Cuento: «El Buscador de Buenas Esencias»

Encina en El Robledal (Málaga, 2011)Junto a la fuente, el viajero notó el calor y le preguntó a un niño si el agua era potable. «Esta fuente es de agua buena», contestó el chaval. Y añadió: «Dicen que tiene propiedades curativas». El viajero hizo un gesto de cansancio y masculló: «Lo que me faltaba… otra esencia para buscar». El viajero pensó que el párvulo no le había escuchado, pero no fue así.

«¿Qué es eso de otra esencia?» preguntó en el acto, a lo que el viajero contestó casi con desgana: «Nada, nada…».

El chico volvió a disparar con total educación: «¿Otra esencia que buscar? ¿A qué se dedica usted?». El hombre recordó “El Principito”, cuyo entrañable protagonista nunca olvidaba una pregunta una vez que la había formulado. Sin demasiada ilusión, pasó a contestar pensando que tal vez encontrara en el infante alguien que le comprendiera:

«Verás… a lo largo de mi vida me he dado cuenta de que el hombre tiene la facultad de contaminarlo todo. No me refiero sólo al agua y al aire, eso lo has estudiado en el cole, ¿verdad?, sino incluso las ideas, o sea lo que significan las cosas, ¿me entiendes?… hay palabras que modifican su significado por usarlas mal o por intereses de los mayores… Por eso, hay palabras que no significan para la gente lo que deberían significar y yo, cuando puedo, me dedico a buscar su esencia».

El pequeño se sinceró: «Yo no entiendo mucho, pero la gente mayor es muy rara, y hay que tener mucha paciencia con ellos… ¿tienes muchas esencias ya?». El viajero inició la marcha mientras recordó, por segunda vez, al personaje de “Le Petit Prince”, y contestó intentando ser breve: «Pues verás… no es fácil buscar esencias… nunca llegas a tenerlas del todo. Es como intentar retener toda la arena de un buen puñado. He buscado la esencia de la democracia, la de la libertad, y la del cristianismo… y siempre me quedo con ganas de más. Ahora estoy buscando la esencia del ecologismo, y tú me has sugerido buscar la esencia de la curación». El principito contestó rápido: «Mi abuelo es agricultor, y dice que él es de los ecológicos… sabe mucho de todo, y por este camino llegaremos en cinco minutos a su huerto».

A los diez minutos estaba ya charlando con el abuelo y el niño le había revelado, inocentemente, que el hombre raro buscaba la esencia del ecologismo. El abuelo se echó a reír y confesó: «Yo apenas he salido de mi huerto, y no tengo estudios, pero me he dado cuenta de que la gente de bien trata mejor las herramientas que no son suyas. O sea, que cuando yo le presto la azada a alguien, me la devuelve más limpia que las suyas». La cara del viajero pareció no acabar de entender, por lo que el abuelo siguió hablando: «Si entendemos que la Tierra no es nuestra, que es un préstamo, tal vez entonces la tratemos mejor, y entonces no podemos dejar de preguntarnos cómo tratarla mejor».

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Acerca de Pepe Galindo

Estamos en el mundo para aprender y ayudar y, si es posible, disfrutar. Es autor del libro "Salvemos Nuestro Planeta" (del que hay un resumen en www.resumelibros.tk).
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