La Esperanza es el Sueño del Hombre Despierto.

Conferencia de Jorge Garrido en el Ateneo de Madrid (24-3-2012) a propósito de la última Reforma laboral, y resumen de sus palabras:

Habló Jorge Garrido de la mentalidad de los esclavos y lo hizo aludiendo a la perplejidad que manifestaban los esclavos africanos cuando, en la Guerra de Secesión, iban a ser liberados por los ejércitos del Norte: “Y a nosotros, ¿para qué nos sirve esa libertad? ¿Qué vamos a comer? ¿Dónde vamos a dormir?”

Mentalidad de esclavos

Cuando hacen reformas de este tipo nos dicen que es para aumentar el empleo, que en el fondo es para nuestro bien. Tenemos dentro de nuestras cabezas asumida la mentalidad del esclavo. Vemos como natural el sistema del asalariado.

Desde 1977 para acá ha habido 16 reformas laborales. Todas en el mismo sentido. Cuando se hace la primera, el despido improcedente tenía una indemnización de 90 días en una época en que la mayor parte de los contratos eran indefinidos. La primera se pueden decir que eran los famosos “Pactos de la Moncloa”. Pactos de tipo político que los sindicatos no firmaron, pero que asumieron en silencio.

En 1980 se publica el Estatuto de los Trabajadores, que también fue un retroceso en muchos ámbitos laborales.

En 1986 la Ley orgánica de Reforma Libertad Sindical y también se entra en la Unión Europea, que supone un sacrificio añadido. Y todo ello con la connivencia de los principales sindicatos, sobre todo UGT y CCOO. Precisamente esta L.O. es un premio a los sindicatos. Privilegio que permite el monopolio de estos dos sindicatos. Estos dos sindicatos son parte del problema, son la coartada social, absolutamente imprescindible para que estas reformas se produzcan. Su papel es protestar, pero con la boca chica. Así está controlado cualquier movimiento de contestación social real.

Muchas veces se les acusa parcialmente de ser como los sindicatos verticales franquistas. Como para insultarles. Pero los sindicatos verticales franquistas tenían sus cosas buenas y sus cosas malas, y el sindicalismo de clase tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero el actual sindicalismo tiene las cosas malas del uno y las cosas malas del otro, pero las buenas de ninguno de los dos: están funcionarizados, subvencionados como los antiguos, pero no luchan y no defienden los intereses como se supone que deberían hacer los sindicatos de clase. En cambio, sí fomentan la mentalidad del esclavo que es el lado negativo del sindicato de clase.

Ejemplo de los supermercados Eroski: Eroski es una cooperativa, pero que tiene también asalariados. Hace unos años hubo un proceso dentro de Eroski para incorporar a los asalariados como socios cooperativistas. ¿Sabéis quiénes se opusieron? CCOO y UGT. “Lo que quieren estos señores es quitaros la mentalidad de clase”, les decían. Así es que muchos no quisieron ser cooperativistas. Por eso son parte del problema.

Ciertamente, el problema principal, aunque no se diga, es el…

Sistema económico capitalista

El capitalismo funciona por el principio del lucro. Y el lucro tiene que estar no solamente en el beneficio de las empresas, que eso es lógico, sino en las aportaciones de capital. Por eso se llama capitalismo. Al que aporta un capital, hay que pagarle su aportación. Eso significa que las empresas, además de su beneficio natural, tienen que tener un beneficio extra para pagar a quien ha aportado capital. Esto supone que la mayor parte de las empresas tienen que tener ese beneficio y, por eso, la economía en general tiene que tener un crecimiento constante. Como el precio del capital es siempre mayor que el beneficio de la empresa, se trata de un crecimiento exponencial, que es lo que oímos todos los días: el PIB tiene que estar continuamente creciendo y, si no crece, entramos en crisis.

Ahora bien, cuando el crecimiento de población es inferior al 1%, no tiene ningún sentido un crecimiento continuo de un 3, un 4, incluso un 5%, ¿crecen acaso las necesidades vitales de las personas al mismo ritmo? No. Luego hay una disfunción. Y tampoco puede haber un crecimiento exponencial de manera indefinida. Eso no puede ser.

Analizando desde un punto de vista histórico los sistemas económicos que ha habido, vemos que casi todos han funcionado por acumulación. Y todos han tenido unos ciclos de vida de unos 250 años. El capitalismo se puede decir que nace por un lado por la generalización de las Sociedades Anónimas y por otro lado por la abolición generalizada de la esclavitud. Se cambia el modelo de trabajo y se pasa del esclavo al asalariado. Y se establece la relación bilateral del trabajo: uno da trabajo y otro trabaja a cambio del salario. Esto comienza alrededor del año 1800. ¿Camina hacia su agotamiento? Parece que, efectivamente, nos encontramos en una de sus últimas fases, aunque no se puede decir la última, porque el capitalismo tiene mucha capacidad de readaptación a las circunstancias.

Los sindicatos son parte del problema, una coartada social. A la hora de abordar las soluciones, que es una de las cosas más interesantes, uno se pregunta: ¿Entre las soluciones se encuentra la huelga general del 29 de marzo convocada en España? La huelga no va a solucionar absolutamente nada. Sencillamente porque no está el problema ahí. ¿Quiere eso decir que debe uno oponerse  a la huelga? Obviamente no. El hecho de que una cosa no sea la solución no quiere decir que uno deba despreciarlo u oponerse a ello. La huelga no soluciona nada, pero no hacerla soluciona todavía menos. Ya que ahogan, por lo menos hacer uso del derecho al pataleo.

Mi postura en ese sentido es clara. No estoy a favor de la huelga, pero la huelga es necesaria. Porque sólo falta que, después de una reforma laboral como ésta, ni siquiera haya protesta. Ahora bien, quien vaya a una huelga como ésta pensando que con eso se soluciona algo, se equivoca. Ojalá el seguimiento de esta huelga fuera del 100% y el de las manifestaciones de CCOO y UGT del 0%. Sería una buena lección para todos.

Para los que han hecho la Reforma laboral y para los que han convocado estas manifestaciones. Los convocantes están desacreditados y, sobre todo, no ofrecen soluciones. Si nos fijamos en la evolución de todas las reformas laborales que ha habido hasta ahora, vemos que siempre se han opuesto y nada más. No se ha hecho nada más. Los pasos se han dado en una sola dirección. Y todo se acaba en el pataleo. No ofrecen ninguna clase de alternativa. La única alternativa es dejarlo todo como está. Pero eso no es ninguna alternativa.

Los sindicatos son parte del problema, pero la patronal también. Faltaría más. Lo que pasa es que lo que a mí me duele no es que la patronal proponga una reforma laboral como ésta. Es que eso es lógico, lo que no es lógico es la actitud de los sindicatos. Lo que no es lógico es llegar a los acuerdos a los que se ha llegado con la patronal.

La paz social

Aportar soluciones de tipo negociación colectiva, forma parte de lo que se llama la paz social. La paz social ¿es una solución o es un problema?. Porque esa paz social es llegar a un acuerdo en lugar de a un conflicto. La paz social para lo que ha servido en este país durante 30 años ha sido para acabar con las ganas o con la conciencia social que es necesaria para afrontar el problema. Lo que ha creado es mentalidad borreguil.

La paz social supone falta de conciencia social. Que cada uno vaya a lo suyo, el que, mientras en mi empresa no haya problemas, me da igual que se hunda el resto del país. El que, mientras a mí no me toquen mi contrato, me dan igual los contratos basura de los jóvenes. El que, como yo ya tengo la mitad de la vida hecha…

Eso es lo que ha traído la paz social. Lo que hace falta es pasar la página de la paz social y entrar en la conciencia social. Y darnos cuenta de cuál es el problema y empezar a aportar soluciones. Pero soluciones de las de verdad. Porque, para negociar de esa manera, no hubiera hecho falta cambiar de modelo sindical. Dentro del sindicato vertical se llegaba a una serie de acuerdos. Eso era la paz social en aquella época y esa parte se mantiene hoy.

Las soluciones

Oponerse a la Reforma está muy bien, pero ¿y qué es lo que proponemos? Porque esta reforma no es una reforma para el empleo, es una reforma para el paro.

El señor Pérez Rubalcaba, aunque haya sido seguramente por puro oportunismo político, ha resumido de forma inmejorable lo que supone esta Reforma laboral: “Con esta reforma laboral lo que se va a conseguir es que se pueda despedir barato a los padres, para contratar en precario a los hijos”.

Entonces, ¿se tiene uno que oponer a esta Reforma? Sin duda. Ahora bien, cualquier solución tiene que mirar más a largo plazo. No basta con oponernos, con mantener derechos sociales. Porque la dinámica del sistema va por otro lado, porque al final esto que han llamado globalización consiste en que, o bien nuestras condiciones laborales se acercan a las de los chinos, o nuestra economía se hunde. Eso es la globalización.

Una globalización que únicamente beneficia a los grandes capitalistas, no a las personas.

Hay que volver a la soberanía económica. Que los soberanos reales, no solamente en lo político, también en lo económico seamos los españoles, los franceses, los alemanes, etc. Que las decisiones económicas, monetarias, etc. las tome cada país, no que se tomen nadie sabe dónde, ni nadie sabe por quiénes, unos quiénes a los que, por cierto nadie vota.

Vivimos, se supone, en la época más democrática de la historia. Pues bien, las grandes decisiones económicas y políticas jamás se han tomado de una manera menos democrática que ahora. Las de verdad. Nos harán pasar cada 4 años por las urnas, pero jamás ha estado nuestra voluntad más alejada de los que nos gobiernan.

Desmontar el capitalismo

Por lo tanto, lo primero es recuperar la soberanía de las naciones, solamente así podremos afrontar el gran reto de hoy que es desmontar el capitalismo. No sé si el capitalismo se estará hundiendo, ni si se cumplirá el ciclo de los sistemas sociales. En cualquier caso, es mejor desmontar algo antes de que se hunda, que esperar a que se hunda, porque después va a ser mucho más difícil construir algo nuevo.

  1. Hay que acabar con la mentalidad del esclavo. Es la economía al servicio de las personas, no las personas al servicio de la economía. No somos parte de un mercado, el mercado del trabajo. Los trabajadores no somos mercancía que se compra y se vende. Cada vez que alguien habla de “mercado de trabajo”, sobre todo aquellos que saben de lo que hablan, debe servirnos de advertencia: “Yo soy el objeto, yo soy la mercancía”.
  2. En segundo lugar, hay que ir a un nuevo modelo monetario. El actual sistema monetario basado en el interés, necesariamente nos conduce al caos. ¿Es posible una moneda que no esté basada en el interés, una banca nacionalizada que ponga el capital al servicio de la economía y no al revés como está ahora mismo? Yo entiendo que sí.

Finalmente, para terminar, volver al principio, a la mentalidad del esclavo. Porque nada de lo que he dicho, ni siquiera las soluciones así genéricas que he planteado son posibles, si no nos quitamos de encima esa mentalidad del esclavo, si no nos atrevemos a ser personas, dueños de nuestro destino y capaces de cambiar el curso de la historia. Yo tengo esperanza en que eso se podrá realizar algún día, porque la esperanza es –como decía Aristóteles- el sueño del hombre despierto. A ver si nos podemos despertar algún día.

Jorge Garrido es abogado y Presidente de U.N.T. (Unión Nacional de Trabajadores)

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