivar y cortar la caña no era, y sigue sin ser, un trabajo fácil. La mano de obra escaseaba y pronto comenzaron a utilizar a los presos de guerra en las plantaciones. Así, en Chipre y Creta principalmente se gestó un sistema que luego sería implantado en otras zonas más occidentales, como las Islas Canarias, y que finalmente llegaría a América con la colonización española. La producción de caña empezó a incrementarse y los pequeños cristales pasaron de ser un producto de lujo, y a introducirse poco a poco en las costumbres de los europeos, alimentando así cada vez más la relación esclavitud-azúcar.

Durante el siglo XIX, tanto la trata como la esclavitud fueron abolidas progresivamente en la mayor parte del mundo. Pero aunque el dueño de la plantación ya no posea legalmente a su esclavo, a día de hoy las condiciones en las plantaciones de caña de azúcar han cambiado poco. Millones de trabajadores continúan cortando caña de azúcar manualmente en largas jornadas bajo el sol por las que apenas ganan lo suficiente para comer. La mano de obra en los cañaverales es tan barata que, a pesar del gran desarrollo de la tecnología, poco más del 20% de la recolección mundial está mecanizada, según la FAO.

Los latifundios se extienden además tanto en América como en Asia, dejando a los jornaleros sin ninguna otra posibilidad de trabajo, una vez que han perdido además sus tierras a manos de las empresas. Es lo que ocurre en las provincias del norte de Tailandia, donde buena parte de sus habitantes han perdido sus tierras por los contratos abusivos de las empresas, que les imponen multas si no alcanzan la producción mínima de caña. La tierra, lo único que tienen, se convierte en su prenda de cambio. Los pocos que resisten quieren cambiar de cultivos, pero las cañas cercanas son tan invasivas que se tienen que resignar a seguir con la dulce planta egoísta.

El azúcar es ahora un alimento básico en nuestras vidas. Cada persona consume una media de 30 kilos al año. Sin embargo, la mayor parte está escondida en productos elaborados, desde el pan a los embutidos, y su procedencia es casi imposible de trazar. La industria ni siquiera suele indicar si el azúcar procede de la caña de azúcar o de la remolacha y, mucho menos, cuál es el país de origen de la materia prima. Demasiadas amarguras en una cadena de producción que de todos nosotros depende hacerla más dulce.http://www.carrodecombate.com/

Carro de Combate, un proyecto de lucha contra el trabajo esclavo y de concienciación del poder del consumidor para cambiar las cosas, está investigando el sector del azúcar desde Camboya hasta Brasil para arrojar algo de luz sobre esta oscura industria. El resultado es el libro Amarga Dulzura (aquí se puede leer el primer capítulo), que puedes conseguir muy barato (o gratis) y del que también puedes ser mecenas del proyecto. Porque consumir es un acto político. Y la primera batalla es la de la información.

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6 respuestas a La moderna esclavitud del azúcar

  1. Jorge dijo:

    Ya antes había leído sobre lo negativo del consumo excesivo del azúcar en otro apartado y había escuchado al respecto, pero no sólo en aspectos de fomentar la esclavitud actual a la cual se ven sometidas muchas personas, inducido todo ello por las muy “queridas” transnacionales, sino también por la incidencia negativa que su consumo genera en el organismo: debilita el sistema inmunológico, causa obesidad, por el cloro empleado para purificar el azúcar puede inducir al Alzheimer, arterioesclerosis o Parkinson y una serie de posibles cánceres en una extensa lista de enfermedades que son comúnes hoy día, incrementando las cuentas bancarias de los matasanos y haciendo caer incluso al que se creía fuerte, robusto, saludable… alzando pesas mientras se hidrataba con Gatorade o Red Bull.

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  4. Pepe Galindo dijo:

    Estupendo vídeo: ¿Por qué hay tanto azúcar en productos no dulces? ¿Por qué viajan tanto los productos? ¿Hay esclavitud en el azúcar que usas?

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